Abrir los ojos, ser una misma. Capítulo 20

Tipo: Roniswan

Nota: Subo nuevo capítulo! que me voy de vacaciones en unos días, actualizaré a la vuelta.


Bella notte

Habían decidido pedir tres pizzas medianas diferentes y así todos probarían un poco de todas.

La cena transcurría con conversaciones intrascendentes hasta que …

-Ésta pizza está asquerosa, dejádmela a mí, que yo acabo con ella-, bromeó Roni degustando una porción de la de barbacoa.

-Sí, claro abue… Roni-, Lucy tragó saliva, miró a Emma, que la tenía enfrente de aquella mesa cuadrada blanca, casi se le escapa llamarla "abuela". Parece que ni Henry ni Roni lo habían notado, la niña suspiró. Emma la miró seria y cambió de tema por si acaso.

-¿Vienes mucho aquí, Henry?.

-Mínimo una vez por semana-, se rió, -pero si miras la carta no solo tienen pizzas, la lasaña que hay aquí merece la pena comerla dos veces para valorarla.

Sonrió.

La cena estaba terminando algo sosa, no por la comida, pero sí por los diálogos, pues con Lucy no podían hablar de temas de adultos, de Jacinda, de apuestas o de alcohol. Y para casi todos esos temas eran de prioridad para ellos en ese momento. Bueno, menos el alcohol, que más que hablar de él casi apetecía tomarlo.

Se despidieron en la puerta del restaurante italiano, Henry iba a llevar a Lucy a casa de Jacinda; mientras Roni hablaba con Henry para despedirse, Emma se puso en cuclillas frente a la niña, cuando la rubia la abrazo, la pequeña le dijo al oído que lo sentía, referente a casi abrir la caja de Pandora de una Roni que no hubiese parado hasta que le hubiesen contado por qué la habían llamado abuela, -No te preocupes, yo traté de explicárselo-, le susurró la rubia con la cara alegre para disimular, -decirle que era Regina; y una pequeñita parte de la historia, tan pequeña como tú- le acarició la cabeza energéticamente, -y no me creyó…, dame tiempo.- le sonrió. La niña asintió complacida.

Al día siguiente por la mañana

Puntual, el instalador del karaoke se había presentado con su caja de herramientas y el aparato en una carretilla. Parecía un chaval amable, simpático, rubio oscuro, ojos claros. Muy interesado en el local. A veces hablaba para las dos pero miraba sólo a Roni, Emma se sentía un poco invisible.

El chico estaba acabando su trabajo cuando Roni le ofreció rellenarle el vaso de agua, y éste le dijo, algo prepotente, que si podría ser de cerveza. Roni rió, cuando se giró para rellenárselo éste le miró el trasero lascivamente, y eso a Emma le sentó fatal. Sentía como que le estaban intentando quitar a su chica. Pero.. ¿su chica?. Sintió un cosquilleo fruto de sus propios celos y a la vez, de sus miedos. No la tenía pero no querría perderla.

Por suerte Roni no le siguió el juego y le despidió rápidamente, -tenemos mucho que hacer, gracias.

El chico puso el rostro serio y se marchó con andares a lo Jonh Travolta en Grease.

-¿Qué le pasa a ese tio?-, dijo Emma, dejando salir su furia interior. Roni se rió.

-Déjalo pasar, estúpidos así he visto muchos, que van de buenas, con sus caras de inocente y de te ayudo en lo que necesites pero luego piden a cambio lo que piden.- dijo la morena colocando unas botellas.

-Pero no me gusta que te traten así.

-¿Tratarme cómo?-, la morena dejó de colocar la mercancía y apoyó una mano en la barra mostrando interés.

-No sé, como si fueses un objeto. ¿No has visto cómo te ha mirado?.

La morena negó con la cabeza. –La verdad es que no.

–Es igual Roni, sigue con tu trabajo.

La rubia se giró frustrada. Le hubiese contestado y le hubiese dicho la verdad del por qué, pero no era el momento.

Aun faltaba media hora para que abriese el bar, la rubia se fue al almacén a hacer un breve inventario dejando a Roni mirando el karaoke.

Minutos más tarde y tras escuchar jaleo de cables Emma atisbó a escuchar, en la lejanía, a través de la puerta semicerrada del almacén, que fuera sonaban las primeras notas de Man! I Feel Like A Woman de Shania Twain, y una voz comenzaba a cantar en volumen bajo. La rubia alzó las cejas, "¿en serio?".

Cuando salió del almacén sin hacer ruido, visualizó a Roni, estaba iluminada en colores en el escenario y con el micro en la mano cantaba aquella canción prestando atención a los altavoces. "That girls need a break tonight. We're going to take the chance to get out of the town".

La observó, con los brazos en jarra y Roni la miró. Y al contrario de lo que esperaba, le dijo con el dedo que se subiera al escenario con ella. –Oh, vamos, estoy probando el karaoke.- le guiñó un ojo. –Únete-, le sonrió.

La rubia ladeó la cabeza mirando al suelo pensativa. ¿Pero quién se iba a poder resistir a esa sonrisa?.

Cantaron juntas el final de la canción bailando, Emma había pasado tras ella y ésta había movido las caderas. Un ambiente de complicidad se notaba en el ambiente de un escenario de un local vacío.

Unos nudillos rompieron el encanto. Roni miró su reloj, y debían de ir abriendo ya.

-Has estado bien-, le dijo, bajando de la pequeña tarima y haciendo la señal de Ok con el dedo. La rubia asintió, -voy a ir abriendo la persiana de la entrada.

Quien llamaba por la puerta de empleados era Alan.

