Abrir los ojos, ser una misma. Capítulo 19

Tipo: Roniswan

Nota: Actualizo prontito, por eso es cortito. ;)


Roni´s
lunes por la mañana.

A Emma le estaba resultado divertido ese día de trabajo, contenta porque sabía de algún modo que a Roni le gustaba, ésta no había dicho que no, y la mirada que cedió a su escote la había delatado; ahora todo había pasado de tensión sexual no resuelta a un juego de indirectas y picaresca.

A mitad de mañana Roni puso un podcast de Henny en la radio del bar, sin saber de qué iba a tratarse esta vez, o más bien, esperando, como otras veces, un refrito de música variada y no un recital sobre el amor, maldita sea.

Mientras se escuchaba el podcast, la morena se distrajo limpiando la repisa trasera de la zona de la barra, Emma la miraba furtivamente mientras recogía varios vasos de una mesa, el grueso de los clientes se había ido, tan solo quedaba un par de mujeres cincuentonas en una esquina, que conversaban animosamente, que ya habían pagado y que prácticamente estaban levantándose.

Roni pilló a Emma mirándola y ella sonrió, cuando acabó de recoger los vasos se metió tras la barra para dejarlos en el fregadero y pasó junto a Roni, rozando su cadera con ella al son de la despedida de Henry del podcast en el altavoz. Roni la miró, estaba de espaldas, su sonrisa fue pícara. Las clientas ya se habían ido, así que ahora estaban solas. Cosquillas en el estómago, tranquilidad. La morena iba a seguirle el juego cuando entró Alan y vio el percal.

Sonrió ampliamente y con un tono de voz excesivamente dulce dijo- ¡Hombre, buenos días!.- estiró ambos brazos en horizontal paternalmente.

Ambas se miraron un instante y se aproximaron a él. –Hola Alan.

–Qué, ¿os gustó el concierto?.

Preguntó mirándolas, levantando las cejas. La rubia, que estaba un par de pasos tras Roni, agachó la cabeza cohibida. –No imaginas cuanto-, le respondió Roni sugerente, con sus manos en su cintura.

Alan miró a Emma y Roni le siguió la mirada, luego volvió a dirigirla a él, -ahora en serio, ¿te puedo ayudar en algo?-, le dijo más amable a su amigo.

-Solo venía a decirte que han abierto una nueva tienda de Intimissimi junto al Centro de ocio, por si, ya sabes…

-¡Alan!- le tiró a la cara el trapo húmedo que llevaba en las manos. Éste se comenzó a reír secándose la cara, Emma se tapó la boca para no acompañarle y avergonzar a su amiga. –Solo era por si necesitas renovar tu cajón de…- siguió metiendo el dedo en la yaga.

Roni agarró la manguerita del dispensador de bebida y lo fumigó con agua fría.

-Ouch, ouch, vale, para, para jefa- se tapó con sus antebrazos, -ya lo que te hace falta es tirarme una bola de fuego.

Emma pasó de carcajadas ocultas a tez seria. Sus ojos asustados miraron a Alan y frunció el ceño. Roni se percató de ese cruce de miradas silenciosas y también se puso seria.

-¿Qué pasa?. Ni que yo pudiera hacer fuego con las manos-, negó con la cabeza sonriendo y dirigiéndose al almacén a por una fregona.

Alan y Emma se quedaron solos un instante.

-Te preguntarás a que ha venido eso, pues bien, creo que ya va siendo hora de que Roni sepa quién es, ¿no crees, salvadora?.-, le susurró. Su voz era seria, casi parecía que con otra tonalidad.

-¿Quién eres de verdad?

-Quien quiere ver felicidad a su alrededor, amor, y no mentiras ni engaños, quien quiere hacer despertar hasta el ultimo dormido de esta ciudad y volver a su casa.

Roni volvió con la fregona.

-¿Quieres beber algo?.

-No, gracias. Aparte de meterme contigo venía a traerte los documentos de instalación del karaoke y el nuevo aire acondicionado.

Roni lo observó seria, pero con la seriedad de alguien que habla de trabajo. Leyéndolos le preguntó cuando vendrían a instalar el karaoke.

-Mañana por la mañana, a primera hora.

Asintió, -de acuerdo. Gracias.- le miró apaciguada. Aunque su mirada se desvió a Emma, que aun estaba seria.

Cuando se marchó Alan, despidiéndose de Emma al oído, Roni no pudo con su intriga.

-¿Qué os tramáis Alan y tú?.- dijo guardando los documentos en una carpeta.

-Eh, no, nada.- la rubia era especialista en detectar mentiras pero no en contarlas y su mirada era transparente. "Búscate una excusa, y hazlo ya", pensó.

La morena frunció el ceño.

-Digamos que él tampoco quiere perder la apuesta-, se premió por su idea.

Roni no sabía el por qué, pero no terminaba de creérselo aunque no era de extrañar que Alan manipulara a Emma para hacer que ésta perdiera, y no tener que ir en ropa interior al trabajo. Ese fin de semana le tocaba doble turno, no le quitaría el ojo de encima.

-Entiendo.

