Abrir los ojos, ser una misma. Capítulo 10

Tipo: Puro Roniswan.


Tras firmar el contrato Roni le había dicho a Emma que no había más que hacer por ese día, ella también iba a marcharse.

La rubia había deseado preguntarle si querría ir a tomar algo con ella pero se lo impidió… -creo que voy a cenar algo caliente y como me iré a la cama como una niña buena-, se había reído y había continuado, -he pasado una mala noche. Emma le había aconsejado una buena infusión relajante y éste le había dicho que se la compraría en cuanto pudiera.

Segunda noche en el escarabajo amarillo

El sueño no le venía, daba vueltas sobre aquel asiento reclinado. Se pasó a la parte de atrás, y encogida, de lado, durmió casi enseguida, aunque por primera vez se había sentido sola. Rodeada de coches vacíos, sin un abrazo que la cobijara. Una lágrima había brotado y se había perdido en el tapiz del asiento.

Miércoles por la mañana

Se despertó temprano, más bien, justo antes de que saliera el sol. Iba a repetir el que iba a ser su ritual de ducha ilegal a escondidas por un buen tiempo hasta que encontrase una solución, sin embargo, un resbalón la hizo caer sobre una fuente decorativa que estaba apagada. El barro de su contorno la había hecho trastabillar.

Con tan solo dos palmos de agua se podía dar por duchada, entera.
Miró a su alrededor apurada. Un chico con sudadera que paseaba a su perro hizo el adem de acercarse pero ésta le hizo señas para aclararle que estaba bien.

La rubia salió de la fuente y se marchó al coche. Del maletero sacó una nueva muda y en el interior del automóvil se cambió toda la ropa. Dejó la que estaba mojada estirada en el asiento del copiloto. Sentía que había alguien sentado ahí, a su lado.

Sintió tristeza por sí misma, junto con rechazo, no soportaba sus ataques de victimismo, pues no estaba sola. Había visto a Henry, y trabajaba para Regina. No estaba sola. Aunque sí lo estaba en su secreto, bueno, múltiples secretos, de donde venía, sus recuerdos, de los que otros carecían por aquella especie de maldición, y que residía en su propio coche.

Al despertarse había encontrado un SMS de Roni que le había deseado "Buenas casi noches, te debo no una, sino cien. No sé cómo agradecértelo Emma. (emoji beso)".

Se maldijo por no haberse dado cuenta del mensaje a tiempo. ¿Qué pensaría Roni, ante su omisión?. ¿Se habría enfadado?. O quizás no esperaba respuesta, a fin de cuentas no le había preguntado nada.

Casa de Roni

Tumbada sobre su cama, fue estirar las piernas y notar el cansancio en ellas. No sabía qué diantres había hecho hoy, pues no había sido día de trabajo normal, pero su cuerpo requería descanso. Había cerrado los ojos y se le había venido la imagen de Emma entrando al bar y su dulce voz dando los buenos días. Se preguntó qué estaría haciendo ella en esos momentos. Era tan solo las cuatro. Se decidió a mandarle un mensaje.

Sus ojos se cerraban pero se negaba a dejarlos descansar, esperando su respuesta. Entrecerró los ojos sin quererlo y había pasado media hora. Ah, no, una, y ahora dos.

Apagó el móvil y se esforzó por no pensar cosas raras, la había excusado, tenía mil razones para pensar el por qué no le había respondido y había peleado por no dejarse llevar por aquellas que la pondrían celosa. "Quizás no tenía saldo", entonces cayó. Ella era de prepago, no como su móvil de línea, quizás ni le había llegado. Se quedó pensativa, y es por ello que se levantó una hora antes al día siguiente, sonriente, ilusionada. Decidida a hacerlo. ¿Qué cara pondrá cuando lo vea?.

Roni's

El bar estaba a punto, Roni no sabía cómo pero ese jueves iban a reabrirlo. Ese día se había recogido el cabello en una cola pero no había abandonado sus aros plateados, es más, ahora llevaba una pulsera a juego y un par de anillos metalizados. Estrenando una camisa que adoraba cuando la vio en un maniquí, una camisa de cuadros grises pero con los hombros al descubierto. ¿Por qué se había arreglado tanto, cuando lo que quedaba eran los detalles y un recuento de stocks?. En tres horas estaría todo listo y es más, Alan iba a venir a decorar el local, pues la fiesta de reinauguración estaba anunciada desde hace dos días. Poco trabajo ¿y se arreglaba?.

Emma llegó, saludando con una sonrisa acompañada de unas ojeras que no pudo disimular.

-¿Qué, de juerga anoche?.

