Abrir los ojos, ser una misma. Capítulo 11
Tipo: Roniswan.
Nota: chico/as, perdonad la tardanza, currar y estar en dos cursos a la vez no daba para más, por ello actualizado aunque sea cortito. ;)
La primera vista a la casa de Roni fue rápida y somnolienta, tras aquella jornada de trabajo estaban exhaustas, Roni le insistió para que durmiera en su cama. La de la otra habitación había sido armario por mucho tiempo. Ya se encargaría el domingo de adecentársela, Roni dormiría en ella como pudiese.
Emma se tumbó en aquella cama de dos por dos, y sintió que era Roni, cruzó sus manos tras su cabeza. La morena le había dejado un pijama, era negro, de pantalones largos, Emma se iba a quedar con su camiseta interior.
Miró el techo apenas iluminado por las farolas de la calle, cuando se dio la vuelta y metió una mano bajo la almohada se topó con algo frío, duro. Lo palpó con dos dedos sacándolo y encendiendo la luz de la mesilla de noche lo observó. Un cisne, incrustado en una corona metálica con pinchos. El cisne, más oscuro que la corona, tenía los ojos negros. Acarició el abalorio pensativa.
Le costó dormir porque le dolían las piernas así que al día siguiente, el sol saludó por el horizonte y tardó más en despertarla.
Roni sin embargo había dormido como un lirón, cinco horas, pero le servían para sentirse descansada, al menos durante un rato. La hora de la siesta solía cerrar los ojos y dejarse llevar por Morfeo.
La morena miró el reloj de muñeca con el que había dormido y subió las persianas. Limpiaría la casa pero no quería hacer ruido. No sabía si su nueva compañera de piso era de dueño ligero. Observó el armario de la habitación, y pensó en si sería lo suficientemente grande para todas sus cosas. Cosas que tendrían que ir a buscar a su coche en ese día.
"Su coche, su casa", pensó Roni. ¿Cómo pudo no darse cuenta de eso?, y peor, ¿cómo pudo consentir que la ayudara económicamente?. Suspiró.
Rumbo al baño pasó frente a su habitación, que gozaba de silencio y una suave luz salía de la puerta entreabierta. Instintivamente asomó un ojo por la rendija y pudo ver a la rubia, de espaldas, con una camiseta interior subida, que mostraba la mitad de las lumbares. Era otoño recién entrado y las mañanas aun eran frías como el invierno.
Tuvo el impulso de entrar y taparla. Pero se imaginó haciéndolo, y una cosa llevaba a otra, y quizás, solo quizás, esa camiseta interior acabaría en el suelo.
Roni negó con la cabeza y decidió bajarse la temperatura en la ducha, no como otras veces, sino con agua fresca y música rock en la radio.
Emma abrió los ojos y escuchó lo que le parecía música a un volumen minú ó el ceño. Se masajeó las sienes sentándose en la cama y estiró los brazos.
Fue salir al pasillo con sus calcetines como zapatillas y toparse con Roni que venía saliendo de la ducha, envuelta en una toalla y con los cabellos algo mojados goteando a su alrededor.
-Buenas.
Le dijo amigablemente recogiendo el pelo en una cola.
-Ho… Ho... Hola.
La morena la miró sonriente. –Que… que… que tal has dor… dor… dormido?
Bromeó ajustándose la toalla al cuerpo. Emma agitó la cabeza y esbozó un gesto de sorpresa. -¿Te estás burlando de mí?.
Actuó como si aquello la hubiese ofendido.
-Puede…-, pasó por su lado compartiendo el marco de la puerta de la habitación de matrimonio. A Emma le salpicó agua en la cara con el pelo y su mano izquierda rozó la toalla.
-Te confieso que no tengo mucho de comer en la cocina, tenía planeado bajar a hurtadillas a subirte unos dulces muy ricos de la panadería del barrio.- le dijo mientras sacaba del armario unos vaqueros y un chaleco verde de lana con calaveras negras.
-No hacía falta.
-Es lo mínimo. Me visto y bajamos las dos.- Emma la vio a punto de quitarse la toalla e instintivamente dejó encajada la puerta.
-Te dejo tranquila.
-Luego te enseño la casa- le dijo desde dentro.
-Por cierto… ¿tienes un chaleco que dejarme?, tengo lo que me puse ayer para trabajar y mucho no abriga.- Le preguntó apoyada en la pared que delimitaba la entrada.
