Notas de la autora:

¡he escrito varios capitulos nuevos y espero que os gusten! Respecto a los comentarios de David...Muajaja soy un poco mala, sera como un William 2 pero (mas adelante) vereís que por fin encuentra el amor (que no es Yumi, por supuesto) aunque eso, un poco más adelante.


El mensaje de texto

Cinco chicos corrían por las alcantarillas, bajo la mirada atenta de varias ratas. Corrían mientras se repetían que aquello no podía ser cierto, que era imposible. Pero allí estaban corriendo camino de la fábrica.

Vale, esto no puede ser – dijo Yumi, parando en seco y cruzando los brazos

Los demás también pararon, estaban exhaustos. Cuando habían apagado el superordenador se habían llevado los skates y el patinete de Jeremie, pensando que no los volverían a usar nunca más.

Es imposible que Xana vuelva a estar en actividad, totalmente imposible – dijo la japonesa, enfurruñada

Pero es así, tu también lo leíste – le hizo notar Jeremie.

Sí, pero es imposible.

Imposible o no, tenemos que llegar cuanto antes – dijo Aelita, con voz ronca, zanjando la conversación.

A pesar de que Yumi estaba en lo cierto, el mensaje era muy claro:

AÚN NO HAS ACABADO CONMIGO JEREMIE.

OS ESTOY VIGILANDO.

XANA.

Llegaron a la fábrica algo después, y se les hizo extraño volver. A todos.

Mientras el ascensor se abría delante de ellos, tragaron saliva.

Entraron en la sala del superordenador, y se encontraron con una terrible sorpresa. Estaba encendido.

Inmediatamente subieron al laboratorio donde Jeremie ocupó su puesto habitual, delante de la pantalla.

¿Preparados para una misión de reconocimiento por Lyoko? - les preguntó completamente serio.

Nadie respondió, peor todos entraron en el ascensor.

Minutos después se habían materializado en Lyoko, en el sector del bosque. Miraron a su alrededor. Todo estaba tranquilo, inquietantemente tranquilo.

A mí esto me da mala espina, creo que – pero Yumi nunca terminó de decir esa frase, porque un laser la desvirtualizó antes de decir nada.

¡Yumi! – gritaron los demás, luego, miraron a su alrededor. Pero no había ningún monstruo.

Jeremie, ¿Qué pasa aquí? – preguntó Aelita.

¡No lo sé! En la pantalla no sala nada – el chico estaba histérico – sea lo que sea, procurad que no os dé. Voy a ver cómo está Yumi

Dejó el auricular sobre el teclado y bajó a la sala de escáneres, y no se enteró hasta poco después de lo que sucedió. El monstruo fantasma desvirtualizó a Aelita sin que ninguno de los chicos pudiera decir ni hace nada.

Poco después llegó Jeremie, muy alterado, quien no pudo mirar si quiera la pantalla

¡Que no os de! ¡Yumi no está en la sala de escáneres! – chilló, y fue entonces cuando se dio cuenta de lo sucedido - ¡Oh no!

Poco más tarde, estaba delante del superordenador, con cara larga. Los chicos habían vuelto a la fábrica sin problemas, y, mientras Jeremie las buscaba por todo Lyoko, Odd había perdido la sonrisa y Ulrich estaba completamente destrozado.

Tras dos horas, Jeremie se despegó de la pantalla, los demás lo miraron. Estaba pálido y triste.

No las encuentro.

Los chicos se miraron entre sí, no había nada que añadir. Ulrich se levantó, y se acercó al ascensor.

Adiós – dijo simplemente, estaba furioso, enfadado, triste y sentía un enorme vacío en el estómago.

Jeremie y Odd se miraron, tristes, solo había una solución. Nadie podía notar la falta de sus amigas.

Más tarde, cuatro personas salían de la fábrica, dos de ellas, eran clones polimorfos.

La Yumi virtual entró en su casa sin hacer apenas ruido, la memoria digital que Jeremie le había implantado era suficiente como para saber donde estaba cada cosa, quienes eran las personas más cercanas y la relación que tenía con ellas.

Se puede saber por qué vienes tan tarde, te esperábamos para comer – le preguntó. Con voz grave, su padre.

Lo siento, pero he comido con mis amigos – la escusa salió casi sola y la Yumi virtual casi se sorprendió con lo fácil que era mentir.

Su padre la miro de arriba abajo y pareció satisfecho con esa contestación. Su hermano Hiroki, parecía querer dar la lata, como siempre.

¿Te has divertido besando a Ulrich? – le preguntó con una sonrisa traviesa en los labios, esperando que su hermana se sonrojara como hacía siempre.

No, ¿por qué? Solo somos amigos – dijo la Yumi virtual, algo sorprendida.

Jeremie no había tenido tiempo de perfeccionar del todo su memoria digital, poniéndole únicamente lo esencial. Lo que necesitaba para pasar desapercibida una horas, y que habían quedado esa tarde en la fábrica.

Hiroki abrió mucho los ojos, sorprendido por su reacción, pero no dijo nada.

La Yumi virtual subió las escaleras y se tumbó en la cama, sin saber qué hacer exactamente.

En Kadic, Jeremie y Odd estaban en la habitación del chico, junto a la Aelita virtual. Si Jim abría la puerta en cualquier momento, podía deducir que estaban estudiando, ya que había libros abiertos, libretas y papeles arrugados por el suelo.

¿Crees que deberíamos decirle a Ulrich lo que hemos hecho? – preguntó Odd

Deberíamos, tiene derecho a saberlo – dijo Jeremie, que jugaba nervioso con un lápiz – pero…

¿Pero? – quiso saber Odd

Pero no le va a hacer mucha gracia – dijo Jeremie con un suspiro de resignación – Imagínate estar enamorado perdidamente de una chica y está desaparece. Luego vuelve pero resulta que no es ella realmente, sino una copia creada por tus mejores amigos. ¿Cómo te quedarías tú?

La mirada de Odd se desvió hacia la Aelita virtual, que estudiaba sentada en la cama de Jeremie, ajena a todo lo que ellos hablaban.

Me lo imagino – dijo Odd, suspirando – Entonces, no se lo decimos. ¿no?

No lo sé – dijo Jeremie, apoyando la cabeza entre las manos.

Fue entonces cuando la puerta se abrió, era David.

Hola chicos – dijo con una sonrisa - ¿Dónde os habíais metido? Os he estado buscando por todas partes.

Es una larga historia – dijo Jeremie.

David se percató en las caras largas de los dos chicos y también se percató que Aelita parecía ausente.

¿Ha pasado algo? – preguntó algo preocupado

Nada importante – mintió Odd, y luego le sonrió tristemente. Se percató que David no lo creía pues lo miraba con desconfianza.

Jeremie suspiró, aún pensaba que hacer. No decírselo a Ulrich y arriesgarse a que su amigo se enamorara de su creación. O bien, decírselo y hacer que mirara con melancolía a la Yumi virtual y le invadiera la tristeza. Porque eso era lo que le pasaba a él.

Cada vez que miraba al clon polimorfo de Aelita, una tristeza lo invadía y le carcomía las entrañas, recordando todos los momentos que habían vivido juntos. Absolutamente todos.

Por esa razón no había incluido en la memoria digital de aquella Aelita un pequeño detalle. Un simple y grandioso detalle.

Que eran novios.

Era una decisión difícil, muy difícil.