Capitulo 33 Reencuentros
Mientras Atella intentaba bajar la rocosa montaña llamaba a Hércules con pequeños sollozos... pero no había respuesta alguna.
Al bajar vio que el camino de rocas terminaba cerca de un río, descendió hasta llegar al borde del agua.
– ¿Hércules estas ahí? Contesta – Grito lloriqueando
Una robusta mano la cogió de los hombros, ella se sobresaltó, al girarse vio que era…
– Usted… usted.
– Si, soy yo Athan…
– Pensé que había muerto... no pudimos avisar a los soldados … no estaban y…
Athan intento tranquilizar a la niña – Tranquila pequeña, ¿Donde esta Hércules? ¿Que ha pasado?
– Nos… persiguió un monstruo... y el señor Hércules lucho con todas sus fuerzas... pero con mala suerte... el monstruo y él cayeron montaña abajo… intento encontrarle pero… – La niña comenzó a llorar.
– Tranquila, seguro que lo encontraremos – dijo Athan
Mientras al otro lado del río…
En la gran roca Hércules despertó de golpe, trato de incorporarse pero de lo aturdido que estaba cayó desplomado... pero oía una voz que lo llamaba… Se irguió y con todas sus fuerzas empezó a contestar.
– Eeeh estoy aquí!
Athan se paro en seco – ¿Escuchaste eso?
La niña lo miro – ¿El que?
– Escucha…– Dijo
– Eeeeh, Hola... ¡Estoy aquí!
– ¡Dioses! ¡Es Hércules! ¡Esta vivo!
– ¿Esta vivo? – Dijo la niña con una gran sonrisa.
Athan empezó pensar – Mira Atella, ahí hay una liana bastante larga. Se la lanzaremos para que pueda cruzar.
– Pero hay mucha niebla, ¿Como sabremos donde tirarla?
– Fácil, que siga gritando..
– Que siga… oh vale.. ¡Señor Hércules! Siga gritando, le tiraremos una liana para que pueda venir a aquí...
Hércules se paro a escuchar – Vale, aquí…
Athan lanzo la liana.
– ¿La tiene señor Hércules? – Pregunto la niña
– Por los pelos
Athan volvió a lanzar la liana
– ¡Ahora!
Athan y Atella sonrieron y empezaron a estirar. Al cabo de un momento, desde la neblina, surgió una figura.
– ¡Hércules! – dijo la pequeña con entusiasmo.
Hércules al verla le sonrió – ¿Como pudiste tirarme la liana...? – Pregunto el extrañado... pero entonces vio que la pequeña no estaba sola..
– ¡Athan! Que alegría verte, creía que…
– ¿Que no sobreviviría? jajaja Amigo mío... ¡He salido de situaciones peores!
Hércules sonrió.
– Pero veo que tu no paras de meterte en líos – dijo Athan con una sonrisa burlona.
– Uf... no me fastidies – dijo Hércules
– ¿Podemos irnos ya?– Pregunto la pequeña – Tengo hambre.
– Si claro, vayamos a buscar algo para comer, y un sito resguardado donde pasar la noche... probablemente sigan buscándonos por un tiempo.
Dicho esto se fueron los tres, se alejaron de la montaña por el camino que bordeaba al río y volvieron a adentrarse en un bosque donde pudieron cazar un venado que asaron para la cena. Athan y la niña comían con gusto mientras preparaban un sitio donde dormir.
– Menuda paliza les diste a esos guardias de Hades jajaja – Dijo Hércules apoyado en un tronco del suelo mientras mordía buen trozo de carne.
– Jajajaja, Sí, tendrías que haberlo visto... Me gustaría ver la cara de Hades cuando se entere que escapaste...
Hércules sonrió – Ya lo puedo imaginar.
Athan miro a la niña, que estaba tumbada cerca de Hércules, profundamente dormida.
– Dime… ¿Hércules como conociste a esta cría?
Hércules miro a su amigo, y dejo el trozo de carne. – Esta niña es la hija de Cesar.
Athan dejo de comer – ¿Qué?
