Capitulo 23 Preludio a la Invasión

Era la hora de lobo. Todos estaban profundamente dormidos... todos menos las criaturas que vigilaban las entradas de Roma.

Hércules y sus hombres los observaban desde una loma cercana.

Muy bien. Adrastros, coge unos hombres e id hacia las puertas traseras. Tened cuidado con los tiradores.

Vosotros, Aetos, Ajax y los demás iréis hacia ese punto. El resto vendréis conmigo. ¿Entendido? – Dijo Hércules tirando el palo con el que había ido señalando un pequeño mapa en la arena.

– Si señor – Dijeron todos.

– Perfecto… entonces vamos.

Hércules llegó a la entrada de la ciudad escondido entre las sombras. Vio dos grandes criaturas apostadas en ella, inmóviles, como si fueran estatuas.

Uno de los hombres de Hércules hizo ruido en las cercanías. Los ojos de los inmóviles guardianes se abrieron de golpe y uno de ellos se movió rápidamente a investigar la posición. Solo acercarse a los matojos Hércules aprovecho para golpearle por detrás y dejarlo KO.

– El otro no tardara en notar la falta de su compañero, me disfrazare y despejare el camino. Os daré la señal para que podáis pasar sin ser visto de acuerdo?

– Si – Dijeron.

Hércules se puso el traje de la criatura y cogió su lanza y se acercó a la puerta imitando su paso.

– Artos, que has visto. No tendrías que haber dejado...

Pero la criatura no pudo terminar la frase. Tenía la lanza clavada en su garganta desgarrándole la carne y cayó al suelo sin vida.

Hércules comprobó que el paso estaba despejado y avisó a sus soldados.

Llegaron al interior, a uno de los puntos de reunión acordados, pero esperaron durante largo rato en vano.

– Donde cojones están Adrastros, Aetos, Ajax y los demás. – Dijo uno de los hombres

Hércules empezó a preocuparse

– Chicos tened paciencia... a lo mejor ahora…

Un ruido detuvo a Hércules. Vio el cuerpo de Ajax caer destrozado delante él. El resto de cadáveres de sus compañeros iban cayendo enfrente de ellos salvajemente mutilados.

– ¿Buscáis esto?

Todos sacaron las espadas, buscando al enemigo...

– ¿Penssssabais que éramos idiotas? ¡Te esssstábamos esssssperando! Hadessss nos avisssó, dijo que era probable que no pudieras contenerte y vendriassss a ssssalvar a esta esssscoria...– Dijo una criatura saliendo de las sombras. Tenía la cabeza de una serpiente gigante sobre un cuerpo humano y las patas de un carnero... decenas de criaturas surgieron tras él con lanzas en mano.

– Donde esta el entonces o es demasiado cobarde para dar la cara – Dijo Hércules con ira.

– Nuesssstro señor osss esssta esperando en el mismísssssimo palacio de Cesar. Creo que esto le va ha gusssstar– Rieron todas las criaturas.

Hércules miro al numeroso grupo de enemigos, ¿Podrían con ellos? No lo creía posible... en su estado... eran demasiados.

– Andando – Dijo un minotauro con la lanza para hacer que se movieran.

Hércules recordaba haber entrado al palacio hacia pocos días. Esta vez era muy diferente. Todo indicaba los restos de la lucha reciente, las piedras rotas, las puertas desencajadas...

Les llevaron encadenados hasta la sala del trono que había sido de Cesar, pero ahora el mismísimo Hades era quien estaba sentado en un gran trono que substituía la silla del emperador.

– Vaya, vaya… eres tan previsible... Hércules de verdad que ni me lo esperaba.

Una carcajadas retumbaron en la sala.

– Que has hecho con la gente Hades. Suéltales, ya me tienes a mi, ahora deja marchar a esa pobre gente.

– JA JA JA, ¿Puedo recordarte que fueron ellos los que no quisieron escucharte?

– Ellos no tienen la culpa de que su emperador cometiera un error. Suéltales!

– Veras Herculito... no puedo hacerlo – Dijo Hades mirándose la copa que tenia en las manos.

– Hades ¿Que quieres de esta gente?

– ¿Yo? ¡Nada! Pero… hice un trato con el mismísimo Cesar.

– ¿Que planeas Hades? – Dijo Hércules con los puños apretados hasta hacerse daño en las palmas de las manos.

