Abrir los ojos, ser una misma. Capítulo 5

Tipo: Roniswan.
Nota:
El fic en origen iba a ser 100% Roniswan y sin salir de ahí la historia, pero había metido cameos de los personajes nuevos de esta temporada aunque no tenía intención de darles protagonismo, peeero visto que eso os está gustando eso, creo que algo meteré, sin embargo mi idea de ser solo roniswan era porque no quería que aquí salgan ni Hook, ni Rumple (porque trabaja con él), no quiero más Hook, no más salvo el de la introducción a esta historia xD.


Sábado

Antes de subir a su habitación Emma había hablado con el conserje del hostal y le había pedido un par de noches más, después, ya vería que haría, por suerte el dinero que tenía era para un mes y prefería buscarse un piso de alquiler a vivir todo ese mes en aquel hostal.

Se despertó esta vez justa de tiempo, estaba tan cansada que le costó dormirse, había aprendido muchas cosas en ese día y le era inevitable no darle vueltas a ellas, bueno, a ellas y a Regina, la Roni camarera jefa que tanto le estaba atrayendo. También le había costado dormir recapacitando si esa sensación hacia Regina no la habría tenido antes, antes de conocer a Killian, cuando ambas peleaban juntas por su hijo, y se salvaban mutuamente. Una hora le costó reconocer que así había sido, y otra media hora dándole vueltas a si no hubiese aparecido Killian y Robin en sus vidas hubiese llegado a pasar algo entre ellas. Y por fin se durmió. Soñó con Alan y la Niña Cenicienta, ambos hablaban mientras ésta le daba a probar un buñuelo.

El despertador le hizo abrir los ojos de par en par, curiosamente sintiendo que había dormido suficiente. Esta vez había dejado su ropa preparada y en vez de una cola se iba a hacer una trenza al lado. Unos vaqueros negros y una camiseta blanca de mangas cortas iba a ser su indumentaria, le resultaba curioso que el único uniforme fuese, y no siempre, aquel pequeño delantal. Mientras se hacía la trenza se preguntaba si alguna vez Roni vestiría falda para trabajar, en parte porque echaba de menos los trajes de Regina, y en parte porque ella, en ese ataque de renovación de vestuario se había comprado una falda vaquera de tubo que pensaba quedaría bien en el trabajo.

La puerta estaba semi abierta, Emma entró y las paredes de ladrillo rojizas del interior le parecieron acogedoras a pesar de la poca luz que había, puesto que solo estaba encendida la que cubría la barra.

-Ya estoy aquí-, dijo Emma, sin recibir respuesta.

-¿Me vas a asustar de nuevo?-, preguntó sonriente paseando por el local en busca de su jefa. Cuando no la localizó acudió al almacén que tenía la puerta cerrada, pero se atisbaba luz en su interior.

-¿Roni?.

Abrió la puerta del todo y se encontró a la morena sentada de lado, en el suelo, dormida sobre dos cajoneras de botellines de cerveza negra aun embaladas y frías, y con sus brazos, manos embutidas en guantes, como almohada.

-¿Roni?, ¿estás bien?-, se puso en cuclillas con semblante preocupado. –Eh-, le tocó el brazo con cuidado, -Roni.- La agitó levemente, le acarició el cabello con ternura y ésta abrió los ojos, primero uno, después el otro. Frunció el ceño, -¿Emma?, ¿qué haces aquí?-, observó su entorno desubicada.

-Son casi las 10:00-, Roni comprobó su reloj a la par que observaba su alrededor y los botellines. –Oh, dios, ¿me he quedado dormida aquí?-, apoyó sus manos en sus rodillas para levantarse y Emma tuvo el instinto de ayudarla pero de repente le daba reparo. –Pensaba que estaba en mi casa, por eso te he visto y me había extrañado-, rió levemente, casi con vergüenza. –Perdona, vaya concepto de jefa vas a tener de mí.

Emma observó sus guantes, aun puestos, y ladeó la cabeza. Roni siguió su mirada. –Ah, vale, eh, recibí la llamada de una de las distribuidoras y por problemas con uno de sus camiones tenía que hacer las entregas antes, estoy aquí desde las 8:00 esperándoles, descargué dos palets-, señaló dos columnas de cajas con bebidas. –Terminaría de descargarlas y me quedé dormida.- dejó los guantes en una de las estanterías del almacén y salió, pasando al lado de Emma tocándole la cintura.

