Capítulo 11 La Revelación

Sentía un dolor muy agudo en la cabeza, intento abrir los ojos pero no pudo. Lo volvió a intentar y, poco a poco, los parpados subieron y la imagen se volvió más nítida. Estaba en una habitación oscura y muy húmeda.

Sintió un dolor terrible en el hombro, cada vez tenía el brazo peor. Podía ver como la negrura le invadía todo el brazo. Intento mover el brazo, pero algo se lo impedía: tenía los brazos cogidos con unos fuertes grilletes que lo ataban a la pared por pesadas cadenas. Intento zafarse en vano, tenía las cuatro extremidades bien amarradas.

¿Qué había pasado? ¿Dónde estaba? Lo último que recordaba haber rescatado a Meg de aquel príncipe engreído… la huída… y luego volaron con Pegasus hacia una posada… pero…, y Meg? Oyó unos pasos acercándose y una puerta se abrió ante él, pudo ver una silueta delgada que se iba acercando según se adentraba en la luz. Hércules pudo ver que esa figura era Meg.

Dioses… ¡Estas bien! – Dijo relajado – pensaba que… – en ese momento se detuvo al ver que Meg se iba acercó y le cogió su rostro.

¿Dormiste bien fortachón? – Dijo con una sonrisa

Meg, ¿Que está pasando...?

Meg retrocedió lentamente sin apartar la mirada de la suya. Un humo negro rodeo a la muchacha… de repente salió del humo una mujer con una túnica larga y el pelo largo.

Pero… que, ¿Quién eres? ¿Dónde está Meg?

Por respuesta la mujer sonrió de forma sensual y juguetona, se acerco, y le dio un beso. Hércules se aparto con rabia.

Hice bien en ponerte estas cadenas. ¿no crees? Veras… son cadenas forjadas por Hefesto… Por si las moscas… jajaja. – Dijo acariciándole el rostro.

¿Qué has hecho con Meg? La mujer lo miro y le dio la espalda provocativamente.

¿Meg? Pensaba que solo te interesaba yo, tan bien que lo pasamos – Dijo poniendo morritos.

¡Déjate de tonterías bruja! Dime donde esta, si no lo lamentaras…

Ja ja ja ¿En serio fortachón? Querido, con esa herida no podrás hacer nada… estas débil.

Déjate de sermones y dímelo– dijo Hércules estirando las cadenas.

La mujer lo miro y se fue acercando.

Veras, tu preciosa Megara no se encuentra aquí y temo que nunca podrás recuperarla. – La mujer empezó a reírse

¿Qué?

En ese Momento entro la persona que menos desearía ver.

¡Tu! – forcejeo, haciendo que las cadenas tintineasen.

¿Te sorprende verme Herculito? ¡Vaya plan! ¿Creías que no sabríamos que nos habías seguido desde el inframundo? ja ja ja.

Adonis cuando salga de esto te matare con mis propias manos.

Ahí te equivocas, tontules, cuando salgas ya estarás muerto. Y yo seré rey y el más poderoso de toda Grecia...

Ja ja ja, no me digas, ¿tu solo? – Dijo Hércules con ironía.

Adonis lo miro y una pequeña sonrisa se le formo en el rostro.

No, la verdad. Tener un dios a favor tuyo tiene sus virtudes.

Dios, ¿Que dios?

Ja ja ja, Hades por supuesto… –Dijo Adonis

¿Hades? Pero si lo encerré para…

En eso te equivocas tontules. Les hiciste creer que un héroe les había salvado derrotando al señor de los muertos, pero no es cierto, solo estaba atrapado… incapaz de salir de allí físicamente… pero aún tenía poder para poder comunicarse cerca del Inframundo…

Justo donde me encontraba yo a causa de un pequeño desliz… da lo mismo, la cosa es que Hades te odiaba a muerte… pero te necesitaba para poder salir de allí. Necesitaba alguien que le ayudara, así que le ofrecí un trato que no podía rechazar. ¿Sabes cuál era? Eras tú. A cambio tendría a mi queridísima Megara… ¡y la fuerza de un héroe!

Así que trazamos un plan para destruirte poco a poco… Todo fue un montaje para atraer tu atención ¿Quién crees que despertó al coloso de Rodas? YO, ayudado por la encantadora Medea a aquí presente. Ella conjuró el veneno que impregnaba la lanza del titán, un veneno letal, que va absorbiéndote las fuerzas y causando una agonía cada vez más atroz, hasta la liberación de la muerte

No es cierto…¿Cómo podrías sacar a un dios de las aguas del inframundo…? Para eso… – Hércules paro de golpe

¡Efectivamente! No escuchas atentamente, ¿verdad? El conjuro del veneno va minando tus fuerzas y me las transfiere a mí. ¡Ahora tengo el poder de un héroe! Un poco más y será suficiente para poder liberar a Hades.

No… no puedes hacer esto ¿y Meg?

Claro que puedo, señor importante. Por fin llegara tu fin y tus días de héroe se abran terminado. Pero tranquilo, tendrán a un héroe mucho mejor… - sonrió.

¿Y crees que Hades se quedara con brazos cruzados?

Adonis lo miro fijamente.

Hice un trato con él. Me lo debe por sacar su cuerpo de ese infierno. Pronto… cuando consiga toda tu fuerza podre liberarlo.

¡Sigue soñando Adonis! No conoces a Hades. Es pura maldad. Sus tratos son mentira. Te usara hasta que pueda salir y cuando lo haga se deshará de ti como un insecto.

¿Qué pretendes Hércules? ¿que cambie de opinión? ¿Que te de a tu bella amada? Ja ja ja, no Hércules. Meg será mía. Tengo un compromiso firmado por su padre. Ella se casaría conmigo y ese contrato no se puede romper.

¿Y Helena? Crees que dejara que la utilices como un perro – Dijo Hércules

Helena no vivirá mucho para verlo ja ja ja.

Desgraciado. Meg nunca querrá hacer eso. ¡NUNCA!

Siempre se pueden usar métodos de persuasión Hércules… además – Dijo mirando a Hércules y le cogió la mandíbula con fuerza para que lo mirase –Cuando nazca ese bastardo que está esperando me encargare de él… lo educare como si fuera su padre y será una verdadera arma de destrucción ja ja ja.

¿De que estás hablando? – dijo Hércules dubitativo.

Es que... ¿no lo sabes…? ¿Meg no te lo ha contado? Vaya esto sí que es impresionante– Dijo con pura maldad– Veras tu queridísima Meg esta… embarazada.

Hércules se quedo de piedra ¿Meg embarazada? ¿Y no le había dicho nada?

¿Te lo tenía bien oculto no? Jajajaja.

Ella nunca me escondería algo así… ella no podría…

¿Tú crees viejo amigo?– Dijo Adonis poniendo énfasis en las palabras – Me parece que tu querida Meg es… un espíritu libre mmm, espíritu libre ja ja ja que bueno. Soy genial, ¿no es así? ja ja ja.

Hércules lo miro con seriedad.

En fin, tengo que irme. Mi querida me espera. Que te vaya bien Hércules… pero ¡no tardes mucho en morir! El tiempo es oro… ¡oro! Ja ja ja Otro chiste genial, vamos querida – Decía esto mientras agarro a Medea por la cintura

Diciendo esto se fueron cerrando la puerta tras de sí, dejando a un Hércules confuso y aturdido – ¿Por qué Meg…?

Holaaaa, siento la tardanza estoy un poco liadilla espero poder continuar con la historia, tranquilos no os dejare con la intriga :P

Un abrazo.