Abrir los ojos, ser una misma. Capítulo 15

Tipo: Roniswan.

NOTA: GRACIAS por la espera gente! Tuve unas Navidades de trabajo duro, hasta los domingos, y ahora llevo un par de semanas que me han puesto el doble de horas al día, así que no tengo la mente para nada. Peeeero, no puedo dejar a mis roniswan fans sin continuación! Aunque, aviso: es cortito. (recomiendo releer el anterior capítulo, porque es continuación).


Roni's

El hombre salido ahora estaba salido y borracho. Por suerte, un par de chicos con aspecto serio estaban sentados junto a la barra y respondían ante los lascivos piropos y algún intento de tocar a las camareras. Incluso estuvieron a punto de ellos mismos sacarlo a la fuerza del establecimiento.

-No os preocupéis chicos, vosotros disfrutad de la noche- Roni deslizó por la mesa un par de chupitos, -invita la casa-, les sonrió.

Los jóvenes asintieron y se ofrecieron a ayudar en lo que pudiesen, pues odiaban a la gente así.

4.00 am.

La clientela se iba marchando poco a poco, a cuenta gotas.
-Es curioso, ¿eh?-, Roni se detuvo, pensativa, apoyada una mano en el marco de la puerta del almacén, observando a los clientes situados en torno a la barra.

-¿El qué?-, Emma se asomó desde atrás, llevaba consigo un pack de cervezas.

-Las personas, la gente. Son todos tan distintos… Ahí tenemos, gente buena y gente mala. Pero lo mismo es mala porque algo le ha pasado, y lo mismo ellos son buenos porque buscan algo. Sin embargo, a simple vista, un trato de unos minutos y una persona se quedaría con los educados y protectores jóvenes, que no se encuentran todos los días, más que con un maduro borracho con ganas de sexo que quizás en su época inventó la cura a una enfermedad mortal y algo salió mal y acabó así.

-Roni, ¿qué te pasa?- Emma pasó por su lado con la cara desencajada, se giró para ponerse frente a ella.

-Nada, cuando estoy con la regla me pongo reflexiva.- Alzó ambas cejas y Emma estalló en carcajadas, luego conservó una sonrisa entrañable mientras negaba con la cabeza.

-Pues estás interesante esos días-, le dijo andando de espaldas hacia la barra.

La morena la miró intensamente, sus ojos parecían totalmente negros, misteriosos, brillantes. En esos momentos no se imaginaba abrir el bar sin ella al lado. Se estaba convirtiendo en parte de ella misma sin darse cuenta. Y eso ¿le gustaba o le daba miedo?, no tenía tiempo para darle vueltas en ese momento, había que trabajar.

Esa noche cerraron el bar con la radio puesta, recogiendo las mesas y barriendo, Roni susurró alguna letra, Emma sonreía en silencio. Cantaba bien, si es que lo tiene todo. Y sin quererlo hacía los coros en su interior. -Así que, ¿un karaoke?.

-Sí-, alzó el rostro y le sonrió.

-Va a ser divertido.

-¿Crees que la gente se apuntará?.

-Yo me apuntaría.- dijo sin mirarla, barriendo el suelo.

-Ah, ¿sí?.

-¿Tú, no?.

-Aunque no lo parezca, aquí una tiene vergüenza a veces, ¿vale?.

Emma se rió.

Minutos después de ese trabajo silencioso.

-Ha habido buena caja-, dijo la morena cerrando el cajón y guardando en la caja fuerte las ganancias.

La rubia miró su reloj, -va a ser extraño lo que voy a decirte, pero...¿te hace ver una película?.

-¿Ahora?.

La rubia se encogió de hombros.

-Lo haría encantada, de verdad, pero estoy… se tocó la barriga.

-¿Te duele?.

-A decir verdad, desde las tres.- su rostro apenado lo dijo todo.

-Habérmelo dicho, tonta.

-No pasa nada, había que trabajar. Y venía e iba a ratos.

-Déjame a mí cerrarlo todo y siéntate ahí.

Le señaló una de las sillas acolchadas. La morena cedió por insistencia de la rubia.

Camino a casa.

