Capitulo 36 "Hercules y Meg" 2ª parte

Mientras…

Hércules, Casandra, Atella y Athan continuaban su marcha buscando rutas por el bosque lejos los caminos y los guardias de Hades. Habían pasado horas desde la última vez, habían parado a descansar y una cortina de densa lluvia les ponía cada vez más difícil el avance.

– Hércules. No podemos seguir así. Hace horas que estamos caminando...

– Casandra tiene razón. Tenemos que parar. Piensa en la niña – Dijo Athan, que tenia cogida a Casandra por la cintura mientras la cubría con un manto.

– No, presiento que estamos cerca– Dijo Hércules tapando a la pequeña de la lluvia.

– Oye, que la de las visiones soy yo. Y te recuerdo que… – Dijo Casandra intentando levantar la voz por la tormenta.

– Si… es cierto, pero tengo el presentimiento de que vamos por el buen camino.

– No me digas… ¿Y no tiene el presentimiento de que hay que buscar refugio antes?– Dijo Athan con rin tintín.

– Amigo. Ten paciencia... – dijo Hércules

De repente sonó un chillido sobre ellos…

– ¡Dioses! ¡Nos han descubierto! ¡Sabía que teníamos que haber buscado un sitio!– chillo Casandra

– Tranquila, yo te protegeré. – dijo Athan sacando la espada de la vaina

– ¡Que alivio! – Respondió Casandra sarcásticamente

– ¿Crees que no puedo defenderos? – Respondo Athan disgustado.

– Chicos, mantened la calma, refugiémonos bajo ese árbol.– Dijo Hércules

Se dirigieron rápidamente bajo las ramas de un árbol sin dejar de mirar hacia arriba buscando el ser que los acechaba.

En ese momento, un águila de preciosas alas paso por el follaje y se posó en una rama cercana.

Casandra se acercó al animal. - Esta águila no puede ser de Hades, chicos, es un águila sagrada.

– ¿Un águila sagrada? ¿Desde cuándo sabes tú de rapaces? – Inquirió Athan

– Athan. Se puede ver que es un águila imperial. Parece ser que hemos entrado en los bosques bajo protección de la Diosa Artemisa.

– Pues creo que no le está gustando que pisemos su terreno. ¿No?– Dijo Athan

– Puede, pero si ve que somos viajeros sin malas intenciones no nos hará ningún daño. Lo mejor será salir poco a poco, sin hacer movimientos bruscos ¿Entendido?– Dijo Hércules

Los demás asintieron. Hércules comenzó la marcha lentamente seguido por el resto. El águila levantó su gran cabeza y los observaba detenidamente. De repente alzo las alas y se lanzó directo hacia Hércules.

– ¡CUIDADO!

Pero el bello animal paso por su lado, y se quedo volando sobre él generando un grito que resonó en todo el bosque mientras una luz cegadora les iluminaba.

Hércules se tapo los ojos y agarro a la niña fuerte esperando un ataque… Pero no sucedió nada. Delante de ellos se encontraba una mujer hermosa, ataviada únicamente con una corta túnica y un gran arco a su espalda.

– ¡Santa Hera! ¡Pero si es Artemisa! – Athan se quedo mirándola con la boca abierta hasta que Casandra le dio un discreto pisotón.

– ¿Quienes soy? ¿Que haces en mis dominios?

Hércules noto como la pequeña se movía inquieta. La dejo al lado de Casandra y se acerco a la diosa.

– Poderosa Artemisa. Soy yo, Hércules, hijo de Zeus…

A la diosa se le cambio la expresión inmediatamente.

– ¿He... Hércules?

Hércules se quito la capucha y mostro su rostro a una sorprendida Artemisa ya que él Hércules frente a ella había cambiado mucho durante este largo tiempo. Pero pese a la barba y las cicatrices seguía teniendo ese rostro bello que toda mujer admiraba.

– Veo que los años te han cambiado Hércules…

– Ha pasado mucho tiempo…– Dijo Hércules

– Creíamos que no te encontraríamos. Estábamos muy preocupados por ti, pero veo que has podido arreglártelas y sortear todas las dificultades. – dijo Artemisa

– Solo no, si no fuera por estos grandes amigos no podría haber salido con vida.

– Es como una especie de imán que atrae el peligro – Dijo con una risotada Athan antes de recibir un manotazo de Casandra. – Ay.

– Ya veo… – respondió Artemisa

– Artemisa… Te pedimos perdón si hemos entrado en tu santuario. Estamos buscando a una persona muy importante…– Dijo Hércules

– ¿Si? ¿De quién se trata Hércules? – Dijo la diosa arrogantemente

– Mi mujer, Megara. Está en peligro, Hades la busca y temo que...

Artemisa le interrumpió, cogiendo aire lentamente.

– Tu mujer está bien Hércules. Así como tu hijo.

– ¿Como… como lo sabes? ¿Los has visto? ¿Están bien?

– Este no es lugar para hablar. Ven conmigo Hércules, creo que todos tenemos largas historias que contar.

Hércules asintió, se coloco otra vez la capucha y dio señal a sus amigos para que lo siguieran.

Mientras caminaban Hércules no pudo reprimir su curiosidad.

– ¿Has visto a mi hijo? ¿Está bien?

Artemisa lo miro mientras caminaban.

– Tu hijo está bien. Es un niño precioso– Dijo Artemisa fríamente – Ahora sigamos …

Hércules se molesto con la respuesta, pero no podía hacer nada más que seguir a la diosa…

Mientras en la cueva…

Meg estaba cerca de la hoguera. Miraba fijamente como las llamas formaban un baile exótico, casi hipnótico. Todo había pasado tan deprisa… ¡Ni siquiera había visto a su hijo! ¿Como estaría? No podía perdonárselo. Nunca…

Artemisa entró en la estancia interrumpiendo sus pensamientos.

