Capitulo 5 El rescate

Tras una dura lucha Hércules, logro derrotar al coloso de Rodas. La batalla había sido larga y sus consecuencias aún persistían. Hércules se sentía extenuado, débil, demasiado cansado… algo no iba bien…

A su llegada a la posada le esperaba un mensajero de Atenas, tenía una nota de Casandra diciéndole que regresase con urgencia… No tenía tiempo para descansar. Partió directamente hacia Atenas, cada vez sintiéndose más agotado…

Llegó a la villa y desde lo alto ya pudo ver un trajín de gente. Al llegar se encontró con Casandra hablando con el oficial Chipacles

¿Qué ha pasado? ¿Dónde está Meg? – Pregunto Hércules angustiado

Hércules, Meg…

¡Hércules! Los problemas que me dabas en tus tiempos de adolescente… lamento que nos volvamos a ver en estas circunstancias.

A… agente Chipacles ¿Qué está pasando?

No te has enterado, por lo que veo – dijo el agente – creemos que ha habido un secuestro.

¿Un… secuestro?– Hércules se puso pálido – Tengo que entrar... ¿Dónde está Meg…?

Lo siento chico, pero no se puede pasar. Ahora es zona restringida policial, ni siendo un héroe puedes entrar. Podrías alterar las pruebas.

Pero es mi casa y mi mujer… mi prometida… dentro de poco nos casamos. Tengo que entrar aquí… ¡Tiene que entenderlo! – Dijo intentando entrar.

Lo siento Hércules. Las normas son las normas.

Pero…

Hércules, ven – Dijo Casandra agarrándolo por el brazo– Meg no esta en la casa.

¿Cómo? ¿Y donde esta?

Eso es lo que quería decirte. Tuve una visión y quería avisar a Meg… Pero era demasiado tarde y ya no estaba. Entonces te escribí la carta.

¿Qué es lo que viste Casandra?

Veía a Meg encerrada. En una prisión, atada con grilletes.

¿Una prisión? ¿Dónde? ¿Pudiste ver donde esta? –Pregunto cogiéndola de los hombros.

No…

La policía paso días analizando las pruebas pero no encontraron nada... Hércules buscó en cada prisión, calabozo y celda que podía encontrar, pero no había rastro de Meg… Y cada vez se encontraba más débil…

Pasó el tiempo, Hércules estaba viviendo temporalmente en casa de sus padres. No soportaba estar en la villa vacía sin Meg. Lo había intentado todo para encontrarla, pero no lograba dar con ella.

Alguien llamo a la puerta, era un hombre con un ojo tuerto y medio cojo.

Hola buena mujer,– le dijo a la madre de Hércules– ¿Vive por aquí un tal Hércules?

¿Quién es? – Pregunto Alcemena

Soy Astro, ha llegado a mis oídos que anda buscando a una chica. He venido a decirle que he visto a una muchacha que corresponde con la descripción.

Meg, ¿La ha encontrado?– dijo Alcemena con esperanza

Pero antes… ¿Puede este pobre hombre sentarse de este largo viaje? Necesito descansar.

Alcemena lo dejo pasar, le sirvió una taza de té con yerbas y algo para comer. Rápidamente fue a llamar a Hércules, quien llego con un rostro cansado…

Dígame… ¿Donde la ha visto? – Pregunto Hércules con nerviosismo

Ah, ah… mis servicios tienen un coste. – Hércules lo miro con recelo, pero le alargó una bolsa con monedas de oro.

Sí… esto es otra cosa.

¡Habla! – Ordeno Hércules, perdiendo la paciencia

La tienen encerrada en un calabozo, más allá de las montañas de la Cordillera del Pindo.

¿Viste quien era?

Era un tipo grande, con el pelo rubio, escuché que les chillaba a unos hombrecitos raros.

¿Qué hombrecitos? –pregunto Hércules

Discúlpeme. Este pobre viejo ya no ve como antes. Lo que si pude ver al acercarme fue a ese hombre junto a alguien que forcejeaba con una muchacha parecida a la que usted busca.

