Capitulo 30 Primera parte

Casandra se quedo pálida. Unas lágrimas comenzaron a caer por su rostro.

– ¡No, nooo! ¡Dioses noooo! ¡Nadina… Megara…! Por favor contestad

Era inútil, no se escuchaba ningún sonido proveniente de los cimientos de la casa, cuyas paredes estaban medio derruidas mientras el tejado prendía en llamas. Poco a poco las tablas de madera iban cayendo. Casandra volvió a gritar, pero nada…

– ¡eh!, ¡Alguien ha gritado!

Casandra se sobresaltó al escuchar la voz masculina y corrió a esconderse detrás de unos matorrales. En pocos momentos aparecieron unos soldados Romanos.

– No veo nada. – dijo uno de ellos

– Será que no hay nadie, cerebro de mosquito.

– Te lo digo que he escuchado a alguien gritar.

– Será tu imaginación. Aquí no hay nadie. Vámonos antes de que el jefe se cabree.

Los soldados se fueron, pero Casandra espero tiempo para salir de su escondrijo… Intento aclarar sus pensamientos… estos soldados se habían llevado a Meg y a Nadina. Tenía que averiguar donde se dirigían…

Oyó una voz ahogada dentro de la casa, intento entrar por un hueco pero las paredes eran inestables, volvió a oír la voz bajo unas tablas de madera. Casandra intento quitar los escombros, había reconocido la voz…

– Oh no…

Casandra intento retirar la madera, pero era imposible. Pesaba demasiado…

– No, no querida… no te molestes no podrás…

– Dioses, Nadina aguanta. Te sacare de aquí como sea… pediré ayuda y…

– No, Casandra ya no puedas hacer nada por mí querida. Salva a tu amiga, ella está en peligro. Esos malditos romanos nos pillaron por sorpresa y se la llevaron. Probablemente alguien les confesaría que estamos aquí.

– ¡Nadina! No te rindas. Te sacare de aquí. – Dijo Casandra con lágrimas en los ojos.

– No, no… mi vida en la tierra ha terminado Casandra… He fallado. Prometí a Aisha que os protegería, pero…

– No digas eso Nadina. Nos has ayudado mucho. No tienes la culpa. Alguien nos ha traicionado, pero tú no podías haber hecho más…

Nadina le mostro una pequeña sonrisa – Tienes buen corazón Casandra– Dijo mostrándole una pequeña sonrisa

– Nadina no me dejes. ¿Qué puedo hacer? ¿Cómo voy a encontrar a Meg?

– Confía en tu corazón Casandra. El te guiara. Sé que puedes proteger a tu amiga de su destino. El sueño que me relataste… ya sabes que no es un sueño, ¿verdad Casandra?

– ¿Que… que quieres decir?

– Es un augurio de lo que pasara si no evitamos que el hijo de Meg caiga en manos del mal.

– Entonces… sabias que era él…

– Sí Casandra, yo también soy una vidente.

– Claro, como no me había dado cuenta. – dijo Casandra con una pequeña sonrisa.

– Las cosas no son lo que parecen Casandra, ve a buscar a tu amiga.

– ¿Pero como? No podre alcanzarlos si van con caballos.

Nadina saco una mano de entre los escombros y le cogió la mano.

– Coge a Daila. Ella te guiara. Es más lista de lo que parece.

– Vale... pero…

– Casandra, ve.

– Pero Nadina, no puedo dejarte aquí no puedo…

– ¡Casandra vete ya! Cada minuto de duda es un tiempo que te aleja de ellos. Parte ya y sálvanos a todos…

Casandra se levanto de golpe. Estaba asustada, pero cogió al camello y se subió sobre él. Miro por última vez a Nadina

– Casandra, ten cuidado...

Casandra asintió y respiro hondo. El animal se incorporó y comenzó la marcha lo más rápido que daban sus patas.

Nadina vio alejarse a Casandra. Poco a poco sus ojos se fueron cerrando mientras sus labios murmuraban una última oración a los dioses rogando por su protección.

– Suéltame bastardo…

– Menudos humos tiene la fulana esta. – Dijo uno de los soldados.

– ¡Ya te digo! haciendo otras cosas debe ser una leona jajajaja – empezaron a reír

– Si no me soltáis lo lamentareis. Dejadme asquerosos romanos.

– ¡Calla mujer! Me duele la cabeza ya. Por tu culpa llevamos días sin descansar. Cesar insistía en encontrarte de forma apremiante. Aunque reconozco que te escondes bien mujer, no eres rival para los rastreadores de roma.

Meg lo escupió en la cara.

UUUUUUUU – dijeron algunos soldados

– Serás bruja, maldita zo…

– ¡Ortos! Suelta a esa muchacha si no quieres sufrir la ira del Cesar.

Ortos dejo a Meg en el suelo, mirando a su general.

– Como ordene, SE-ÑOR… – Dijo con rin tintín el soldado

– Bien – dijo el general Lucio acercándose a Meg – Mujer ahora compórtate… o no seré tan caballeroso. Si no… puede que deje que mis guardias hagan lo que quieran contigo.

– No te atreverás – Dijo Meg airada.

– Jajaja Querida… no me tientes. Ahora estate quieta, sigue en tú caballo y nada de rechistar.

– Es que por lo menos no tendrás un poco de compasión por una embarazada. Hace horas que estoy montando. Si sigo así más…

– Si haces cualquier gilipollez… lo lamentaras.

– Si le pasa algo a mi hijo yo…

– Más vale que no continúes la frase… empiezo a arrepentirme de detener a Ortos.

Meg se cayó de golpe y miró al soldado llamado Ortos con asco.

– Si Hércules se entera de esto os sacara la piel a tiras.

Unas risotadas se escucharon entre los soldados.

– ¡ADELANTE!– Dijo el general dando una pequeña palmada en el trasero del animal haciendo que este comenzara andar.

¿Que pasara con Meg? ¿Podrá escapar de sus secuestradores? ¿Podrá Casandra ayudarla? Próximamente más ;)