Capitulo 26 El escondite
En casa de la anciana Nadina reinaba una falsa calma. Era por la noche cuando la anciana encontró a Casandra en el porche, mirando las estrellas.
– Veo que Meg no esta contigo. – Dijo Nadina
Casandra, al escuchar la voz, se giro
– Hola Nadina. No. Meg estaba cansada y se acostó pronto.
Nadina se puso al lado de Casandra y en silencio contempló las estrellas con ella. Tras este rato de paz Nadina se dirigió a ella con seriedad.
– Casandra, ayer una amiga me explicó que unos cuantos hombres del ejército de Cesar están merodeando por estas tierras, están registrando las aldeas cercanas.
– Tendremos que huir de aquí lo antes posible…
– Casandra… Meg esta de cinco meses y medio. No es recomendable salir ahora. La chica está cansada e ira muy despacio. Seréis fáciles de localizar. Os recomiendo que os quedéis aquí, ocultas dentro de la casa y evitéis el exterior si no es por alguna emergencia. Hay un doble fondo debajo de la casa para que podáis esconderos si llegaran hasta aquí. Manteneros escondidas mientras yo los distraigo. ¿Entendiste Casandra?
– Sí… claro. Mañana se lo diré a Meg. Gracias por todo Nadina… no sé como agradecerte todo lo que estas haciendo por nosotras… yo…
– No tienes porque querida, no tienes porque…
Mientras…
En la cima de una montaña se hallaba una pequeña aldea, sus habitantes vivían de la caza y de la poca cosecha que crecía en aquella tierra tan árida. Era una vida dura, pero sus habitantes la aceptaban con serenidad.
Pero esa tranquilidad se rompió la noche que un ejercito de romanos llegó a la plaza. Buscaban la casa del molinero, del que los rumores decían que había dado refugio a esclavos huidos.
Se acercaron a la puerta de una casa cercana y la golpearon con fiereza. Les abrió una mujer con ojos asustados abrazando entre sus brazos a un bebé que no tendría ni un año…
– En nombre de Cesar. Estamos buscando la casa del molinero. Sabemos que vive por aquí. – dijo el sargento
La mujer se torno pálida y apretó a su bebé, temiendo que se lo arrebatasen – El… el se encuentra al final del camino… en la casa que hay saliendo del pueblo…
– Ya habéis oído. Soldados de Roma… ¡ADELANTE! – Gritó
– Pero… él no hizo nada malo. Es un buen hombre. Tengan piedad de él… – Dijo la mujer.
– Mas vale que entres en casa mujer… o yo mismo me ocupare de ti. Métete en sus asuntos y deja al ejercito de Cesar hacer su trabajo.
La mujer entro a su casa aterrorizada y cerró la puerta tras ella con el pestillo.
Poco después el ejercito de romanos llegó donde la mujer les había dicho. Era una pequeña casa de piedra anexa a un gran molino.
El general se acerco a la puerta y aporreo unas cuantas veces.
– ¿Si?
– Abra en nombre de Roma, por orden de Cesar. Si se niega será arrestado.
El hombre abrió inmediatamente la puerta con temor. El ejercito de Romanos vio a un hombre escuálido, vestido con retales y barba mal-cortada de días. Detrás suyo observaron a una mujer asomada en uno de los pórticos y un niño que no tendría mas que cinco años.
– ¿Que… que queréis– Dijo el hombre aturdido
– Sabemos que usted estuvo dando refugio a hombres y mujeres fugitivos. Estamos buscando a dos mujeres fugitivas del imperio, una de ellas embarazada.
– No, hemos visto a nadie por aquí y menos embarazada.
– Si estas ocultándonos información tienes que saber que sería un grave delito... quizás incluso toda tu familia pueda sufrir por ello y ser convertida en esclavos. Piensa dos veces tu respuesta, nuestras últimas informaciones fueron que las dos mujeres se pasaron por aquí.
– Ya se lo dije señor. Hace meses que no pasa nadie por aquí. Solo estamos yo, mi mujer y mi hijo.
– Espero que digas la verdad, porque si me has engañado y tengo que regresar… la ira de roma caerá sobre ti… y tu familia…
Dicho esto el ejercito de romanos se fue. El molinero entro en la casa y vio a su mujer abrazando a su hijo.
– Alus, ¿Que querían estos hombres? – Pregunto la mujer sujetando al niño mientras le acariciaba la cabeza.
