Capitulo: 17 Las Montañas Sagradas

Después de duras jornadas de viaje sin descanso, los caminantes pasaron por un bosque frondoso donde apenas se filtraba la luz del sol.

Llegaron por un estrecho camino hasta un lugar donde encontraron dos imponentes rocas, una en cada lado, como un las piedras estaban grabados rostros de personas con cara de sufrimiento, como gritando en eterna agonía, un escalofrío recorrió a los presentes.

– Estas rocas fueron colocadas para dar temor a los viajeros desorientados o a los ladrones que intentaran entrar – Dijo Chipacles mirando los monumentos.

Siguieron andando por el sendero dejando atrás las dos rocas con rostros humanos. Mientras caminaban por el camino podían ver como las sombras de los arboles, largas y finas, iban haciendo figuras en el suelo empedrado. El bosque era árido, se veía poca vegetación aparte de los gigantescos árboles. Parecía que la mayoría del pasto eran solo cenizas.

Tras varias horas vieron como el sol enrojecido se estaba poniendo detrás de la loma a sus espaldas, la noche estaba cayendo, por lo que decidieron que era mejor buscar un lugar para guarecerse. Encontraron una pequeña cueva cuando las estrellas ya estaban asomando por el firmamento.

Esa noche nadie hablaba, solo se escuchaba el viento del oeste suspirar en las ramas y los murmullos entre las hojas.

En el centro de la cueva hicieron una gran hoguera. Casandra miraba embelesada las llamas como si fueran figuras bailando en la noche.

– Mañana al alba partiremos. Si seguimos por este sendero llegaremos a las montañas sagradas mucho antes de que anochezca. Hay que prepararse, estos caminos son peligrosos… y no lo digo por los bandidos, eso es lo que menos me preocupa. – Dijo Athan

– Pensé que sería mejor de noche por si el dragón…

– No tienes ni idea de dragones, ¿eh? Los dragones son invencibles. Tienen una vista muy desarrollada y el olfato es increíblemente sensible, seriamos un blanco perfecto para él.

Casandra lo miro atenta – Veo que conoces estos lugares y que sabes de dragones...

Athan no respondió inmediatamente.

– Sí… lo conozco perfectamente. Y para una chica como tú estos lugares son muy peligrosos.

– ¿Crees que no puedo valerme por mi misma? – Casandra lo miro con enfado.

– Pienso que tienes valor y mucha fuerza de voluntad para hacer lo que estás haciendo por un amigo. – Diciendo esto Athan se fue a descansar.

Casandra se quedo mirando el fuego. Un pequeño rubor le salió por las mejillas, inmediatamente sacudió la cabeza y se tumbo, tapándose con una de las pieles.

A la mañana siguiente, antes de que el sol saliera por el horizonte, Casandra vio a Phil preparando a Pegasus y colocándole unas bolsas con provisiones. Luego, al girarse vio, a Chipacles dando instrucciones a sus guardias, pero no vio a Athan por ningún lado.

La jornada trascurrió placida, no hubo ningún percance mientras caminaban por senderos estrechos montaña arriba.

– Esto está demasiado tranquilo – Dijo Phil medio jadeando por la subida.

– Que pasa Phil ¿Te dan miedo las alturas? – Dijo Casandra con una sonrisa.

Al llegar a la cima de la gran montaña vieron un valle que se adentraba en la montaña, el cráter contenía un gran bosque y, al fondo, se divisaba una torre de un color negruzco.

Ascendieron hasta llegar al gran valle por caminos rocosos y muy estrechos. En su camino pasaron por lo que antes era una aldea llena de vida y belleza, pero que ahora solo era un testamento de aquellos años: todo estaba destruido y desolado.

Al final del camino, detrás de esa maleza y desolación, se toparon con un gran palacio medio destruido. Al acercarse más vieron una gran puerta de hierro, con palabras en un idioma que no sabían entender. De repente las puertas se abrieron de par en par haciendo un chirrido infernal.

Todos se tensaron, quietos, observando con las armas preparadas por si se avecinaba una emboscada.

– Creo que hay alguien que nos estaba esperando, ¿no? – Dijo Chipacles con la espada en la mano.

