N/A: ¿Sorpresa? ¡Cuánto tiempo ha pasado! (La verdad es que me pregunto si me recuerdan...) Bueno, luego de todo este tiempo desaparecida, sin escribir nada de nada, decidí hacer caso a una inspiración repentina y escribir etc. Voy a confesarles, aun no es nada concreto... por eso este comienzo es tan extremadamente corto. Tengo más páginas en word, bien guardadas en mi computador. Dependiendo de la aceptación que tenga este extracto, veré como continuar, que tan largo hacerlo, etc. Les agradecería sus honestas opiniones, esta vez me harán falta.
El fuego terminó de consumir el tronco con un leve crepitar. Hermione alzó los ojos y frunció los labios; la mirada fija en la chimenea.
–Qué ocurre.
–¿Por qué?
–Estás sospechosamente pensativa.
–Si pensar es considerado como acto sospechoso, pobre sea la humanidad.
Desde su escritorio, Snape casi sonrió, sacudiendo lentamente la cabeza.
–Hay algo que no me estás diciendo.
La gryffindor rodó los ojos, se levantó del sofá y dejó a un lado el libro que estaba leyendo.
–No creo haberle dado motivos para albergar tales dudas, profesor Snape.
El mago alzó una ceja.
–¿Profesor?
–Recuerde lo que dijo McGonagall: "Aténganse al protocolo, o si no…"
–En mis habitaciones no creo que sea necesario el protocolo, Hermione.
La chica encogió los hombros, sonriendo cálidamente al tiempo que se inclinaba sobre su escritorio y depositaba un fugaz beso que Snape apenas tuvo tiempo para registrar. Sus cejas se acercaron en silenciosa protesta.
–Tengo que irme. Le prometí a Jenna que la ayudaría con aritmancia.
–¿Liennath de nuevo? Esa chica es un desastre.
–Severus…
–¿Y el protocolo, señorita Granger?
Hermione chasqueó la lengua y se dio media vuelta, ignorándolo.
–Nos vemos mañana.
Hermione cerró la puerta del despacho de su profesor de pociones tras de sí y se encamino, a paso tranquilo, hacia su sala común.
Estaba cursando, al fin, su último año en Hogwarts. El castillo aún tenía zonas completamente destruidas, y otras que estaban terminando de ser reparadas. Las cicatrices de la guerra podían, a pesar del tiempo, respirarse en cada esquina.
Tan pronto se enteró del plan de estudio que Hogwarts daría para los alumnos que, afectados por las circunstancias de la guerra, no habían podido concluir satisfactoriamente su último año de enseñanza, Hermione comenzó a preparar sus maletas mientras intentaba convencer a su madre de que, por una vez, sería un año escolar tranquilo. Al poco tiempo, una carta la sorprendió con la "lamentable" noticia de que Severus Snape seguiría ejerciendo como profesor de pociones; cargo aceptado nuevamente bajo la coacción de la nueva directora, Minerva McGonagall, quién se había asegurado de comprometer sutilmente su defensa en el Wizengamot en caso de escuchar una negativa.
"No exageres. Iré a verte pronto, para celebrar. Llegaré temprano."
Había sido una respuesta inesperada, sí. Pero así él no tendría tiempo para negarse. Hermione sintió que usaba la misma treta de McGonagall, sin darle oportunidad de replicar.
Y allí empezaron los problemas.
Lo sé, lo sé... muy corto, ¿verdad? Pero por ahora no me atrevo a hacer más. Tiempo al tiempo. Tiempo a mi inspiración {o la falta de la misma}
Un abrazo, Eyp.
