Capitulo 34 El pan de Hera

El mundo era un verdadero caos. Desde la huida de Hércules Hades había enviado miles de guerreros, rastreadores y criaturas del averno solo para poder capturarlo. Se había realizado una proclama, todo monstruo, demonio o mortal que viera al fugitivo debía dar voz de alarma, su pena de muerte por traición.

Zeus veía con preocupación lo que estaba pasando desde el monto Olimpo. Le era imposible localizar a su hijo, por lo que solo podía estar pendiente a lo que su hermano se proponía.

– Querida… tengo que hacerlo. Si sigue así destruirá todo. Tengo que pararlo, por la fuerza si es necesario.

– Zeus, caerás en sus manos, ahora mismo Hades tiene demasiado poder… si Hades te captura hará lo que sea para sonsacarte información.

– Prefiero estar en sus manos a que mi hijo muera. Y no pienso dejar que ese bastardo lastime a Megara o a mi nieto.

– Me enterado que los huevos de dragón que tenía guardados ya han eclosionado…. ¡Ahora empieza a crecer este ejercito! Y no solo eso Zeus…– Dijo Hera

– Que quiere decir que no solo eso, ¿Te parece poco Hera?

– No sabes nada… Mis espías dicen que Hades está sacando criaturas de lo más profundo del Tártaro… seres encerrados hace eones, mucho antes del nacimiento de los dioses...

– ¿Está loco? Será incapaz de controlar esas criaturas. Esto se le ira de las manos…

– No lo creo, parece ser que sí ha logrado ponerlos de su lado, pero lo que me preocupa no son esos demonios querido. Recuerda que allá, en lo más profundo del infierno, estaba vuestro padre… Creo que pretende liberarlo.

– ¿COMO? ¿CRONOS? ¡IMPOSIBLE! SE QUISO COMER A SUS PROPIOS HIJOS… ¡A EL INCLUIDO! NO PUEDE… ESTARIA FRINGIENDO LA LEY MÁS SAGRADA DE TODO EL COSMOS.

– Pues creo que es su propósito.

– Hermano… – Dijo Zeus con ira.

– Zeus te lo suplico, escúchame. Tengo un plan con el que podremos ganar algo de ventaja… pero tienes que escucharme por favor…

– Hera, tu plan tiene buenas intenciones… pero separar a una madre de su hijo no es buena idea…

– Pero ella lo entenderá. Solo hasta que pase todo esto. Zeus… ¿Sabes que pasara si Hades toma al niño verdad?

Zeus miro a su mujer sin saber que decirle.

– Meg querrá estar con su hijo. – Dijo Zeus con un suspiro

– Si, pero… donde tendré al bebé protegido no es lugar para mortales. El hijo de Hércules, como semidiós, podrá acceder… igual que su padre…

– ¿Dónde has pensado llevarlo, Hera?

Hera sonrió.

– Confía en mí.

Hera se retiro del lugar. Zeus, cansado, se sentó en su gran trono de nubes. La cosas se ponía complicada… no entendía como su hermano podía llegar a eso… ¿Es que no tuvo bastante con la ultima vez?

En el bosque…

Hercules y los demás se mantenían escondidos. Las hordas de Hades registraban la zona por tierra y aire, escudriñando cada rincón del bosque.

– Hércules, no podemos mantenernos escondidos todo el tiempo. A saber donde estará Meg ahora. – Dijo Casandra con desesperación.

– Casandra, tranquilízate, ¿Quieres? – Le respondía Athan

– Sigo pensando que tendrías que llamar a tu padre. A lo mejor nos puede ayu…

– Ni lo pienses Casandra. Si llamo a mi padre el vendrá rápidamente… y entonces será un blanco perfecto para Hades. – Dijo Hercules con rotundidad.

– Entonces… ¿Qué propones Hércules? Ir de sitio en sitio escondiéndonos no ayudara a Meg. – Casandra se estaba impacientando.

– Tengo hambre – Dijo Atella

– Lo que nos faltaba…– Dijo Casandra mirando de reojo a la pequeña.

– ¿Qué pasa Cas? ¿No te gustan los niños?– dijo de repente Athan

– La verdad es que… no – Dijo algo mosqueada.

– Oh vamos… si son encantadores. ¿No te parece? – Dijo Athan con socarronería.