Swan miraba de soslayo a Roni que se tocaba el vientre. -Debíamos haber pedido un taxi.

La morena le cortó el paso. –Que no me estoy muriendo.- le puso la mano extendida en el pecho, a la altura del corazón. Silencio. –Pero gracias- le susurró, sincera. Se dio la vuelta estirando su mano hacia atrás para coger la de ella y arrastrarla a seguir andando, fueron tres pasos los que estuvieron de la mano, pero eso a Emma le valió para sentir que quizás Roni la correspondiera, o bueno, al menos le tenía cariño. Estaba siendo la Emma insegura de nuevo.

Ya en el portal. -Está a media hora de amanecer. ¿Me tomo una pastilla y desayunamos antes de acostarnos?.- Le sonrió la morena, ilusionada.

-De acuerdo.

Observó a la chica mirando tras ella. -¿churros con chocolate?.

Le sugirió, tras Emma, la churrería empezaba a despertar y algunas mesas a colocarse en el exterior.

-¿Antojo de chocolate por la regla?.

-Y sin ella-, la miró pícara.

-¿Sabes?, nos parecemos mucho tú y yo.

La morena se dejó caer sobre la puerta del portal observando a su interlocutora.

-Las personas, pueden ser distintas, y a la vez iguales, compartir un punto de origen, o quizás de salida, unidas por a saber que, es el futuro que…- se detuvo al ver a Emma sonreír.

-Vuelvo a estar filosófica, ¿no?.

La rubia se esforzaba por no reírse. La morena hizo adem de decirle algo para defenderse pero se rindió y subió a casa.

-Bajo enseguida.

Emma se sentó en el escalón del portal, resguardándose del frío, la puerta del portal del edificio de al lado se abrió y salió un hombre hablando por teléfono, tras éste y sin terminarse de cerrar la misma salió una mujer. Emma guiñó los ojos, ¿era Caitlin?.

La rubia iba arreglada, seguramente al trabajo, antes de cruzar la carretera, rumbo a su coche Emma vio que se le cayó del bolso lo que parecía un paraguas plegable.

Se levantó y corriendo fue a recogerlo. -¡Eh, Caitlin!.- le gritó recogiendo sin mirar el objeto, que por su textura, un paraguas no era.

-¡Se te ha caído esto!- lo agitó en el aire.

La rubia, que ya tenía un pie dentro del coche la miró confusa.

-Eh…¡ah!- se puso en pie, -oh, por favor. Un día de estos pierdo la cabeza.

Cuando Emma fue a darle ese extraño objeto observó a la mujer ruborizada. –Es un consolador de muestra, no pienses raro.

-¿Qué?.

-Es para mis reuniones extraoficiales de tupper sexs con las mujeres de alta alcurnia.

Sonrió nerviosa, sacudiendo el dildo en su propio abrigo.

"De haberlo sabido..", pensó la rubia.

-Y ahora no me digas eso de "esto no es lo que parece".

Apareció Roni por detrás, con los ojos desorbitados y una sonrisa en los labios.

-Yo solo se lo di porque se le había caído.- se apresuró a explicarlo todo Emma.

Caitlin miró a su amiga divertida, -que no es para tanto, chica.- se rió. –Bueno, me voy, que llego tarde. Que disfrutéis los churros.

Emma abrió la boca sorprendida.

Roni y Caitlin rieron a la par.

-No sé tú, Emma, pero yo pienso mojarlos todos y disfrutarlos, sí-, dijo Roni con segundas. La vecina se despidió, tras llamarla "guarri". Y Emma se sintió que parecía que tenía diez años, no pillaba nada. Antes de que fuese a justificarse Roni la cortó, -no pasa nada, ambas estamos cansadas.

La rubia la miró, su sonrisa era compasiva, su sonrisa… ¿se había pintado los labios?.

Sentadas en el interior de la cafetería fueron conscientes del cansancio que tenían encima.

La cafetería estaba casi vacía, a expensas de un camionero y… el hombre salido, con el rostro rojo y la cara seria.

-Mira quien está ahí-, le susurró Roni dejando gotear varias escurriendo un churro de patatas sobre la taza de paladín. Emma se giró, -oh, no.