-Tengo. Luego vamos a pasar a por tus cosas. Entra.
Emma se quedó pensativa. -¿Ya?.- Entró de nuevo dentro del cuarto.
-Soy rápida, pero no tanto.
Y ahí estaba, en ropa interior, terminando de abrocharse el botón de unos vaqueros. Le había visto unas braguitas grises con lo que le parecía el logo de Superman, y el sujetador era negro, casi deportivo.
-Elige lo que quieras de ahí dentro-, le señaló con la barbilla el armario que estaba abierto.
-Oh.-, observó las estanterías del interior del mueble, aunque en un espejo que decoraba el interior de una de las puertas pudo ver reflejada a su jefa, poniéndose el chaleco. Te mueres por tirarla a la cama y abrazarla.
-Dame dos minutos, me seco el pelo y hacemos el mini tour-, le dijo amigablemente saliendo del cuarto.
-De acuerdo.
Eligió un chaleco blanco con pelitos, que en la espalda tenía una estrella plateada. "Qué calentito es", olía a perfume de Roni. Se sintió abrazada por ella. Quizás eso le sirviese por un tiempo.
Roni salió del baño con el pelo seco, ondulado y la línea de los ojos maquillada, se había puesto sus pendientes de aro plateados.
-Vamos.
La observó por detrás, -te queda bien mi chaleco-, le dijo apretándole el brazo para que la siguiese.
-Mira ésta es la cocina-, apoyó sus manos en su cintura, -no es ni grande ni pequeña es… aceptable.- la rubia sonrió. -¿Tiene frigorífico, tiene vitro y tiene fregadero?, es una cocina, ¿para qué pedir más?. Y es más que aceptable si se pueden hacer bizcochos en el horno.
La sonrisa de Roni, entre incrédula y "te amo porque piensas como yo", le hizo sentirse a gusto, sentir que estaba afianzando algo con ella.
–Éste es el baño. La ducha es grande.
Emma sintió que aquello era una insinuación, o que lo habría dicho sin pensar pero quiso darle un toque divertido, -¿insinúas que yo podría pensar que no cabría en tu ducha?.
La morena se apresuró a negarlo con la cabeza. –No, no, para nada-, alzó sus manos, -si tú tienes un cuerpo…-. Se arrepintió de haber empezado esa frase. Emma la observaba intrigada.
-¿Un cuerpo…?
-Humano, un cuerpo humano. Y como todos los cuerpos humanos, … ay, Emma, no me lies.
La rubia se rió, su jefa pasó frente a ella ocultando su sonrisa dándole la espalda.
-Ésta es la que será tu habitación-, se apoyó en la puerta. -Dame un par de horas y parecerá otra cosa.
-Es perfecta, no hagas nada.
Roni inclinó la cabeza. –De eso nada, una hora. Y será habitable.
Emma se rió. –Como tú quieras.
-Y aquí viene uno de mis rincones favoritos de este piso-, Roni andaba hacia el salón y corrió las cortinas, abrió con tranquilidad dos puertas de cristal, -el balcón.
Era de setenta centímetros por dos metros de muro de cristal. Al comienzo daba vértigo. Roni se asomó y apoyó sus brazos en el muro, el aire le removía el pelo, el sol ya estaba apretando con discreción.
-Qué vistas.
Emma se apoyó a su lado observando un parque en la lejanía, los coches en la carretera, los altos edificios.
-Sí…
Una rubia exuberante de no más de cuarenta años y piel tostada se paseaba desnuda por su salón, era un loft de enormes ventanales de cristal, situado en el edificio que tenían a la derecha. Edificio de menos pisos que el de Roni, ella vivía en el quinto y el loft hacía de cuarto piso.
La morena señaló pícara a aquella mujer rubia.
-Es exhibicionista.
-¿Cómo?.
-He visto de todo en ese loft, y cuando digo de todo, digo de todo.- Enfatizó en las dos últimas palabras.
Emma se rió.
-Así que mi jefa es una voyeur.
-Eh-, le dio un pequeño empujón, -es ella, que no conoce el término cortinas.
Silencio, cómodo, divertido.
-¿Un bollo?.
-¿Cómo?.
-Los dulces, el desayuno. ¿Bajamos?. Desde aquí veo la panadería abierta.
-Claro, me muero de hambre-, le dijo mirando de reojo su sonrisa florecer, ya empezaba a tener hambre de otras cosas, pero debía de quitarse eso de la cabeza o la convivencia se le iba a hacer muy difícil.
