Yuuri está listo para que nos vayamos.

Volver cada mes por una semana a Moscú es algo completamente necesario, fue idea de mi hermano en primer lugar, pero una vez que los asuntos están conclusos, casi se desespera por volver a casa.

Él me mira con los ojos muy abiertos y sisea.

—Tiene que ser una broma.

Estoy de pie usando nada más que un traje de baño de cuerpo entero, el pareo y unos lentes de sol.

—Quiero usar la piscina climatizada, Yuuri.

El aludido tensa la mandíbula, inhala profundo y asiente.

—Está bien —concede con suavidad—, ve.

—Tú vienes conmigo —le arrojo unos shorts de baño a la cara y sonrío ampliamente.

Todo lo que deseo es que se relaje, al menos un poco.

Se pone todo azul en cuanto volvemos a Hasetsu.

Aunque sean unas pocas horas, deseo retrasar que eso ocurra.