Abrir los ojos, ser una misma. Capítulo 22. El fin.
Tipo: Roniswan/Swanqueen
Nota: Gente, tenía escrito este final desde hace meses pero al cambiarme a un nuevo ordenador no encontré donde estaba, y entre eso, estudiar las oposiciones y trabajar, no he podido subirlo hasta ahora.
Muchas gracias por seguirme todo este tiempo, de veras. Por los comentarios y vuestra paciencia.
Roni`s
Emma y Regina entraron al bar apresuradas, aunque minutos antes la morena había detenido a su sheriff preferida, había sido en el interior del coche de ella, confirmando que necesitaba unos minutos para analizarlo todo. Cambios por todos lados, un hijo, ¡una nieta!, y una vida en Hyperion que se preguntaba si había sido real.
-No recordaba cuánto lo echaba de menos.-, confesó.
Emma observó a través de la ventanilla el cartel de la entrada al bar.
-Dímelo a mí…- Emma parecía seria.
Regina contempló sus ojos perdidos.
-Va a salir todo bien-, la alcaldesa le cogió la mano, Swan la apretó y la miró a los ojos.
-Contigo, siempre- le respondió asintiendo; la morena le sonrió de forma sincera. Con cada minuto que pasaba a su lado la estaba queriendo más. Se preguntaba, casi arrepentida, por qué no había pasado eso antes, por qué no se habían dado cuenta de lo que tenían delante.
-Y que sepas que yo también.
Emma inclinó la cabeza confusa. -¿Tú también qué?.- Frunció el ceño.
-Lo que me dijiste…, antes de despertar…- se mordió los labios tímida y miró hacia abajo.
La sheriff tardó en pillarlo y cuando lo hizo sonrió de forma amplia, sincera, emocionada, y sin tapujos, ni para ella ni para sus mejillas ahora sonrojadas. Se abrazaron en el interior del auto, con cariño, cercanía, con verdadero amor; se separaron unos centímetros y Emma fue quien la besó, esta vez siendo ella Regina Mills. El beso no había cambiado, quizás ahora era algo más maduro, más romántico. La adoraba antes y la adoraba ahora. Le besó la mejilla y salieron del coche.
Entraron al bar, ya era tarde, y estaba menos concurrido, no les costó llegar a la barra. Barra donde un chico apuesto tomaba una copa de espaldas.
Las chicas saludaron a Alan de lejos y éste miró al chico, parecía más adulto incluso.
-Hola…- saludó Regina, temerosa por su reacción.
Henry Mills se giró en su propio taburete y miró a sus madres, Emma estaba dos pasos hacia atrás de Regina, con los ojos brillantes, inocentes, preocupados.
-Mamás…
Hubo una conversación silenciosa entre sus miradas hasta que imprevisiblemente un torrente de lágrimas cubrieron la sonrisa de Henry y sus brazos se extendieron para abrazar a ambas mujeres. Alan contempló ese boceto familiar y sintió que todo estaba saliendo como debía de ser.
-Mamá, estás…- Henry observó a Emma, -se te ve tan feliz.- La miró a los ojos, ésta desvió los suyos a Regina.
-Y tú, mamá y amiga-, le guiñó un ojo y abrazó a Regina de nuevo. Recordaba a Roni, y hasta le hacía gracia todo lo que había vivido con ella, cosas que le había contando que no le contaría a una madre, pero eso no le importaba, lo importante era que estaban juntos.
Separándose de Regina preguntó: -¿Todo esto era una maldición?.
-Así es-, Regina asintió segura y secándose rápida una lágrima fugaz.
-Tengo la sensación de que la maldición la hizo Drizella con la ayuda de Victoria Belfrey, no sé cómo, pero de lo que estoy segura era de que sus intenciones eran las de dominar Hyperion Hight-, Regina quiso recobrar la normalidad, enterrar sus sentimientos, los antiguos y los nuevos; Emma y Henry la observaban -quizás no sea todo lo que parece y que haya algo detrás, pero me conformo con que estemos todos juntos de nuevo-, su actitud era la de la alcaldesa de Storybrooke de siempre. La morena puso sus manos en su cintura observando a su familia, y sus ojos se desviaron fugazmente a Alan, que fregaba unos vasos mirándoles de soslayo.
