Abrir los ojos, ser una misma. Capítulo 7
Tipo: Roniswan.
Roni's
Aprovechando que no había nadie en su bar Roni fue al baño, se lavó los dientes con un cepillo de viaje que llevaba siempre en un neceser de cuadros y se peinó, hay que estar presentable cara al público. Se repasó el maquillaje de los ojos y los labios, ¿y para Emma?, ¿para ella había que estar bien?, porque ella no solía pintarse los labios y ahora los llevaba rojo fuego. Qué curioso, un pintalabios que no se ponía desde que salía con su ex novio de mes y medio. La morena se miró en el espejo, se veía bien, sin embargo, no perfecta. Se estaba volviendo una perfeccionista desde que tenía una empleada nueva…
Emma hizo acto de presencia por la puerta principal cuando Roni estaba saliendo del baño.
-Buenas tardes-, la saludó improvisadamente, no esperaba verla tan pronto.
-Buenas Roni.
-¿Te has cansado de descansar?-, le dijo sonriente mirándola a los ojos. Emma apretó los labios y negó la cabeza, -tampoco tenía mucho que hacer.
Roni se preguntó si viviría sola y eso la llevó a recordar momentos antes de que le propusiese ese puesto, ella había venido a Hyperion por otras razones, ¿cuáles serían esas otras razones?, ¿una ex pareja?. Emma presintió que su jefa le iba a preguntar por su "casa" y ésta no quería decirle que vivía en un hostal así que desvió el rumbo de la conversación aprovechando la entrada de una pareja de mediana edad. –Yo les atiendo-, dijo dándoles la bienvenida a los clientes y recogiendo su delantal de la parte de debajo de la barra, se fijó en que Roni no lo llevaba. –Ya no, el delantal es solo entre semana, perdona que no te lo dijera-, le respondió y le guiñó el ojo. –Vamos. –Señaló con la cabeza a los clientes.
Mientras ella los atendía Roni limpiaba la barra. Emma entró en ella y tenía que pasar por lado de Roni, tuvo el instinto de hacer lo que ella hacía y tocarle la espalda, pero le dio reparo. Así que hizo peripecias para no rozarla y servir el tinto de verano que le habían pedido.
-¿Estás bien?-, le preguntó Roni sin mirarla, secando la madera de caoba.
-Sí, todo bien.
La morena la miró de soslayo. La música sonaba baja pero animada.
-Sabes que si te pasa algo me lo puedes contar, ¿no?. Sé que no nos conocemos de toda la vida, pero no soy mala gente.- Le sonrió saliendo de la barra para repartir tres servilleteros que había rellenado.
Emma la observó alejarse y repartir los servilleteros mientras llevaba ambas copas en la mano, la pareja le hizo gestos para llamarla. –Oh, perdonad, lo siento-, dijo apurada. –No, no te preocupes, solo era para preguntar si teníais frutos secos.
-Claro, sí, ahora mismo os trago un bol.
Roni la escuchó atender a los clientes, la notaba muy verde, inocente, toda luz. El bar se fue llenando y entró Jacinda directa a la barra con cara de pocos amigos, la niña Cenicienta corrió a abrazar a su madre antes de que una joven arreglada a la que había visto antes la llamase, -Lucy, monstruito, ven ya.- Emma supo por fin como se llamaba. La niña rompió su abrazo y salió mirando el suelo ofuscada. Roni se fue hacia esa mujer, -Jacinda, otro día peleando por ella ¿verdad?.- Le acercó una cerveza tostada y unos frutos secos, -Toma, invita la casa.- le dijo, apoyándose en la barra. –No sé cómo recuperarla Roni, Victoria sólo quiere hacerme daño, y ella es mi punto débil.
Emma recogía vasos en mesas próximas para enterarse de la conversación, esa mujer tenía la misma cara de pocos amigos que en la hamburguesería. –Todas la sufrimos, pero yo le planté cara hace poco y le rompí el contrato en las narices-, le sonrió. Emma pasó tras Roni para dejar los vasos en el fregadero.
-Yo no lo tengo tan fácil. Oye, ¿has visto a Henry?.
-Vino esta mañana.
Emma compartió una mirada fugaz con Jacinda antes de girarse hacia las botellas, -¿Y ella es…-, le susurró casi sin pronunciar palabra la mujer de piel tostada. –Es mi chica nueva-, le guiñó un ojo a su amiga. Emma sonrió tímida haciendo que no había escuchado sacó una botella de licor de melocotón de la estantería de abajo y se puso a preparar la bebida siguiendo una chuleta plastificada.