– Pues no… nunca se me dio bien cuidar nada. ¡Que te lo diga Hércules!

Hercules se giro al ser nombrado – ¿Qué pasa con vosotros dos que no calláis?

– Anda Herc, cuéntale esa clase en la que teníamos que aprender responsabilidad cuidando un huevo.

Hercules levanto la ceja – ¿A qué viene eso?

– Le pregunte a tu encantadora amiga si no le parecía graciosa la pequeña... – respondió Athan mirando a Atella

– No, no, me pregunto si me gustaban los niños. Que no es lo mismo. – rectifico Casandra.

Hércules puso los ojos en blanco – Casandra hizo una tortilla de huevo. – Contesto

– ¿Qué? – Respondió Athan.

– ¿Qué pasa? Anda que no estaba buena, solo le faltaba el jamón y…. "un bon plat amb pa i tomaquet" desayuno completo.

– ¿Estas de coña? Esta de coña, ¿verdad Herc? – dijo Athan mirando a Casandra y luego a su amigo.

– Que va, lo hizo – repitió Hercules.

– Que fuerte… entonces más vale que Atella se aparte de ti… no sea que te la comas también.

Atella levanto la cabeza – ¿Co… comerme?

– Huy no, prefiero la tortilla…

Hercules cogió a la niña y le giño un ojo indicándole que todo era una broma privada.

– Vale chicos. Dejad las bromas aparte. Tenemos que pensar en un plan.

– Si, mas vale, antes que Casandra nos coma. – Dijo Athan.

Casandra lo miró con mala cara.

Mientras los amigos preparaban un plan, en otro lado del bosque Meg continuaba en la cueva de Artemisa.

Desde la discusión la diosa no aparecía mucho por el lugar. Tan solo para traer comida y algunas ramas para el fuego.

La noche era fría. Meg se encontraba sentada encima de una manta mientras que con otra se tapaba. Habían pasado meses y ya se notaba el vientre muy hinchado, no faltaba mucho, un mes o así…

Un ruido en el exterior la sacó de sus pensamientos, era Artemisa que llevaba un gran venado para la cena de esa noche.

– Por fin encontré algo para que puedas comer… Cada vez se pone más difícil encontrar animales. – dijo Artemisa sin levantar la vista de la pieza que había cazado.

– Artemisa… siento haberte levantado la voz. Sé que no es de tu agrado mantener una mortal pero…

– Megara, déjalo quieres… – Dijo sin mirarla.

Meg se molestó

– ¡Porque no me miras por lo menos! Oye, no tengo la culpa de todo esto. No se porque estas así conmigo. Yo solo quiero que termine esto tanto como tú. ¡Y poder ir con mi marido y mi hijo a casa!

Artemisa levanto la cabeza y esa vez si la miro.

– No entiendes nada mortal. No voy a dejarme engatusar por tus palabras. Soy una guerrera. Lucho para defender estos bosques… o lo que queda de ellos. Hades está terminando con todo, hasta con los animales… Estoy harta de escuchar tus habladurías constantes.

– Pero no son habladurías Artemisa. Si pudieras escucharme tan solo, o entender los sentimientos…

De repente Artemisa exclamo

– ¡Es verdad! No te has enterado.

– ¿De... de que? – Pregunto Meg

– Claro, si no has salido de aquí – dijo Artemisa con una pequeña sonrisa mientras preparaba la carne.

– ¿Que es lo que tengo que saber? – Dijo Meg con un tono serio.

Artemisa se giro y se sentó enfrente de ella con un gran bol donde estaba la carne pinchada en ramas para poderla poner al fuego.

– Hércules ha escapado. Hades esta encolerizado y ha movilizado casi todo su ejército tras él.

Meg se quedo parada, en parte emocionada… pero asustada al mismo tiempo.

– ¿Que ha escapado? ¿De… de donde?

– Tu fortachón estaba atrapado en Roma. Siendo torturado y todo eso, pero logro escapar…

– ¿A…atrapado? ¿Torturado..?

– Si… eso es lo que han dicho mis fuentes. Los pájaros son fieles amigos de la naturaleza, y saben escuchar por donde quiera que pasan.

Meg no respondió, quería escuchar más de la historia.

– Parece ser que fue un escuadrón a rescatarle, pero solo sobrevivió su comandante, llamado Athan. ¿Te suena el nombre?