– eras, esta niña corre peligro y…
– Para, para… ¿Me estas diciendo que esta niña es la mismísima hija de CESAR?
– Si Athan eso dije.
– ¿Pero tu estas mal de la azotea? Hércules... hija de Cesar, que esta a favor de Hades...
– ¿Como sabes tu eso? – dijo Hércules
– Te sorprenderías lo que sé Hércules... Hiciste una locura salvando a esta niña.
– ¿Piensas que es una locura salvar a un indefenso? Esta cría no tiene la culpa de las cosas que hizo su padre. Athan, ¿Qué pasaría si yo te echara la culpa de las acciones de tu padre?
Athan se tenso – A mi padre ni lo menciones…
Hércules intento suavizar el ambiente – Athan, esta niña estaba en peligro... como tantos otros...
– Pero Hércules... piensa en Meg. Deja la niña y ves a buscarla…
– ¿Crees que no es lo que quiero? Pero no pienso abandonar a esta. No pienso dejar que muera por el hecho de ser hija de quien es.
Athan se resigno... era inútil intentar de convencer a su amigo.
– ¿Sabes algo de Meg? – Pregunto Hércules
Athan miro a su amigo de nuevo – No… puede.. espera, ¿Oíste esto?
Hércules se tenso, solo escuchaba el crepitar del fuego y el ulular de alguna ave. Athan cogió su espada y se levanto, seguido por Hércules. Ahora si que escucho el sonido, algo se aproximaba.
Hércules preparo la posición de ataque, dispuesto a enfrentarse a lo que fuera...
– ¡Jolines! Odio los camellos estúpidos...
Casandra se quedo callada al ver a las dos figuras paradas enfrente de una gran fogata. Al reconocerlos el corazón le dio un vuelco.
– Oh… dioses...Oh... ¿Herc? ¿At…?
Hércules y Athan se quedaron parados – ¿Casandra?
– Casandra – Repitió Athan
Inmediatamente los tres se acercaron y se fundieron en un sincero abrazo...
– Por los dioses Casandra como… ¿Como estas? ¿Que estas haciendo aquí? ¿Y Meg…?
Casandra estaba saturada por tantas preguntas.
– Llevo días viajando, necesito descansar un rato.
– Oh por supuesto siéntate– Dijo Athan
Casandra le mostró una tierna sonrisa y se sentó a su lado.
– Casandra me alegra de verte... ¿pero donde esta Meg? – Dijo Hércules con un rostro preocupado.
Casandra empezó a explicar la historia...
– Veras Hércules… Fuimos sorprendidas por los romanos Meg fue raptada y Nadina…
Hércules se tenso – ¿Que Meg fue raptada?
– Hércules fui en su busca, iba siguiendo su rastro cuando la…. cuando la camella se asusto y me tiro, llegue hasta aquí por casualidad.
Hércules se levanto
– Herc amigo que haces, ¿Donde vas? – Pregunto Athan
– No pienso quedarme con los brazos cruzados. ¡Se han llevado a mi mujer!
– Hércules, es oscuro. No te será posible encontrar sus huellas – dijo Casandra poniéndose de pie.
– No pienso quedarme un minuto más quieto... solo pensar en que le pudieran hacer daño…
– Hércules, razona – Suplico Athan
– NO, VOSOTROS QUEDAROS. YO IRE A BUSCARLA... NO… NO TENDRIA QUE HABERLA DEJADO SOLA... CREÍ QUE ESTARÍA A SALVO...
– Hércules... hiciste lo mejor para ella. No te culpes por favor… Si tienes que echar la culpa de alguien... es a mí... no percibí que nos atacarían… vaya pitonisa...
– No, no, Casandra… tengo que rescatarla. Y esta vez no permitiré que me la arrebaten.
– Pero…
Hércules levanto la mano, sin decir nada mas, comenzó a recoger las cosas para marcharse.
– ¿Que piensas hacer Hércules? ¿Dejarnos aquí como a perros?
Hércules levanto el rostro.
– No quiero causar mas daño Athan, un poco más y pierdes la vida por mi... No quiero que nadie más sufra.