-Parece más alegre que Gloria.
-No te metas con Gloria que te enveneno los kikos.
Jacinda se rió.
-No puedes envolverte en tanta negatividad Jacinda.
-Lo sé. Pero no sé como recuperarla, somos una madre y una abuela peleando por una niña.
"¿A qué me sonará esto?", pensó Emma alejándose. Sirviendo las bebidas en su mente fluían recuerdos de cuando Regina y ella peleaban por Henry, cuando ambas lo querían por igual, pasaron del odio a la amistad, y de ahí a algo especial, familia quizás, o algo más. Solo que en este caso tenía la sensación de que esa tal Victoria y la chica morena que suponía sería su hija o criada no apreciaban a Lucy en absoluto.
El bar empezaba a animarse y todos estaban ya atendidos; esa noche estaba de refuerzo un chico de pelo largo marrón chocolate que se llamaba Alan, a Emma casi se le caen dos copas vacías al presentarle a Alan."Sólo es el mismo nombre. No es él", meditó.
-Encantada, soy Emma.- Le extendió la mano. Alan miró a Roni confuso, cuando abrió la boca su entonación lo delató, -¡ay, niña!, que parece que me tienes miedo-, le dio dos besos en la cara a la rubia que miró a Roni casi pidiendo ayuda, ésta se rió. –Te acostumbrarás, es buen chaval.
-Y tú buena jefa-, pasó tras ella y le dio un empujón con la mano haciendo que se topase con la barra. Roni se giró sonriente, -una más y atenderás a los Camberries Z.
-No, no. Osea, sí, de acuerdo.
-¿Quiénes son Los Camberries Z?.- preguntó Emma.
-Un grupo de música que trabaja en bares y cuando no, pasan su tiempo en ellos. La Z es por zombie, actúan siempre maquillados como muertos vivientes, casi viven así. Por ello, si ves un zombie esta noche, no corras a por un bate de béisbol, que por cierto, tengo uno en el almacén, porque no habrá cabezas que aplastar.
Se sentó en la barra y sin mediar palabra, ante la mudez de Emma le alzó en mentón con su mano izquierda para que la mirase. -¿Me cuentas que te pasa o te lo voy a tener que sacar con alcohol en sangre?.- Le sonrió de nuevo.
-Es algo personal.
Silencio.
-De acuerdo, personal. Lo entiendo-, asintió lentamente, se bajó de la barra y se fue hacia donde estaba Alan hablando con un chico. Su sonrisa había desaparecido. "Ella tiene novio, tiene que ser eso, y le ha tenido que hacer daño, o quizás haya vuelto para intentarlo con él..." se ofuscó la jefa. "Roni, no inventes…", quiso borrarse el pensamiento de la mente, imaginarse a esa chica con otro…
-Eh, Roni, ¿estás en este mundo?- Alan le hacía señas con la mano frente a la cara. Roni salió de su ensimismamiento, -te necesitan en barra.
-Lo siento, perdona, sigue atendiendo por aquí.- Se despidió del joven, quien parecía ser amigo personal de Alan, o quizás rollo de una noche con posterior amistad. Emma entre copa y copa le echaba el ojo a Roni.
-Vaya, ahora la dispersa eres tú-, le dijo la rubia bromeando cuando ésta pasó por su espalda. Ésta se mostró seria, atendió algo seca, pero sin ser desagradable a un grupo de tres chicos jóvenes, dos de ellos muy animados.
-Eh-, la morena pasó tras ella casi ignorándola.
"Tiene que ser la música, es la música, está alta y no me ha escuchado, tiene que ser eso porque … no he podido hacer nada que le haya molestado, ¿verdad, Emma?", analizó ya nerviosa mientras preparaba dos ron con Cocacola. "Oh, déjalo, ahora no", el olor de ese ron le recordó a Killian, pero no eran buenos recuerdos. Agitó la cabeza rápidamente y Roni estaba de nuevo en la barra con cinco copas vacías en sus dedos, las dejó en el fregadero y continuó atendiendo.
-Ro…
Tras girarse ésta, pasar tras Emma y coger una botella, la rubia la frenó asiéndola de su antebrazo, -eh, Roni-, ésta se detuvo sorprendida, -¿he hecho algo que te haya molestado?. –Emma arrugó la frente
-¿Qué?.
El rostro de Emma parecía compungido. La morena relajó sus facciones. -Me has hablado y he pasado de ti, ¿verdad?.
