Capitulo: 2

¡Ay querida! Estas muy dispersa. ¿Que te pasa? ¿Te encuentras bien?

Eh, sí, no es nada… Estaba pensando de que color podría poner las cintas para decorar la entrada…

Je je, tranquila cielo. ¡Primero tienes que elegir un vestido! Sin vestido no hay boda.

Meg no podía dejar de pensar en ese encuentro inesperado. Sobre todo le preocupaba la forma en la que Adonis se había mostrado, tan indiferente, como si no hubiera pasado nada después de tantos años. Y el hecho que se disculpara… no le encajaba nada. Pero lo que más le sorprendía era saber que ese granuja había estudiado con Hércules, tendría que averiguar más al respecto.

Por la noche, mientras Meg preparaba la cena, Hércules llego a casa molido tras una dura jornada de héroe.

¡Hola cariño! ¿Cómo fue con mi madre? ¿Pudiste comprar algunas cosas?

Sí, tu madre fue muy amable en acompañarme – dijo Meg con una sonrisa.

¿Qué tal tu día? ¿Cómo fue con Phil?

Agotador. Yo quería ir contigo pero al final la cosa se complico. Pero ya le dije que mañana te acompañaré al Ágora para comprar lo que falta y hacer la lista de boda.

- Vale cielo. – Dijo Meg – Una cosa… nunca me contaste las aventuras que tuviste en tu tiempo escolar. Siempre oigo comentar cosas a tu madre pero nunca de ti, tengo curiosidad.

Uff… Meg. Es algo muy largo de contar. Además… son cosas de cuando yo era un adolescente aprendiz. Poco te interesará..

Oh… ¡Vamos fortachón! ¡Cuéntame! – Meg poniendo una cara de puchero.

Otro día cielo.– Y le dio un beso en los labios

¡Odio cuando haces eso!

¿El qué?– Preguntó Hércules sorprendido

Besarme para que me calle… No funcionara… ya sabes cariño... – dijo Meg con una sonrisa picara – tendrá que ser algo mas que un beso ja ja ja.

Así que más que un beso... Creo que se me ocurren muchas ideas para eso.

A la mañana siguiente, cuando Meg y Hércules despertaron, decidieron ir a comer algo al centro de la ciudad mientras miraban cosas que les faltaban para la boda.

Mientras estaban en una parada repleta de artilugios traídos de Asia, una voz femenina les sorprendió por detrás.

Hércules… ¿Eres tú?

Hércules y Megara se dieron la vuelta para ver a la recién llegada. Era una joven muchacha. Tenía el pelo rubio recogido con un moño alto, que dejaba caer unos pequeños rizos sobre una fina cara. Era una chica atractiva, y a Meg le sorprendía la familiaridad con la que se dirigía a Hércules. ¿Podría ser una fan?

Anda… ¡Helena! ¿Qué haces aquí? ¿Como estas? Te veo cambiada– Dijo Hércules

¡Ay, Hércules! ¡Qué ilusión verte! ¡Solo se de ti por las noticias y las canciones! Ya eres un héroe. – Dijo sonriendo

Sí… jeje ¿Y tú qué tal? ¿Sigues con Adonis?

Meg se puso tensa al oír el nombre. Otra vez Adonis. ¿Por qué? Hércules no sabía nada de su pasado con él y mucho menos de su encuentro de ayer. Esperaba que Helena tampoco supiera nada.

Meg– dijo Hércules

Meg se sobresaltó… y miró a Hércules forzando una sonrisa.

Te presento a Helena. Es una amiga del instituto. Helena, esta es Megara, mi prometida.– Meg estiro la mano para estrechársela, pero Helena la abrazó sin mediar palabra.

Ay… ¡Qué bonito! ¡Me alegro tanto! ¡Me encantan las bodas! Hércules, tienes que estar encantado de tener a una chica tan guapa, ¿eh?– dijo Helena radiante.