– No pienso dejar a un amigo – Dijo Athan decidido.
– No voy a repetirlo Athan. Esta vez mando yo.
– No tienes derecho a decidir esto Hércules. Y menos estando como estas. Apenas tienes fuerza ¿Es que no te das cuenta? Déjanos ayudarte.
Hércules suspiro, estaba agotado y sin ganas de discutir. Lo único que quería ahora era encontrar a Megara.
– Esta bien, pero partimos ya.
Atan no dijo nada, miro a Casandra, que asintió. Hércules despertó a la niña.
– Atella… despierta. Nos tenemos que ir..
– ¿Que… que pasa? ¿Vienen los malos?
– Sí Atella, vienen los malos. Anda vamos. – Dijo Hércules cogiéndole de una mano.
Casandra al ver a la niña se quedo parada.
– ¿Y… esa niña? –Pregunto mirando a Athan
– Una larga historia... créeme. Te lo contaré en otro momento.
Casandra estaba alucinada ¿Cuantas cosas más tendría que ver?
En el inframundo….
– Ay... Esto no le va gustar nada a nuestro jefe...
– Se enterara de todas maneras Pánico, y tendremos que ser otra vez carbonizados ugggg – Dijo Pena cogiéndose la cola
– Será mejor entrar...
– ¡PENA, PÁNICO!
– Creo que es demasiado tarde…
Pena y Pánico entraron en la gran sala, donde se encontraba Hades dando de comer al gran perro Cerbero.
– Y bien, información...
Pena trago saliva y dijo precipitadamente – Bueno… verá su ilustrísima... señoría... uno de los soldados de Hércules entro inesperadamente en el coliseo y… lo liberó...
– ¿Me fallaron los oídos…? ¿Que uno de los soldados de Tontules entró?
– Eeeh Sí… jefe – Dijo Pena con una voz aguda de temor...
Hades se encendió en cólera – ¡Imposible…! No puede ser! Puse guardias en todas las entradas del coliseo... ¿Como ha pasado?… ¿Quien era el tipo? – Dijo Hades cada vez más rojo de ira.
– Eh… no.. señor, nos informaron…
– SERAN….. AAAAAAAH, – Hades estalló y Pena y Pánico fueron a refugiarse – ¡MALDITOS! UNA COSA, SOLO LES PIDO UNA COSA... Y TODO EL PLAN AL GARETE POR UNOS INUTILES…
– Se… señor… seguro que hay alguna manera de…
– ¡MANERA,MANERA! SI UNO QUIERE LAS COSAS BIEN ECHAS LO TIENE QUE HACER UNO MISMO. PREPARAME EL CARRO ME ENCARGARE YO MISMO DE ATRAPAR A HERCULES... Y ESTA VEZ SE ACABARON LOS JUEGOS, SIMPLEMENTE LO MATARÉ.
– Pe…pe…pero señor... Zeus
– ¿ZEUS? ¡NO PRONUNCIES ESE NOMBRE! YO MISMO ME ENCARGARE DE ESE BASTARDO... Y UNA PREOCUPACIÓN MENOS.
Pena y Pánico vieron como Hades desaparecía de la sala dejando un rastro de humo.
– Creo que no está de buen humor.
Pánico le dio una torta en la cabeza a su compañero – Pues claro que no esta de buen humor tonto... será mejor seguirlo.
En otro lugar…
Meg fue despertada por los pájaros, al abrir los ojos pudo ver que la cueva donde estaba tenía las paredes decoradas con florituras, como si estuvieras en el propio bosque. Todo estaba ordenado con mucho cuidado. Se levanto agarrándose el vientre mientras le venían a la mente los eventos de la noche anterior... Un poco más y lastima a su hijo...
Meg dirigió a una mesa de madera en el centro de la cueva, unos troncos anchos y robustos servían de asiento.
– Veo que ya te has despertado.
Meg se giro al ver la mujer que le había ayudado con los romanos.
– Eh, sí. No suelo dormir mucho…
La mujer paso a su lado sin mirarla y dejó unos conejos encima de la mesa, Meg los miro sorprendida.
