Capitulo 24 La ultima Profecía
La luna estaba en lo alto del firmamento acompañada de las estrellas que alumbraban el camino. Un carro conducido por caballos escapaban de la ciudad de Áqaba a toda velocidad. Habían estado huyendo toda la noche.
Meg, que estaba sentada dentro del carro, miraba a Casandra sin entender nada.
– ¿Falta mucho Casandra? No hemos parado una sola vez desde que salimos de Áqaba ¿Y porque vienen con nosotros estos soldados? ¿Qué ocurre?
Casandra no contestó. Sabía que no debían parar ni apartarse de los guardias hasta haber llegado donde dijo Aisha.
– ¡Casandra, puedes hablarme!– Exigió Meg
Casandra miro a su amiga.
– Pronto llegaremos. No estamos muy lejos. Tranquilízate.
– Casandra. Dime que esta pasando– Repitió Meg perdiendo la paciencia.
Casandra respiro hondo, por muy alterada que estuviera no podía seguir ocultándolo la verdad a su amiga.
– Veras Meg, ayer vieron unas naves acercándose a la ciudad. Sus banderas indicaban que procedían de Roma.
– ¿Roma? ¿Quieres decir que eran navíos Romanos? – Dijo Meg
– Si, a Aisha le resulto raro que soldados romanos vinieran a esta ciudad... algo no encajaba... y me explico que había tenido un presentimiento…
– ¿Quieres decir que tuvo un mal augurio? – Interrumpió Meg
Casandra asintió mirándola fijamente - Cuando el oráculo más poderoso de la ciudad tiene un presentimiento es mejor hacerle caso. Pensamos que estos soldados estaban aquí por ti.
– Me estas diciendo, Casandra, ¿Que los romanos también están buscándome? ¿Que podría querer el imperio de mi?
– Creo que Hades no solo ha reclutado a monstruos en sus filas. Creo que hará lo que sea para poderte tener de nuevo y obtener lo que quiere de ti. Esta vez, Meg, no dejara a nadie vivo. Las noticias de la guerra son devastadoras, cada vez es mas cruel con sus víctimas.
– Entonces crees que el ejercito de Roma ahora trabaja para Hades? ¿Que los han mandado para…? – Meg se quedo helada
– Si… Meg… para capturarte.
– Esto… esto es imposible. ¿Como? Los Romanos no han podido..
– Meg, sea lo que sea lo hayan pactado con Hades... No dejare que te pase nada ni a ti ni a tu hijo.
En la noche anterior, en la ciudad de Áqaba…
Un ejercito de romanos había bajado de sus navíos, y formado frente a las puertas de Áqaba. Cesar se acerco a las mismas sobre su caballo y gritó dirigiéndose a la ciudad.
– Soy Cesar, emperador de Roma, escogido por los dioses. Se que tenéis a vuestro cargo a una chicha llamada Megara. Os ordeno que me la entreguéis. Si sois razonables no tendremos que tomar medidas... más drásticas.
En el interior del palacio de las oráculos Aisha se encontraba sentada en su asiento, con la mirada ausente. Una chica con una túnica blanca entró y se arrodillo a su lado.
– Mi señora, tenía razón. Están aquí en la ciudad y piden por la mujer.
Aisha miro a la muchacha y cogió con sus manos su rostro joven y preocupado.
– Haced lo que os ordene. Vamos. Preparad la sala y copas de vino. Recibiré a esos Romanos, hacedles pasar.
– Sí mi señora…
Las puertas de la ciudad se abrieron. Cesar y sus hombres entraron a la ciudad. Las calles estaban tranquilas, solo se escuchaba el agua caer de las grandes fuentes de mármol.
Al llegar al gran patio del palacio una mujer les mostró el camino y se retiro.
Cesar con atención se dirigió donde la mujer les había indicado.
– ¿Y si es una trampa señor?– Dijo Lucios
– Manteneros atentos a cualquier movimiento.
Cesar y sus generales entraron en la gran sala donde estaba la gran poetisa Aisha, con una copa en mano, mirándoles desafiante.
– Y bien… ¿Donde esta? – Dijo Cesar
Aisha miro la copa y dio un largo sorbo.
– Te has equivocado en venir aquí Romano.
– Déjate de estupideces. Dime donde esta la mujer o matare a todos los habitante de esta ciudad. Empezando por ti.
– Si haces eso será tu perdición Cesar – Dijo Aisha
Cesar desenvaino el arma y sus guardias lo imitaron.
– No oses enfrentarte a mi, estúpida, no tengo tiempo para augurios. Dame a la mujer y seguiré mi camino.
