Capitulo 9

ASHLEY POV

Habían pasado varios minutos y seguía sin poder levantarme. Para colmo, la calor me estaba mareando y tenía la boca seca. Me costaba trabajo mantener los ojos completamente abiertos y no parecía que la situación fuera a ir a mejor. De repente escuché una voz llamándome detrás de mí. Estaba demasiado cansado para contestar pero no hizo falta, unos segundos más tarde una figura se paró frente a mí y se me quedó mirando fijamente. Levanté la vista con dificultad y descubrí que la figura era nada más y nada menos que de Andy. Pero ese no el Andy que yo conocía. La mirada de esta Andy no era tímida y avergonzada sino fría y preocupada a la vez. Sus ojos me intimidaron y bajé la vista al instante. ¿Andy me había intimidado?¿A MÍ? Me ayudó a salir de debajo del barranco y me impulsó para que me pusiera de pie. Intenté caminar solo pero el tobillo me falló y estuve a punto de caer. Me agarré a él y acepté que lo necesitaba para subir la ladera. Le pasé el brazo por la espalda para apoyarme en su hombro y él me sujetó por la cadera. Tanta proximidad me estaba dejando sin respiración. ¿Por qué?¿Es que ibamos a cambiar los papeles?De repente era él el que manejaba la situación y yo el que lo miraba avergonzado. Subimos la cuesta despacio y en silencio. De vez en cuando lo miraba de reojo. Era hermoso. Su cara tenía una expresión madura y apretaba los dientes con fuerza. Me hacía sentirme seguro. Ya no era ese crío tímido que tanto asco me daba. Debería hacerme daño más a menudo. Pero ¿Qué estaba diciendo?¿Acababa de reconocer que un hombre era guapo?¿Y precisamente Andy?Estas vacaciones me estaban sentando de pena. Probablemente todo esto era una pesadilla. Descarté la idea de la cámara oculta cuando salimos del pueblo pero estaba claro que todo esto no podía estar pasando de verdad. Por otro lado, era yo el que no podía dejar de mirarlo de reojo así que el problema lo tenía yo. Debía hacérmelo mirar.

Finalmente llegamos a la puerta por la que nunca debería de haber salido y lo solté para poder sacar las llaves del bolsillo. Un dolor agudo salió del tobillo herido al apoyarlo sin ayuda y me recorrió por todo el cuerpo. Andy debió notarlo porque me sujetó de la cadera para que no me cayera. Me estremecí.¿POR QUÉ? Mi cuerpo y mi mente no estaban de mi lado así que me intenté alejar de él y seguir solo. Mi tobillo me falló de nuevo y estuve a punto de caer pero Andy llegó a tiempo y me sujetó de la misma forma en la que subimos la ladera. Me dejó con cuidado en el sofá y puso un cojín sobre la mesa de centro. Me cogió delicadamente el pié dolorido y lo colocó encima.

-Voy a por hielo-Dijo, y desapareció en la cocina.

Me quedé inmóvil viendo como se alejaba. Sus movimientos eran decididos y se daba mucha prisa sin parecer desesperado ni asustado. Me acomodé pensando en qué iba a hacer cuando volviera.¿Pensaba quedarse conmigo hasta que mis padres volvieran? Que situación más incómoda. Puse un gesto de preocupación justo cuando él salió de la cocina con un trapo relleno de hielos. Supongo que pensó que el gesto era de sufrimiento porque se dio más prisa en colocármelo alrededor del tobillo para bajarme la hinchazón.

-Gr-gracias-Dije yo. Genial, ahora resultaba que tampoco podía hablarle sin titubear. Andy me miró, sonrió tímido y volvió a bajar la vista. Por un momento volvió a ser el muchacho que yo conocía y me sentí más seguro que mi mismo. Este sentimiento duró poco, porque enseguida reparó en las manchas de sangre de mi camiseta y la levantó para observarlas de cerca. Abrió mucho los ojos cuando vio todo mi costado teñido de rojo. Los arañazos eran muy finos pero la sangre se había extendido demasiado. Me lanzó una mirada penetrante que me dejó sin aliento y me dijo seriamente.

-Necesito saber donde guardáis el botiquín.

-En el armario de la cocina a la izquierda del frigorífico.-Contesté. La frase me salió rápida pero clara, como si temiera que me hiciera daño por confundir las palabras o hacerle perder el tiempo. Se levantó como un resorte y corrió en busca de lo que necesitaba.

Casi había recuperado el aliento cuando volvió con un bote de yodo, el paquete de algodón y un trapo húmedo. Volvió a arrodillarse frente a mí y usó el trapo húmedo para limpiarme la sangre del costado. A continuación empapó el algodón con el yodo y pronunció las peores palabras que le puedes decir a una persona que sabe que va a sufrir.

-Puede que esto te duela un poco.

Yo me quedé mirando embobado sus movimientos expertos hasta que el algodón que había posado sobre mi herida provocó que eso ardiera como el infierno.

-Lo siento, pero tienes que aguantar.

Me mordí el labio inferior y entrecerré los ojos para no soltar un grito. Andy trataba de ser cuidadoso pero con una herida como esta sus esfuerzos eran en vano. Cuando terminó con el primer arañazo lo repasó con más ímpetu. Yo me mordí los labios con más fuerza e intenté pensar en cosas bonitas. Andy se dio cuenta y sopló suavemente la herida para aliviar el dolor. Me provocó tanto placer que me estremecí y solté un gemido. Mierda. Andy me miró con una sonrisa traviesa y volvió a bajar la vista a la herida. Yo desvié la mirada hacia el otro lado y me maldije en silencio. Repitió el proceso(soplido incluido) con el segundo arañazo sin dejar de sonreir pero esta vez pude controlarme.

Cuando llegó al tercero preferí una muerte rapida. Era el arañazo más profundo y empecé a retorcerme de dolor. Tardamos un buen rato en curarlo, cada vez que Andy se acercaba con el algodón me sobresaltaba, él me miraba divertido y yo volvía a apartar la vista. Al final conseguí controlarme cerrando los ojos y mordiéndome el labio inferior hasta casi hacerme sangre. Cuando me quise dar cuenta hacía rato que Andy había dejado de curarme la herida así que abrí los ojos lentamente. Cuando me acostumbré a la luz la boca se me entreabrió de la sorpresa. Andy se había incorporado y ahora me miraba a medio metro de mi cara. Seguía sosteniendo el algodón pero ya había terminado de usarlo y ahora me miraba con los ojos brillantes y una sonrisa tonta en el rostro. Mi primer impulso habría sido apartar la vista(y seguro que el suyo también) pero por alguna extraña razón no podía dejar de mirarlo. Como si una mano invisible me empujara por la espalda me incliné hacia delante y le besé. Él me devolvió el beso y 5 segundos más tarde nos separamos lentamente y seguimos mirándonos como antes. Ambos estábamos sorprendidos tratando de averiguar cómo reaccionar cuando la puerta se abrió y mi padre apareció tras ella.