–¿Es que nunca has visto unos conejos muertos?
– Sí, claro.
La mujer no dijo nada y se puso a desollarlos. Meg con cara de asco fue a coger un poco de fruta en una cornucopia situada al otro lado de la cueva.
– Ayer… ¿Dijiste que eres Artemisa?
La mujer levanto la vista.
– Sí la misma.
Meg prosiguió con cautela.
– ¿La diosa Artemisa?
La mujer no levanto la vista.
– Es que no tienes ese aura plateada como todos los dioses...
Artemisa dejo lo que hacia para mirar a Meg – Puedo pasar desapercibida si quiero. Puedo ser una más. Así me es más fácil localizar a los humanos maltratan el medio ambiente y matan animales por diversión.
– Ósea… Eres una protectora también para los animales y el bosque.
– Sí… más o menos.
– Entonces… ¿Que hago yo aquí?
Artemisa siguió desollando a los conejos.
– Me han pedido que te vigile.
Meg se quedo pálida – ¿Vigilarme?
– Sí, hace un par de días en el Olimpo hubo una reunión. Zeus estaba muy enfadado por la situación y el peligro que corría su nieto.
Meg se quedo sin habla – Pero… Casandra me estará buscando ella me esta ayudando y ….
– Los mortales no puedan hacer nada ya. Te enfrentas a un dios como Hades. Tu amiga fracasó. Ahora nos toca nosotros tomar la iniciativa.
– Casandra no ha fracasado. Todo el mundo esta dispuesto ayudarme... salvar a mi bebé... Y Hércules... él…
– Olvídate de Hércules Megara. Él no esta aquí para protegerte.
Meg se quedo pálida. Empezaba a creer que esa diosa Artemisa no era tan encantadora como la describen.
– Hércules intento protegerme. Fui yo la que, desde un principio, no le conté nada cuando paso lo de Adonis. Tampoco tenia clara las intenciones de Hades y lo que quería de mi...
– ¡Mortales! Siempre haciéndose los valientes. ¿Sabes querida? En esto opino igual que Ares: los mortales sois demasiado débiles, demasiados sentimientos... Y Hércules … cayó en ese sentimiento... mira que tener un hijo con una mortal…
Meg estaba anonadada, furiosa… – No permitiré que hables así de Hércules. Si no quieres ayudarme, bien, no te molestes. Puedo arreglármelas muy bien sin ti.
– Que insolente eres Megara. Si no fuera por mi esos idiotas de Roma estarían haciéndote picadillo. No lo hago por ti querida, no te halagues. Sino por Zeus.
– Sabes, me alegro que Hércules no sea como tú… una diosa que se cree mejor que los humanos por mostrar nuestros sentimientos. Al menos sabemos lo que es amar. Tú, como diosa, no entenderás ni la mitad de las cosas…
Artemisa se puso en pie, de repente el aura dorada le recorría todo de forma brillante – No tolero, MORTAL, que oses hablarme así. Soy una DIOSA…
Meg no retrocedió – No toleras que Hércules haya decidido ser mortal y vivir con la mujer a que ama. Tienes envidia. ¿No es así Artemisa… ?
Artemisa se puso roja de furia y dando un grito de frustración desapareció tirando todo el contenido de la mesa por el suelo.
Meg se quedo mirando el punto donde había desaparecido la diosa. No se había dado cuenta que en todo el rato que había durado la discusión tenia apretados los puños hasta lastimarse. Se relajo brevemente, hasta que se dio cuenta que hacer enfadar a una diosa no era muy recomendable.
Un capitulo más :) ¿Podrá Hércules encontrar a su amada? ¿O será Hades? En el Olimpo, algunos dioses son poco tolerantes con los mortales y Artemisa no es una diosa muy compasiva. La disputa entre dioses sigue y Zeus tendrá complicaciones para intentar convencer algunos dioses. Las parcas lo han anunciado el final se acerca y el alumbramiento se va acercando… cada día que pasa Meg no lo tiene fácil…
Esto y más en próximos capítulos.
