Capitulo 15

ANDY POV

Me desnudé rápidamente y me metí en la ducha para que el agua me pusiera los pies en la tierra. El torso de Ashley me volvía loco pero el torso de Ashley mojado podría matarme de un infarto. Me pregunté si algún día podría tocarlo a mis anchas o incluso si podría lamerlo como su polo de limón. Solté una carcajada silenciosa y apunté con la ducha a mi cara para sacarme esas ideas de la cabeza. Pero¿en qué estaba pensando? Era cierto que llevaba años enamorado de Ash, pero ese no era motivo para ir tan rápido. Había visto como trata a las chicas y yo no quería acabar como una de ellas. Tardé casi 15 minutos en ducharme para asegurarme de no encontrarmelo en la habitación cuando saliera. Me puse la toalla de la misma forma en que Ash lo hizo antes(sin causar el mismo impacto en la población) y fui directo a vestirme. Me puse unos pantalones pitillo negros y rajados y unas converse rojas a juego con mi camiseta de los ramones. Cuando bajé la señora Purdy me estaba esperando sentada en el sillón y me cedió el sitio para subir a ducharse ella. Ashley y su padre estaban sentados en el sofá hablando de fútbol. Quizás algún día podría enseñarme a jugar y así resolver el asunto que dejamos pendiente el día que nos conocimos. Cuando la señora Purdy salió del baño avisó a su marido para que entrara él y yo me quedé a solas con su hijo. Estaba mirando la tele muy concentrado en el partido y había vuelto a poner su gesto serio de siempre. Estuve a punto de preguntarle sobre el deporte cuando mi teléfono sonó. Era mi madre así que los siguientes 20 minutos los tuve que invertir en hablar con ella a solas en el jardín. Cuando volví a entrar en la casa el señor Purdy había vuelto a ocupar su asiento(esta vez con camisa y pantalón en vez de chándal) y seguían hablando del partido. Diez minutos más tarde se oyeron unos tacones en el piso de arriba y la madre de Ash bajó los escalones para ir directamente a la puerta. En cuanto la abrió padre e hijo se levantaron al unísono y salieron por ella dirigiéndose al coche. Yo les seguí y todos nos sentamos en los mismos lugares que por la mañana. 10 minutos más tarde el señor Purdy aparcó el coche en una especie de avenida y todos nos apeamos. Tuvimos que recorrer un par de calles más andando hasta llegar a una especie de calle mayor larguísima y llena de tiendas de ropa y souvenirs. La señora Purdy las fue visitando una por una con nosotros detrás mientras nos comentaba lo que le gustaba y lo que no o lo que era recomendable para nosotros. Dos horas más tarde habíamos terminado la calle y el señor Purdy cargaba con varias bolsas de su mujer mientras ella caminaba alegre con una gran sonrisa. Su hijo fruncía el ceño y ponía cara de asco mientras avanzaba varios pasos por delante, como si no quisiera tener nada que ver con ellos. Recorrimos varias calles más disfrutando del ambiente hasta salir al paseo marítimo. El suelo estaba cubierto de madera y el mar se alargaba a lo lejos con un color precioso. Seguimos caminando hacia la derecha y paramos a cenar en uno de los restaurantes de pescado frito de la calle. Durante la comida los padres de Ashley no pararon de contame anecdotas de sus vacaciones mientras su hijo ponía cara de vergüenza o les cortaba cuando creía que algo no debía de ser contado. Yo no paraba de reir y eso parecía incomodarle más. Cuando terminamos seguimos andando paseo abajo disfrutando del olor a tierra mojada y el color del amanecer sobre las olas. De repente giramos una esquina y lo que vi me dejó boquiabierto. Delante de mí se alzaba una gran noria de color blanco con cabinas de todos los colores que brillaban en el ya cielo nocturno. A ras del suelo se extendían las atracciones y puestos de colores brillantes y llenos de luces que relucían en medio de la noche. Sonreí como un niño pequeño y me dí cuenta de que Ashley me miraba de reojo. Cuando lo miré volvió la vista y puso un gesto serio de impaciencia. Sin embargo, cuando su madre nos preguntó si queríamos entrar torció el gesto y dijo bruscamente.

-Yo paso, no me encuentro muy bien. Quiero volver a casa.

Sus padres lo miraron extrañado pero dimos media vuelta mientras me prometían que regresaríamos otro día.