Capitulo 21: Áqaba

Intentó abrir los párpados pero estos le pesaban... lo intento una vez más, pudo entreabrir los ojos y la imagen, al principio borrosa, se fue haciendo más nítida. Vio que se encontraba estirada en lo que parecía una cama echa de pieles de cordero. La habitación no era grande, estaba decorada con muchos objetos objetos curiosos de extraña procedencia. Los mosaicos en las paredes eran diferentes a los de su casa y las letras que estaban escritas en los tapices eran griegas... parecían árabes... ¿Dónde estaba?

Intento levantarse, al hacerlo y poner los pies en el suelo se fijo que este era de piel de animal. Todo era muy colorido, con telas de seda preciosa.

En ese momento se apartaron unas telas rojas que separaban las estancia y de ellas surgió Casandra. Meg se tranquilizo.

– ¡Casandra!

– Buenos días Meg ¿Descansaste bien?

– Casandra… ¿Pero que ha pasado? ¿Donde estoy? ¿Y Hércules?

Casandra se acerco a Meg y se sentó a su lado.

– Estamos en Áqaba, muy lejos de Grecia, al otro lado del mundo.

Meg miro a su amiga con una interrogación

– ¿Y Hércules?

- Hércules no vino con nosotras. Me ordeno que te llevara lejos para que estuvieras a salvo. Creemos que en este sitio perdido, en los confines del mundo, Hades no puede encontrarte.

– Eso seguro – Dijo Meg con ironía– ¿Pero que es este lugar? ¿Como lo conociste?

En ese momento una mujer entro por las cortinas. Llevaba una túnica blanca en cabeza y un velo amarillo ocultaba su rostro. Solo podían distinguirse sus ojos, que parecían hechos de la misma arena del desierto con un color dorado.

- Veo que te has despertado. Casandra me ha contado muchas cosas de ti... y de tu marido, un semidiós….

Meg asintió con la cabeza, pero sin apartar la mirada de esos ojos que la hechizaban.

– ¿Que es este lugar?– Pregunto Meg

– Este lugar es un lugar sagrado Meg. Aquí vienen todas las profetizas del mundo a encontrar la paz interior, descubrirse a si mismas y aprender a escuchar lo que nos rodea.

– ¿Y usted vino aquí con Casandra? – Dijo mirando a su amiga.

– No, ella vino a mi. Soy una de las madres Áisha. Enseño a mis alumnas a encontrar la paz y el saber. De esa manera son capaces de controlar el don tan grande que poseen.

– Pero yo no soy profetiza... Si es un lugar sagrado para vosotras no debería estar aquí…

– Querida. Este lugar es sagrado. Pero todas nosotras sabemos que tú tienes algo muy especial que busca el señor de los muertos en tu interior. Ordené a Casandra que te trajera aquí, donde estarás bajo nuestra protección. Mientras estés aquí serás tratada como una más.

Meg se miro las mano algo inquieta.

– Pero… Hércules necesita ayuda! Él esta muy débil... Tengo que ayudarlo. No puedo dejarlo solo y si… AAAAAH

De repente Meg notó un dolor muy fuerte en el vientre.

– ¡Meg que pasa!

– Túmbala Casandra – Dijo Aisha

– ¿Qué me esta pasando?– Preguntó Meg con angustia

– Estas teniendo contracciones. Tienes que descansar. Sino corres el peligro de perder a tu hijo. – Afirmo Aisha

– ¿Que…? No puede ser... Tan solo estoy de cuatro meses … – Dijo Meg

– Tienes que reposar y estar relajada. Por lo menos durante un par de días... Y no hacer esfuerzos. Iré a buscarte una infusión que te mantendrá relajada y te aliviara estos dolores.

Aisha abandonó la habitación. Meg fue respirando poco a poco y cogió la mano de Casandra, que seguía a su lado con cara de preocupación.

– ¡Que daría porque Hércules estuviera aquí conmigo!

– Meg tienes que relajarte, ya escuchaste vale… ahora solo tienes que descansar.– Dijo Casandra

Meg suspiro y al cabo de un rato volvió a mirar a su amiga.

– Tu sabes algo mas que no me has contado ¿Verdad?

Casandra la miro – Meg no se nada mas. Solo sé que Hades sigue acumulando poder... Las últimas noticias son que se sigue librando la batalla pero… no hay noticias de Hércules.

Meg cogió aire y cerro los ojos – ¿Y si Hades nos encuentra Casandra? ¿Y si me encuentra y me quita a mi hijo?

