siento por el error ahora os paso el nuevo..
Capitulo 36 El nacimiento
Era una oscura y fría noche, el silencio del bosque se interrumpió por el grito de una mujer…
– Dioses… ¡Qué dolor…!
– Esta bien. No te inquietes… Respira…– Dijo Artemisa
Meg estaba estirada en la cama, las contracciones habían empezado.
–Creo que ya viene.. uffff…
– Mantén la calma.
– Por favor ¡Trae un médico! - chilló Meg
–No voy a llamar a nadie, he asistido a muchos partos. Tu relájate y haz lo que te diga. Respira hondo, poco a poco ¿Vale? Voy a traerte algo.
–¿Do… donde vas?
–Tranquila estoy aquí. Toma esto, te sentará bien.
–¿Que es? – Pregunto Meg algo aturdida.
–Es para los dolores.– Respondió Artemisa
Meg cogió el vaso que le ofrecía Artemisa y apuró su contenido.
–Me siento… muy cansada….
Ya dije que es para calmar el dolor Meg. Eso es… así… descansa…
Artemisa se puso a atender al parto, tras unos momentos nació un niño hermoso y regordete de cabello dorado. Tenía los ojos cerrados, profundamente dormido…
Artemisa lo lavó y lo envolvió en una manta de lana para que entrara en calor. El pequeño despertó y empezó a llorar por hambre… Artemisa vio que Meg se movía instintivamente, pero no llegó a despertarse.
Artemisa suspiro profundamente y con un silbido llamó a su animal, que entro majestuosa en la estancia.
– Brizna, fiel amiga de los bosques, lleva a esta criatura al monte Olimpo, donde te espera Hera. Ve y ten cuidado de los espías de Hades.
El águila haciendo un silbido, cogió al pequeño con cuidado entre sus garras y estiro las alas para salir volando de la cueva.
El ave rapaz voló por encima de montañas y valles, atento a los peligros, escondiéndose cuando veía algún que otro siervo de Hades por la zona y solo proseguía su camino cuando estos desaparecían.
Pero pese a todo, durante el vuelo noto de repente una presencia tras ella. Al girar la cabeza vio que un enorme hipogrifo acercándose con sus garras extendidas en posición de ataque.
Brizna aceleró hasta volar todo lo rápido que le permitían sus alas, pero poco a poco la criatura ganaba terreno. De repente el águila comenzó a descender rápidamente, metiéndose entre el espeso follaje del bosque que había bajo ellos. El hipogrifo le persiguió, pero al introducirse entre los ramajes no pudo encontrar señales de Brizna, que se había resguardado dentro de una antigua madriguera en un árbol. Durante varios minutos la bestia rastreo el bosque gritando con rabia, hasta que finalmente se dio por vencida y se alejó.
El águila, tenía acurrucado al bebé entre sus alas, comprobó que el camino estaba despejado y prosiguió con su tarea.
Horas después llegaron a las puertas del monte Olimpo, donde Hera les estaba esperando. El águila depositó al niño en los brazos de su abuela, que lo acurrucó en su pecho.
– Gracias Brizna– Le dijo a la hermosa ave mientras esta iniciaba el descenso.
Miro al bebé que tenia en sus brazos. Los rasgos de la criatura eran los mismos que tenía su propio hijo cuando era un bebé… se le encogió el corazón… Pero no podía perder tiempo. Tenía que llevar a la criatura a los Campos Elíseos sin demora.
Tapó bien a la criatura con la tela y lo apretó contra su pecho. Con un movimiento de brazo se abrió un hueco en la montaña por donde aparecieron unas enormes escaleras de piedra en espiral, descendieron por ellas hasta llegar al final, donde encontraron una puerta de hierro enorme con un epitafio labrado que decía…
"Aquellos que mantengan tres veces su juramento.
Manteniendo sus almas limpias y puras.
Jamás dejaran que sus corazones sean manchados por el mal, la injusticia o la venalidad brutal.
Al palacio de Radamantis."