– Veo que te has levantado

– Si, estar tumbada me cansa – dijo Meg con la voz afligida.

– Tienes visita.

Meg levanto una ceja – ¿Visita?

Artemisa se aparto dejando pasar una figura alta encapuchada empapada por la lluvia, Meg se estremeció, pero antes de que pudiera decir nada, esa figura se aparto la capucha de su rostro… dejando al descubierto las facciones que conocía tan bien….su cara, ese pelo rojizo, esos ojos azules como el cielo…

– ¿Herc… Hércules?

Hércules se acerco y la tomo en sus brazos – Meg, dioses, Meg estas bien…

Meg estaba en shock. Las lágrimas salían con fuerza y resbalaban por su rostro. Abrazo a Hércules con todas sus fuerzas, temiendo que desapareciera, que solo fuera un sueño. Un pequeño lamento salió de su garganta, Hércules la envolvió con sus brazos para confortarla y transmitirle su presencia. Suavemente le cogió el rostro y le dio un beso profundo.

Artemisa observaba la escena desde el rincón, algo turbada.

En ese momento apareció Casandra con la pequeña y Athan. Al entrar en la estancia, vieron a su amigo besando y abrazando a Meg por fin.

Meg y Hércules dejaron de besarse. Y se acercó a su amiga-

– ¿Casandra? ¡Estas bien!

Casandra y Meg se fundieron en un abrazo.

– Meg, dioses. Me has tenido muy preocupada. Siento no haber estado ahí cuando debía…

– Casandra. No te preocupes – Dijo Meg limpiándose las lágrimas.

Casandra le mostro una sonrisa – Mira, te presento a Athan.

– Hola, Meg me alegro de conocerte al fin. Nos has traído de cabeza chica. – Dijo Athan con una sonrisa.

De repente Hércules se acerco a Meg, algo faltaba… – Meg cariño ¿Donde esta nuestro hijo?

Meg se tenso... pero Artemisa se adelantó.

– Hércules, hay cosas que debo contarte. Pero antes sentaros comed para recuperar fuerzas. Esta pequeña debe tener hambre, ¿no querida? – dijo Artemisa mirando a la pequeña niña que permanecía tras Athan.

Meg se fijo en la pequeña y luego en Artemisa

– Así… que es cierto.

Hércules miro a Meg sin entender.

– Lo de la niña. Artemisa me contó que llevabas a la hija de Cesar contigo.

– Una larga historia, pero ahora no es importante. Quiero ver a nuestro hijo.

– Hércules, será mejor que te sientes. Por favor. – Dijo Artemisa

Hércules miro interrogativamente a Meg y se sentó.

Casandra y Athan los imitaron, escuchando con atención.

– Veras… tu hijo está bien, pero...

– ¡Tu madre se lo ha llevado! Dice que lo envió a un sitio donde no corra peligro – soltó Meg de improvisto

– ¿QUE?

– Hércules, déjame explicarme, lo que Meg quería decir es…

– He escuchado perfectamente lo que ha dicho mi mujer, Artemisa… ¿Donde esta mi hijo? Como su padre tengo todo el derecho en verlo.

Casandra decidió que era momento de dejarles intimidad– Athan por que no me ayudas a preparar algo para la cena, eh?

– Pero Casandra…

Casandra lo cogió de la túnica, junto a la pequeña, salieron de la habitación.

Artemis prosiguió – Hércules, tienes que entender que tu madre no lo hizo para arrebataros al niño. Solo lo estábamos protegiendo.

Hércules estaba de mal humor – Ella no tiene ningún derecho, ningún derecho para hacer algo así sin consultarlo.

– Tienes que entenderlo Hércules. No es solo la vida de tu hijo la que corre peligro… también la de muchos otros… – Dijo Artemisa con irritación.

– ¿Y te da derecho a quitárselo a mi mujer?

– No fue idea mía… – Dijo Artemisa con un hilo de voz

Hércules dio un puñetazo en la pared. Meg se asusto al ver a Hércules así…

– Exijo ver a mi hijo.

– Eso no está en mis manos Hércules, y lo sabes.

– Hablare con mi padre, el lo entenderá.

– Muy bien… tu veras Hércules. Yo me lavo las manos.– Diciendo esto Artemis desapareció.

Hércules se sentó al lado de Meg y apoyo la cabeza en sus manos.

Meg le acaricio la cabeza con ternura– ¿Por que no me dijo nada de todo esto? Mis padres…

– Hércules por favor ahora no. Tu madre vino hablar conmigo. Yo también estoy enfadada, pero dice que nuestro hijo está bien protegido donde Hades no puede hacerle ningún mal.

Hércules miro a Meg con ternura – Siento mucho no haber podido estar a tu lado, siento haberme perdido el nacimiento de nuestro hijo…

Meg lo abrazo y le dio un tierno beso a los labios... – No te tortures mas cariño. Tú también me tienes que contar cosas, sobre todo esa niña…

Hércules sonrió – Sí… pero también tenemos que pensar cómo detener a Hades. Creo que por primera vez mi padre no es rival para él.

– Tu padre es un dios y tiene la ayuda de los otros dioses. Ahora tienes que pensar por ti y por tu familia Hércules… Las cosas van a ponerse difíciles. – Dijo Meg.

CONTINUARA…..

Bueno espero que os guste este capítulo :P

La cosa pinta bien ¿Perderá el monte Olimpo la confianza en el gran Z? ¿Esta el hijo de Hércules y Meg libre de peligro…? ¡Nos vemos en el próximo capítulo!