Henry observaba a Emma pensativo. -Si se ha roto, ya han perdido, estén donde estén, no tienen nada que hacer.- Sonrió serio.
Hubo un silencio de reflexiones pero un principio de comodidad familiar, hasta de regresión.
-Mamá-, interrumpió Henry, -¿y Killian?, ¿no ha podido venir?.
La rubia miró a Regina apurada, no se esperaba ese cambio de conversación, estaba confusa y no le salían las palabras, -ehmmm, pues…, yo es...-, se sentó en un taburete.
-Estaba ocupado.- Regina quiso quitarle ese peso de encima a su querida Emma, no era el momento. Le puso una mano en el hombro a su hijo. No era el momento y quizás nunca lo llegase a ser, al menos entrar en detalles, detalles que puedan hacer que su hijo odiase a ese pirata al punto de querer algún tipo de venganza por el dolor sufrido por su madre. Ella misma deseó tener ese venganza, por muchas razones, pero el tiempo le hizo saber que era más importante querer que odiar. Y que gran parte de su odio por ese hombre fueron celos escondidos, no supo desde qué momento su corazón deseó al de Emma.
-Pero bueno-, Regina quiso cambiar de tema y se sentó en otro taburete cerrando un círculo con ellos, -hay algo más importante de lo que no hemos hablando-, alzó ambas cejas mirando a Henry, -y su nombre empieza por L.
Henry abrió la boca sorprendido.
-¿Lo sabéis?. Ella insistía en que todo era una maldición y yo no la creí, y ahora resulta que era verdad. Que tengo una hija.
Emma asintió tímida, gracias a Regina todo el peso de sus hombros había caído, -yo lo sabía desde hace un tiempo, ella misma me lo dijo.
-¿Cómo?-, preguntaron al unísono Regina y su hijo.
-Es una larga historia-, miró a la morena sonriendo. Ésta alzó una ceja.
Tras ponerse un poco al día Henry decidió ir a buscar a Cinderella y a Lucy y hablar, abrazarlas por fin, como una familia.
Cuando Henry se fue del bar ellas dos se quedaron solas, Alan se había posicionado al otro lado del bar, sin interrumpir el momento, observándolas, sentado sobre una silla con un palo de chupachups en la boca. Sus últimos clientes estaban en una misma mesa riéndose con la borrachera. Estaba a escasos minutos de decirles que cerraba.
Regina quiso acercarse y hablar con él pero éste adoptó la postura profesional de un camarero cansado y comenzó a cerrar el bar, echando a la gente y recogiendo las mesas.
-Buenas noches, chicas.
-¿Necesitas ayuda?-, le preguntó Emma.
-Ninguna-, sonrió cansado.
Emma pensó en que actuaba cómo si no hubiese pasado nada. Sin embargo, ella estaba contenta, todo había salido a la luz, volvían a ser los de antes, Regina sabía que tenía una nieta, le había costado analizar que aquello que le había contado era real, y entre ellas, digamos que ya no había barreras…, la sheriff tenía en el cuerpo una mezcla de orgullo, felicidad y necesidad de contacto humano, humano de género femenino y curvas.
La morena, que había estado callada unos minutos interrumpió sus pensamientos.
-¿En serio tengo que ir en ropa interior a MI bar?.-, dijo Regina, saliendo por la puerta grande cómo una cliente más. –Es que no me lo puedo creer, qué vergüenza.-, la apuesta debía de ser pagada, un brote de Roni resurgió en Regina.
Emma sonrió completamente sincera por primera vez. Sin tapujos.