– Jajajaja, estas muy equivocado, ese camino ya lo he tomado yo Cesar. La mujer que buscas ya no se encuentra en estos muros, y tiene ordenes mis poetisas que terminaran con su vida antes de permitir que caiga en manos de Hades.
– ¡QUE! – Dijo Cesar atónito
– Sí Cesar, esta vez el mal ha perdido. No dejaremos que destruyas todo aquello por lo que hemos luchado. Si entregas a esa mujer nos condenaras a todos a una muerte segura. Sería el fin del mundo de la raza humana.
– Condenada mujer – Dijo Cesar acercándose y cogiéndola por las muñecas – DIME DONDE ESTA…
– JAJAJA… Pobre miserable, la muerte de tu hija ya esta escrita en los astros. ¿Crees que el señor de los muertos será misericordioso?
– ¿Como sabes tu… ?
– Cesar… soy la vidente más poderosa de la ciudad. Veo los hilos del destino claramente. Los hados me han hablado de ti, oh impotente Cesar. Guarda tu espada. No manches de sangre este templo sagrado, o serás atormentado por ello hasta el día de tu muerte. Yo ya he hecho lo que dicta mi destino Cesar, no seré cautiva de roma y enterrada en vida. Moriré con orgullo sabiendo que salve a una mujer y su hijo de la mismísima muerte mi destino esta cumplido, ¿Cual es el tuyo Cesar… ?
En ese momento la mujer se desplomo en el suelo. Cesar miro la copa y en ese momento se dio cuenta, veneno...
Miró a la mujer con la cara desencajada. Una terrible ira le corrió por el cuerpo y de su garganta brotó un alarido que resonó por toda la ciudad.
Al llegar a su destino….
Casandra vio a una mujer tapada con un manto al lado de un camello arrodillado. Paró el carro y ayudo a bajar a Meg.
– Queridas he orado a los dioses para que pudierais llegar a salvo. Han escuchado mis suplicas, alabados sean.
Casandra sonrío a la mujer – Estamos bien, un poco cansadas del trayecto, pero bien.
– Si queridas, me lo puedo imaginar. Un duro camino...¡Y más por la noche! ¿como estas joven? ¿Te encuentras bien? – Dijo la mujer mirando a Meg
– Si.. solo algo cansada. – Dijo Meg con una sonrisa.
– Me alegro. Ten querida. He traído mi pequeña – Dijo la mujer refiriéndose al gran camello que hacia caso omiso a lo que sucedía a su alrededor. – Se llama Daila, es muy cariñosa, la he traído para ti joven. Tienes que ir con cuidado. Estar embarazada tiene sus riesgos.
– Gracias.– Dijo Meg sin saber muy bien como subirse al animal. – ¿Como ha dicho que se llamaba usted?
– ¡Oh perdona joven! Soy mayor y mi cabeza ya no es lo que era, me llamo Nadina. Aisha avisó que veníais.
Casandra ayudo a subir a Meg al animal, que hizo un pequeño gruñido al notar el peso.
– Espero que esto no arranque antes de sentarme bien en la montura.
– Oh, Daila es muy cariñosa. Es un poco gruñona como yo, será por la edad jejeje.
– Será eso – Dijo Meg algo desconfiada.
– Perdona a mi amiga. Esta mas acostumbrada a montar caballos alados – Dijo Casandra con ironía.
– Santo del amor hermoso. ¿caballos alados? En estas tierras hija mía preferimos usar camellos, son unos animales ideales para estos climas y resistentes, pueden estar días sin beber agua.
– Esto en Grecia no se ve todo los días.
– Si hija mía y un caballo alado menos... eso tengo que verlo. Seguro que mis compañeras no se lo creerían. Podrías mostrármelo algún día.
– Bueno… si jeje, si supiera donde esta... tuve que dejar Grecia "precipitadamente"...
– ¿Como están las cosas por allí? He oído que esta mal... – Dijo la mujer
– No se que te abra contado Aisha. Pero.. sí, esta mal. El señor de los muertos esta haciéndose con todo, la única resistencia es la capitaneada por el semidiós Hércules esta luchando contra el.
– ¿Herc...? ¡Ah! Ahora me acuerdo de algo que me contó esa vieja loca jajaja Que cosas. Tengo a la mismísima mujer de Hércules. Esto es un gran honor.– Dijo la mujer con orgullo
Meg miro a Casandra algo extrañada, Casandra le mostró una sonrisa.
– Bueno. Solo serán unas horas más de viaje. Ahora podréis daros un baño y descansar para poder partir en unos días
– ¿Partir? – Pregunto Meg
– Oh sí cariño. No queras quedarte aquí toda tu vida ¿no? Además, seguro que ese hombre tuyo estará con ganas de verte jejeje.