La chica asintió insegura. Roni sonrió triste. -Lo siento, cuando hay tanto movimiento en el local estoy concentrada y voy a mi rollo.
La rubia suspiró aliviada.
-¿Me perdonas?-, apoyó una mano en su propia cadera y la ladeó rítmicamente.
-Claro que sí, no es nada-, Emma le apretó el brazo. ¿Estaba bajando la barreras y podría permitirse esos toques con Roni?. La morena miró de soslayo esa mano, fuerte y femenina, su corazón se aceleró.
-Pues sigamos.-, alzó la botella que llevaba en la mano y le sonrió desviando su mirada.
Emma no pudo dejar de sentir ese brazo tonificado bajo su mano, junto a la yema de sus dedos, ¿cómo diantres lo había tocado así por que sí?, de repente se sintió avergonzada como si jamás pudiese volver a mirarla. ¿Habrá pensando que me he pasado con las confianzas?.
-Emma, ¿puedes ir a por hielo al almacén?-, Roni le pidió ayuda. Ésta asintió, pasó tras ella, eran como diez centímetros y ya estaba con los vellos erizados.
En el almacén, patosa, nerviosa, acelerada, volcó un pack de 12 botellines, por suerte, todos terminaro tal cual estaban, enteros. Suspiró. Se tropezó y dio un rodillazo a la nevera. "¿Algo más?". Se sintió torpe. Alcanzó el hielo, que colocó en un barril de metal. Le llevó el hielo a Roni actuando como si no hubiese pasado nada.
-¿Estás bien?.
Le dijo pillando con una pinza metálica varios hielos y soltándolos en un vaso de tubo.
-¿Yo?. Sí.
-Tienes cara de haber hecho … como una …- le dio la copa a la mujer. -¿fechoría?.
Emma entreabrió los ojos como una quinceañera a quien han pillado fumando. –Todo está bien, nada está roto ni volcado.
Roni rió, -Oh my…- rió de nuevo. Emma no se había dado cuenta de que en esos momentos ella había cogido un hielo con las manos. Cuando ésta se giró hacia donde estaba la caja Roni le metió el hielo por debajo de la camiseta blanca de mangas cortas, desde la nuca. Ésta reaccionó asustada y empezó a dar saltos para tratar de que bajara. Alan entró a la zona de barra y se rió.
-A ver si adivino, ¿un hielo o una cucaracha?.
La morena observaba el espectáculo con los brazos en jarra y sonrisa altiva, casi de deseo, contenido, disfrazado.
-Alan, ¿me ayudas?-, dijo con retintín la rubia observando a Roni con odio.
-No lo hagas, es divertido-, Roni sonrió. Emma estaba notando como el hielo, algo más derretido iba descendiendo.
Una joven, aparentemente conocida de Roni le puso una mano en el hombro para saludarla. Ésta se giró hacia ella y sorprendida la nombró. -¡Gillian!.-, la abrazó.
Emma se sintió celosísima, esa mano aun estaba en su hombro. Gillian, rubia de ojos azules observó a Emma tras Roni decirle algo al oído.
La camarera novata consiguió alcanzar el hielo, forcejeando con su apretada camiseta, -vamos, vamos.- Se le estaba helando la mano.
Alan atendía con un ojo, el otro estaba puesto en la historia de ellas dos, la que saltaba como un mono y la que claramente le estaba dando celos a la mujer mono.
Gillian se alejó despidiéndose de Alan con una mano desde lejos, Roni la observó adentrarse en la muchedumbre y Emma vio su oportunidad de venganza, aprovechando que había tenido el hielo en la mano y de que al estar apoyada en la barra Roni tenía un trozo de piel de las lumbares al aire su mano debía posarse sobre ella, pero no por placer, que ojalá, ya lo tenía asumido, sino por auténtica venganza. Fue pues, a pasar por su lado y justo al hacerlo su mano se extendió y posó toda la palma en su espalda haciendo a Roni dar un salto y girarse. Se quedó con la boca abierta. –No me lo puedo creer. Dios que frío.
La ex sheriff alejándose de ella con temor a represalias le dijo con los labios "Vendetta". Roni sonrió divertida, la quería matar y a su vez la quería en su vida.
Se fue a recoger vasos vacíos y al volver a la barra Roni no estaba. Alan entró de nuevo, aquello era un lugar de paseo, entradas, salidas, le recordaba a un ascensor.
Gillian reapareció en barra solo para pillar por ella misma un bol de frutos secos.
-¿Quién era ésa?.
Le preguntó Emma a Alan con desdén, no hacia él, sino hacia esa chica, mientras fregaba unos vasos seria.