Hera, tras leer las palabras escritas en la inmensa puerta, puso la mano en ella se abrió iluminándose con una luz divina.
Al cruzar el umbral llegaron a un mundo completamente diferente de una belleza extraordinaria. Campos y prados se extendían al infinito repletos de hermosa vegetación. Una tranquilidad absoluta reinaba en el lugar.
Eran los campos Elíseos, la última morada de los héroes, donde pasaran la eternidad en paz al cuidado de bellas ninfas.
Una de ellas se aproximo a Hera mostrando una tierna sonrisa.
– Buenas, mi señora. Veo que trae consigo a la criatura. – dijo extendiendo los brazos
Hera asintió, pero sin darle el bebé aún.
– Prométeme, Seiya, que no dejaras que este niño sea capturado por el mal. ¡Sea como sea! No dejes que le pase nada…– Dijo Hera con seriedad
– Tranquila mi señora. Este niño estará a buen resguardo. Aquí, en los campos Elíseos, tendrá la protección de todas nosotras.
Hera asintió y, con una tierna sonrisa, descubrió la cara del pequeño para verlo. Seguía dormido. Le dio un beso y lo dejo al cuidado de las ninfas y le dio un último adiós mientras se dirigía al bosque donde Meg despertaría pronto.
En la cueva…
Meg despertó, lo ultimo que recordaba eran las contracciones al empezar el parto y luego... nada…
Intento incorporarse, pero Artemisa se lo impidió.
– Uff, la cabeza… ¿Don… donde esta?.
Artemisa no contesto
– ¿Que Donde esta? – Dijo Meg algo aturdida.
– Megara, será mejor que descanses a sido un parto largo y…
– NO! ¡Quiero ver a mi hijo!
Artemisa se callo y dirigió su mirada a la entrada de la cueva. Había alguien allí. Meg intento girarse para ver quien era pero el dolor le impidió moverse.
– Haz caso Megara, acabas de dar a luz y necesitas descansar. Si no podrías tener otro desgarro.
Meg reconoció esa voz…
– ¿Hera?
Hera se acerco y se sentó a su lado con una sonrisa cogiéndole la mano – Tienes buen color – Dijo
Meg sonrió pero la sonrisa se le congeló rápidamente – ¿Donde esta mi hijo? ¡Quiero verlo!
Hera miro Artemisa, que también la miro. Meg se estremeció – Oh.. no... ¿Que ha pasado? Algo le ha pasado a mi hijo... ¿Verdad? Dioses…
– No, no Megara. El niño esta bien. – Dijo Hera inmediatamente para tranquilizarla.
Meg respiraba con nerviosismo – ¿Donde esta? ¡Quiero ver a mi hijo!
– Meg querida. Se que no te gustará… lo que tengo que decirte. Quiero que entiendas que es lo ultimo deseaba hacer pero… no había otra solución.
Meg se quedo atónita – ¿Que… que quieres decir con que no había otra solución…? ¿DONDE ESTA MI HIJO?
Hera intento tranquilizarla – Tu hijo esta a salvo, es un niño fuerte y recio, con la cara de su padre... Ahora esta oculto, protegido, hasta que podamos detener a Hades…
Meg no podía entender nada… su hijo... ¿donde?
– ¿Pero donde esta mi hijo? ¿Quien esta con el? Solo quiero verlo… – Dijo Meg con lágrimas en los ojos.
Hera sabia lo que sentía la pobre mujer... Sabía el dolor que conllevaba separar así a una madre de su hijo... Pero era su mejor opción si querían que el niño sobreviviera.
– Meg, querida, sé que no vas a entenderlo. Pero estate tranquila, le lleve a un lugar donde Hades no carece de poder. Es un lugar al que solo los valientes y nobles de corazón pueden entrar.
– ¿Como quieres que este tranquila? ¡Me habéis arrebatado a mi hijo sin contemplaciones! ¡No he podido ni tenerlo en mis brazos! ¿Como queréis que me sienta? Nueve meses sintiendo la vida que crecía en mi interior y cuando llega el que debería ser el día más feliz de mi vida... ¡Me lo arrebatáis sin más! – Meg estaba echa una furia.
