Abrir los ojos, ser una misma. Capítulo 12
Tipo: Roniswan.
Nota: chicos/as, perdonad la tardanza, estuve currando y en dos cursos a la vez, no daba para más, y ahora me han vuelto a llamar para un mes de trabajo, peeeero ¡actualizo!.
Parking junto al parque
-Así que éste es tu coche-casa…-, dijo la morena, más calmada, ahora su mirada era triste.
-No pasa nada, estuve bien-, se apresuró a aclarar Emma. –no subestimes a este escarabajo que es más cómodo de lo que parece.
Abrió el maletero y sacó de atrás varias bolsas y una maleta. –Así que…, no tienes una hermana aquí.- Preguntó Roni rodeando el coche, Emma negó con la cabeza. La morena asintió. "Algún día le sonsacaré qué asuntos tenía pendientes aquí, porque si no se trata de una ex novia, puede ser algo malo, quizás tenga problemas de algún tipo, o quizás… le gusten los hombres", un sentimiento de repulsión floreció en ella, no porque odiase a los hombres, sino por que de ser así, de que a Emma gustasen los hombres, jamás pasaría nada entre ellas.
-¿Sabes? Una vez traté de adoptar.
Emma se vio sorprendida por aquel comentario imprevisible al cerrar el coche, la miró, con sus manos cargadas de bolsas, -Pero no me dejaron-, la morena la ayudó con alguna de ellas, -ya sabes, una mujer soltera…
-Ah, pero…¿ibas a hacerlo?, ¿buscabas ser madre?.
Caminaron rumbo al piso, una brisa se levantó.
-Sí, tenía pensando hasta como lo llamaría, si era niña la llamaría Blanca y si era niño Henry, como mi amigo.
La rubia giró el rostro hacia su derecha con excusa de que iban a cruzar la carretera, pero sus ojos se habían emocionado.
-Sí, aunque no lo parezca yo tengo instinto maternal.
Confesó la morena, ya habiendo cruzado.
-Bueno, todas podemos tener ese instinto en algún momento.
-¿Tú lo tienes?.- Emma sonrió por dentro, claro que lo tenía, -no lo sé, me gustan los niños, pero… ¡mira ese perro!.
Buscó una excusa para cambiar de conversación, -¿qué tiene en la cabeza?.-, ambas miraron a ese caniche marrón.
-Parece un gorrito.
Se miraron con los ojos sorpresivos. –Hay gente para todo.- añadió la morena al ver a su dueña con el mismo gorrito.
-¿Te gustan los perros?.
Ya estaban cerca del piso. –Me van más los gatos-, respondió la jefa. -¿Y a ti?.
-Ambos, supongo. Nunca he tenido ni lo uno ni lo otro.
-Pues no los tengas.
Roni miró al frente. Emma frunció el ceño. La morena fue a sacar la llave del portal pero se la pasó a Emma para que ésta abriese, -hazlo tú, para que te vayas acostumbrando.- le sonrió. Y la sonrisa pasó a ser risa al ver a Emma forcejear con la puerta. Una y otra vez, y no conseguía abrirla.
–Mira-, le quitó la llave, rozó su mano con ese gesto y su cabello se paseó por la mejilla izquierda de Emma tratando de agarrarle la bolsa que se le iba a caer, -está dura, hay que hacer una maña para abrirla. Primero la metes, luego girándola la sacas un poco y le das con el pie.
-Un alohomora sería más fácil.
La morena frunció el ceño. -¿Un qué?.
-Nada, nada- a Emma le gustaba Harry Potter pero no iba a decírselo a miss rockera.
-Te decía, que no tuvieses mascotas porque hace dos meses recogí de la calle a una gata, era preciosa, tricolor, ojos claros. Mimosa, agradecida. Parecía que tenía alma.
-¿Y qué pasó?.
Entraron al ascensor.
-Se colaron en mi casa, para robarme. No sé que estarían buscando porque solo rompieron algunas cosas.
