Capitulo 10 La Huída
Al llegar a mitad del camino Hércules pudo escuchar voces. Alguien se dirigía hacia el río donde estaba la balsa de Caronte. Se escabulló entre las rocas y observo escondido a un par de personas que recorrían el camino.
¡Era Meg! Su primer impulso fue salir a por ella, pero se detuvo al ver que Adonis la sujetaba por la cintura. Empezó a sentir rabia… ¿Como osaba tocarla así?
Ten cuidado querida – dijo mientras subían a la barca de Caronte. - Pronto llegaremos a Tracia. Tengo una sorpresa para ti.
¡No! Tenía que rescatarla… ¿Por qué se la quería llevar a Tracia? ¿Qué hacia Adonis en el inframundo con Meg? Intentó levantarse, pero le fallaron las fuerzas… se sentía muy débil… sintió como su vista se nublaba mientras veía la barca de Caronte alejarse con las tres figuras…. No…
Despertó, no sabía cuánto tiempo había pasado, la barca de Caronte volvía estar en la orilla, vacía.
Se levantó con esfuerzo y llegó a la barca…
- ¿Dónde están? Le pregunto a Caronte.
- ¿La parejita? Hace tiempo que están en la otra orilla. Supongo que querrás seguirles
- Sí… por favor.
Caronte no dijo nada y le llevó a la otra orilla. Hércules encontró allí a Pegaso, que le saludó con un relincho familiar, no había rastro de Meg…
Pero en cuanto subió a Pegaso este despegó raudo, sin mediar palabra, el animal sabía dónde tenía que ir. Fue directamente mar adentro, y tras unas horas de vuelo Hércules vio a lo lejos un barco, un barco de la armada real de Tracia. Comenzaron a seguirlo desde la lejanía.
Pasaron toda la noche volando, una noche con el cielo claro, repleto de estrellas, con la luna reflejándose en el mar.
Poco antes del amanecer Hércules pudo ver como el barco se dirigía hacia el puerto donde los guardias estaban esperando la llegada de su señor. Hércules vio un lugar discreto para descender sin que los viera nadie. Y se escabullo por el puerto hasta esconderse dentro de un carro que contenía paja. Allí pudo observar como Meg y Adonis recorrían el camino hasta un carruaje rodeado de guardias. Adonis tenía una sonrisa de oreja a oreja mientras Meg estaba totalmente callada con la vista en el suelo.
Por lo que oía en las conversaciones del puerto Adonis había montado una fiesta privada. Se esperaba que mucha gente de alta cuna fuera a palacio esa noche. Para liberarla tendría entrar en palacio, pero con sus disminuidas fuerzas no sería capaz de luchar contra todos los guardias. Era necesario pasar desapercibido…
De repente la respuesta pasó por delante de él: Un hombre con una vestimenta oriental, con una gran chilaba y gran capucha de color negro y bordados dorados, la cara del hombre estaba tapada por un oscuro manto. Pidiendo perdón a los dioses Hércules lo agarró, metiéndolo dentro del carro de paja, y le golpeo la cabeza dejándolo inconsciente.
Al anochecer, vestido con las ropas del hombre, Hércules se dirigió a palacio.
Al llegar a la puerta vio que los guardias estaban pidiendo identificación, eso podría ser un problema, respiro hondo y avanzó con paso decidido.
¡Disculpe! Identificación – dijo unos de los guardias
¡Ah! Buenas noches caballeros. Perdóneme por mi despiste. Je je Soy… Amîr, príncipe de Arabia.
Hum… No está en la lista.
Hércules se tenso un poco.
Está claro que si el príncipe Adonis supiera que estoy aquí no habríais cometido este error. Conoce a mi padre, el sultán.
¿Que es lo que pasa Acteón? Dijo Adonis apareciendo desde detrás - Oh señor. Este caballero dice que usted conoce a su padre… Es de Arabia, es el príncipe Amîr… Arabia… ¡ah! ¿El hijo del sultán Osmanlí? ¡Pues claro que si idiotas! ¡Dejadle pasar! Cuanto lo lamento señor Amîr!No se preocupe – Dijo Hércules
Venga. Le enseñarle el palacio, y después me gustaría presentarle a una bella mujer... – Dijo Adonis cogiéndole del hombro
Oh… Sería un verdadero placer
Después de enseñarle el palacio y los jardines llegaron al gran salón donde había gente hablando y riendo tranquilamente mientras bebían.
Y ahora le presento a mi queridísima Megara.
Hércules se tenso, pero inmediatamente cogió la mano de Meg y la beso.
Es un placer conocerla, mi bella dama.
¡Oh! El placer es todo mío caballero. – dijo sonriendo – Siempre he tenido curiosidad por sus tierras, esos turbantes son fascinantes.