– Buscaban a esas muchachas Isabela. Tienes que avisar a Nadina de inmediato… están muy cerca de donde se encuentran ellas… Corremos una grave peligro si las encuentran… y se enteran que hemos mentido Isabela… nos condenaran a una vida de esclavitud…
La mujer se tapo la boca con la mano que acariciaba a su hijo.
– Que… ¡Pero ellos no pueden enterase! No se enteraran si tenemos mucha discreción…
– Cariño, piensa en nuestro hijo. No podemos dejar que encuentren a estas chicas. Hay que avisar a Nadina, tiene que llevárselas de la zona y huir para que podamos estar a salvo.
La mujer cogió una paloma del palomar y escribió una nota a Nadina en una clave secreta, si fuera interferida por los Romanos no la podrían entender. Después ato el mensaje a la pata del animal y lo soltó al aire donde este comenzó a volar hasta su destino.
Minutos más tarde…
Nadina estaba sentada en el porche, perdida en sus pensamientos, cuando la paloma se posó en la repisa del balcón, al ver que esta traía un mensaje atado en una de sus patas se apresuró a leerlo tras liberar al animal. Conforme leía el mensaje iba notando como los pelos se le ponían de punta...
– ¡CASANDRA!
Casandra se despertó de golpe sobresaltada.
– ¿Que pasa Nadina?
– ¿Pero que esta pasando? – dijo Meg, saliendo también de su habitación.
– Esto es grave. Tendréis que esconderos. Casandra... ¿Recuerdas lo que te comenté de esconderos detrás de la casa…?
– Eh si…
– Bien, pues coged algunas provisiones e iros allí hasta que yo os de la orden de salir. Nada de ruidos, debéis permanecer en silencio hasta que pase el peligro. ¿Entendido?
– ¿Pero que pasa? – Pregunto Meg algo aturdida
– Coge tus cosas Meg, vamos a escondernos.
– Que... ¿Por que? ¿Esta él aquí?
– No... al menos directamente. Soldados de roma vienen hacia aquí... vamos...
– ¿El ejercito de roma ya nos a encontrado? – Meg estaba aterrorizada
– ¡Aún no están aquí! Daos prisa... vamos... ¡SALID YA! – Dijo Nadina impaciente.
Las dos chicas se dirigieron tan rápido como pudieron hacia el doble fondo que había detrás de la casa. Al entrar vieron unas escaleras que conducían a un sótano. Bajaron con cuidado hasta llegar al escondite, un pequeño cubículo en la tierra donde había unos cojines bastante grandes rellenos de paja para acomodarse. El sitio no estaba muy sucio, pero si bastante húmedo. Aunque había algunas tinajas con agua y comida, por lo que estaba preparado por si tenían que pasar ahí algún tiempo.
– ¿Pero que ha pasado? ¿Como han podido saber que estamos aquí? – Dijo Meg
– Meg, no saben que estamos aquí. Seguramente solo saben que hemos pasado por estos alrededores, pero no saben donde. Nadina me dijo que un grupo de romanos estaban por la zona buscándonos por orden del Cesar... pero que no estaba muy segura si llegarían hasta aquí. Por lo que parece han tenido información interna... o algún chivato...
– Dioses... ¿Que vamos a hacer Cas? – Dijo Meg tocándose el vientre
– Tranquila Meg. Ahora no hables, vale, intenta respirar con tranquilidad…
Mientras en la superficie…
Nadina estaba preparada para cuando llegaran los romanos. Rezaba a los dioses que no fuera así, pero sabía que en una hora aproximadamente los tendría en su casa.
Efectivamente… empezó a oír a lo lejos el retumbar de las sandalias de un montón de pies, el ruido del metal y las armas rozando los escudos de los soldados.
Una voz dio la voz de alto a sus hombres. Nadina respiro hondo, implorando que todo saliera como lo tenia planeado…
Picaron a la puerta…
Al abrir vio una hombre con un gran peto dorado y un casco romano, dentro vio una cara larga, con unos ojos negros como la mismísima noche mirándola fijamente, escudriñándola mientras observaba a su alrededor detenidamente.
– Estamos buscando a dos mujeres, una de ellas embarazada, ¿Por casualidad no las ha visto pasar?
– No, señor, no vi ninguna mujer embarazada por aquí…
– Es lo que todos dicen… bueno... si no tiene nada que ocultar no tiene que temer. Por orden del mismísimo Cesar tenemos que registrar su casa.
