Capitulo 27 Esperanza
Cesar se encontraba en su tienda, mirando fijamente el mapa que tenia sobre la mesa. En su mano sujetaba una copa llena de vino al que daba vueltas nervioso, hacia días que tenía informes del grupo de soldados que habían ido a la caza de esa condenada mujer…
De repente notó un chasquido tras de él, se levantó una humareda color negro seguido de un fuerte olor a azufre…
– Bueno, bueno… ¿Cómo va la caza? ¿Aún no tienes a la muchachita?
Cesar se quedo parado
– Hades… creí que esperarías en...
– Veras… es que me aburría de esperar. Hace bastante tiempo que te mande la misión… ¡Y aún no hay resultados! Nada… ni una sola noticia… Y con todo lo que está en juego…– Dijo Hades dando vueltas a una pequeña figura con que representaba la hija de Cesar…
– Hades… ha habido complicaciones… Escaparon de la ciudad… pero todo está controlado, he enviado a mis mejores soldados en busca de esa mujer… son muy buenos rastreadores seguro que pronto tendrán alg….
– Ay…. qué pena, que pena… Parece que no entendiste como funciona esto. Si no me consigues a Megara… la vida de tu niñita y de tus queridos ciudadanos está en juego. El tiempo corre, amigo mío, cada segundo que pasa es un granito de arena que va cayendo. Los días pasan… y mi paciencia se agota.
– ¡Déjame más tiempo! ¡Te lo suplico Hades! – Dijo Cesar, desesperado, arrodillándose ante el dios.
Hades sonrió al ver su debilidad – Bien… tienes tres días. Si en esos tres días no has cumplido tu tarea… bueno…– en ese momento la figura de madera prendió fuego y se redujo a cenizas que cayeron lentamente en el suelo.
Cuando Cesar levantó la mirada Hades ya había desaparecido, tres días... solo tenía tres días para salvar a su hija…
Mientras en el inframundo…
Pena y Pánico estaban jugando una partida de cartas sobre una mesa de huesos.
– Tiro y ¡GANE!
– ¿Qué? Eres un tramposo ¡Ese movimiento no es correcto!– Dijo Pánico
– Como que no, pues claro que es correcto, si…
– ¡Te digo que has hecho trampas! Ese tiro no vale.
– ¡PENA, PANICO!…
Los diablillos dejaron de discutir y acudieron al salón del trono donde encontraron a Hades dándoles la espalda, mirando la gran mesa donde había decenas de figuras representando las batallas en curso y sus planes de conquista…
– He estado esperando demasiado tiempo. Todo está saliendo según lo planeado… Estoy tan cerca… no puedo dejar que esto falle– dijo Hades mirando la figura que representaba a Meg.
– ¿Llamaba… señor…?
Hades se giró y miró a los diablillos.
– Tengo una tarea para vosotros.
– ¿Que… que quiere que hagamos señor?
– Quiero que vigiléis muy de cerca al Cesar. Informadme de todos sus movimientos y, sobretodo, aseguraos que cumple su trato.
Hades se acerco a los diablillos, cogiéndolos por el cuello – Pero, sobre todo, sed discretos, no quiero que nadie se entere de que estáis ahí, entendido…
– Si, su excelencia.
Los diablillos desaparecieron de la vista de Hades, que se sentó en su gran trono y volvió a dirigir la vista a la mesa con una sonrisa. Había una guerra que librar, pero algunos triunfos no se conseguían en el campo de batalla.
En la ciudad de Roma…
La ciudad estaba medio abandonada desde la gran invasión. Los ciudadanos romanos apenas salían de sus casas. Acostumbrados a una vida de opulencia muchos nobles conocían por primera vez las privaciones del hambre.
Pero mucho peor estaban los apresados en las mazmorras bajo las entrañas del Coliseo, donde Hércules y parte de su ejército sufrían diariamente a manos de los esbirros del Inframundo.
Hércules ya no sentía los brazos, tras muchos días de tenerlos alzados por las cadenas irrompibles forjadas por Hefestos. Hacia varios días que no comía nada, y la última vez que le dieron algo habría sido muy generoso llamarlo comida.
Cada día Hades ordenaba a sus esbirros que torturaran a Hercules para que dijera dónde estaba Meg… cada día Hades inventaba un nuevo suplicio, una nueva forma de causarle dolor… pero siempre lo mantenía con vida y volvía a preguntarle… Pero cada día Hercules les decía lo mismo: "Iros al infierno"
Un día una voz infantil lo sacó de su dolor.