– Bueno… Qué cotilla eres, ¿no? Digamos que le encargue un pequeño trabajito a cambio de la libertad de su pueblo y su queridísima hija. – Hades chasqueo los dedos y la pequeña niña apareció con lágrimas en los ojos, aferrándose a su muñequita de trapo.

– ¿Que trabajo? – Dijo Hércules mirando a la niña

– Bueno… si te lo contara... no seria sorpresa jajaja ¿no?

Hércules intento acercarse a la niña, pero Hades, con otro chasquido de dedos, hizo que desapareciera y apareciera al otro lado de la sala. Cada vez la pequeña lloraba más al no entender lo que pasaba.

– Hades deja tus juegos de una mísera vez.

– Oh. Pero que tierno te estas volviendo. ¿Y que te importa esta niña? Si ni la conoces de nada.

– Hades, esto no va con Roma, ni con esta niña. Zanjemos esto entre nosotros...

– Hades con una sonrisa levantó un brazo y aparecieron unas cadenas.

– ¿Recuerdas estas cadenas, Hércules? Volveré a someterte con ellas. Cuando llegue el momento quiero que veas la gran sorpresa que tengo preparada... ¡Será para morirse!

Las cadenas cobraron vida y rodearon a Hércules por todo su cuerpo. Al caer al suelo vio como sus hombres eran sacados de la sala, esperaba que los llevaran a las mazmorras y no a un destino peor.

– ¿Que pretendes Hades encadenándome? La otra vez no funciono. Sabes que no podrás detenerme.

– Esta vez no héroe. Esta vez seré yo personalmente el que acabe con tu vida... pero antes prefiero esperar y disfrutar de tu sufrimiento...¿Como llevas el brazo? – Dijo Hades con maldad.

– No te saldrás con la tuya Hades. No dejare que hagas daño a gente inocente. Te volveré a encerrar y me encargare personalmente de que nadie intente liberarte.

– Oh Te sientes muy valiente Hércules ¿no? Veras que no lo serás tanto cuando me haya encargado de tu queridísima Meg. Seguro que no serás tan gallito – Hades le mostró una sonrisa

– NO PODRAS ENCONTRLA, ME OYES, NO VAS A PODER TOCARLE NI UN PELO.

– Claro claro, héroe, lo que tu digas. Pena, Pánico encargaros de este. Metedlo en la mazmorra– Dijo Hades a los dos demonios.

– ¿Y que hacemos con la niña seño? – Pregunto Pánico

– A la mazmorra también, no soporto sus lloros.

Pasaron las semanas..

Meg estaba estirada en un diván con Casandra y el resto de miembros del templo de las oráculos. Rodeaban una mesa donde había una gran variedad de frutas.

– ¡Ay cuéntanos! ¿Como conociste a Hércules? – Dijo una chica , la mas joven del grupo.

– Ángela, no seas maleducada – Dijo su compañera mas mayor.

– No tranquila jeje no pasa nada– Dijo Meg guiñándole un ojo a la mas joven - Pues… yo estaba en un río... Un centauro se me apareció y me ofreció algo que yo rechace. Intente huir, pero ese cretino no me dejaba en paz….

– Y como es que topaste con un centauro – Interrumpió la joven

– Ángela!

– Perdón… – Dijo la chica cohibida.

– Bueno como iba diciendo intente escapar en vano. Pero en ese momento un chico apareció de la nada y pidió amablemente al centauro que me dejara.

– Oh ¡Que romántico! – suspiro la joven

Mientras su compañera le daba un porrazo suave en la cabeza, Meg sonrió.

– Bueno sí. En ese momento a mi me parecía un poco torpe... el centauro le dio tal golpe que lo envió a la otra punta del río, pero… cuando empezó la lucha... Me llamo la atención, no lo puedo negar... Soy mujer – Todas rieron sobre el comentario.

– ¿Y saliste con el al haberte salvado?

– JAJAJAJA. No que va. Yo no me fiaba de los hombres en ese momento, los odiaba.

– ¿Por que? – Preguntaron algunas

– Bueno… cuando a una le hacen daño le cuesta confiar otra vez. Supongo que por miedo a sentir esta atracción y que todo sea una mentira.

– Pero no, estaba equivocada – Dijo Ángela con la cabeza apoyada en sus manos

– Sí jeje, poco a poco me fui dando cuanta de que era diferente a todo los hombres que había conocido. Era gentil, bueno y decía las cosas con total sinceridad. Me sentía segura a su lado, ¿A que chica no le gusta sentirse así?