JAJAJA, Megara! Perdónela. A veces es tan indiscreta. – dijo Adonis cogiéndola de la cintura. Hércules frunció el ceño.
Oh no pasa nada. Es comprensible al ser de culturas tan diferentes. Sería un honor poderle explicar la vida en mi país. – dijo Hércules cogiéndole de la mano.
Sería un verdadero placer. – Meg se fue alejando, mirándolo fijamente.
Ven, Amîr, te presentare a los invitados. – Dijo Adonis
Después de ser presentado a decenas de nobles, y tras verse atrapado en varias charlas intrascendentales, Hércules pudo retirarse disimuladamente en búsqueda de Meg.
Notó que una mano le toco el brazo, Hércules fue a girarse cuando oyó una voz familiar.
No te gires fortachón, disimula. – Hércules se quedo estático
¿Cómo supiste que era yo?
Hércules, te conozco perfectamente. – dijo Meg – Cuando te diga sígueme.
Vale, pero esto está lleno de guardias… ¿Como los despistaremos?
Tu tranquilo fortachón. Déjame a mí. – dijo Meg con una sonrisa
Mientras salían del palacio, se acerco a uno de los guardias. Hércules pudo ver cómo le decía algo al oído, y el guardia les dejo pasar.
Meg volvió a donde estaba Hércules.
¿Que le dijiste?
A un guardia siempre lo puedes sobornar.– Dijo riéndose
Después de salir del palacio Hércules silbo, al poco rato apareció el caballo alado. Cuando Pegaso aterrizó empezó cocear y resoplar.
Vamos chico… ¿Que te ocurre? Estate quieto. Tenemos que salir de este sitio. – Dijo Hércules con impaciencia.
Pegaso hizo caso con mala gana. Hércules subió y ayudo que Meg se pusiera detrás, después se elevo.
No habían pasado muchas horas de vuelo cuando Meg se acurrucó en el hombro de Hércules.
Hércules cariño. Estoy muy cansada, no seria mejor parar en algún sitio y descansar.
Pegaso relinchó con fuerza.
Si cariño, tienes razón. Yo tampoco creo que pueda aguantar todo el día de vuelo. Mira allí abajo hay una posada. Podemos descansar esta noche, pero mañana tendríamos que salir temprano. A de mas me tienes que contarlo todo. – Dijo Hércules un poco molesto.
Después de aterrizar, entraron en el mesón. Un hombre regordete estaba medio dormido en su asiento.
Eh… perdone, hola… disculpe.
¿Eeeh, que pasa… que hora es?– dijo el Hombre medio dormido.
Siento despertarle, señor. Venimos de hacer un largo recorrido, y buscamos un sitio para pasar la noche, ¿Tendría alguna habitación disponible?
Oh, disculpé caballero – dijo el posadero avergonzado– si, si tenga señor la XI.
Después de recoger las llaves, se dirigieron a la habitación. Era habitación pequeña pero acogedora, con una cama de madera en el centro.
Meg se tumbo en la cama y Hércules se tumbo a su lado, estaban agotados. Hércules empezó a sentir que le dolía el brazo y notó como Meg lo miraba preocupada.
¿Estas bien fortachón?
Si, tranquila cariño, todo ira bien– Dijo apartándole un mechón de pelo rizado de la cara. Ella le respondió con una sonrisa.
En ese momento Meg, con mirada seductora fue acercándose poco a poco a Hércules y le dio un pequeño beso en los labios. Hércules, al sentir el contacto de sus labios, la acercó más a él poniéndosela encima suyo. Meg, con cuidado, sin tocarle la herida, fue acariciándole. Quería sentirlo y notar su cuerpo. Hércules contesto a sus abrazos y también empezó acariciar su pelo, la nuca su espalda.
Meg le dejo de besar y lo miro– ¿Quieres tomar algo fortachón?
¿Ahora?- Hércules contestó con fastidio– bueno, un poco de vino sí que tomaría. Pero luego ven para aquí.
jajaja, Ay, fortachón... como eres. – Diciendo esto Meg se retiro de encima de Hércules dándole un pequeño beso en la nariz. Se acerco a una mesita que estaba al otro lado de la habitación, donde había una jarra. Lleno los vasos y se dirigió a la cama. Le entrego el vaso a Hércules, que se lo bebió de un trago.
Meg se tumbo a su lado abrazándolo, Hércules empezó a besarla y noto como Meg le correspondía dándole pequeños mordiscos en la oreja y en el cuello…
Te he echado tanto de menos – Dijo Meg sin parar su recorrido
Sí…– En ese momento Hércules empezó a sentir mucho sueño, no quería dormirse, pero el cansancio podía mas, poco a poco la oscuridad lo empezó a envolverlo. Solo escuchaba la voz de Meg, una voz lejana como un susurro…
Dulces sueños, Hércules…
Espero que os este gustando mucha intriga eeh jeje :P