Meg se sonrojó y no dijo nada mas. Llegaron por caminos tortuosos hasta una cabaña oculta entre las grandes rocas de una montaña.
– Lindo Hogar ya hemos llegado.
La cabaña era pequeña y acogedora, al entrar vieron un pequeño saloncillo donde había una chimenea que contenía una olla de la que venia un olor agradable.
– Pasad, pasad, estáis en vuestra casa.
– Gracias por todo Nadina. – Dijo Meg
– No hay porque darlas querida. – Dijo la mujer sacando la olla de fuego y, con un cucharón, vertía en unas tazas su contenido. - Tomad esto os sentará bien. Luego podréis daros un buen baño, agua caliente no falta!
– ¿Sabe algo de Aisha? ¿Le dijo algo mas tras nuestra partida?– Pregunto Casandra.
– No querida, lo ultimo que me llegó de ella fue que os encontrara y que os escondiera. Nada más.
Terminaron la sopa se dieron un buen baño reparador. Un poco después Meg y Casandra estaban estiradas en su cama mirando el techo.
– Casandra..
– Sí.
– ¿Crees que estarán bien Aisha y las demás profetizas?
Casandra no contesto y le dio la espalda – No lo se Meg, no he tenido ninguna visión desde que llegamos a Áqaba... temo lo que pueda ver.
Meg no insistió mas. Notaba que su amiga estaba tensa. Se dio la vuelta y intento dormirse, pero lo que al principio era un sueño plácido y tranquilo se vio sumido en completa oscuridad, sangre , destrucción…
– MEG, MEG..
Meg se despertó de golpe – Que, que... que pasa?
– Estabas moviéndote y gritando.
– Perdona si te despertado no quería…
– Tranquila Meg– Dijo Casandra volviendo a su cama.
– ¿Estas bien Casandra?
Casandra estiro el brazo para coger una nota que le entrego a Meg.
– Esto me llego hace una rato. Antes de que tuvieras esas pesadillas. Es de Aisha.
– ¿Ha… pasado algo?
Casandra no contesto se levanto de su cama salió de la habitación
Meg cogió el pergamino y comenzó a leer.
Querida Casandra.
Te escribo esto porque ya no volveremos a vernos, el hilo de mi destino se acaba. Los Romanos no tendrán piedad de nosotras si nos hacen prisioneras por eso he tomado otras medidas.
Solo quiero que sepas que aunque yo no este, siempre os guiare en vuestro camino Casandra. Ten fe de ti misma escucha la naturaleza…
Se que puedes salvar a tu amiga y a su criatura. Estoy orgullosa de ti porque fuiste una gran alumna... más que eso... como una hija a la que no pude tener.
Se fuerte, es una carga muy pesada. Pero se que estas a la altura y podrás salir adelante con ello…
Con todo el cariño del mundo
Aisha
Meg fue a buscar a su amiga. La encontró en una terracita, sentada en un banco de madera, con los hombros caídos.
– Casandra..
Casandra levanto el rostro, y vio a su amiga – Meg…
No habían mas palabras, Meg se acerco y abrazo a su amiga que estaba sumida en un mar de lágrimas
Mientras tanto en el campamento Romano…
– Maldita mujer….
– Señor– Dijo un guardia a acercándose a Cesar
– ¿¡Que quieres!? – Dijo de mala gana
– Hemos encontrado huellas que se dirigen hacia las montaña. Pueden que se hayan escapado en esa dirección.
– ¿Estas seguro?
– Creemos que si mi señor..
– Ya – Dijo Cesar levantándose de su asiento, cogiendo una copa de vino.– Id a buscarla… pero… tened claro... NO REGRESEIS HASTA TENERLAS EN VUESTRAS MANOS – Cesar tiro la copa desparramando el vino por la tienda – ¿ENTENDISTE SOLDADO?
– Si.. si señor..
– Coge algunos de mis hombres, disfrazaros de paisanos para no llamar su atención... pero encontradla. Por cualquier medio. No me falles soldado.
– Si señor a sus ordenes.
Cesar miro un mapa sobre su mesa. En el había señalados diversos puntos. A un lado de la mesa una figura pequeña representando una niña, la recogió y la estrujo en su pecho con un sollozo que se le escapo de sus labios.
– Juro por los dioses que no me arrebataran a mi hija… lo juro…
Bueno final del capitulo 24. Espero que os esté gustando las historia tanto como a mi me gusta escribirlas jejeje
Gracias por vuestros comentarios y ánimos, hasta el próximo capitulo. :P