-¿en serio?. Y…
Roni miró el suelo. –La mataron. Mi gata estaba muerta, destripada, en la cocina.
Sus ojos brillaron recordando aquel momento.
-No he llorado más en mi vida, y jamás lo olvidaré.
Salieron del habitáculo. Roni aprovechó para secarse una lágrima furtiva.
-Tú primero-, señaló con su mano la puerta.
-¿Pillaron al ladrón?.
-No-, tragó saliva.
Emma deseó haber estado en esa casa en aquel momento, no solo para salvar a la gata sino para darle una paliza al o los delincuentes salvajes. –Hay gente que se merece morir.
-Tiempo al tiempo, amiga.
Roni sonrió triste.
Pasaron varias horas. Roni había limpiado el cuarto de Emma a expensas de que ésta le insistiera por tercera vez en que no lo hiciera, o mínimo en que la dejase a ella ayudarla.
-Ya te tocará a ti limpiarla, déjame a mí ahora.
Al rato la buscó. -¿Quieres ayudarme?, sacude esta manta en el balcón, es para quitarle el polvo que tenga antes de ponerla a lavar.
Cuando Emma salió al balcón la vecina exhibicionista estaba vestida con un traje de chaqueta elegante, a punto de salir a la calle.
-La vecina desnuda estaba vestida.- le dijo al devolverle la manta.
-¿Ah, sí?, irá a salir a la calle o vendrá a verla el hermano.
-¿Tú alguna vez has hablado con ella?.
-Ehm, ….
Sonó el portero, Roni se sintió salvada, no estaba en ese nivel de confianza para contarle cómo echaron un polvo hace un año sobre el sofá en forma de ele que se veía desde su balcón.
-¿Quién era?.
-Es Alan, dice que trae provisiones.
Emma alzó una ceja. -Sí, se ha enterado de que te quedas aquí y no sé que se le habrá ocurrido. Siendo él, cualquier cosa.
La puerta, encajada, se abrió.
-Hola, chicas.
Les besó casi en el aire a ambas. -¿Qué te traes entre manos, señorito?-, le dijo Roni sonriendo.
Alan apoyó una bolsa de cartón sobre la mesa del salón y sacó de ésta una botella de Sheridan, un par de botellines de cerveza, un paquete de kikos, palomitas para microondas y un par de bolsas de chucherías.
-¿Y todo esto?.
-Vamos querida, habrá que celebrar que después de tantos años por fin compartes el piso con alguien que no sea un gato.
-Eh, …- inclinó la cabeza algo molesta.
-¿Y por eso has traído alcohol?.
-Vamos, celebrémoslo como a ti te gusta.
-¿Cómo le gusta a ella?-, sonrío Emma.
-Eso de sofá, película y manta. Solo que cambiemos la manta por copita y palomitas.
-¿Eso es verdad?.- la rubia miró a la anfitriona.
Roni asintió casi avergonzada.
-No sabía yo lo que te gustaba ver películas, eso es muy casero. Siendo la dueña de un bar te veía más de salir por ahí de fiesta.
-Esa etapa ya pasó.
-Bueno…-, aclaró Alan.
-Pasó el hacerlo todas las semanas-, le dio un cate. –No sé, … muchas horas paso en un bar como para meterme en otro.
-Ya, te entiendo.
-Bueno, ¿qué se os antoja?, tengo ¿Netflix?, porque te quedas con nosotras, ¿no?.
-Hombre, no me puedo perder este momento, eso si, como sea una película aburrida me duermo, aviso.
-Te despertaré de una forma divertida-, miró a Emma que asintió convencida, -me apunto.
Tardaron en elegir la película, por un lado Emma quería algo de aventuras o de terror, Roni optaba por la ciencia ficción, Y Alan aventuras románticas. Al final dieron con la tecla al gusto de todos, -¿en serio vamos a Jurasic World?.
A Emma no le dio tiempo a buscar donde sentarse cuando Alan se había apoderado de la única butaca que había y le había dejado el sofá para ella y Roni. Ya estaba nerviosa, bien.