–Bueno, voy a pecar de ser Rumpelstiltskin y te pregunto, en ese trato, ¿había reglas, pautas establecidas?, ¿o simplemente hablasteis de ir en ropa interior?.
Entraron al coche.
-Que yo recuerde, sólo hablamos de eso último.
Emma rió perversa- ¿quién te dice que no puedas ir en vaqueros y camiseta?.
Regina se quedó confusa hasta que Emma se rió y le explicó su idea -¿sabes lo que es el body painting?.
La morena alzó una ceja.
Casa de Roni
"Bueno, ¿y ahora qué?", se preguntó Regina, estando en el pasillo de su casa, frente a la habitación de Emma, mientras ésta se duchaba. Lo normal en ella, con quien le importaba, era ir paso a paso, aunque eso ya lo tuvo y ya se habían acostado. Aunque no fuese ella como tal los recuerdos bailaban en su mente y se le erizaban los vellos, la sentía, su piel, su respiración, el alcohol y su humedad…
Se podía meter en la ducha a voz de pronto y repetirlo, pero con ella ya despierta todo le era algo nuevo aun, y prefería apreciar cada detalle y esperar a que sea el momento para repetir esa noche del lago, pero sin necesidad de emborracharse.
La observó salir de la ducha rodeada en una toalla y sintió que era la mujer de su vida. De eso no tenía dudas.
Sábado. Casa de Roni.
Habían pasado dos días, donde habían estado a gusto, donde todo entre ellas habían sido caricias, abrazos, largos y cortos, de improvisto, sonrisas certeras, besos y conversaciones sobre ellas, sobre el rumbo de su relación, sobre el pasado. Películas, siestas en el sofá y dormir cogidas de la mano. Un par de días donde habían comido con Jacinda, Lucy, y Henry, donde el amor era el ingrediente de su vida y de el de su familia, familia que había crecido.
Sin embargo, ese también era el día D.
Día de pintarse el cuerpo. Emma le estaba pintando el cuerpo a Regina, los hombros, la espalda, el ombligo, dibujando un escote blanco sobre su sujetador del mismo color, … la camiseta estaba lista, con botones y hasta un bolsillo, obvio era, que Emma tenía que aprovechar el momento y alguna caricia fugaz y sensual había pintado su piel antes que la pintura corporal, haciendo a Regina erizarse el vello.
Sus manos manchadas y una morena con el pelo recogido y algo sudorosa, la estaba matando. Al pintarle las piernas sus dedos se colaron por su entrepierna para pintar en azul vaquero el pantalón corto que llevaría esa noche.
-Sabes que como sigas por ahí me vas a tener que pintar de nuevo, ¿no?.
La rubia sonrió mirándola, con su pelo rubio recogido en una tela colorida, cual pintora italiana. El brillo de sus ojos despertaban felicidad al escuchar a una Regina siendo Roni.
Emma no había sopesado el volver a Storybrooke, eso solo le traería malos recuerdos de su matrimonio fallido, y fue por ello que, semanas más tarde invitó a sus padres a visitarla, a fin de cuentas su vida había dado un giro de 180 grados y su relación con Regina era parte de ello.
A parte contaba con que Henry también se había quedado y vivía con Jacinda y Lucy, habían retomado sus vidas pero no echaban de menos el Bosque encantado.
-Estás perfecta-, le dijo Emma, orgullosa de su obra de arte. Regina se observó en el espejo de su habitación.
-Estás hecha toda una artista.
-Bueno, contaba con un buen lienzo.
La morena sonrió y fue a abrazarla. –¡no, no!-, Emma la frenó con las manos, observándole el cuerpo.
-Ah, cierto.- La miró con pena, -lo siento-, susurró.
La rubia pasó por su lado y le besó en el cuello. -Mala...- le susurró.
Roni's, aun cerrado.
La cara de Alan al ver a Roni entrar no tenía desperdicio, -¿y la apuesta?- alzó una ceja mosqueado.
