Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Lissa Bryan, yo sólo traduzco.

Capítulo Beteado por: Isa BetaTraductora Ffad

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~*~The Better Angels of Our Nature~*~

Por: Lissa Bryan

El Dr. Black le dijo a Bella que le darían unos días para "descansar" antes de comenzar con las pruebas. La encaminó de regreso a su habitación y le explicó que su número de Seguridad Social era la clave para desbloquearla. Bella se puso a explorar después de que él se fue. La cómoda que estaba en el lado opuesto de los pies de la cama tenía cerca de una docena de la ropa que ella vestía en ese momento, junto con ropa interior de algodón blanco de su talla. Al parecer, esa ropa funcionaba tanto para vestir como para pijamas. El armario tenía tres pares de zapatos de lienzo sin cordones, pero además de eso estaba vacío. Había una pequeña estantería en la sala que contenía unos cuantos libros clásicos. Al menos eso era algo por lo que podría estar agradecida. En el baño encontró sus marcas favoritas de champú y jabón corporal. Un poco raro, pensó. ¿Habían ido por todo su apartamento tomando notas de las cosas que le gustaban?

La cocina tenía un pequeño gabinete con comida que Bella siempre calificó como "comida para solteros". Latas de ravioli, paquetes de fideos, estofado de carne y sopa de almejas, todas las cosas que ella tenía en su propio gabinete en casa. A Bella no le gustaba cocinar y no era muy buena en eso, así que la mayoría de sus comidas consistían en cosas que podría calentar rápidamente en el microondas.

Una jarra de té helado, su bebida favorita, estaba dentro del refrigerador. Se sirvió un vaso y lo encontró endulzado exactamente a su gusto, con un toque de limón. Se preguntó si habría un mensaje detrás de todo esto. Sabemos todo sobre ti, intimidante e inquietante, por decir lo menos. Levantó la vista y vio una de las cámaras de seguridad en el techo. Apretó los dientes. ¿Qué harían si la tapara? Se preguntó.

La sala tenía un sofá pequeño enfrente de la televisión. A un lado del sofá había un buro que tenía un teléfono encima. Bella lo agarró con impaciencia, pero no había números debajo del auricular. Lo puso de nuevo en la plataforma y se sintió bastante tonta por la llamarada de esperanza. Por supuesto que no podrían un teléfono con el cual podría contactar al mundo exterior en su habitación.

Bella encendió la televisión, utilizando el control remoto que estaba en medio de la mesita de centro. El canal que apareció cuando se prendió parecía ser uno de avisos. La pantalla era azul y tenía letras blancas que cada treinta segundos se cambiaban a un mensaje diferente. Reglas sobre donde podían fumar los residentes, una reunión del club de libros y el menú de la cafetería para el día. Cambió los canales y se impresionó con la variedad.

La apagó de nuevo y se puso de pie. Necesitaba saber más acerca de este lugar y la mejor forma de hacerlo sería hablando con algunos de los otros residentes. El Dr. Black le dijo que tenía la libertad de visitar la habitación de recreación cuando ella quisiera. Bella puso el vaso vacío en el fregadero de acero inoxidable antes de salir al pasillo. Se detuvo en la entrada, buscando una sonrisa amistosa que pudiera indicar cierta voluntad para platicar. La única persona que parecía prestarle atención fue el joven que la había visto con tanta lástima en su mirada. Tenía el cabello muy corto de un suave color chocolate y ojos azules. Bella caminó hacia él y extendió la mano.

—Hola, soy Bella Swan —dijo.

—Lo recuerdo —le contestó, aceptando su mano y dándole una sacudida. —Soy Quil Atera.

—Quil. Es un nombre interesante.

Se encogió de hombros. —Ha pasado por generaciones en mi familia.

Quería preguntarle cual era su habilidad, pero, ¿y si esa pregunta era grosera? Él vio su vacilación y se rió entre dientes. —Soy un piroquinético —dijo.

— ¿Fuiste tú quien le prendió fuego a Mike?

Se rió. —Sí, ese fui yo. Te contaron eso, ¿huh? Ese tipo simplemente no se iba —. Palmeó el asiento en el sofá junto a él y Bella se sentó.

— ¿Les dijiste que cooperarías? —le preguntó él.

Ella asintió.

—En tu caso, no creo que eso sea una buena idea —dijo Quil.

Bella parpadeó. — ¿Por qué?

—No sé —. Alejó la vista y comenzó a trazar las figuras de la tapicería del brazo del sofá con la punta de sus dedos. —Mira, no soy un psíquico, pero a veces tengo como esas sensaciones, sabes. Y simplemente siento que es una mala idea.