-¿Te importa que salga cinco minutos?, necesito despejarme.

Emma la interrogó con la mirada, Roni, pidiéndole permiso ¿a ella?.

-Por su puesto que no, tú mandas-, le sonrió.

-Bien. No te voy a decir nada, ya sabes lo que hay que hacer.- le guiñó ambos ojos y salió al callejón. En aquella calle estrecha e intransitada había una tubería externa que estaba cubierta por cemento y servía a modo de banco, largo como toda la calle, a veces había cagadas de gorriones, a veces una paloma muerta, tras las últimas lluvias tan solo había humedad, pero estaba apto para sentarse.

Roni se sentó en él y cerró los ojos respirando el aire callejero y sintiendo el frescor del exterior, pronto haría calor. Con los ojos cerrados se le vino el momento en que Emma la despertaba en el almacén, ese ternura en sus ojos verdes, esa trenza a un lado, estaba preciosa. Se observó las manos, algo ennegrecidas por los guantes. No comprendía cómo se había dormido allí, aunque recordaba que había dormido poco esa noche, despertándose cada dos horas con una sensación de frío y los vellos erizados.

Emma había estado adelantando todo lo necesario para abrir puerta, cuando Roni entró la rubia la miró sonriente y contenta de su trabajo. La morena fue comprobando todo asintiendo con la cabeza. La rubia se fijó en que llevaba un collar plateado que le sentaba muy bien a juego con sus pendientes de aro, unos vaqueros azul oscuro ajustados, y una camiseta sin mangas negra que le había encantado, lo mismo algún día se atrevería a pedírsela prestada… "¿Pero en qué estás pensando?".

-Stranger Swan, aprobada.- dijo la jefa con sus manos en su cadera, Emma la miró cohibida ante su mirada fija pero llena de energía, hoy iba a ser un buen día.

La cortina metálica se abrió y todo fue sobre ruedas, la mañana iba avanzando, a veces Roni desaparecía en el almacén para seguir ordenando cajas mientras la dejaba a ella en barra para soltarse, aunque cierto es, que sin ella a la vista todo le era más frío y se moría por tener una duda para ir a verla al almacén.

-No hay anís-, fue apresurada al almacén.

Roni estaba con unas hojas y un bolígrafo siguiendo una lista y bajo el brazo cuatro o cinco folios más pillados con un clip. –Eh-, se puso el bolígrafo sobre los labios, -aquí debajo, al lado de la de Bacardi-, le dijo señalando a una estantería que había a la altura de su rodilla, pero ella, cargada de folios y concentrada en lo suyo sólo pudo dar un paso atrás para que Emma la buscara por sí misma, ella tuvo que ponerse en cuclillas y Roni desvió su mirada hacia su espalda, su trenza caía hasta casi rozar el suelo, su camiseta blanca ajustada marcada un sujetador rojo. Roni sonrió. "No seas viciosilla Roni, ¡y trabaja!", se riñó.

-¿La has encontrado?.

-Negativo.

Roni apretó los labios, tuvo que ponerse en cuclillas a su lado, cargada en su antebrazo con los folios, y en su otra mano la hoja y el boli Bic negro, tuvo que apoyarse en la pierna de Emma para no caer. La rubia sintió en esos escasos dos segundos que necesitaba respirar más rápido porque su corazón se lo pedía. Roni ladeó su cabeza e introdujo su mano entre dos botellas, giró la de la derecha y pudo leerse la marca del anís. –Perdona, estaba detrás no al lado del Bacardi, hay que pedir más-, se justificó apurada tratando de sacar con una mano la botella, Emma tuvo que ceder su mano para ayudar a separar las dos botellas frontales y que su jefa la sacase. –Es buen momento para apuntarlo para el lunes-, asintió Roni.

-¿Te ayudo a levantarte?.-, preguntó amable la rubia.