Meg negó con la cabeza.

– Pues se ve que él libero a Hércules casi en solitario, se enfrento a decenas de esbirros de Hades para permitir escapar a Hércules y una pequeña niña.

– ¿Una... una niña?

Artemisa sonrió – Sí una niña.

Meg levanto una ceja – No te creo…

– ¿Que no me crees? – dijo Artemis borrando la sonrisa de su rostro.

Meg asintió

– Bien… – con un silbido potente la diosa hizo aparecer un águila hermosa de plumaje blanco y alas doradas. – Te presento a mi fiel a acompañante Brizna.

– ¡Es hermosa! – Dijo Meg impresionada por el hermoso animal.

– Sus alas me recuerdan al caballo alado de Hércules ...

– Pegasus – Dijo Artemisa

Meg la miro y sonrío

– Si, conozco ese bello animal. Zeus se lo hizo a su hijo el día de su nacimiento.

Meg le pareció que la diosa se estaba relajando...

– Artemisa, yo…

Artemisa la miro – No cambiare lo que pienso de vosotros. Esto lo hago por Hércules, Zeus y el niño que viene de camino, no por ti.

– No entiendo cuál es tu problema. ¿Que he hecho para que te molestase tanto que Hércules este con migo y decidiera ser mortal?

– ¡Hércules era un dios! Al nacer nuestros padres nos comprometieron… para perpetuar nuestro linaje.

Meg se quedo atónita – ¿Que, que? ¿Tú y él?

– Estábamos comprometidos, sí… pero fue el fatídico día que lo raptaron, el día que dejo de ser un dios cuando se rompió nuestro compromiso. Zeus nunca le conto la verdad, yo se lo dije pero… no me escucho… esperaba que consiguiera recuperar su divinidad, que pudiéramos por fin estar juntos… pero fue esa noche en que tu apareciste…

– ¿Me… me estabas observando? – Dijo Meg con los ojos como platos

– Lo observaba a él. Tú apareciste esa noche, manipulándolo con tus encantos. No entendía que veía el en ti. No lograba entender el porque… y luego lo de Hades. Estaba furiosa, el estaba cegado por ti y no veía tus engaños.

– Eso no es cierto Artemisa– dijo Meg defendiéndose– Hades me manipulo, me uso…

– Y tú te dejaste llevar para salvar la vida a un estúpido mortal, que luego te dejaría por otra.

Meg se quedo parada.

– Si Meg, lo sé…

– Entonces, si lo sabes, también sabrás que yo no quería darle el punto débil de Hercules.

– Si… pero tus intenciones fracasaron. Pensaba que con eso Hercules no volvería hablarte pero… su amor por ti es muy fuerte. Te quiere y te adora Meg, más de lo que tú te puedas imaginar.

A Meg se le llenaron los ojos de lágrimas – Y yo a él. No podría vivir sin él. Tú no sabes que es llevar esta cruz, a cada momento que pasa no se si saldré de esta, si podre volverlo a ver, si mi hijo sobrevivirá… estoy aterrada… Y él no está, siento el vacío…

Artemisa la miro

– Meg, Hércules está bien. Lo que me dicen mis animales es cierto. Ellos controlan todos los movimientos y me dan ventaja estratégica que me permite informar a Zeus de lo que hace Hades.

– Entonces ¿Podrán decirte donde se encuentra?

– Podrían, si… pero es un riesgo. No todas las criaturas del aire están bajo mi mando, Hades tiene seres vigilando también cualquier paso en falso.

– Necesito saber Artemisa. Tú puedas hacer que venga, tus animales lo pueden conducir hasta aquí... – Pensó Meg con entusiasmo.

– Es muy arriesgado… no sé si…

– Por favor… te lo pido por favor. Hazlo por él, ya no te pido que lo hagas por mí. Si no por mi hijo.

Artemisa la miro y un pequeño brillo apareció en sus ojos, pero se esfumo rápidamente. – Esta bien Meg…

Bueeeeno jejeje pronto, pronto… ¿Podrán encontrarse Hércules & Meg? ;P Esperemos que Artemisa pueda con lograr el reencuentro… y que Hades no sea aguafiestas jejeje. La cosa se pone negra y más cuando Hades quiere sacar de los infiernos a su padre, el famoso Cronos…