Entraron con mucho cuidado, mirando a todas direcciones, todo estaba destruido… solo algunas estatuas se mantenían de pie.

Conforme se adentraban en la fortaleza la oscuridad les rodeaba, solo una pequeña luz que se filtraba desde el techo enfocando al medio de una plataforma. Vieron unas grandes cadenas que salían del techo sujetando por las muñecas a un hombre, que estaba de rodillas.

Casandra se acercó en la figura y se quedo sin aire al ver quien era…

– Por los dioses… ¡es Hércules!– Casandra intento ir hacia su amigo pero una mano la detuvo. – ¿Pero qué?

– Esto no me gusta…

– ¿A qué te refieres Athan? – Pregunto Casandra con una voz susurrante.

– Es una trampa, estaban esperándonos…

Todos miraron en todas direcciones, solo se escuchaba el viento de fuera.

– Me parece, amigo, que el sol te ha trastornado… - Dijo Phil

En ese momento oyeron un ruido sobre ellos, unas rocas desprendieron del techo cayendo precipitadamente hacia ellos. Todos se apartaron de un salto, esquivando la andanada mortal.

– Eso estuvo demasiado cerca – Dijo Chipacles

De repente una sombra enorme surgió, tapando la luz que quedaba en el interior, sumiéndoles a todos en las tinieblas

– ¡AL SUELOOOO!

Una bola de fuego surgió de la nada, aterrizando en una de las paredes y destruyéndola. Se escucharon gritos de dolor, Casandra pudo ver como Chipacles organizaba a sus hombres.

– Estad atentos no os disperséis.

Casandra miro a Athan – Hay… hay algo ahí arriba en la cúpula del edificio.

En ese momento se escucho un aleteo, Athan cogió a Casandra para llevársela a un lado mas seguro de la sala.

La parte superior del edificio se abrió y por el hueco surgió un dragón. Tenía ojos amarillos con pupilas rasgadas, una piel escamosa de un color verdoso oscuro con púas y unas alas fuertes y grandes. El dragón aterrizo en medio de la sala dando golpes con su fuerte cola.

Casandra vio como el dragón atacaba mientras los guardias se enfrentaban a la criatura, pero era inútil, ni las lanzas que tiraban, ni las espadas podían atravesar las gruesas escamas del animal.

– ¡Apuntad al pecho! Recordad que es la zona más sensible, la del corazón. no en el lomo o en la cabeza. Este mismísimo hijo de Equidna… tiene la piel dura – Chillaba Chipacles a sus hombres.

Casandra se escondió detrás de un pilar, pensando como poder distraer al dragón para sacar a Hércules de sus cadenas. En ese momento vio a Pegasus volando de un lado al otro en la sala… tuvo una idea.

– ¡Athan! Hay que despistar al dragón, montare encima de Pegasus y atraeré su atención, con suerte podre llevármelo fuera del palacio tiempo suficiente para que podáis sacar a Hércules.

– No pienso dejarte sola con ese monstruo – Dijo Athan esquivando una bola de fuego que iba hacia él.

– Pero es la única manera para poder sacar a Hércules de ahí.

Athan miro a Casandra – Prefiero correr yo el riesgo.

– Pero…

– Casandra, salva tu amigo yo distraeré al dragón montando el caballo alado.

Athan se le acerco y le dio un beso en los labios, para Casandra había sido una eternidad, luego la magia desapareció y vio como Athan silbaba a Pegasus para que descendiera. Casandra estaba paralizada, no sabía que decirle.

- Ahora Casandra…. ¡Corre!

Casandra sacudió la cabeza, Pegaso estaba revoloteando alrededor del dragón mientras Athan golpeaba con su escudo con la espada. ¡Parecía estar funcionando! El dragón se estaba concentrando en él.

Casandra se acerco rápidamente al centro de la sala, esquivando el fuego y las piedras que aún caían, hasta llegar a la tarima donde se encontraba Hércules.

– Hércules… Hércules abre los ojos. – Pero Hércules no respondió. Le puso los dedos para verle el pulso, lo tenía muy débil.

