Abrir los ojos, ser una misma. Capítulo 14
Tipo: Roniswan.
NOTA: GRACIAS por la espera gente! He tenido unas Navidades de trabajo, hasta en domingos, cansada con eso y las fiestas, no tenía la mente para nada. Por primera vez he tenido un día descanso como tal y corriendo he venido a escribir. Espero que os guste!
Sábado por la mañana
Emma había tardado como dos horas más en dormir, un rifi y rafe de pensamientos y no sabía con cual declinarse, en el que veía a Roni liándose con esa tal Caitlin, o en el que Roni le daba un beso en la cara de buenas noches.
Sin embargo Roni, aun habiendo caído en sueños tras la charla con la vecina, su mente se la jugó y soñó con esa tal Regina, se la imaginaba como una pelirroja de cabellos largos y cuerpo diez, que entraba a su bar y le pedía una copa. Emma la saludaba con un beso en los labios, todo era bonito... pero para Roni ese sueño estaba siendo incómodo. Se movía en la cama.
A la mañana siguiente
La morena se puso ropa cómoda y se asomó a ver si Emma se había despertado, no sabía cómo Roni se había despertado de buen humor, a expensas del sueño. Algo le decía que ése sería un buen día.
Asomó la cabeza por la puerta semi abierta y la rubia estaba entre dos mundos, con los ojos semi abiertos, moviéndose en la cama adormecida. –Eh-, le susurró.-. Volvía a ganar Mofero la batalla.
-¡Eh!-, le volvió a decir, más fuerte. La rubia abrió los ojos de par en par y vio la silueta de su jefa asomando por la puerta, -Roni, ¿eres tú?.
-¡Mira lo que hay en el techo.!- le señaló hacia arriba. Justo cuando ésta miró el techo, Roni le encendió la luz y Emma se deslumbró con la bombilla e instintivamente se tapó de nuevo. –Bruja.-, la maldijo.
Roni se rió. –Ains, si fuese bruja tendríamos un problema, haría cosas mucho más malas que esto.- señaló a la lámpara del techo.
Emma se destapó, despeinada y más desvelada, la miró seria. –No lo dudo.- Le dijo, a sabiendas de que realmente fue así.
Cuando se enjuagó la cara Roni la esperaba con un sencillo desayuno, tostadas, con envases de aceite, tomate natural, mantequilla o Nutella, a elegir. Y un capuchino recién hecho.
-No sé si se te gusta el Capuchino, me he arriesgado- le dijo asomándose desde la cocina. Emma miró la mesa sintiéndose algo mal, -no hacía falta Roni.
La morena pasó tras ella y le tocó la cintura, -otro día me la devuelves- le guiñó un ojo.
-Desde luego-, asintió sentándose.
La charla fue discernida hasta que salió el tema Regina. –Podríamos salir a tomar algo Regina, Caitlin, tú y yo…
La rubia abrió los ojos de par en par.
-¿Có… osea, por… por qué?.
-Por conocernos todas, lo pasaremos bien.
-Eh… bueno, es complicado localizarla, y seguramente esté liada.
Roni sólo quería ponerle cara a esa mujer, -¿Y no tienes una foto de ella?. Es que me gusta poner cara a la gente de quienes me hablan…- dejó caer, con una mano tras la nuca.
Para Emma aquello había pasado de divertido a extraño, ¿a qué tanto interés?. Además, Regina… no sabía cómo podría hacerla recordar, o si eso de verdad querría su yo actual, Roni.
-La verdad es que no, pero bueno, se parece a ti.
La morena se relajó, -¿ah, sí?.
-Sí, sólo que ella no es tan preguntona.
-¡Oye!- se hizo la molesta.
Tras unas risas y empezar a hablar de temas laborales pasó el día y la noche. Pues el bar estaba lleno ese día y sus cortas conversaciones eran exclusivamente laborales. Cerraron de forma rutinaria con un único destino, la cama.
-Buenas noches.- Le dijo la morena salida de la ducha, y con el pijama puesto, un pantalón largo de cuadros y una camiseta de tirantas, el pelo se lo había recogido en una cola y las puntas estaban mojadas.
-Si necesitas algo, entra sin llamar- le dijo adormilada, aunque su mirada reflejaba algo oculto.
Emma la observó, abrazándose con un chaleco blanco de pelo porque estaba refrescando. –Lo mismo te digo, jefa.
