El tercer mes desde que la cifra fue completada. El final de la tercera reunión.
Me despido de todos y cada uno de ellos, once betas, incluyéndome; tres alfas, dos hombres, una mujer; y un único omega, un varón.
Si las mujeres no fuesen naturalmente más desconfiadas, las habría escogido por sobre muchos de los idiotas con los que estrecho manos.
La sala de conferencias queda vacía, a excepción de mí y de la última persona con la que podría desear quedarme a solas.
Exacto.
Viktor Nikiforov.
Tenso todos los músculos cuando me abraza por la espalda y gruño en el momento en que posa sus labios sobre la piel de mi nuca.
Me aprieta con firmeza de la cadera y siento claramente lo que sus pantalones ocultan.
Chasqueo la lengua, bufando.
Viktor se ríe junto a mi oreja y me guía sin soltarme ni alejarse un ápice hacia la salida.
Todo esto es culpa de mi hermana mayor.