Casandra intento despertarlo, pero era inútil. Fue a tirar de las cadenas. Pero al tocarlas una luz cegadora surgió en toda la sala. De repente se hizo el silencio y la oscuridad…

En Tracia…

Adonis estaba en el gran salón, sentado en su gran trono tomando una copa de vino. Pensaba en como de bien estaban yendo las cosa… un ruido lo saco de sus pensamientos.

La gran puerta de la sala del trono se había abierto de par en par con un gran golpe. Los dos guardias que la vigilaban salieron volando y aterrizaron enfrente de Adonis, inconscientes.

– ¿Pero qué?

Un figura apareció entre el humo.

– Vaya, vaya veo que no te va nada mal… ¿Verdad Adonis?

– ¿Quien… quien eres?

– ¿No me reconoces Adonis?– En ese momento la silueta se teletransporto y apareció en frente de Adonis.

– ¿Ha… Hades?

– El mismo.

– Que sorpresa– Dijo Adonis con una sonrisa forzada

– Si ¿verdad? He pensado de pasarme por aquí y ver cómo iban las cosas con… Meg.

– ¿Meg? Oh está bien… ella ahora está arriba… no quiere bajar esta… un poco molesta... Pero ya se le pasara jeje. – Dijo Adonis quitándole importancia.

– Ya veo…– Dijo Hades mirando la sala inspiro profundamente– Que bueno es estar otra vez vivo…. Bueno, una forma de hablar claro, soy un dios… Tu ya me entiendes – Hades empezó a reírse de su propio chiste.

– Si… claro. Todo está como lo ordenó señor.

– Si… salvo una pequeña cosita de nada, algo muy significante – Dijo Hades poniendo un dedo en el mentón.

– ¿Hay algún problema señor?

– Si… Tú.

– Pe…pero señor… Hice todo lo que usted me dijo y además el contrato…

– Adonis, Adonis… ¡ese contrato no vale ni el papel en el que fue redactado!

– Pero… el padre de Meg?

– Si, si… pero el contrató solo seria valido si el padre estuviera vivo. Como está muerto ya no se cumplen las clausulas, ergo, no es válido. – Dijo Hades cogiendo un racimo de uva.

– Pero… yo creía que era irrompible yo…

– Adonis… has sido un fiel lacayo, pero…

– Se… señor se lo ruego. ¡No puede hacerme eso! ¡No quiero volver! ¡Déjame vivir! ¡Teníamos un trato! ¡Hare lo que sea por favor! – Dijo Adonis arrodillándose en el suelo suplicándole.

– Solo quiero a una persona… Meg.

– ¿Meg? – Dijo Adonis extrañado

– Sabes Adonis... Si no fueras tan necio servirías de algo más, pero no es así. ¡Quiero terminar lo que una vez empezó, pero esta vez seré menos piadoso y podre llevar a cabo mi venganza! Ahora... ¿Donde está Meg?

– Meg no te servirá de nada, ella…

Hades lo agarro del cuello – Dime… donde... esta...

– En… el piso superior la primera puerta a la derecha.

Hades y Adonis desaparecieron.

Meg estaba en su habitación mirando por la ventana... pensando que ojalá hubiera algún milagro y pudiera salir de este infierno.

– Vaya… nena estas bellísima

Meg dio la vuelta y vio al ser que menos quería ver en este mundo.

– TÚ… ¿COMO HAS…? – Meg se aparto de la ventana

– Si, nena... Soy un dios nuevo gracias al fortachón.

– Eres un ser despreciable, lárgate de aquí Hades – Dijo Meg con furia.

– Menudo recibimiento ¿no creéis?

En ese momento aparecieron Pena y Pánico detrás de Meg y le sujetaron las muñecas con unas cuerdas. Meg intentó zafarse pero Hades la detuvo cogiéndola de la cintura con una mano de humo.

– ¡Suéltame! ¿Que quieres de mi…?

– Oh… solo una cosita que está en tu interior.

Diciendo esto desapareció con Meg y Adonis dejando tras de si una estela de humo.

UAAA bueno decimoséptimo capítulo terminado, espero que lo disfrutéis. Ya me diréis lo que os ha parecido.

Hasta el próximo capitulo bye :P