Roni le preguntó sin mirarla pero sonriente de tenerla ya allí. Emma frunció el ceño.

-No, que va-, estuvo a punto de decirle "pero me hubiese gustado salir, si tú venías".

Cogió aire, -perdona, no he leído tu mensaje hasta esta mañana.

Dejó su chaqueta roja sobre el respaldo de la silla. Roni estaba sacando brillo con un producto a la barra.

-No pasa nada-, volvió a sonreírle pero no la miraba a los ojos. Es más, sus mejillas tenían un minúsculo, casi inapreciable, color rojizo.

-No sé que le pasa a mi móvil que…

La morena la miró, ya quieta. Se agachó y se enderezó con algo en la mano.

-Toma.

Le entregó una cajita envuelta con papel metalizado verde. La rubia miró el objetov y movió la cabeza curiosa. Comenzó a desenvolverlo.

-Esto es...

Sacó una caja con una fotografía de un móvil y sus mil características.

-Es que verás, tu móvil y los SMS están muy anticuados…,por el whastapp se pueden mandar fotos, videos o dejar mensajes de voz. "Y es que encanta tu voz", pensó Roni.

-¿Me has comprado un móvil?.

Emma alzó ambas cejas.

-Considéralo un regalo de agradecimiento.

La morena se mordió el labio inferior nerviosa.

-Pues…, gracias…-, la miró a los ojos y le sonrió. Ésta le devolvió la sonrisa, y se generó un momento de complicidad, silencio que englobaba muchos sentimientos, pensamientos internos que Roni rompió dejando el trapo en la barra. –Hecho.

Salió a la pista y se detuvo colocando sus manos en su cintura, -ésta si que es mi barra.

La madera brillaba y olía bien. –bueno, no lo es del todo si no hay copas derramadas, algún kiko y partes pegajosas, pero va pareciéndose.

Emma, que estaba a su lado se rió. -¿y vómitos?-, le siguió el juego. Roni la miró seria, asombrada, como molesta, aunque sus labios temblaban -no te pases.

Pasó tras ella y le dio un tirón en el pelo, ésta se giró anonadada y Roni andó marcha atrás sonriendo y señalándole con el dedo.

-Qué mala eres-, alcanzó a decirle Emma casi sin pronunciar. Roni se rió y se giró, Emma le miró el trasero y deseó darle un cate en las nalgas. Definitivamente le gustaba esa mujer. Era dura, fuerte, era divertida, atrayente, legal. "Para", era consciente de que la estaba amando sin saberlo. Definitivamente jamás de los jamases había sentido algo igual. O bueno, quizás parecido, con Lily.
Le dio vueltas a aquello la siguiente hora, entre recuento y recuento.

Roni atendía en la puerta a un par de trabajadores que venían a retomar un trabajo que había quedado a la mitad. Alan había entrado a saludarla al almacén con la mano, pues la otra estaba cargando varias bolsas con distintos tipos de confetis, algún globo, y decoración de fiesta.

Cuando Emma salió del almacén con su trabajo finiquitado el local estaba totalmente distinto, estaba alegre, festivo, Alan había jugado incluso con algunas luces, siendo algunas de color. Roni estaba sobre una escalera de cinco peldaños colocando una guirnalda de lana celeste en el techo, junto a los focos.

El joven de gafas y pelos largos andaba marcha atrás estirando unas finas tiras de papel maché para luego subirlas al techo y sin darse cuenta empujó la escalera haciendo que Roni perdiese el equilibrio. Estaba en lo alto y Emma corrió tan rápido que alcanzó a coger a Roni antes que el propio Alan si quiera lo intentara, fue tan ágil que acabó evitándole el golpe cuando sus brazos la habían rodeado como un salvavidas en el agua y habían recorrido todo su cuerpo frenándola poco a poco hasta ella posar sus pies sobre el suelo con sutileza, y la camisa algo levantada. Y ahora, todo era distinto. Roni había quedado atrancada y sin prisas entre los brazos de Emma que cubrían toda su cintura, sin embargo los suyos, estaban encogidos, tembloroso y sus dedos alcanzaban a rozar la punta de sus cabellos rubios. Ambas sintieron deseo, una chispa. Emma la miraba con intensidad, Roni miraba como sus dedos jugaban con esos cabellos, y los enredaba entre ellos, fugazmente le miraba los labios, labios que empezaron a sonreír a la par que sus brazos a destensarse. No era el momento.

-Casi te das un buen batacazo, jefa-, le dijo Emma soltándola, soltando el calor que desprendía, ahora todo estaba frío. Roni se bajó disimulada la camiseta, que había dejado su ombligo al descubierto. Había tensión, pero todo debía volver a la normalidad.