Meg se puso de todos los colores, nunca había conocido a una chica tan feliz y menos una tan efusiva, que le abrazara sin conocerla.

Sí. La verdad es que estoy muy contento de tener a una mujer como Meg. Soy feliz– dijo Hércules cogiéndola de la cintura atrayéndola hacia el.

Bueno, me alegro por los dos chicos. Pero ahora no debo entretenerme más. Se supone que Adonis tendría que reunirse conmigo ahora, estamos mirando adornos para nuestra nueva casa.

Meg se puso pálida. Estaba aquí…

¿Adonis está por aquí? – dijo Hércules con un tono serio

Sí sí, ya sé que Adonis fue… tu sabes… duro contigo en el instituto… pero bueno… ¡Ya me entiendes! No le tengas rencor Hércules. Ha cambiado. No digo que lo que hizo estuviera correcto y más de una vez ya le dije…

Tranquila Helena – Dijo Hércules

En ese momento Adonis apareció entre los finos trajes Persas.

Vaya vaya… ¡Hércules! Menuda sorpresa– dijo con una sonrisa irónica

Hola Adonis– Dijo Hércules

¿Y qué estás haciendo tú aquí? – Dijo mientras cogía a Helena por los hombros.

Mirando cosas para nuestra boda. Meg este es Adonis un… compañero del instituto. Adonis, esta es Megara, mi prometida.– Meg estiro la mano para estrechársela, pero Adonis se la cogió inesperadamente y se la beso mientras le miraba a los ojos. Tenía un extraño brillo en sus ojos que le provocó un escalofrío.

Un placer en conocerla señorita Megara…

Sí… lo mismo digo…– Dijo Meg con recelo

Bueno, mi querida Helena y yo nos tenemos que ir. La atareada vida de un príncipe, ya sabes. Un placer conocerte Megara y… felicidades Hércules.

Gracias – Dijo Hércules

Dicho esto la pareja se fue, perdiéndose en una de las esquinas del mercado.

Adonis… le odio… – dijo Hercules de mal humor – ¿Viste como te miraba? Siempre se aprovecha para hacer daño a Helena… No se como puede seguir con un tipejo como ese.

Parece que te importe con quien esta ella – dijo Meg de mal humor.

¿Qué? No, no… Meg vamos… ¿Estas celosa? Lo que pasa es que no entiendo como una chica querría estar con alguien como Adonis.

¿Qué hay que entender? Si ella está bien es su problema. Creo que el que tiene celos eres tú. Te molesto que me besara la mano, ¿no?

Créeme cariño. Cuanto más lejos mejor. Adonis no es de fiar.

Me lo dices o me lo cuentas – pensó Meg

Después del día de compras, y sin más encuentros inesperados, Meg y Hércules se dirigieron a casa totalmente agotados.

Esa noche Meg no podía dormir. Hacia un par de semanas que se sentía incomoda. Apenas había cenado. ¿Le estaba dando demasiadas vueltas al tema de Adonis? No lo creía, el malestar venía de bastante antes de su encuentro.

Sospechaba la causa, pero antes de aventurarse preferiría ir al doctor Hipócrates.

Por la mañana envió una nota a Casandra, la amiga de Hércules, por si quería acompañarla. Le vendría bien contar con alguien.

¡Cariño me voy! Tengo entrenamiento. ¿Nos vemos esta tarde?– Dijo Hércules mientras se ponía el cinturón.

Sí, ahora vendrá Casandra a hacerme compañía.

Muy bien, entonces os dejo tranquilas para que habléis de cosas de mujeres– tras esto se acerco a Meg y le dio un apasionado beso antes de irse.

Un tiempo después de marcharse Hércules, llamaron a la puerta.

Hola Meg ¿Qué tal?

Casandra hola.– Dijo Meg con alegría

¿Cómo va el tema de la boda? ¿Hércules ayuda?

Bueno… Cuando puede– dijo Meg

Uff... como siempre… el títere de Phil– dijo Casandra poniendo los ojos en blanco.

