Papá me abraza con demasiada fuerza. Tengo cuidado de no hacer lo mismo, solo lo suficiente para demostrarle que lo he extrañado, sin que corra peligro de lastimarlo de ningún modo.

Él me sonríe como siempre lo ha hecho, y me pregunta si la he pasado bien.

De inmediato, me erizo y un fuerte calor se extiende por mi rostro.

Soy consciente de que él no lo dice en el sentido que he interpretado, lo que me hace avergonzarme todavía más.

—Sí, papá —Mari acaba teniendo que responder por mí y se lo agradezco, sin importar que vaya a—, Yuuri se divirtió en grande, igual que yo—, decir algo en doble sentido, justo como acaba de hacer.

Papá se muestra complacido por la repuesta de mi hermana y a mí no me queda de otra más que confirmar la declaración de Mari.

Tal vez la pasé bien, pero en definitiva no en grande.

Mari es una exagerada.