Mila me exige poder conocer a Yuuri, ignorante sobre quién es en verdad. No he mencionado su apellido ni una sola vez, pero sí el hecho de que es un beta muy bonito, y que me puso condiciones claras antes de que nos encamáramos la primera vez.

—Tienes que tener una foto suya, como mínimo —Mila me escruta con los ojos entrecerrados—, no en la cama, porque me dijiste que tan pronto como terminan se mete al baño y no sale sino hasta una hora más tarde, pero que existe. Déjame ver tu teléfono.

Me niego y ella intenta convencerme a base de pucheros. Casi lo logra, pero no.

—¿Quieres tener cachorros con él?

Medito la idea.

—No me molestaría.

Mila se ríe.

—Sí, esa es la respuesta del Viktor Nikiforov de siempre— se pone de pie—, será todo un placer oírte cuando te enamores de Yuuri.

Sonrío.

—Ya veremos.