Regina sonrió ampliamente, -la estoy cumpliendo- lo miró con desdén.
Se acercó a él pausadamente y le pidió que le tocase el hombro. Su dedo se llevó una leve capa blanca.
-No-me-lo-puedo-creer-, dijo tomando pausas secas entre palabra y palabra. La morena rió a la vez que Emma entraba por la puerta lateral. -Culpa de ella.
Ésta alzó una mano, -lo confieso.
-Cuando os juntáis sois dos mentes pensantes perversas.
Las chicas se miraron cómplices, éste las observó sonriente.
-De acuerdo, lo doy por válido-, asintió ampliamente.
Pasó la noche Roni tuvo que aguantar un par de "¿por qué no te vistes así todos los días?" o "¿qué pasaría si te derramo este gintonic encima?", Emma tuvo que aguantar escuchar eso y no echarles a la calle, puesto que era clientes habituales que consumían mucho, mas estaban de despedida de solteros, otra vez..., se conformó con echarles alguna especia picante en la copa que les hiciera ir al baño.
Y por fin terminó aquella noche, Roni estaba deseando ponerse una sudadera y unas leggies, pues había pasado algo de frío y la pintura estaba medio quitada a última hora.
Alan sonrió al verla salir en ropa de sport, había sido toda una campeona. Sin previo aviso abrazó cuando estaba contando la caja ya el bar cerrado, dejándola sorprendida, a posteriori se acercó a Emma y la abrazó con cariño estando de espaldas, mientras ésta portaba cuatro vasos vacíos por mano.
-Eh, ¿qué te pasa?.
No les dijo más que un -Que descanséis y seáis felices, os lo merecéis-. Dejando a las chicas confusas, mirándose entre ellas.
Se dirigió casi de espaldas hacia el almacén, y a los minutos una luz blanca brilló en su interior. Ninguna lo vio.
Al día siguiente,
los padres de Emma habían llegado a Hyperion antes de lo previsto, aunque por suerte Blanca la había llamado por teléfono justo antes.
Casa de Roni
-Mamá-, Emma abrazó a su madre con ternura y miró al bebé, que ya era considerado más un niño.
-Oh, como ha crecido ese grandullón- cogió a su hermano en brazos y lo observó, éste le sonrió, reconociéndola.
-Echa de menos a su hermana.
-Ya…
-Sabemos que tu matrimonio no fue bien y entendemos que hayas querido pasar página en otro lugar.
-Gracias mamá, y si, la verdad es que lo he hecho…
Les invitó a pasar.
En el interior, una mesa grande, vasos y bebidas. Era la hora del almuerzo.
No dio tiempo casi a enseñarles la casa cuando llamaron a la puerta. Regina abrió a la familia, pero solo entraron Jacinda y Henry. Tras los saludos iniciales y los ojos brillantes al ver a su nieto Henry, más adulto vinieron las presentaciones.
-Ésta es Jacinda.
-Encantada.
Obviamente, se olían que no era una amiga.
Mientras se saludaba el resto Regina abrió la puerta discretamente y entró Lucy, le acarició el pelo mientras la llevaba al cuarto de al lado.
Todos ya sentados y Emma con su hermano en brazos y el tema era todo entorno a las peripecias del pequeño que ya medio andaba, vino una pregunta interesante.
-¿Os gusta ser abuelos?
-Por supuesto que si- miraron a Henry. ¿Por qué lo preguntas?.
-¿Y bisabuelos?.
Blanca giró la cabeza hacia su marido. -Ehmm...- Charming abrió los ojos confuso.
-¿Nos estas diciendo que…
Regina se acercó al umbral que daba al pasillo. -Lucy, pasa.
La niña salió tímida.
Miradas incrédulas y abrazo materno a la pequeña. Jacinda la miró con orgullo, ¿a que es bonita?.
Henry le besó la cabeza a Lucy que estaba sentada sobre su madre.