La morena apagó a la luz del salón y le dio al play. El televisor comenzó a mostrar los logotipos de varias productoras. Sentirla al lado, con tan poca luz y ver el citrato que asomaba entre sus labios le hacía a Emma tener poco interés en el filme, en ese momento entraba un velocirraptor en el salón y no se hubiese dado cuenta. Esa camiseta con ese par de botones arriba abiertos eran sujeto de estudio.
Al comienzo de la peli Alan no paraba de comentarlo todo hasta que Roni le tiro varios kikos para callarle. –Quiero escuchar algo, ¿sabes, señorita?-, le decía al chico.
Pasaron cincuenta minutos. La historia estaba empezando a ponerse interesante cuando la jefa le tocó con el dedo en el brazo a Emma, y con ése mismo señaló hacia su derecha donde Alan estaba sopa, con la cabeza apoyada en el butacón y la boca abierta. -¿Se ha dormido con ésta?.
-Ya ves, o le llena desde el minuto uno o cae.- Le sonrió, su mirada visitó esporádicamente los labios de Emma.
-¿Te hace echarle polvos pica pica a las palomitas y metérselas en la boca hasta que despierte?-, le susurró al oído pícara, su mirada era malvada y divertida, le recordó a Regina.
Su respuesta fue un –solo si también se las metemos en los pantalones.
La morena abrió la boca sorprendida, -pero qué malvada eres….- le sonrió. –Me encanta. ¡Vamos!.
La agarró del brazo para que se levantara, con la otra mano cogió el bol de las susodichas y se fue a la cocina. Abrió una despensa y sacó de su interior una bolsita plateada –Toma, échale tú.
-Ah, te lavas las manos por si le da un infarto en tu casa, ¿no?.
La morena se sentó en la encimera, -así es.
Emma comenzó a espolvorear los polvos sobre las palomitas. –Dios, lo que me voy a reír.
-La verdad es que me da pena, con lo bueno que es.-, confesó Emma.
-Cariñ…, eh… Emma, no tienes ni idea de lo que ese buen hombre me ha hecho- la miró seria.
-¿Algo malo?.
-Mucho.- Creó un aura de misterio. -Una noche entró a hurtadillas para ponerme un maniquí de pie en mitad del pasillo.
-¿Cómo?.
-Habíamos estado debatiendo el día antes sobre Jason de Viernes 13, y él estaba empeñado en que tenía razón, al final le demostré que yo tenía razón buscando por Internet por varias horas, y bueno, era Halloween y yo me había quedado en casa porque no tenia planes, el bar estaba construyéndose aun así que...
-¿Y qué paso?-, preguntó en susurros mezclando cual bruja un brebaje.
-Pues que cuando fui al baño, eran pasadas las 4 de la madrugada y vi al amigo en el pasillo, pensé que era un asesino y fui a por algo para defenderme y lo único que tenía a mano era un cute del escritorio.- Emma la escuchaba ensimismada. -Según, me acercaba a ese "hombre"- hizo el gesto de las comillas -vi que no se movía. Yo le gritaba que no hiciese nada que estaba armada, pues el amigo maniquí estaba mal puesto y se cayó de bruces hacia delante, me tiró a mí al suelo, y me corté con el cute, ¿vale?.
La cara de Emma era un poema, descompuesta y aterrorizada.
-¿Ves esta cicatriz?-, le enseñó el antebrazo izquierdo.
-Ala-, lo observó de cerca.
-No lo hizo con maldad pero yo esto si lo haré.
Emma la miró a los ojos. –Tú tampoco lo harás y lo sabes.
-Estúpida, no le quites la gracia-, Roni bajó de la encimera, pasó por su lado arrebatándole el bol mientras le daba un pellizcó en el brazo, uno fuerte.
-¡Ouch!, que mala eres-, dijo sonriendo siguiéndola.
-Comienza mi venganza.
CONTINUARÁ
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