-No pasa nada-, Roni se apoyó esta vez en su hombro para coger impulso, -yo puedo sola-, se rió y se acercó una estantería para apoyar los documentos sobre ésta y cambiar de hoja para apuntar el pedido de anís. Emma la observaba desde atrás, sus hombros y sus brazos musculados, sus glúteos definidos. Se puso en pie. Deseó abrazarla desde atrás. Cerró los ojos y una sonrisa tonta se dibujó observando la botella. La botella.. ¡los clientes!. Salió corriendo a atenderles con la botella en la mano.

Lo que no se esperó fue encontrarse a Henry sentado en un taburete en una mesa próxima a la barra.

"Dios mío". Emma no supo reaccionar.

-Chica, el anís.-, le llamó la atención un hombre de unos cincuenta años, Emma se desveló, -disculpe, disculpe-, se apresuró a servirle y éste quiso pagar, -le invita la casa-, le susurró pero mirando a Henry. –Por las molestias.- Le sonrió al hombre acercándole un bol pequeño de cristal con frutos secos. –Gracias, señorita, daré buenas referencias de usted a su jefa.

Emma le sonrió. Henry no la había visto, ella se alisó el delantal nerviosa, respiró profundo y bloc en mano se decidió a salir a atenderle. Su corazón latía rápido, ¿la reconocería?.

-Buenos días.

Henry alzó la vista, le pareció más maduro, más hombre aun. –Hola-, frunció el ceño. -¿Eres nueva?.

Efectivamente no la había reconocido.

-Eh, sí, llevo dos días.

Henry la observó y sonrió al ver su nerviosismo.

-Soy Henry, encantado.- le tendió una mano.

-Yo Emm, Emily.- No estaba preparada a que, si había razón de que la recordara, fuese en ese momento.

-Ah, Emily, bonito nombre-, se estrecharon las manos.

-Igualmente, ¿qué deseas?.

-Un zumo de piña, por favor.

-¿Con un gajo de pomelo?.

-Eh, ¿cómo sabes que eso me gusta?.

Emma se había delatado, rezó porque saliera Roni y la ayudase. Oración concedida.

-Eh, Henry, buenos días-, Roni se acercó al chico. -¿Qué, te gusta mi nueva adquisición?-, le dijo al joven bromeando. Emma los miraba con atisbo de emoción, y es que ellos se conocían y se llevaban bien, aun sin saber quiénes eran, y que eran familia. Eso le tranquilizó, que su hijo no estuviese solo ese tiempo y lugar, tenía a su madre al otro lado de una barra.

-¿Le has dicho que me gusta ponerle pomelo al zumo de piña?-, Roni miró a Emma cuestionándola. –No, la verdad es que no.

-Seguramente es que cuando trabajaba en aquella cafetería una chica lo pedía siempre, habrá sido costumbre-, sonrió nerviosa. Roni lo dejó pasar sin darle importancia.

-¿Y qué haces que no estás escribiendo?-, le riñó la camarera.

-Ya está otra vez la mamá oso-, se rió.

-¿No será que Jacinda te está distrayendo?.

Emma se fue más rápido de lo que quería a recoger mesas, necesitaba respirar y actuar o tendría que mentir si no dar explicaciones con las que no estaba preparada.

Henry se fue despidiéndose de lejos de Emma que estaba barriendo una esquina del local, ésta sintió vacío en su interior, tenerles y no tenerles, hubiese abrazado a Henry y besado la mejilla hasta hacerle un agujero, acariciarle la cabeza y sentir su espalda más ancha y grande, sin embargo con Regina nunca fue especialmente cariñosa y en estos momentos sentía lo mismo que hacia Henry, las ganas de contacto de alguien a quien conoces de hace años, con quien has vivido mil aventuras, a quien has visto llorar y reír. Aun así, aunque Roni sea Regina, esa personalidad activa, positiva, irónica, sonriente, la llamaba, lo hacía a gritos, por dentro y por fuera. Ya casi no recordaba que había estado casada y agradecía no haberse quedado embarazada de él, hubiese estado atada, no estuviese siendo ella, que paso a paso, cada vez lo era más. Quizás el siguiente paso para ser ella sería un cambio de look, nunca se sabe, a él no le gustaban las chicas con el pelo corto pero a ella sí.

Llegó el medio día y Roni le dijo a Emma que ya podría irse a casa, -descansa, como ayer te dije son horas muertas, quiero que estés fresca para la noche porque esto se va a llenar-, le guiñó un ojo.