– Si… – Suspiraron algunas

– Bueno chicas basta de palabrerías y amoríos – Dijo Casandra

– ¡Anda Casandra! Será que tu no teas enamorado nunca – Dijo Ángela

– ¿Yo? ¿Enamorarme?

– Seguro que sí– Dijeron algunas compañeras – ¿Como se llamaba esa chico que bolo tan cerca del sol…?

– ¿ICARO? – Dijo Casandra con los ojos abiertos.

– Jajajaja Creo chicas que Casandra no le considera un novio– Dijo Meg.

– Ni soñarlo, madre mía. Es un buen chico, un buen AMIGO pero mi novio? Ugg.

– ¿Entonces quien es tu novio?

– NADIE– Dijo Casandra perdiendo la paciencia.

– Bueno, cambiando de tema – Dijo Aisha – ¿Has pensado algún nombre para tu hijo Meg?

Meg sonrío tocándose el vientre – Bueno… he pensado que si es niño le pondría… Eryx y si es niña Cloe.

– Ay muy lindos los dos – Dijo Ángela.

– Meg sonrió, pero fueron interrumpidos por una mujer que venia nerviosamente.

– ¡Mi señora! Tengo que hablar con usted. Es muy urgente – Dijo la mujer mirando Aisha.

– Bien… Chicas continuidad vosotras. Yo he de atender algunos asuntos – Se fue desapareciendo por las grandes telas que había en la sala.

Meg miro a Casandra con interrogación, por si sabia algo que ella no supiese, pero su amiga levanto los hombros dando a entender que no.

Sala de Aisha…

– Mi señora, cerca de aquí han visto unos navíos acercándose. Tienen las velas con el símbolo de Roma.

– ¿Roma?

– Sí mi señora – Dijo la mujer alterada.

– Aisha intento pensar – Avisa a las demás, pero que Meg no se entere. ¿de acuerdo?

– Sí mi señora – la mujer fue avisar a las demás oráculos.

Cuando Aisha volvió a la sala escuchó como Meg seguía relatando las grandes hazañas de su esposo. Se acercó disimuladamente hacia donde estaba Casandra, que en ese momento cogía un racimo de uva.

– Casandra, cuando puedas ven a mi sala. Tengo que hablar contigo de un asunto importante. – Se fue discretamente.

Casandra se disculpó y dejo a Meg con las chicas, yendo a ver a Aisha. La encontró sentada en un banquito de madera que tenia unas tallas.

– ¿Querías verme? – pregunto Casandra sentándose a su lado, Aisha le cogió las manos y la miro a los ojos.

– Casandra, tenéis que partir hoy.

– Ahora, pero si me dijiste hasta que Meg no…

– Escúchame – Dijo Aisha interrumpiendo a Casandra– Hoy me han informado que han visto acercarse unos cuantos navíos con el estandarte de Roma.

– ¿Roma?

– Si… temo que pueda ser un ataque.

– Pero, ¿por que? ¿Que daño pueden hacernos los Romanos? Nunca han mostrado interés en venir aquí…

– Casandra. Te pido que cojas a Meg y os vayáis. Tengo un presentimiento. Estos navíos no vienen por casualidad, alguien les envía.

– Me estas diciendo que puede que él los envié para… no!

– Casandra escúchame. No te lo digo porque si, tengo un presentimiento. Quieren lo que nosotros estamos protegiendo, que Hades a descubierto donde se encuentra, y por eso manda a humanos a donde él no puede entrar.

– Pero si nos vamos, ya no tendremos la protección del santuario.

– Tranquila. Me encargado de todo. El camino es largo, al este mi compañera os espera con soldados para protegeros durante el recorrido. Allí estaréis a salvo y podréis estar hasta que nazca el bebé.

– Aisha y que haréis vosotras – Dijo Casandra con angustia

– Tranquila hija mía, nosotras estaremos bien esta ciudad es sagrada. No pueden hacernos daño, seria una deshonra para los dioses que cometieran tal atrocidad. – dijo Aisha cogiendo el rostro de Casandra.

– Y si no esa así. Y encuentran que no esta Meg...

Aisha le cayó una lágrima hasta recorrerle la mejilla. – Solo quiero que cumplas con lo que te digo Casandra, protege a tu amiga y el niño... no debes permitir que Hades se haga con él.

Casandra abrazo a su amiga y maestra sabiendo que probablemente no la volvería a ver nunca mas…..

¿Que pasara….? Y a Hércules le espera la gran sorpresa o podrá escapar jeje Esto y mucho más en los próximos capítulos ala a disfrutarlos XD