Je je je sí.

Bueno ¿Qué es eso que querías contarme tan urgente? ¿Pasa algo?– Pregunto Casandra mientras se sentaba en un diván.

Veras – comenzó Meg – En verdad son dos cosas… empezare desde el principio….

Meg le fue contando cada detalle, las sensaciones que tenía y lo que ella suponía que podría ser.

Ya… y a Hércules no se lo has contado.

No, me da miedo preocuparlo… Puede que sea una tontería…

¿Y lo otro?– Pregunto Casandra

Eh… tampoco. Por eso quiero confirmarlo hoy.

Bueno tú tranquila. Por lo que me dijiste de Adonis yo no me preocuparía. Es raro que haga estas cosas, pero de momento no le busques tres pies al gato. Eso sí, si ves que la cosa empieza a complicarse no dudes en contárselo.

Sí…

Las dos chicas se fueron hacia el hospital donde estaba el médico Hipócrates.

Meg estoy en casa, ¿Hola?…

No hubo respuesta. Ya era pasado el atardecer y nadie estaba en casa. Hércules empezó a preocuparse.

Al cabo de unos minutos Meg llegó a casa.

Meg ¿Dónde estabas? Dijiste que estarías con Casandra. No me dijiste que llegarías tan tarde…

Perdona fortachón. Acompañe a Casandra a su casa con Pegasus. ¡Pero no eres mi niñera! ¡Tú puedes llegar a casa tarde y nadie te dice nada! – Dijo Meg refunfuñando.

Sí, sí pero yo te lo digo– afirmo Hércules

Bueno, Tengo que decirte algo muy importante.

Así… dime– dijo Hércules con curiosidad

Ven siéntate – dijo Meg mientras le señalaba que se sentara a su lado.

Veras esta mañana fui al medico con Casandra…

¿Estás herida? ¿Enferma?

No, Hércules Déjame explicarte. Fuimos al médico a hacerme unas pruebas y resulta que…

Alguien llamo a la puerta… repetidamente…

Hércules fue a abrir, era Phil, estaba histérico.

¡Chico! ¡Se ha derrumbado un edificio! ¡Hay gente herida! ¡Corre, necesitan tu ayuda!

¡Muy bien! Sube a Pegaso. Ahora vengo yo. Meg, cariño, ahora cuando vuelva me cuentas. Espero que no sea nada grave… Te quiero.

Pero… yo...

VAMOS CHICO EL TIEMPO APREMIA- dijo Phil encima de Pegasus.

Sí, sí.. voy Phil, Meg… nos vemos luego.

Hércules montó sobre Pegasus y se fueron volando rápidamente

¡Espera!... Solo quería decirte que estoy embaraza …da…

Era inútil. Hércules ya estaba muy alto y no la podía escuchar.

Con pocos ánimos Meg fue subiendo las escaleras hasta el dormitorio y se quedo tumbada. Pensaba en ese ser que estaba dentro de ella, en la inminente boda… Todo estaba pasando muy rápido.

Despertó a la mañana siguiente, sola, Hércules no había venido a dormir. Malhumorada se levantó, se puso un chal sobre la túnica blanca, bajó las escaleras. Encontró a Hércules dormido en el diván.

Meg se acerco y le acaricio el rostro, Hércules hizo un suspiro y abrió los ojos.

Uf... ¿Qué hora es?

Por lo que marca el reloj de sol son las nueve de la mañana, ¿Por qué no te subes arriba a descansar un rato?

Sí, claro, ha sido una dura noche…– Contesto Hércules

Después de desayunar, Hércules aun dormía. Aún había mucho que preparar, así que decidió ir al centro y le dejo una nota para que no se preocupase.

Mientras caminaba por la ciudad Meg volvió a tener la sensación de que alguien la observaba. Cuando giro en una esquina alguien le toco el hombro.

Al darse la vuelta vio Adonis.

Hola Meg, ¿Qué haces aquí sola?