– Quiero ir con mi papa… tengo hambre…
Al levantar la cabeza vio una niña pequeña llorando delante suyo… conocía a esa niña… la hija del mismo Cesar….
De repente uno de los guardias dio un porrazo a los barrotes de la celda
– Cállate niña estúpida.
Pero la niña seguía protestando y lloriqueando.
– Como sigas alborotando te daré motivos para llorar de verdad, ¿Entiendes niña?
La niña dejo de llorar de inmediato, solo se oían pequeños hipos.
Hercules intentó acercarse todo lo que le permitían sus cadenas para poder hablar con la pequeña sin que el guardia los escuchara.
– Tranquila, todo ira bien. Ya verás como salimos de aquí. Confía en mí. ¿Cómo te llamas?
La niña lo miro con sus ojos grandes llenos de lágrimas.
– Me… me llamo AAA-te-lla – Dijo entrecortadamente entre sollozos.
– Hola Atella. Yo soy Hercules – Dijo con una sonrisa.
La niña lo miro con la boca medio abierta – ¿Tu… tu eres el famoso héroe?
– Así que sabes quién soy. ¿Alguien te ha explicado historias?
– ¡Sí!, Mi padre me contaba por las noches historias, algunas hablando de ti y de tus grandes luchas contra monstruos. Mi papa me contaba esas historias para que no tuviera miedo. – Dijo la niña con una sonrisa.
Hércules sonrió
La niña miro a su alrededor
– Pero ahora tengo miedo… ¿Por qué estamos en este lugar?
Hercules pudo ver en sus ojos el pánico… ¿Qué le habían hecho?
– Pronto nos sacaran de aquí no te preocupes.
– ¿Y… a ti también te sacaran?
Hercules se sorprendió – ¡Claro¡Todos saldremos de aquí. Ya lo veras
– Escuche… al hombre malo… decir que te quería a ti, ¿Por qué?
Hercules dio un suspiro.
– Ese hombre que tú dices… no es un hombre. Es el dios de los muertos, aquí en roma lo llamáis Plutón. Quiere vengarse de mí por haberle derrotado en el pasado y frustrar sus planes.
– ¿Y qué hizo? – Pregunto la niña
– ¿Tu padre nunca te lo conto esa historia?
– No, solo cuenta lo que le interesa… creo yo – Dijo la niña con el ceño fruncido.
Hércules la miro con ternura – Es una historia muy larga y difícil de entender. Ahora ya es tarde, duerme un poco Atella.
– ¡No soy pequeña! Tengo 3 años y puedo entenderla. Además no tengo sueño– Dijo la niña cogiéndose las piernas y apretándolas contra su cuerpecito.
Hercules la miro – No tienes que tener miedo. Estaré aquí a tu lado hasta que te duermas ¿vale?
La niña asintió – ¿Tu… tienes miedo?
– Sí… algunas veces. Todos podemos tener miedo Atella. Es normal el miedo a lo desconocido, inseguridad… pero estáte tranquila. No dejare que te pase nada.
– ¿Y ahora tienes miedo?
Hercules la miro sin saber si mentir, esa niña buscaba tranquilidad y protección.
– Un poco… pero la esperanza me hace tener fuerzas.
– ¿Qué es la esperanza?
– Pues… es… la ilusión de las personas. El sueño al que no quieres renunciar. Es la fuerza que te hace luchar por lo que quieres, no tirar la toalla en las cosas y seguir adelante. Eso es la esperanza.
– Mi esperanza es que venga mi papa – Dijo la niña con algunas lágrimas.
– Claro que si.– Dijo Hércules
– ¿Y tú?
Hercules no contesto, respiro hondo y miro a la niña
– Veras mi mayor esperanza es poder encontrar a mi mujer y ver que esté a salvo.
– ¿Tienes mujer? – Pregunto la niña
– Si
¿Y niños?
Hércules se tenso, cuantas preguntas…
– Eh bueno… mi mujer esta embarazada…– Dijo con una gran sonrisa.
– Bueno seguro que cuando mi papa nos encuentre nos sacara de aquí. Y podrás ver a tu mujer y tu bebé. – La niña le mostró una gran sonrisa e hizo un gran bostezo. Se acurruco y se quedo profundamente dormida.
Hércules la miraba dormir tranquilamente. Era tan inocente. Sin saber que su propio padre les había condenado a todo este lio… Dudaba mucho que fuera él quien los sacara de este…
UAAA que pasara con Atella y Hercules podrán salir de esa celda mugrienta? Y Cesar encontrara a Meg o Hades cumplirá su trato… redoble de tambores ;P