-Pero no te quiero dejar sola.

-No te preocupes, sé manejarme.

Emma quiso contestar y decirle que se quedaba con ella pero ésta la convenció, a medias.

-¿Y traerte algo de comer?.

-Me he traído un bocadillo-, le sonrió ampliamente, ya sí que no tenía nada que hacer.

-¿No tienes un perro que haya que sacar?.

Roni soltó una carcajada de incredulidad, -no, no tengo perro. Swan, a casa-, alzó las cejas.

Emma no tuvo otra que asentir, aun con el sinsabor de poder ayudar y no hacerlo.

Lo primero que hizo al llegar a su actual casa fue quitarse los botines, tumbarse en la cama y pensar en qué diantres iba a comer.

Bajó a hablar con el conserje y le habló de un supermercado a la vuelta de la esquina, uno de puerta pequeña pero largo como él sólo. Obviamente no hay nada peor a la hora de hacer la compra que ir con hambre y Emma acabó llenando la cesta con un par de paquetes de patatas de jamón, una ensalada de éstas que vienen con todos los ingredientes preparados para mezclar, un par de bebidas, un paquete de filipinos, una tableta de chocolate con almendras, un paquete de chicles de menta, y para el baño una pasta de dientes y un gel de vainilla que estaba en oferta.

Comió sentada en la cama, con el pequeño televisor encendido, su móvil estaba a sus pies, móvil en el cual no tenía en su agenda a nadie salvo a Roni, pues lo había comprado cuando salió a por ropa el primer día en Hyperion, era de estos de tarjeta y con Internet limitado. Pues ese aparato del que no había escuchado aun ningún sonido la sorprendió con una breve vibración. Dejó el tenedor de plástico de la ensalada a un lado para alcanzarlo. Para su sorpresa un SMS con un archivo adjunto, inmediatamente pensó en un mensaje promocional de una oferta de llamadas ilimitadas o algo parecido. Inesperadamente no era nada de ello, el mensaje era de Roni y recitaba "Veo que no tienes whatsapp, estaba comiéndome el postre y me he acordado de ti- Roni". En la imagen adjunta el envoltorio de una chocolatina de la marca "Swan". Emma sonrió como una tonta, se echó hacia atrás para enderezarse, releer el mensaje y ver bien la imagen, derramó lo que quedaba de la Pepsi sobre el edredón. Al contrario de cómo reaccionaría en otras circunstancias la camarera amplió la imagen, no sabía por qué lo hacía, pero la foto estaba hecha desde la vista de Roni, sus piernas cruzadas en el suelo del almacén y un mechón rizado se colaba por la parte de arriba. Le quedaba tan bien ese peinado… Emma suspiró. Irremediablemente se estaba colgando por ella como jamás imaginaba que sucedería.

Al mismo tiempo, minutos antes.

Roni en el bar estaba finiquitando su bocadillo y con las ansias de chocolate que le entraban tras toda comida asió una chocolatina de su bolsa sin mirar, normalmente llevaba varias porque daban el azúcar que hacía falta para aguantar las noches; cuando la tuvo en las manos y fue a abrirla, una imagen pequeña de un Cisne la hizo fijarse en la marca, cosa que nunca hacía. Y sin quererlo sonrió. Le picó la curiosidad de ver si su Stranger Emma tenía whatsapp y así cotillear su foto de perfil, sin embargo se encontró con que carecía de la aplicación y algo dentro de ella se entristeció, ¿es que acaso pensaba "jugar" con ella con mensajitos a lo Roni?, ¿o había algo más?.
Tenía la necesidad de escribirle sea como fuese y decidió mandarle un SMS con una fotografía tal cual estaba, podría haber sido solo del envoltorio en su mano y de fondo las cajas pero no…
Sonrió hacia dentro porque sabía que en unas horas entraría por la puerta. "Roni, estás en problemas", meditó.

¡CONTINUARÁ!


Espero que os guste el ship roniswan! Va para largo el slip porque me está encantado y no quiero hacer las cosas rápidas, quiero que surja amistad entre ellas, y todo lo que vendrá.

Gracias de nuevo por los comentarios DE TOD S! Gracias!.