Veo a Yuuri salir del elevador junto a su hermana y me apresuro en alcanzarlo.
—¡Yuuri! —no alargo las us de su nombre como me indicó, pero, en su lugar, lo compenso saltándole encima.
Sus ojos marrones se abren bastante, pero, aparte de eso y de la tensión que se apodera de su cuerpo, no percibo rechazo. Su olor no varía.
Enarco las cejas.
Su olor no varía.
En lo más mínimo.
Nada.
Eso es imposible.
—Viktor.
—¿Dime?
—Suéltame.
Inflo las mejillas.
—¿O qué?
—O te lastimaré —Mari responde en lugar de Yuuri y hay algo en su voz que me asegura no está bromeando. No ha usado la voz de alfa, va más allá.
Estoy totalmente confundido.
Me encanta.
Libero a Yuuri, pero no me pierdo el gusto de impregnar mi aroma en sus ropas.
Lo veo arrugar la nariz y mi alfa interno bufa, yo me limito a reír.
Lo último que veo de mi nuevo socio es que se quita la chaqueta y se la entrega a su hermana.
Lo último que veo de la hermana de mi socio es que arroja la chaqueta de su hermano a un lado antes de cruzar la puerta giratoria del hotel.
Esa es una chaqueta costosa.
Pero no es por esa razón que me acerco y la recojo.
