Mi alfa interno clama por venganza.
Mari toca la zona afectada.
Gimoteo.
—No lo hizo con toda su fuerza —me asegura la hermana mayor de Yuuri y yo la miro con el ceño fruncido—, ya sé que no lo parece, pero créeme cuando te digo que Yuuri es más fuerte de lo que aparenta... en más de un sentido.
—Lo sé —declaro—, lo vi detenerte cuando nos conocimos, ¿recuerdas?
Ella asiente.
—Claro, es cierto.
—¿Qué tan enfadado crees que esté en verdad?
Mari me lanza una mirada divertida.
—No lo suficiente como para que no te deje someterlo, descuida.
Me río.
—No lo decía por eso... no totalmente— suspiro—, de todos modos, no me deja entrar en su cabeza.
—¿Y eso te preocupa? —Mari parpadea, yo asiento con la cabeza—, oh, deberías estar feliz.
—¿Feliz?
—Y mucho —ella mira a los lados. Estamos en la enfermería y el doctor salió por unos minutos—. Yuuri es precavido contigo, incluso más de lo que lo es con el resto de socios —sonríe ligeramente—, él sabe muy bien que eres una bola de puras buenas intenciones. Le agradas.
—Bueno, me alegra despejar la duda sobre si se acostaba conmigo porque me odiaba —bromeo y la mayor de los Katsuki se echa a reír, golpeando mi hombro juguetonamente con su puño.
—Dale tiempo —me indica—, cuando se abra para ti por completo, estarás perdido en el mejor de los sentidos.
Me gusta cómo suena eso.
—De acuerdo.
Esperamos a que el doctor regrese para poder irnos.