Tras la comida, repartieron una porción de tarta de manzana. Blanca miró a la morena sonriendo y le guiñó el ojo. En recuerdo a aquella que te dejaba dormido en sus momentos de Evil queen.
-¿Cuándo se lo debo decir?, ¿ahora, cuándo se vayan a ir?.
Emma parecía nerviosa, había cogido discretamente a Regina del codo y la había llevado al pasillo.
-Cuando te veas preparada cariño- Regina le besó el hombro, -no te preocupes, ni tengas prisa- la dejó sola.
Tras la tarta vino el café y enseñarles algunas fotos desde el móvil. Su hermanito jugaba con Henry y Jacinda en el sofá.
-Veréis, cuando dije que había pasado página, me refería entre otras cosas, a nivel sentimental…- Emma parecía como si fuese a confesar con 12 años que fumaba a escondidas.
-Ah, ¿si?, ¿has conocido a un apuesto joven de ciudad?.- dijo David con picardía, Margaret sin embargo observaba a su hija y sabía que no iban por ahí los tiros.
-Cariño, somos adultos, y una madre es una madre.- sonrió, -me alegra que estéis juntas, hacéis una bonita pareja y sé que ella lo dará todo por hacerte feliz.
-Pero-, David miró a su mujer confuso, y ésta desvió su mirada a Regina que estaba en la sala de estar haciéndole una trenza a Lucy.
-Oh- miró a su hija con la boca abierta. -Por mí bien.- abrió los ojos y luego sonrió. Los cerró un segundo, -de verdad-, abrazó a su hija. –Ella va a darte la felicidad que mereces, lo sé. No hay persona que más haya avanzado en su vida.
-Lo sé, y sinceramente, nadie que me haya hecho ser realmente feliz, no imagináis cuanto.- Le brillaron los ojos. Blanca se levantó para abrazarla. y Regina se percató.
La morena la miró y asintió.
La noche había caído...
A las afueras de la casa de Roni, al borde del final de la plazoleta, viendo a sus padres alejarse en un taxi hacia el hotel donde se quedarían, Emma observó el cielo.
-Siempre me quedaré con la duda de quien es Alan de verdad.- confesó la sheriff.
-¿No lo sabes?, ¿quién más querría cambiar el destino de dos personas y hacerlas felices?.- Regina se mostraba risueña.
-Tú dijiste que era un ángel del destino.- Le recordó la rubia.
-O alguien que tenía mucho poder y se podía hacer pasar por uno.
-No acabo de entender a que te quieres referir…- Emma frunció cel ceño.
-Lo sabrás con el tiempo, de momento es muy pronto.-, Regina la miró sonriente. Quizás en unos meses le enseñase la nota de Alan, pero no le parecía apropiado para ese momento, ¿Cómo decirle que ese hombre era sangre de su sangre, que el hijo de su futura hija, ¡hija de ambas!, había viajado en el tiempo para solucionar cabos sueltos?, ¿cómo decírselo a ella si aun ni siquiera había disfrutado de vivir juntas?. Estaban empezando. Tampoco quería preocuparla y que se comiera la cabeza, puesto que aquella maldición la debía de haber provocado la misma Regina, para salvar a Henry, no lo recordaba, lo presentía, pero todo eso cambió por algo que ella desconocía y Alan tuvo que intervenir… Conjeturas que le daban respuestas a sus dudas y aquella nota de Alan que aclaraba otras tantas.
Tiempo al tiempo, momentos a momentos. Como Emma decía, todo saldrá bien, si estaban juntas.
-FIN-
¡Se acabaron las esperas!, espero que os haya gustado el final, no es el final perfecto que yo quería, pero quería cerrar la historia antes de entrar en el 2019.
El tema de la maldición... tuve que cambiarlo varias veces puesto que yo tenía una idea, claro está que el fic lo empecé cuando aun estaba la serie en el aire y aun quedaba mitad de temporada, luego en la serie cambiaron las cosas y me lo descuabraba todo xD