Adonis, ¿Es que no puedes dejar de espiarme?

¿Yo? ¿Espiarte? ¿Qué te hace pensar eso?

Es la sensación que das. – dijo Meg con mala gana

Vamos cielo… no creerás sinceramente… ja ja ja

¿De qué te ríes?

Ay, mi dulce Meg, siempre tan ilusa…

¿Quieres dejar de llamarme esas cosas? Dulce… cariño… ¿Quien te crees que eres? Hace mucho que perdiste el derecho a tratarme así.

Meg intentó apartar la mano que Adonis tenía sobre su hombro, pero este la apretó con fuerza.

Aaaay Meg… ¿Cuando entenderás que me perteneces?

No te pertenezco Adonis…– dijo con rabia– Tu te fuiste… Me dejaste sola… ¡Después de salvarte la vida! ¿Cómo puedes creer que aún soy algo tuyo?

Que pena que no te enteres de nada cariño– dijo Adonis con una sonrisa forzada – Eres mía por contrato.

¿Como…?

Está claro que tu padre no te lo explico. Tu padre firmo un acuerdo matrimonial hace muchos años, un acuerdo que le beneficiaba extraordinariamente. Y a cambio su hija pertenecería al príncipe de Tracia, o sea, YO.

Eso no es cierto, mi padre nunca…

Esta firmado…

¡No! Da igual, no tiene ninguna validez. Sabes que nunca me casaría contigo. Así que ya puedes romper ese contrato.

Bueno… eso podría ser un problema. Para empezar el contrato no lo tengo yo y, además, que solo una de las partes quiera deshacer el compromiso no lo invalida… Pero, sobre todo, como yo seré rey tengo mucho más poder que tú y tu estúpida familia. ¡Harás lo que se te ordene!

Pero… ¡Tu estas con Helena!

Sí, es cierto, soy bastante seductor. Será por mi sex-appeal ja ja ja… Te seré sincero, tu padre piensa que estas muerta en los bajos fondos y no sería apropiado casarse contigo. Pero puede que te tenga de concubina oficial… ya sabes lo que me pones…

Nunca seré tuya, ¡NUNCA! ¿Entiendes? Soy libre. Me voy a casar con quien quiero, no pienses lo contrario.

Adonis la miró con rabia. Con un movimiento rápido cogió a Meg por el cuello y la empotró en la pared poniendo todo el peso encima de ella.

Escúchame ramera. ¡Eres mía! Ese maldito héroe no lo podrá impedir. Si quiero te puedo poseer donde me plazca, porque eres mí esclava.

Meg intento zafarse, estaba forcejeando y le empezaron a salir lágrimas en los ojos. Le dolía la barbilla y sentía aliento a vino de este bruto, provocándole nauseas.

Por favor… Suéltame… Me haces daño…– Dijo Meg suplicando, estaba aterrada con lo que podría hacer ese maniático.

Escúchame bien nena, porque no lo repetiré. Si le dices una palabra a quien sea y repito a QUIEN SEA… te las veras conmigo. Todo el mundo puede tener un accidente y más en tu estado– Meg se quedo helada... ¿Cómo sabia lo de su embarazo? – Y claro… tu queridísimo Herculito puede que muera en una de sus luchas.

No… deja a Hercules… Él no tiene nada que ver.

Estas advertida cariño, una palabra de más y mato a los que más quieres. Sabes que soy capaz.

Dicho esto desapareció entre la multitud.

Meg estaba destrozada, lloraba a lágrima viva desconsolada…

¿Qué podía hacer? Estaba muy asustada ¿Como se había enterado de su embarazo? Casandra le advirtió que si la cosa se ponía fea, avisara a Hércules… pero si Adonis se enteraba… ¿Y si hacía daño a Hércules o a su bebé?

Estaba entre la espada y la pared. Intento respirar hondo y pensar claramente, algo no encajaba y tendría que averiguarlo. Decidió volver a casa y ser prudente.