– Meg, este lugar es sagrado. Hades no podrá encontrarte aquí. Intenta descansar ¿vale? Voy a ver si llega Aisha con la infusión.

– Pero… ¿Y si no fuera así? – Dijo Meg agarrándola del brazo.

– Meg, no puede…– Diciendo eso dio un abrazo a su amiga para confortarla.

Meg acabó por caer rendida en la cama. Casandra se quedó un rato para comprobar que Meg estuviera bien y se dirigió fuera de la habitación sin despertarla, donde vio a Aisha esperando.

– Se quedó dormida.

Aisha asintió y las dos se dirigieron a sentarse no muy lejos de donde se encontraba Meg.

– Meg esta preocupada Aisha – Dijo Casandra rompiendo el silencio – Tiene miedo de que Hades la encuentre para llevarse a su hijo.

Aisha miro a su amiga y luego sus manos.

– Casandra, Hades tiene más poder que nunca, y hará todo lo posible para encontrar a este niño en cualquier parte del mundo... pero ya sabes lo que pasaría si Hades cría a ese niño. La destrucción que conllevaría. No podemos permitirlo... Hades esta ganando esta guerra, se están sufriendo muchas bajas en nuestro bando, pero esto no es nada comparado con el terror que podría venir de la mano de hijo de Hércules.

– Pero no puede entrar en este lugar... es sagrado... tu misma me lo dijiste.– Dijo Casandra con los ojos bien abiertos.

– Lo es, pero Hades cada vez tiene más poder y centenares de criaturas a su disposición... No hay ningún sitio inexpugnable...

– ¿Entonces? – dijo Casandra

– Casandra... cuando llegué el momento, tú y Meg os iréis a lo alto de la montaña, para que puede tener a la criatura y os marchareis. – Dijo Aisha cogiendo las manos de su amiga.

– Pero ¿Y si Hades se entera?

– Casandra hay que intentarlo. Encontraremos la forma para que Hades no pueda llevarse a la criatura... de un modo u otro...

– ¿Que voy a decirle a Meg…? Tiene una carga demasiado pesada en los hombros. ¿Y si todo lo que esta haciendo es inútil? – Casandra estaba sumida en un mar de lágrimas

– Casandra, no te desanimes. Encontraremos la forma… Pero no le digas nada Meg. Esta débil, necesita reposo y descanso.

Pasaron los días…

Muchos pueblos fueron destruidos por la gran batalla. Mas allá del este Hades avanzaba con su ejercito de criaturas. Las ciudades que dejaban atrás eran mudos testigos de su crueldad, casas quemadas hasta los cimientos... cosechas destruidas... ningún superviviente...

Mientras Hércules estaba reunido con su lugarteniente Athan.

– Hércules, nos informan que el ejercito de Hades se dirige hacia Roma.

– Entonces debo ir a Roma. – dijo Hércules con pesadez en la voz, llevaba días si descansar.

– Pero Hércules, no aceptaran la palabra de un Griego. Ya sabes como son los Romanos, son hostiles hacia nosotros. – Dijo Athan

– Pero hay que intentarlo Athan, pediré audiencia con Cesar.

Roma, dos días después.

Un hombre rechoncho se acerco a Cesar – Ave Cesar, el llamado Hércules esta aquí, mi señor, pide urgentemente hablar con usted.

– ¿Hércules? – Dijo Cesar dejando de mirar el papeleo que tenia encima de su gran mesa de mármol.

– Si mi señor, viene de Grecia, insiste en hablar con usted.

Cesar miro a su esclavo.

– Muy bien déjale pasar.

– Pero… señor.

– Ya me oíste Titus. – dijo Cesar severamente

– Si… señor.

El hombrecillo se dirigió la entrada de palacio donde esperaban Hércules y sus hombres de confianza.

– Cesar concede audiencia al llamado Hércules... solo. El resto tendréis que esperar fuera.

Hércules miro al hombre regordete con una ceja levantada.

– Mis hombres viene conmigo. Lo que hemos de hablar con Cesar nos involucra a todos.

El hombre-cito lo miro con la boca abierta

– Pero… Cesar no querrá... de acuerdo, que pasen... pero las armas se quedan fuera.

– ¿Desarmados? – Pregunto uno de los Hombres de Hércules

– Esta bien, dejaremos las armas. Chicos ya habéis oído. Dejad las armas.

Hércules dejó su espada y su escudo, sus hombres le imitaron.

– Bruto, deja el arma – Dijo Hércules uno de sus hombres. El hombre la dejó de mala gana.