Artemisa se puso de pie – Ingrata, podrías agradecer que los dioses velen por el bienestar de tu hijo en vez de reprocharles lo que están haciendo.
Artemisa, calla – Dijo Hera conciliadora – Entiendo perfectamente tu actitud Megara, pero debes comprender que si tu hijo cae en las manos de Hades no habrá salvación posible. El poder de Hades crece cada día mas y mi marido ya esta haciendo todo lo posible…
– Por lo menos podría haberme despedido de él, acompañarlo…
– Meg al lugar al que lo envié no puedes entrar siendo mortal. Pero no temas, tu hijo esta en buenas manos… confía en mi.
Meg no se sentía muy dispuesta a confiar. Estaba muy enfadada, y se sentía traicionada…
– Tu sabias todo esto, ¿verdad? – Le pregunto a la diosa Artemisa
Artemisa no contesto.
– Por eso me trajiste aquí. ¡Para poder robarme el bebé cuando naciera!
– Mortal, yo no he robado nada.
– ARTEMISA.. – Dijo Hera de mala manera
Artemisa estaba enfadada.
– ¿Todo era mentira? ¿Lo de buscar a Hércules también? – Dijo Meg con cólera en los ojos.
Hera levanto la mano para interrumpir – Meg, Artemisa hace meses que esta utilizando a sus fieles animales en busca de mi hijo.– Dijo Hera
– ¿Y si ya esta atrapado en manos de Hades? – Dijo Meg con terror
– Me lo hubieran informado, Hades no sospecha hasta donde llegan mis espías. – Respondió Hera
Meg se dejo caer en la cama echa una furia, impotente.. Empezó a llorar desconsoladamente.
Hera se levanto y le indicó a Artemisa que saliera. Ambas salieron de la cueva dejando a Meg descansar.
– Artemisa, de ahora en adelante te pido que vigiles a Meg. En su estado es muy vulnerable, podría cometer cualquier locura para recuperar al niño – dijo Hera con determinación.
– Pero mi señora. ¿No seria mejor decirle donde se encuentra?
– ¡NO! NI UNA PALABRA ARTEMISA. Si fuera capturada Hades no dudaría en torturarla hasta sonsacarle donde esta su hijo o simplemente leer sus pensamiento.
– Pero no puedo tenerla mas tiempo. ¡No la soporto!
– Artemisa. Sé que aprecias mucho a Hércules. Hazlo por el.
En ese momento apareció la fiel águila de Artemisa moviéndose aceleradamente.
– Brizna ¿Que pasa? ¿Que viste?
Artemisa comenzó a sonreír al escuchar las noticias que le traía su amiga:
– Es Hércules. Lo han localizado… ¡esta cerca de aquí!– Dijo Artemisa con alegría.
Hera cerro los ojos de alivio y esperanza. Rápidamente entro en la estancia donde Meg seguía tumbada.
– Meg ¡Han localizado a Hércules cerca de este bosque! - dijo Hera sonriente
Meg se incorporo rápidamente
– Entonces podemos ir a buscarlo y traerlo hacia aquí Artemisa
– Demasiado peligroso – Dijo la diosa mientras acariciaba al pájaro.
– Pero… Hércules estará en peligro ahí fuera. Aquí podremos escondernos y planificar el contraataque contra Hades.
– Meg tiene razón Artemisa. Con Hércules podréis avisar a los soldados y reagrupar el ejercito. Pero deberéis marchar a otro sitio. Temo que tu bosque ya no sea seguro Artemisa. Tu misma lo dijiste, los animales huyen, pronto no habrá comida…
Artemisa miro a Hera y luego a Meg con un suspiro de derrota.
– Bien, mi querida Brizna, ya sabes que tienes que hacer.
Dicho esto el ave emprendió el vuelo rápidamente a través del frondoso bosque…
Y En el próximo capítulo... ¿el esperado reencuentro? ;P