Roni se recuperó, -mi querido decorador que no mira por donde va, ¿eh?-, dijo girándose con una mano en la cintura a modo de reproche.

Alan se había escabullido sin saber cómo, -¿dónde ha ido?.- Ambas hicieron una panorámica por el local.

-¿Alan?.

Se dispersaron.

La morena encontró en el almacén, junto a su bolso, un papel arrancando de un bloc de notas con el mensaje: "Te dejo con tu novia, querida." y el dibujo de dos monigotes, uno con pelo largo y otro con pelo rizado, agarrados de la mano. –Que idiota eres, Alan-, se dijo Roni sonriente.

-¿Qué es eso?.- Emma miró la nota.

-No, nada-, nerviosa hizo del papel una bola, -Alan se ha ido a hacer unos recados-, lo tiró a la basura del almacén.

-Aham-, Emma asintió, mirando la papelera. Roni frunció el ceño. Miró su reloj.

-Es hora de irse.

Emma sintió pesar dentro de sí, de nuevo al parque, a su coche, y lo peor, lejos de ella. Lo bueno, ahora tenía móvil nuevo. No se la imaginaba saliendo por ahí a comprarle un móvil pero lo había hecho. Eso la llenó.

-Gracias-, le dijo ya en la puerta, alzando el móvil.

-Conservas tu número. En el manual viene un folleto extra con consejos sobre aplicaciones. Si tienes cualquier duda llámame.

Perfecto, quería tenerlas, todas las del mundo, y hablar con ella.

Tercera noche en el escarabajo amarillo

Esa vez su sonrisa era la decoración de su cara mientras instalaba en el móvil aplicaciones y fisgaba con todo lo que ya de por sí traía. En la factura venía que contaba con tres meses gratis de Internet y llamadas.

Mientras se instalaba el whatsapp cerró los ojos, y rememoró ese momento de la escalera, su piel, su cintura, su olor. Tan cerca, tan suculenta, tan adorable. Abrazó el móvil contra su pecho.

Como era la reapertura del bar éste se iba a abrir desde las 10:00 de la mañana.

Jueves 10.00

El bar estaba abierto y decorado, sin embargo, la fiesta sería a la noche. Henry estaba en la barra tomando un zumo de piña.

-Emma Swan, ¿ estás viviendo en tu coche desde el robo porque antes vivías en un hostal y has invertido todo tu dinero en MI bar?. Él te vio anoche.

Fue el saludo de Roni. Henry alzó la mano, apurándose el zumo tímido.

Los ojos de su jefa brillaban como un faro en la oscuridad, una mezcla de sorpresa, incredulidad, agradecimiento y deber de devolvérselo todo. Sí era verdad lo del hostal, pero lo actual era peor. La rubia asintió, -no podía quedarme de abrazos cruzados.

-Pero Em-, Roni se suavizó, se acercó y pilló con sus dedos un mechón de su pelo, como hubo hecho el día anterior. –No puedo aceptarlo.-, aquella Roni era más Regina que Roni. Sin embargo su actitud cambió relajando el rostro y sonriendo. Le puso la mano en el pecho, como gesto de espera y se fue hacia la barra. Desde allí le tiró el llavero de su casa.

-Pues eso se ha acabado.

-¿Pero esto que es…?-, Emma observó el llavero, decorado con una R de Roni, y llaves donde escrito en rotulador permanente de colores se leía las palabras "buzón", "azotea" y "portal".

-Es que son todas iguales-, le sonrió justificando aquello.

-Pero yo…

Henry se levantó, incómodo por la situación, se marchó a una de las mesas bajas para dejarles intimidad. Roni lo miró y luego miró a Emma, -No quiero molestar.

-Emma, yo vivo sola.

La rubia miró a la nada pensativa, la morena hizo lo mismo. –Sí…, se ve que soy insufrible-, se puso a ordenar los servilleteros.

-No eres insufrible Roni.

Su jefa la miró. –Eres… sufrible.- Emma sonrió ampliamente, quizás era la primera vez que lo hacía sin ese miedo perpetuo.

-Gracias, supongo.- La morena alzó las cejas confusa pero al girarse sonrió. "Es increíble".

La rubia suspiró. No podía creerse lo que se avecinaba, le había dado las llaves de su casa. ¿Cuánto aguantaría sin besarla?.

CONTINUARÁ

Bueno, he tardado por muchas razones y… quizás tarde algo más, porque me ha salido un trabajito para la semana que viene, peeeeero, no me olvido. (emoji guiño ojo).