La morena giró el rostro justo antes de entrar a su cuarto, -oh, vamos, sólo soy tu jefa en el bar- le sonrió cansada, -aquí, soy una igual a ti- le guiñó el ojo. La rubia agachó la cabeza tímida y asintió mirando el suelo.
-Descansa- le dijo, cercana, sincera.
-Y tú…- sus ojos se miraron y se sintieron apenados.
Cuando Roni cerró su puerta Emma se sintió vacía.
Roni se acostó, tumbada en un lado de la cama, de lado, encogida. Deseando que en el otro lado de la misma estuviese Emma durmiendo, con ella.
Emma se quedó dormida con el collar que le dio Roni enredado en los dedos.
Lunes
Roni se había ido antes, pues tenía que pasar por el banco y Emma se encargaba de abrir el bar.
-Todas tuyas-, le dijo en el portal, al entregarle las llaves. A Emma le resultó reconfortable que estuviesen algo calientes de haberlas tenido ella en las manos antes. Así como que confiase en ella para abrir su bar. Nunca lo había hecho sola y temía fastidiarla, con la alarma, las llaves o la apertura de caja.
No le dio tiempo a hacer nada cuando nada más entrar alguien lo hizo tras ella.
-¿Eres Emma?.
La rubia sólo veía una silueta de niña en la puerta. Se fue hacia la pared para subir los plomillos de la caja de luces y vio a la Niña Cenicienta.
-Hola.
-Sí que eres….- la niña se acercaba a ella mirándola a la cara asombrada, -… ella.
-¿Ella?.
-La salvadora.
La rubia tragó saliva, ¿cómo sabía eso?. –Henry es tu hijo.- alzó ambas cejas. –Y yo soy…
-¿Quién eres tú?.
-Es complicado.-, de repente se sintió cobarde, ¡era su abuela!, acababa de caer y todo le era raro y desconocido, aunque quizás si ella no estaba sujeta a la maldición podría ayudarlas.
-Mi madre y él estuvieron, y están, o bueno, ahora no, pero estuvieron juntos.
La rubia asintió.
-¿Tú madre quién es?.
-Es Cenicienta, y Henry es mi pa….
La rubia le tapó la boca. Había cruzado una sombra a las afueras y sentía que alguien las estaba escuchando. La agarró de la mano y la llevó al almacén, donde cerró la puerta.
-¿Tú… tú… eres hija de Henry?.- Le preguntó de rodillas cogiéndola de ambas manos, ésta asintió.
-No me lo puedo creer-, desvió la mirada hacia un lado y algo hacia atrás para tratar de ocultar su pronta emoción.
-Así que tú eres mi nieta-, imposible ocultar nada, cuando sus ojos brillaron hasta desbordarse.
-Y tú mi abuela.- La niña la abrazó con fuerza, la escuchó sorber los mocos. Ambas estaban igual.
-¿Por qué estás aquí, abuela?.
-No me llames abuela, por favor-, le dijo entre risas secándose las lágrimas.
-Vale, vale, Emma.
Ésta asintió. –Bueno, es algo … de adultos.- fue su respuesta. ¿Cómo le iba a decir a una niña tan pequeña que casarse con la persona equivocada y desperdiciar años, te llevaba al final a hacer cosas valientes?.
Emma se miró el reloj, el bar ya debía de estar abriendo puertas y no había hecho nada. –Roni me va a matar.
La niña sonrió. –Lo entenderá.
La rubia se puso en pie y el pomo de la puerta no se movía.
-Oh, no.
Volvió a intentarlo. La puerta no se abría.
-No pasa nada, se lo explicamos todo y…
Emma se giró.
-¡No!-, la detuvo, -no podemos hablar de esto con nadie, ¿entiendes?, nadie debe de saber quien soy.
La niña la miró pensativa.
-¿Ni ella?.
-Ella la última.
-Pensé que erais amigas.
-Por eso mismo, esto es cosa mía- se encorvó y la agarró con ambas manos a sus bracitos, -pequeñaja no te metas en asuntos de adultos, ¿de acuerdo?. Primer consejo de tu abuela.
La niña asintió.
La rubia se revisó todos sus bolsillos una y mil veces, -hay que pensar cómo salir de aquí.
A voz de pronto la puerta se abrió. -¿Qué estás haciendo aquí encerrada?-, preguntó Alan. Emma miró tras de sí y la Niña… su nieta, estaba escondida, en algún lugar.
-Iba a mirar el stock y no sé cómo se me cerró la puerta y … ¿qué estás haciendo aquí?.
