Bastan un par de llamadas y puedo volver a relajarme.

Ya nada tengo que hacer en este hotel.

Sopeso mis opciones y decido ir a darme un baño en la piscina climatizada que está en la azotea. En parte por el simple capricho de relajarme y en parte porque sé que más personas estarán ahí, betas y omegas.

Quiero ver a los omegas arrugar la nariz y mirarse los unos a los otros al percibir mi olor mezclado con el de un beta.

Es infantil, sí, y me tiene sin el más mínimo cuidado.