-¿Os han instalado el Karaoke?.

Roni sonrió, -hace…-, se miró el reloj de muñeca, -cuarenta minutos.

-Perfecto, venía a verlo.-, miró a Emma que estaba cerca de la puerta de entrada terminando de abrir las cristaleras.

-¿Qué, cómo va esa apuesta?, ¿voy a ganar ya, o hay que esperar un poco?.

-¡Alan!-, le golpeó en el hombro.

El chico se mostró más relajado, siendo ya el de siempre. –Vamos, no te resistas.

-Que sabrás tú.

La rubia se estaba dando cuenta de que ambos estaban conversando y éste lo supo. Cuando se despidió de Roni, tras firmarle unos papeles de trabajo se dirigió a la rubia.

-¿Qué tal te va?-, le dijo el chico.

-Alan, ¿te puedo hacer una pregunta?.

-Por supuesto-, se enderezó, con cara de inocente.

-¿Quién eres de verdad?. Eres cambiante, escondes cosas y… sabes,-enfatizó en aquella palabra, -….cosas.

-¿Qué quién soy?-, se sentó en una silla colindante a donde la rubia estaba limpiando la mesa y colocó las piernas en alto sobre otra silla. La rubia miró a Roni que estaba atendiendo a los abuelos de siempre.

-Sí, que quién eres-, apoyó sus manos en la mesa, desafiante. Alan se rió.

-Soy…, digamos que soy quien quiere ver felicidad a su alrededor, el amor, y no mentiras ni engaños, quien quiere hacer despertar hasta el ultimo dormido de esta ciudad y volver a su casa-, señaló al cielo.

Emma se quedó con la mirada perdida en el techo.

-¿Eres algo así como un…

-Un ángel del destino.

-¿Y por qué estás aquí, por Regina, por mí?, ¿qué somos nosotras en ese destino del que hablas?.

-El futuro. La fuerza del mal regenerado y de un bien que no siempre fue tan bueno. Conseguiréis grandes cosas, creareis vida. Y…

Se levantó. –Y no voy a hablar más.- Se fue a marchar, y aun de espaldas dijo, -No quiero forzar lo vuestro, solo quiero que seáis felices, y Roni se lo merece, no solo tú. Recuerda la cascada y lo que te enseñó alguien allí…, recuerda por qué viniste a Hyperion Higth.

La morena le hizo señas a la rubia para que se acercara. El chico desapareció por la puerta de entrada casi sin darse cuenta.

-¿Qué te pasa?, te has quedado como congelada, ¿estás bien?.- Se preocupó Roni.

A la rubia se le iba la mente fuera de la tierra, rumbo a esa extraña charla con Alan, una y otra vez.

-No, no pasa nada. Me… "conseguiréis grandes cosas". -¿Seguro?.

-Sí-, le sonrió, ignorando el saludo cortés de uno de los ancianos.

-¿Qué le pasa a tu amiga?, antes era más simpática.

-Ha pasado una mala noche-, la justificó, mirando como colocaba bien unas sillas. Frunció el ceño.

El día no tuvo nada relevante, a simple vista, dentro de las cabezas de Roni y Emma había una fiesta de preguntas sin respuestas.

Cenaron fajitas picantes viendo un programa de Policías en acción, Roni estaba sudorosa, siempre le pasaba cuando se pasaba con el picante. Emma se rió.

-Necesito una ducha.

-A mí no me sienta mal el picante, que floja eres.

-Tú, que tendrás las papilas gustativas muertas.- le dijo bebiendo agua.

-Tienes que beber leche para que se te pase de verdad.

-¿Vale helado?.

Supongo que sí. Emma la siguió con la mirada al congelador.

Roni se atiborró de helado y acabó manchándose el pijama de chocolate

-Dios, soy un jodido bebé.- se miró el pijama de pantalón corto y camisa ancha, Emma se rió y le lanzó una servilleta.

-¿Sabes?, estoy cansada y echa un adefesio, me voy a duchar y me acuesto, ¿de acuerdo?.

-De acuerdo-, le dijo con los brazos cruzados aguantándose la risa. Aunque se preguntaba por qué parecía que le estaba pidiendo permiso.

Quince minutos más tarde Roni salió de la ducha, llevaba ahora un picardías negro y lila, y Emma bromeó desde el salón, -¿esperas a alguien?, ¿al chico del karaoke quizas?.

Roni la miró desde el pasillo medio adormilada. -No….- entró a su cuarto, con mirada misteriosa y la mano fue la última en desaparecer despidiéndose. La rubia frunció el ceño. "No, no es una indirecta, hace calor y esta cansada". Resopló y abrió las piernas, ese picardías que tenía el lateral semitransparente… "Madre mía Roni". Su mano cayo sobre uno de sus muslos, y sintió la necesidad de tocarse pensando en ella, en el sofá, donde antes se había sentado y había sudado comiendo…

Al palpase por encima del pantalón del pijama se notó ya mojada. "Mierda, aguanta". Se iba a marchar a la cama como si nada pero antes de entrar no pudo evitar abrir la puerta de Roni, sin embargo no se asomó del todo, la volvió a cerrar, no estaba bien eso, no estaba bien ella.

Sin embargo decidió que la alcachofa de la ducha le daría las buenas noches definitiva. ¿Cómo podía ella hacer que le entrasen ganas de empujarla contra una pared y lamerle hasta el alma y a su vez abrazarla hasta que duerma?. Eso no le pasaba con el pirata…

Continuará.


El siguiente promete! Y está adelantado, después del viaje, tardaré menos en actualizar. ;)