¿Me estás diciendo la verdad?– Dijo Hércules con los ojos medio cerrados.

Totalmente mi señor. Astor no mentiría en eso, no señor.

Bien. No hay tiempo que perder… gracias por la información, pese a tu avaricia podrías haberme ayudado a salvar a mi amada.

Después de despedir a Astor, Hércules se fue preparando para el largo camino que le esperaba. ¡Tenía que salir cuanto antes! ¡No podría permitirse llegar demasiado tarde! Solo de pensarlo se le encogía el corazón.

¡Hércules! – dijo su madre – Ves con cuidado hijo mío. No sabes que te deparan esos lugares, ni a quien puedes encontrar.

Tranquila madre. Iré con cuidado no te preocupes.

Alcemena acarició el rostro de su hijo y le dio un beso en la mejilla. – Buen viaje.

Además, pediré a Casandra que me ayude. ¡No temas! Volveré pronto.

Salió por la puerta hacia donde estaba Pegaso, hizo un salto para subir al lomo del animal y, mirando a su madre con una pequeña sonrisa, le dio un toque al animal alado, que se elevó hasta perderse en el cielo oscuro recubierto de estrellas, dejando tras de si una estela.

"Mientras en la mazmorra"

Señor, tenemos un problema…

Problema, ¿Qué problema? – dijo Adonis, sentado, tomándose una copa de vino.

Él… él se acerca…

Él, ¿Quien es el… estúpido?

Hercu…

¿Qué? ¿Cómo?, ¿Cómo supo…?– Se preguntó Adonis enfadado, cogiéndose con las manos su cabeza.

Creo que lo se… señor… – dijo el más delgado con temor– Se le ha visto recientemente con una vidente.

¿Una vidente?

Sí… – dijo el regordete – Por lo que sabemos es una amiga de Hércules. Iba con él al instituto.

Ah… ¡claro! ¿Por qué no se me paso por la cabeza? ¡Casandra!… ja ja ja – empezó a reír.

¿Le hace gracia señor? – preguntaron los dos seres sonriendo

No ¡Idiotas! – los dos seres se refugiaron debajo de una mesa – Me lo están poniendo fácil je je je. Solo tengo que hacer que mi amada Meg hable y me diga donde esta el paradero de Casandra.

¿Y para que quiere su para…? – Adonis le dio una patada y le mando volando por el pasillo.

Id a investigar y no volvas hasta que sepáis algo. Yo me encargare de todo. Creo que es hora de que tenga una seria conversación con mi prisionera.

Hércules y Casandra pasaron por pueblos y campos hasta a la Cordillera del Pindo. Al llegar a la zona que dijo el hombre vieron que era un pueblo medio abandonado. Casi todo estaba destruido y solo quedaban algunos aldeanos pobres que buscaban un lugar donde guarecerse.

Fueron preguntando a los lugareños de tenían noticias de un hombre acompañado de una mujer. Nadie parecía saber nada hasta que al final una persona les conto que escuchó mucho ruido una noche proveniente de una cabaña a lo alto de la colina.

Hércules y Casandra se dirigieron al lugar a investigar y se encontraron con una casa medio destruida.

Hércules entro con cuidado y comenzaron a revisar la casa. Parecía que alguien vivía allí, pero no encontraron a nadie. De repente, al entrar en una habitación, Hércules se quedo petrificado: Meg estaba tumbada sobre el suelo lleno de escombros, con las manos y pies atados con cadenas y los brazos manchados de sangre.

Saber que había sido tratada con tanta brutalidad le cegó de furia y culpabilidad. Tendría que haberla protegido. Tendría que haberla salvado antes…

Pero ya se encargaría de la persona que hizo esto. En aquel momento, lo único que le importaba era sacarla de aquel lugar y llevarla a la Villa para poder protegerla y cuidarla.

Rompió los grilletes, intentando no lastimarla, la tomo en sus brazos y la apretó suavemente contra su pecho mientras la sacaba de esa casa infernal.