-Vamos, acércate a saludarle, sé que os gustáis.- bromeó la morena.

-Antes, me corto las venas con la cuchilla de afeitar las piernas de la yonki que he visto antes.

La morena sonrió analizándola. Es lista, la tía. Me gusta su forma de ser. Y qué rico está esto.

Masticó el churro, y en su mente, tras una nube blanca imaginaba dándole a comer ese churro a Emma, el chocolate goteándole por la comisura de los labios y ella recogiéndoselo con la lengua.

Abrió los ojos al sentir un pellizco.

-¿Estás bien?.

Emma tenía una mancha de chocolate en la comisura de los labios, "mierda", pensó Roni.

-Tienes…- señaló a sus labios, para guiarla.

-Oh, vale-, sonrió. –Soy muy bruta comiendo.

Tras pagar en silencio para tratar de no llamar la atención del hombre maduro falto de sexo subieron a casa en silencio, deseando quitarse los zapatos y tumbarse en la cama.

Rituales rutinarios, hasta que coincidieron en el pasillo. Ambas estaban en pijama, Roni saliendo del baño.

-¿Quieres entrar?.

-No, no, estoy bien.

-¿Y tú?.

-Yo vengo de ahí-, Roni frunció el ceño.

-Que si estabas bien.

-Ah, bueno, me ha venido bien la pastilla.

-A mí nunca me ha dolido la regla, ¿sabes?.

-Vale-, bostezó, -tú échamelo en cara encima.

La miró con odio. Emma hizo un gesto de arrepentimiento, .no sabes lo que te envidio por eso.- agitó la cabeza lentamente dándole un punto de importancia.

-Creo que viene de genética porque mi madre..,

Roni bostezó de nuevo, girando el rostro.

-No sé tú pero a mí me está llamando a gritos.

-¿Quién?-, Emma se detuvo a escuchar.

Roni se rió.

-¡La cama, tonta!- le golpeó el hombro.

-¿Sabes?, hoy me siento estúpida, perdóname, no sé qué me pasa.

-Pero, ¿por qué?, si estás muy divertida.

La rubia se sintió consolada.

-Y jamás te llames estúpida, no delante mía.- le advirtió Roni con su dedo índice frente a su rostro.

-Pero…

-¿Entendido?.

La rubia afirmó, como una niña buena ante la regañina de una madre. La morena le sonrió, de forma cansada.

-Buenas noches, Emma.

-Buenas noches, Roni.

Ambas se habían despedido, e incluso alejado un par de pasos hacia atrás, pero no habían roto sus miradas.

-Qué… descanses.- le dijo Emma ya desde la puerta de su habitación.

La morena la vio adentrarse en el cuarto y sintió que necesitaba algo… más.

-Eh, ¡espera!.

La rubia volvió a salir al pasillo y se encontró de sopetón a una Roni que se lanzó hacia ella para abrazarla efusivamente y darle un beso en la mejilla a posteriori.

-Perdona, otra de las secuelas de la regla, me pongo muy mimosa.-, la advirtió de buena gana dando pasos hacia atrás. –Tú… duerme.

La rubia la miró incrédula pero con la tez pícara a la par que cómplice.

-Eso haré-, le sacó la lengua y se metió al cuarto, cerrando la puerta tras ella, para usarla como apoyo.

Con situaciones así, como si tenía la regla todos los días. Emma estaba feliz. Y sabía que Roni lo estaba, o al menos, lo que la veía. Esperaba que fuese así. Un escalofrío sintió al notarla de nuevo sobre sus hombros, abrazándola, su calor.

Por su parte, Roni se iba a la cama sintiendo el olor de Emma en sus brazos, ¿cómo podría haberse quedado impregnada de ella en tan solo un segundo y medio?. No se podía imaginar si hubiese sido un abrazo más largo, o si hubiese sido un beso, o una caricia, o…
Con el cosquilleo de mañana verla de nuevo se fue a la cama.

CONTINUARÁ.


Cortito, pero ¡pude actualizar!. Espero que os haya entretenido aunque sea un poquito. Espero pronto poder volver a escribir. ;) y gracias por todos los comentarios!