-Uy, ésa, ¿qué forma de llamar a la novia de Roni es ésa?.- dijo con todo su deje gay esperando ver su reacción.
-¿Novia?-, a Emma se le resbaló un vaso de las manos y cayó sobre el agua del fregadero, eso la salpicó.
Alan estalló en carcajadas. –Ay, muchacha, estaba de broma. Es solo una amiga-, le guiñó el ojo, -más bien una camarera que trabajó aquí unos meses para ahorrar para su boda con su novio.
Emma frunció el ceño alucinando -¿Entonces por qué me dices que es su novia?-, siguió fregando.
-Por diversión.
Emma ladeó la cabeza.
-Roni es un amor, chiquilla. Y está disponible, ahí te lo dejo.-, le guiñó un ojo.
De repente ella se sintió intimidada.
-A mí eso me da igual.
-Sí, ya se ve. ¿Pues sabes qué?.-, alzó una mano a un hombre que pedía al otro lado de la barra.
Emma lo miró intrigada secando una de las copas.
-Ella me ha hablado muy bien de ti, te tiene cariño. ¿Qué quieres?, ¿Bacardi?, bien-, se giró a buscar la botella.
Emma ladeó la cabeza cuestionando, -¿qué te ha dicho de mí?.-, hizo pucheros, -por favor.
-Es un secreto-, le susurró al oído y se marchó entre risas, no iba con maldad, pero sí que se sentía superior a ella, más por experiencia que por autoestima. Y meterse en juego de chicas le hacía gracia, ¿quién daría el paso?, ¿quién reconocería que le gustaba la otra antes?. No, Roni no le había dicho nada de Emma, no había ningún secreto.
Pasaron las horas, hubo momentos de no parar, de servir seis copas a la vez, de echar a algún borracho, pero de buenas, ahí nunca había malos rollos, no hacía falta ningún portero.
El ambiente fue relajándose, así como la música, que invitaba a la gente a irse paulatinamente, si querían algo más, para eso estaban los afters.
-¿Qué, cansada?.-, le preguntó Roni.
-Bueno, hacía mucho que no pasaba tantas horas de pie, y no he parado, pero todo es acostumbrarse.
Roni asintió, -a todos nos ha pasado en nuestros inicios.
Emma asintió observando como Roni guardaba las monedas de la propina en un bote de cristal y dejaba abierta la caja. -Te estarán esperando en casa, vete- la morena necesitaba sonsacarle algo.
-No, que va, nadie, yo vivo sola.
-Ah-, Roni suspiró por dentro, "menos mal", pensó. -Recoge tus cosas y vete de todas formas, yo termino de contar y cierro, todo está ya limpio y apagado, Alan va a sacar la basura.
-De acuerdo.
Roni no dudaba en que esa vez sí iba a aceptar, su rostro de cansancio lo decía todo. La rubia se giró.
-Ah Roni.- volvió a mirarla.
-¿Sí?.
-Gracias por esta oportunidad.
La morena la miró y asintió. –A ti.- casi fue un susurro. Casi le agradecía darle la oportunidad a ella de conocerla, aunque no se abriese a ella.
Emma recogió sus cosas, se puso una rebeca que llevaba en el bolso y se soltó el pelo, le estaba ya doliendo la cabeza.
-Emma-, ésta se giró hacia ella casi en la puerta. Roni estaba con la caja abierta y un fajo de billetes en la mano. -Mañana cerramos, no sé si te lo dije, yo vendré para ordenar el almacén y hacer recuento, descansa.
-Ah, pues te acompaño.
-¿Por?, no hace falta.- la morena cerró la caja y metió el dinero en la caja fuerte que estaba bajo ésta.
-Quiero aprender, en serio.
-¿Seguro?, ¿o es porque te aburres mucho en casa?.-, le sonrió poniéndose en pie.
-Demasiado.
-¿No tienes un libro que leer o una peli para ver?. No es que no quiera verte, es que debes descansar y desconectar.
"¿Ha dicho que quiere verme?", fue con lo único que se quedó Emma.
-Llevo poco tiempo aquí, por tener no tengo ni ordenador.
No quería decirle que vivía en un hostal porque no quería preocuparla aunque en el fondo tenía esperanza de que si se lo decía, le confirmada que tenía intención de buscarse un piso de alquiler, ella la ayudase y quedasen fuera del bar.
-Bien. Mañana a las 12:30.
CONTINUARÁ
¡De nuevo graciass por los comentarios! ¡Viva el swanqueen y el roniswan!