Salvada por los clientes. Entraron de repente como seis, en grupos de dos. Hora de trabajar.

La mañana pasó y Gloria, la señora que se encargaba del medio día llegó, así que ambas se fueron a comer a casa. Habían olvidado el tema apuesta, una por su desconfianza y la otra por lo que le había dicho Alan. No sabía quien era pero tenía razón, ¿cómo podía estar tan tranquila y que Roni no supiese que tiene una nieta y que Henry es su hijo?. Lucy lo sabía.

Almorzaron con el sonido del televisor de fondo, las noticias de deportes recitaban sin mucho asombro sus temas deportivos rudimentarios.

-¿Qué te pasa?-, le preguntó Emma, dándole un bocado a su pollo a la plancha.

-No, nada.- Roni contestó sin ánimo.

La rubia la miró intensamente, supo que, obvio, no era así. Y dedujo que pudo ser por Alan.

-No sé, tengo la sensación de me ocultas algo…- dijo Roni, que desvió su mirada hacia la ventana, -…algo importante. Y no es algo de ahora, es de hace tiempo.- se irguió en la silla y sus brazos estirados facilitaban a sus dedos jugar, nerviosos, con un tenedor.

Emma no supo que decir, ¿ése iba a ser el momento?.

-Mira Roni, se trata de algo que quizás no vayas a entender a la primera, o quizás ni creer. Creo que no es el momento.

La morena la miró seria con una ceja levantada y ahora sus brazos cruzados.

-¿Por qué piensas que yo voy a creérmelo?.

-¿Tú crees en la brujería?.

La morena descruzó sus brazos y apoyó un codo en la mesa, su mano derecha sujetaba su barbilla.

-¿Te refieres a cartas del tarot, amuletos y eso?.

La rubia, mordiéndose una uña negó con la cabeza levemente. –No exactamente-, cogió aire. ¿Qué iba a hacer si no?.

-Mira Roni,…- a ver cómo le decía eso. –Roni no es tu verdadero nombre.

La morena sonrió, pensando que bromeaba. -¿Ah, no?.-, su gesto era confiado, -¿y cómo me llamo de verdad entonces?, ¿Caitlin, Jennifer, Margarita?.- hizo el adem de levantarse.

-Regina.

La morena volvió a su posición, sorprendida.

-¿Regina?, ¿Cómo la Regina que…

-La Regina de la que te hablaba entonces eras tú, solo que no te acuerdas.

Roni frunció el ceño.

-Ojala pudiera hacerte recordar pero no sé cómo-, se dijo más hacia sí misma, inquieta.

-¿Qué clase de broma es ésta?, eso es lo que hablabas con Alan, ¿no?.

Se levantó y empezó a recoger la mesa. La sheriff la miraba analizando su actitud. Sin embargo no quiso seguir y convencerla, eso era casi mejor, si pensaba que todo era una broma no tendría que cargar con el no habérselo dicho y Alan la dejaría en paz un tiempo.

Roni no terminaba de entender nada, hay bromas más elaboradas, todo estaba siendo extrañísimo, notaba a Emma distinta pero ¿cómo iba a creer en eso?. ¿Y quién se suponía que era Regina?.

Volviendo al trabajo sin sacar de nuevo el tema, la tarde fue animada, pues se celebraba el cumpleaños de un chaval universitario y jarras de cerveza viajaron continuamente hasta aquella mesa doble.

-¿Y a qué venía eso de la brujería?-, le preguntó Roni desde la parte externa de la barra a Emma, cuando ésta se giró a alcanzar una botella que ésta misma le había pedido. La pregunta hace que casi se le caiga la botella.

-Olvídalo, son tonterías.

No le dio tiempo a decir nada porque una chica joven, parecía una niña se acercó preguntando si recogían ahí currículums y cuando Roni le fue a responder Henry entró en el local y ésta se le quedó mirando.

-Eh, ¿se puede, entonces?.

La morena volvió a mirar a la jovencita.

-Sí, lo siento. Claro, dámelo-, le respondió sonriente pero sin casi quitarle la mirada a Henry.

-Las pizzas de Bella notte están muy buenas-, dijo Henry como saludo, -¿te hace una esta noche?-, en el fondo quería comentarle sus pormenores con Jacinda, pero al enterarse Lucy de sus intenciones, ésta se había acoplado al plan, -así que tendremos a una enana con nosotros.

La morena sonrió, -Lucy es genial, adoro a esa niña, cuenta conmigo-, y a Emma se le partió el corazón al escucharla.

"¿Pero cómo se supone que iba yo a hacerle creer que el chico con el que habla, que bien podía ser su novio, era su hijo? ¿Y que esa niña adorable era su nieta?", la rubia se ponía impedimentos a la hora de contarle la verdad a Roni. "¿Y Henry, cómo se lo tomaría?".

-¿Vienes con nosotros, Emma?.- le preguntó Henry.

-No creo, estoy cansada.

-Y yo, y mañana vienen a poner el karaoke temprano, pero cenar hay que cenar, ¿no crees?-, la miró misteriosa, casi con ¿lujuria?, "Tonterías, Emma", pensó la rubia.

Continuará…!