Pasó junto a él para abrir corriendo la caja, y todos sus quehaceres, cuando Roni entró por la puerta de empleados, -¿no está aun abierto el bar?-, se miró el reloj, habían pasado diez minutos.
Su rostro se puso serio. Antes de que Emma pudiese justificarse Alan respondió, -perdona, la he entretenido, vine a traerte los papeles del presupuesto para el karaoke que me pediste y la he entretenido.
La morena miró a Emma, que parecía agitada, nerviosa, y juraría que hasta sudaba.
-Bueno, no pasa nada. Nadie se ha muerto-, sonrió para tranquilizarla y se fue directa a abrir la puerta con Alan a su lado. –Toma, debo de irme. Revisa la página tres, creo que es el que más te conviene además se puede recoger bien si usas el mueble del soporte retractil, tú lo miras y me llamas-, hizo el gesto del teléfono con su mano.
-Buen día chica-, le dijo a Emma al pasar por su lado. -¡Gracias!-, le susurró asintiendo con la cabeza.
-Que tu nieta no abra la boca o se puede liar-, fue su frase al salir y Emma se quedó con la boca abierta, estupefacta.
-¿Qué te pasa?.
Roni se apoyó en la barra, Emma se recompuso.
-Ehm, no, nada. Hoy estoy algo distraída, lo siento. Enseguida me preparo.
La morena frunció el ceño pensativa, sentía que no era clara con ella, que le ocultaba algo, una doble vida, o algo más grande que el hecho de reservarse cosas privadas como cualquier persona. Llegó a dudar si sería que ella no le caía bien. Tema de hormonas, o quizás que estaba con la regla que lo exageraba todo.
No pasaron ni dos horas que todo parecía como siempre. A pesar de que a ratos ambas parecían ausentes y actuaban como con piloto automático, luego se miraban, y sentían que se tenían la una a la otra. Incluso hubo un momento divertido tras la barra en que Roni se chocó con Emma, pues ésta se echó hacia su derecha para dejarla pasar pero ésta había hecho lo propio hacia la izquierda y seguían en la misma situación, Emma había optado por su izquierda y Roni por la derecha, volviéndose a chocar.
-Oye, tú, señorita.-, le dijo la morena que enseguida miró al cliente, que las observaba atentamente.
-De acuerdo, me quedo quieta-, la rubia alzó las manos y Roni pudo pasar, pero al hacerlo dejó su mano posada en la cintura de ella que se deslizó hasta sus lumbares al pasar por su lado y de ahí a una copa vacía. Emma sintió que se estremecía.
El cliente, un hombre larguirucho cincuentón la miró embobado, le faltaba la hilera de baba resbalando desde su boca. –Ésta te tiene que dar con ganas.
-¿Cómo?-, la rubia se estaba secando las manos en su delantal. –Tú y ella- el tío salido se mordió los labios y bufó. –quien os pillara, chiquilla. Os hacía de todo.
La rubia se sintió incómoda y se acercó a Roni por detrás, posando una mano amistosamente sobre su hombro derecho mientras ésta de espaldas a la barra abría una botella, -eh-, le susurró de cerca. –El tío al que le vas a servir la copa, métele matarratas o algo, es un salido asqueroso, maleducado y …
Roni la sorprendió sonriéndole, -tranquila, lo he escuchado todo.
La rubia se relajó, -me ha pedido un Whisky canadiense sin extras, pero no es un buen Whisky canadiense si no está mezclado con chili y canela.- Le sonrió pícara. Su mirada se desvió a sus labios que sonreían igual que ella. –Me vas a tener que enseñar a hacerlo a mí también-, se balanceó contenta.
-Voy a atender a nuestro caballero, ve recogiendo un par de mesas que están libres Stranger Swan.- le lanzó un beso rápido con los labios en el aire.
Emma lo tenía claro, la adoraba, adoraba esta versión de Regina, si antes la admiraba, la respetaba, la comprendía, ahora la amaba. Deseaba tener esos momentos con ella de por vida. Aunque también reconocía que Regina se merecía saber quien era, ser consciente de que formaba parte de una maldición y de que tenía un hijo. Era algo que le carcomía por dentro.
Continuará!
Espero que os haya merecido la pena. En cuanto pueda adelanto el siguiente. Gracias de nuevo por los comentarios a cualquiera de los capítulos, a los registrados a los que puedo contestar y a los que no.
