Me encuentro con Yuuri y Mari, maletas en mano, saliendo del elevador.

Sonriendo, los acompaño hasta la puerta del hotel y recibo a Yuuri entre mis brazos, reaccionando justo a tiempo cuando su hermana tira de él y lo empuja hacia mí.

Riendo, lo envuelvo y no me tomo a mal sus gruñidos de protesta, ignorando la furia de mi alfa interno por tantos rechazos acumulados.

Cuando lo suelto, mi aroma opaca ligeramente el suyo propio.

Esto seguro de que van a confundir su segundo género cuando llegue al aeropuerto y me siento algo culpable al respecto.

A menos que lo malinterpreten como a un omega que apenas ha salido de su celo y a cuyo alfa se le fue la mano marcando su propiedad.

El prospecto de mis dientes incrustándose en la carne de Yuuri hasta traspasarla, el saborear su sangre y por fin poder anudar dentro suyo (cosa que él me prohibió terminantemente), es tan excitante que me veo tentado a arrastrar al menor de los Katsuki al baño más cercano solo para una sesión rápida.

Por suerte, Mari está presente y usa su voz de alfa, neutralizando el tiempo suficiente al mío y logrando escapar con su hermano.

Mi alfa gruñe en protesta y me permito exteriorizar la acción.

De camino al elevador, me río solo.

Esto me está arruinando.

Es divertido.