Panadería.
Debatieron no sobre qué dulce elegir, sino sobre cuántos.
-¿Te los vas a comer todos?.
Le preguntó Roni desafiante.
-Pues claro.
-Ah, ¿sí?; ¿éste, esos dos y la bandeja?.- comentaban frente al muestrario de cristal.
-¿Qué te apuestas?.
Roni se rió.
-Que hoy friegas tú los platos.
-Trato hecho-, le tendió la mano. Ésta la miró desconfiada, pero la aceptó.
El tacto y el calor que desprendía la mano de Regina le hizo sentirse en casa. La morena le apretó la mano, fueron dos segundos y se separaron.
Casa de Roni, y desde ese día de Emma.
Triunfante y con la barriga hinchada Emma celebró su victoria. –No, aun no.
Roni le tendió una pequeña palmera. La sheriff resopló, Roni le señaló con la cabeza una torre de platos sucios.
-Uff, ese tomate frito tiene pinta de estar desde el pleistoceno.
-¿Eso significa que te rindes?.
Hizo el adem de morder la palmera pero sintió arcadas.
-Yo…- compartieron miradas, desafiante la una, pensativa la otra.
-Yo… no me rindo-, enfurruñada fue a morder aquella palmera de Nutella pero Roni le agarró el brazo.
-Espera, espera-, le dijo dulcemente.
La rubia la miró confusa. –No quiero fregar todo eso.
Su jefa se levantó y se dirigió hacia la cocina -Me estaba quedando contigo, yo utilizo el lavavajillas porque no va bien el grifo del fregadero-, giró la manija y salieron un par de gotas de agua, miró a Emma apretó los labios para no reírse.
-¿Cómo?. Eres…- Emma se levantó, apoyándose en el respaldo de su silla, algo mareada, -una mala … una bruja malvada.- Analizó su reacción. La morena dejó de sonreír, y si quedó pensativa. Sin embargo su respuesta fue, -espero a que haya vajilla suficiente pata llenar el lavavajillas y ponerlo, no me gusta desperdiciar agua para dos cosas.
Swan sonrió comprensiva.
-Igualmente, iba a comerme esa palmera-, dijo casi amenazando al alimento.
-Lo sé-, respondió la otra chica.
-¿Vamos a por tus cosas?.
Asintió.
Camino al coche.
Emma iba guiando a Roni, cuando llevaban un par de calles sintió algo en el bolsillo de su pantalón, al meter la mano encontró el colgante que había visto bajo la almohada.
-Roni.
Ésta se detuvo. -¿Sí?.
-Encontré esto bajo tu almohada.
Le mostró el colgante, que se balanceaba frente a ella.
-¿Quieres que te lo deje en la mesilla de noche?.
-Oh, ese collar. Quédatelo.-, le sonrió.
-¿No lo quieres?.
-No, no es eso, porque de hecho es un collar que me encanta. Pero quiero que te lo quedes, considéralo un regalo, y bien merecido.
-Bah, no me merezco nada, créeme Regina.
-¿Regina?.
-Eh, oh, Roni, créeme Roni.
"¿Me ha llamado Regina ?", pensó Roni. -¿Quién es Regina?.
-Oh, no es nadie. "Es su ex, tiene que serlo", pensó la morena.
-¿Por qué no me la presentas?.
-¿Cómo?.
-Eso, no me importaría.
"¿Qué me he perdido?", pensó Emma, "¿y ahora qué le digo?"
-No puedo.
-¿Por qué?.
-Porque no sé si se acordará de mí. "Fantástico, existe, lo que imaginaba".
-Por…, ¿acabó la cosa mal?. ¿Sabes?, no quiero saberlo. Es tu vida y yo soy una metomentodo.- retomó el paseo.
"¿Estoy viendo a Roni celosa de Regina?, Dios, Emma, no te rías, no ahora. Ahórratelo para cuando estés sola."
-Seguro que ella es mejor cocinera que yo.
La escuchó decir desde delante, -peeeeero-, la señaló con el dedo, -seguro que no saber hacer un cóctel de manzana, y menos como yo lo hago, con el toque Roni.
De nuevo le dio la espalda, adelantándose a la rubia y evitando que su mirada de dolor y celos la delatara. "Puta Regina".
CONTINUARÁ
Bueno, espero que os haya gustado, cortito, pero no he dado para más, I`m sorry! Gracias por la paciencia.
