Mari apoya a Viktor al cien por ciento.

Viktor se empeña en pegárseme.

Sin mis lentes apenas y puedo ver, lo que me dificulta en gran medida poder huir.

Les damos un extraño espectáculo a los betas y omegas que se encuentran cómodamente sentados en las sillas de playa a solo unos metros.

Puedo oír a mi reputación llorar en alguna parte de mi cabeza y cómo mi sentido común me reclama. Mientras, la complacencia ronronea por las atenciones de la persona atractiva y molesta a mi lado.

Así no resulta tarea sencilla mantener mi aroma neutral.

Y eso es justo lo que mi hermana quiere.

Suspiro, haciendo a un lado a Viktor.

No necesito verlo con claridad para saber que ha hecho un puchero, de todos modos, su aroma me deja en claro que no se dará por vencido.

Como es de esperarse, solo espera a que le dé la espalda antes de volver a saltarme encima.

Le propino un codazo en cuanto sus labios rozan mi cuello.

Es una forma práctica de decir "aquí no."

Jadea y me libera.

Camino hasta el borde de la piscina, me impulso con los brazos y salgo, echando mis cabellos hacia atrás.

Ni siquiera pienso en girarme.

Voy directo a por la toalla para secarme.

Ya he hecho bastante el ridículo por hoy.