– Enséñeme esa orden sargento– Dijo Nadina
– Acaso una plebeya como tú esta osando desafiar las palabras de tu Cesar?
– Es mi casa y mi propiedad. Le digo que no he visto ninguna mujer por aquí, no tiene derecho a...
– En fin, creo que no me estas dando otra opción... sujetadla.
Dos soldados agarraron a Nadina por los brazos.
– ¿Como? ¡Dejadme! No podéis hacer esto! Esta casa es propiedad privada.
– Calla mujer, o probaras el látigo. En esta casa recóndita nadie podrá oír tus gritos jejeje – Rieron todos.
– Sois una vergüenza, ¿Os hacéis llamar soldados? No veo más que matones.
El hombre que la sujetaba la amordazo mientras los soldados entraron a tropel en la casa y comenzaron a registrarlo todo.
– Mucho mejor así jejej – dijo el general. - Calladita mientras hacemos nuestro trabajo
– Señor, no encontramos nada – Dijo unos de los guardias
Meg y Casandra escuchaban desde su escondite como iban y venían los romanos, pero Nadina había sido concienzuda y no quedaba en la casa ninguna prueba de su presencia.
– Bien mujer, por esta vez los dioses te han protegido. Pero no te confíes tanto. Si me entero que me engañas no dudare en lanzarte al circo con los leones.
En ese momento se escuchó el sonido de un estornudo... El general se sobresaltó
– ¿Que ha sido eso? ¿Quien más esta aquí?
Meg había estornudado al metérsele un poco de polvo en las fosas nasales. Estaban aterradas, sus cerebros marchaban a toda velocidad buscando la forma de esconderse entre la penumbra por si los romanos encontraban el escondite…
– Dime mujer... ¿Hay algún otro lugar donde puedas esconderlas?
– No hay mas de lo que tu has podido registrar Romano…
En ese momento el romano le golpeo con fuerza, haciendo que esta cayera al suelo con la cara manchada de sangre.
– Te lo volveré a repetir. Dime donde está la persona que ha estornudado. ¿Donde esta escondida?
Uno de los guardias entro acalorado –¡Señor! Hemos encontrado una trampilla en la parte de atrás de la casa, parece que puede conducir a un sótano o similar.
El general esbozo una sonrisa – Bien… veamos si eres tan valiente cuando descubramos a quien tienes escondido MUJER. – Escupió
El general se dirigieron hacia la parte de atrás donde los soldados ya habían reventado la puerta de madera que conducía bajo tierra. Al descender había varios soldados rodeados de varias tinajas rotas y colchones de paja destrozados... habían registrado el sótano sin éxito.
Nadina estaba con el corazón desbocado, esperando que no las encontrara.
– Bien mujer... esta vez te has librado… pero volveremos.
El general y los demás se fueron, cerrando tras de si la puerta.
Tras un buen rato de espera, y comprobar que no quedaba ningún soldado en la finca, Nadina se dirigió tan rápido como pudo hacia el doble fondo, donde empezó a llamarlas – Casandra, Meg ya se fueron podéis salir… Meg… Casandra…
En ese momento se escucho un ruido detrás de una pared.
– Si… Nadina estamos aquí.
– Oh por los dioses… ¿Estáis bien?
– Si, gracias que había esta pared falsa nos hemos podido esconder por los pelos. – Dijo Meg
– ¿Como encontrasteis esto?- Pregunto Nadina
– Fue algo curioso, mientras buscábamos donde ocultarnos Meg tropezó e hizo que una de las paredes se abriera dejando un hueco en la pared... parece cosa del destino...– Explico Casandra
– Oh querida estas bien, ¿No te lastimaste?
– No Nadina... Estoy bien... Gracias a esta pared falsa pudimos ocultarnos– Dijo Meg
– Nadina tienes una herida en la sien. Déjame curarte eso…
– Tranquila Casandra querida, todo esta bien. Esos romanos son unos animales, piensan que pueden entrar en la propiedad de cualquiera así como así...
Las tres mujeres fueron hacia la casa después de una noche bien movida. Pero el peligro no había pasado. Los romanos no dejarían de buscar hasta encontrarlas…
Capitulo 26 terminado ha disfrutarlo jeje Este ha sido complicado de escribir jejeje Espero que os guste. Un saludo :P
