Capitulo:4 El secuestro

A la mañana siguiente Meg despertó, no hacia mucho que Hércules se había ido. Estaba preparando el desayuno cuando llamaron a la puerta.

Fue a abrir y se encontró con un mensajero sudoroso y alterado-.

Perdone ¿Es esta la villa de Hércules?

Si, ¿Quién es?

Oh… disculpe mis modales. Soy Néstor, mensajero oficial enviado por el consejo de Rodas.

¿Rodas? – dijo Meg – eso esta cruzando el Mediterráneo.

Si, mi señora, es urgente. Tengo que avisar a Hércules.

Meg le hizo pasar y le ofreció agua. Llamó a Pegaso para que fuese a buscar a Hércules inmediatamente.

Al cabo de un rato Hércules regreso a la villa.

Meg ¿Estás ahí? ¿Todo va bien?

Sí Hércules, ha llegado un mensajero, parece que es urgente.

Señor Hércules ¡Tengo un mensaje para usted del consejo de Rodas! Solicitan que acuda urgentemente a la ciudad. ¡Ha pasado una cosa terrible!

¿Que es? – pregunto Meg extrañada

Sí – dijo Hércules - ¿Qué puede ser tan urgente?

El coloso de Rodas ha despertado.

¿El Titán de Piedra? ¿Cómo? Tu padre lo condeno a permanecer dormido, para toda la eternidad, ¿Cómo ha podido despertarse? - Pregunto Meg asustada.

No lo sabemos señora– dijo Néstor – estamos totalmente anonadados. El consejo dice que tiene que ser algo o alguien muy poderoso para poder haber despertado a un titán. Hasta ahora creíamos que solo Zeus podía hacerlo…

¡Oh no…!

¿Qué pasa Hércules? – Dijo Meg

Mis… mis padres están en una feria de ganado allí. La semana pasada me lo comentaron que viajarían a Rodas.

Inmediatamente Hércules preparo todas las cosas y llamó a Pegaso. Meg quería ir con el pero Hércules no la dejo.

Déjame ir contigó.

No Meg. Es muy peligroso. No quiero correr el riesgo de que te pase algo… No me lo perdonaría.

Pero… yo quiero estar contigo. ¡No soy una débil!

Meg no voy a discutir ahora. Nos iremos Néstor y yo a Rodas. Enviare a Casandra un mensaje para que te haga compañía.

Puedo hacerlo…

No Meg…es peligroso…

Diciendo esto beso a Meg. Y subió a Pegaso con Néstor, despegando hacia Rodas.

Meg estaba enfadada, era adulta y siempre había podido cuidar de ella misma. No era frágil. Pero también era verdad que estaba embarazada. Ahora tenía que pensar en alguien más, y no debía ponerlo en peligro.

Esa noche, pasada la medianoche, Meg estaba estirada en la cama.

Le costaba dormir, demasiadas cosas, de repente sintió que una mano le tapaba la boca, intento gritar pero no pudo. Noto como la sujetaban unos fuertes brazos y, de repente, un dolor seco en la cabeza… todo se volvió oscuro.

Despertó tumbada en un suelo frio y húmedo, cuando abrió los ojos vio que las paredes eran de piedra gris con manchas. Intentó moverse y escucho un tintineo: unos gruesos grilletes la sujetaban por los pies y muñecas, estaba atrapada en una celda.

Por los barrotes pudo ver que había una habitación contigua, oyó una conversación proveniente de allí, no pudo entenderla, pero por el tono supuso que su captor estaba muy alterado.

Apretó los dedos contra su sien, le dolía terriblemente la cabeza. No podía resignarse, tenía que encontrar una manera de salir de ahí… Intento incorporarse y de golpe le fallaron las fuerzas, empezó marearse por el dolor, contuvo como pudo las nauseas y las ganas de vomitar…

Volvió a incorporarse de nuevo aferrándose en la pared. Se sentía tan agotada que ni siquiera podía hacer acopio del miedo que sentía.

En ese momento Adonis llegó desde la habitación contigua. En sus ojos Meg podía ver un brillo inestable, era como si estuviera inmerso en una oscuridad que lo aprisionaba.

Por fin despertaste.- dijo abriendo la puerta de barrotes.

Se acerco y le ofreció un poco de agua.

Bebe esto.

A pesar del dolor Meg, se aparto apoyándose en la pared todo lo que pudo y miro la taza desconfiada.

Adonis parpadeo al ver su reacción, como si se sintiera ofendido por su falta de confianza.

Después de tantos años… ¿Desconfías de mí por de una taza?

Sí– dijo Meg

Adonis resoplo – Si quisiera hacerte algún daño, o envenenarte… Ya lo habría hecho. ¿No crees?

Bueno… teniendo en cuenta que estoy encadenada y me has traído tras darme un porrazo en la cabeza… Tengo motivos de dudar. – Dijo Meg con ironía.

¿Hubieras venido por las buenas? Yo creo que no. Anda bebe, es agua - Adonis le ofreció nuevamente la taza.

Meg, dubitativa, alargo la mano para coger la taza. Miro a Adonis y bebió un sorbo. Al ver que no pasaba nada continuó bebiendo…

Ves querida, no pasa nada. Tampoco no soy tan malo.

¿Y como le llamas a esto? – Pregunto Meg levantando una ceja.

Mientras estaba bebiendo Meg solo pensaba en como escapar, debía urdir algún plan de huida… Su mejor opción sería lograr que Adonis se confiara… ¿pero cómo?

Tendría que distraerlo de alguna manera, quizás podría encandilarlo… Si conseguía que bajara la guardia podría intentar salir de allí.

Casandra llamo un par de veces, pero nadie contestaba.

Que raro Hércules me dijo en la nota que Meg estaría en casa.

Volvió a llamar, nada…

Rodeó la casa a ver si la veía por las ventanas o en la parte de atrás. Al ver que la puerta trasera estaba medio abierta se introdujo dentro y volvió a llamar a Meg.

Meg… ¿Hola? Meg por favor contesta...

No hubo respuesta. Cuando llego a la sala se fijo en que todo estaba bastante desordenado, subió al piso superior y volvió a llamar… aún sin respuesta.

Llegó a la habitación que compartían Meg y Hércules y abrió la puerta lentamente, todo estaba patas arriba y en la almohada había rastros de sangre...Se le pusieron los pelos de punta.

Tengo que avisar a Hercules. Esto no me gusta… no me gusta nada.