– Muy bien caballeros, Cesar os espera.

Entraron al palacio escoltados por los guardias hasta llegar a unas grandes puertas de mármol que se abrieron pesadamente dejando paso a una gran sala decorada con estatuas y estandartes.

Al fondo vieron como Cesar estaba sentado en su silla curul, mirándoles fijamente.

Hércules hizo una pequeña reverencia, los demás lo imitaron.

– Tu eres Hércules. El gran héroe cuyas hazañas han llegado hasta mis oídos aquí en Roma.– Dijo Cesar mirándolo fijamente.

– Si señor, el mismo.

– Mi ayudante Titus me explicó que tenias que decirme algo urgentemente. Dime, Hércules, que información te ha traído aquí a Roma…

Hércules respiro hondo.

– Señor, una gran guerra se esta librando. Hades, el mismísimo dios de los muertos, o como aquí lo llamáis Plutón, esta tomando poder para gobernar todo el mundo hasta el mismísimo Olimpo.

Cesar lo miro

– ¿Plutón?

– Eh, si señor…

– ¿Me estas diciendo que el mismísimo dios de los infiernos esta creando un ejercito para conquistar el mundo? jajajajajajaja

Hércules frunció el ceño.

– Señor es cierto Hades… Plutón quiere hacerse con el poder. Le mueve la venganza... busca destruir a los mortales y quedarse con el monte Olimpo. Destruyendo todo aquello que conocemos. En Grecia están cayendo mis hombres, necesitamos sus ejércitos Cesar. Sus hombres están preparados, han afrontado batallas y conquistado ciudades enteras. Pedimos su ayuda, pero la guerra ya viene a vosotros. Si no se hace nada Roma caerá como tantas otras.

– Roma es fuerte, cuna de grandes luchadores. Comparada con la tuya sois hormigas, Roma es el nuevo centro del mundo. Además, nuestros dioses no permitirían tal invasión.

– Creo que vuestros dioses no son "tan" diferentes a los nuestros – contesto uno de los hombres de Hércules.

– ¿Que dijo tu hombre? – Dijo Cesar levantándose.

– Eh nada señor… – Dijo Hércules mirando a su compañero con furia. – Señor no vendría si no fuera importante. Tome mi oferta y será recordado como el Cesar que ayudó a otros pueblos a derrocar el mal y luchar por la libertad.

En ese momento una pequeña niña apareció en la sala, vestida con una túnica rosa claro y una muñeca de trapo en las manos.

– ¿Padre?

Los hombres se giraron

– ¿Atella?

La niña se dirigió a su padre – Padre, no podía dormir. He tenido una pesadilla – Dijo la niña asustada

– ¡Atella! – Una mujer con una túnica blanca se acerco rápido– Señor, lo siento, se me ha escapado, perdón por las molestias... no quería…

– Tranquila Cinna. Perdonar a mi hija. Solo tiene 3 años y desde la muerte de su madre le cuesta separarse.

– Es comprensible señor– Dijo Hércules con una sonrisa

– Atella, ves con Cinna.

– Padre ¿luego vendrás?– dijo la niña abrazando a su muñeca.

Cesar suspiro y con una sonrisa a su hija – Si querida, luego me pasare a tu habitación, pero a hora ve con Cinna.

– De acuerdo padre.

Diciendo esto Cinna desapareció con la niña.

– Señor – Dijo Hércules sacando a Cesar de sus pensamientos. – Piense por su hija.

– ¿Perdona? – Dijo extrañado Cesar.

– Su hija señor, piense que si la maldad llega a Roma perderá a algo mas que su gran reino. He tenido que sacrificar muchas cosas señor, una de ellas fue separarme de mi esposa embarazada de mi heredero para que no corriera peligro. Señor solo quiero que se lo piense.

Dicho esto Hércules hizo una reverencia a punto de marcharse.

- Espera….

Hércules se detuvo.

– ¿Como se llama su esposa?

Hércules le sorprendió esa respuesta. – M… Meg

Cesar asintió – Espero que muy pronto puede reunirse con su esposa e hijo.

Dicho eso Cesar desapareció detrás de unas grandes cortinas dejando a Hércules anonadado y desilusionado al no obtener la respuesta que esperaba…

TRARARRARA REDOBLE DE TAMBORES XD ¿Cesar participara en la gran batalla o dejara colgado a Hércules y a su ejercito? ¿Que pasara con Meg?

Espero que hayas disfrutado de este capitulo A ver si el próximo puedo escribir mas ;) Gracias por vuestros comentarios.