Me otorgan una mascarilla presurizada apenas pongo un pie en el interior de la clínica.

—Protocolo —recita la enfermera, que también está usando una. Me ayuda a colocármela y me guía al sexto piso, hasta la habitación hermética donde Yuri Plisetsky está encerrado por su seguridad y la de todos los alfas en diez kilómetros a la redonda.

Ayer fue su despertar, por lo que en la madrugada la pasó fatal. Así sucede con alfas y omegas por igual.

Todos creen que los omegas la pasan peor, pero no es verdad.

Ellos sufren un celo dos veces al año, con un periodo de entre dos a cinco días. Eso significa que su cuerpo tiene más tiempo para adaptarse a las sensaciones y a largo plazo se acostumbran a ello, pero los alfa tenemos un solo celo al año, que jamás dura más de veinticuatro horas.

Conclusión: Una vorágine violenta de deseo carnal incontenible, pérdida de facultades básicas como hablar coherentemente, pensar con claridad y moverse impulsados por algo que no sea la necesidad más básica de descargar tensión en forma de apareamiento.

Los betas protegen a los omegas porque son frágiles y fáciles de controlar.

Los betas repudian a los alfa porque somos más fuertes y primarios llegado el celo, lo que no les conviene.

No somos más que seres incomprendidos que buscan su lugar en la sociedad.

Como todos los demás.