Quince minutos de haber llegado al hotel. Cinco de entrar a mi habitación. Tres para deshacernos de la ropa innecesaria a tirones y medio para encontrarnos gimiendo sobre las sábanas.
Yuuri procura no mirarme a los ojos. Sus manos se aferran firmemente a mis hombros, del mismo modo en que sus piernas están enredadas alrededor de mi cadera.
Me sorprendió de sobremanera la primera vez que me preguntó si quería que tuviéramos sexo, casi un mes después de conocernos y tras no habernos visto las caras durante todo aquel tiempo.
Pero claro, no desaproveché la oportunidad.
La reunión a la que nos había convocado, a los otros trece y a mí, resultó larga, tediosa y sumamente aburrida.
Yuuri estuvo muy cerca de largarme de su cama cuando, tras la tercera ronda, solté sin más que me había perdido más de la mitad del discurso que él había dado, todo porque la imagen mental de poseerlo me distraía en demasía.
Al final reconoció que había sido su culpa, habiendo formulado la interrogante antes de la reunión en lugar de hacerlo al terminar.
Yuuri gime agudamente y echa la cabeza hacia atrás, lágrimas de placer descendiendo sin barreras por sus mejillas sonrosadas.
Sonrío y me inclino a besar y mordisquear su cuello. Él gimotea un poco más y exige que me mueva más rápido sin palabras, como siempre, impactando sus caderas contra la mía en mitad de un movimiento.
Se tensa y su interior presiona aún más alrededor de mi sexo, arrancándome un gruñido gutural.
No puedo entender a Yuuri. Actúa como si estos encuentros le dieran lo mismo antes y después, pero entretanto, se entrega a mí por entero. Su cuerpo vibra donde quiera que lo toque y se adapta a la posición que mejor convenga.
Me muerdo el labio inferior.
Su final está peligrosamente cerca y uno nuestros labios justo a tiempo para acallar la fuerte exclamación.
A Yuuri no le gusta que lo bese en la boca. Todo el resto de su cuerpo tiene luz verde para mis labios, menos los suyos.
El que me corresponda con fiereza me deja aún más intrigado.
Si Yuuri fuera un omega, todo sería tan fácil como chasquear los dedos. Pero, incluso cuando su aroma a chocolate predominante no me ha abandonado desde que lo tomé por vez primera; al ser un beta, puede perfectamente cerrarse ante mí emocionalmente como se abre físicamente hablando.
Llego a mi propio clímax en el interior de su cuerpo y me muerde el labio como reproche.
Quiero a Yuuri solo para mí.
No estoy enamorado, ni él tampoco, pero podría llegar a estarlo, estoy seguro.
En cuanto a él... No tengo idea.