—Dijeron que podrían hacerme más fuerte —. Es mi única oportunidad para salir de aquí.

Asintió. —Pueden. Tu talento es como un músculo. Si trabajas en él, puedes reforzar ese músculo. También te enseñarán nuevas formas para usar lo que tienes. Pero, en serio, no puedo quitarme la sensación de que no deberías hacerlo.

Tal vez no, pero si había alguna oportunidad para salir de aquí, tenía que tomarla. Bella miró alrededor a la habitación y a sus derrotados ocupantes y preguntó:

— ¿Cuánto tiempo has estado aquí?

—Cinco años, más o menos. Es algo difícil llevar un registro de tiempo aquí.

De repente, Bella se dio cuenta de que no había visto ningún reloj en su pequeño cuarto. Nadie usaba reloj.

— ¿Conoces la fecha? —le preguntó Quil con emoción. —Creo que estamos a finales de Abril, pero no estoy seguro.

—Creo que es 23 de Abril.

Quil tamborileó los dedos. —Entonces, probablemente es 24. Es un vuelo largo desde Estados Unidos —. Sacó una pequeña libreta de su bolsillo. —Tener un diario es una manera de registrar el tiempo —le dijo Quil con una sonrisa torcida. —Pero a veces pasan un par de días sin que recuerde escribir.

— ¿Cómo sabemos que es la hora de la comida y esas cosas si no hay relojes?

—Escucharás la campana o si estás en tu cuarto, tu teléfono sonará. No celebramos fechas especiales ni cumpleaños aquí. Piensan que es muy deprimente porque extrañaremos a nuestras familias en la mayoría de esos días.

— ¿Hay algo más del centro de investigación que esto?

—Nada que tengamos permitido ver. Al final del pasillo que esta junto a la cafetería, hay una puerta de acero pintada de amarillo. Permanece lejos de allí —se inclinó hacia adelante y habló en voz tan baja que parecía un susurro. —Las personas que pasan por la puerta amarilla no regresan.

La columna de Bella se estremeció. — ¿Qué les hacen?

Quil solo sacudió la cabeza y lanzó una mirada a las cámaras del techo.

—Las pruebas que hacen, ¿duelen?

—No, creo que tienes la impresión equivocada. Van a querer medir lo que puedes hacer y comenzarán a presentarte tareas cada vez más difíciles e intentar que uses tus habilidades en diferentes maneras. ¿Te dan dolores de cabeza?

—Si me esfuerzo, me dan dolores de cabeza y hemorragias nasales.

—Diles. Tienen medicamentos muy buenos para eso y se lo tomarán con calma para que no te esfuerces mucho. ¿Sabías que cada vez que te sangra la nariz, es porque se rompió un vaso sanguíneo en tu cerebro? Tienes que tener cuidado con eso. Puedes acabar con un daño permanente.

—Hola Quil —dijo una voz femenina. Bella la siguió y vio una niña con cabello café. No podría tener más de catorce o quince.

—Hola Jane — dijo Quil. —Esta es Bella.

—Ah, la telequinética que tiene tan emocionado al Dr. Black —dijo Jane.

—Hola —. Bella le ofreció su mano a Jane y la sacudió brevemente. Se ve tan joven… — ¿Escuchaste de mí?

Jane se sentó en el sofá más cercano y subió los pies. —Aquí no hay nada qué hacer más que cotillear —dijo Jane. —Cada palabra que es escuchada de los doctores se corre por el lugar y es analizada toda la semana. El Dr. Black es la mejor fuente porque se olvida de no hablar cerca de los residentes cuando se emociona.

Bella escuchó una nota extraña en la voz de Jane. Tenía la impresión de que a Jane no le agradaba el Dr. Black y se preguntó la razón.

—Ha estado parloteando sobre ti por días, incluso antes de que te portaras como una Superheroína enfrente de docenas de personas —. Eso último lo dijo de una manera desdeñosa y Bella hizo una mueca.

—No podía dejar que esas personas murieran.

—Debiste dejarlos —dijo Jane con honestidad. —Perdiste tu propia vida en el proceso. Ahora tu familia pensará que estás muerta.

Bella sacudió la cabeza. —Mi hermano no. Él sabía acerca de "ellos". No se rendirá.

Jane intercambió una mirada con Quil.

— ¿Qué? —demandó Bella.

—Nada —dijo Jane. —¿Les dijiste que cooperarías?

Bella asintió, lista para defender su decisión.

—Puede que sea lo mejor —Jane suspiró. —No hay nada más que hacer por aquí.

— ¿Entrenas con ellos?

—No, yo soy lo que ellos llaman plano. Un plano. Mi talento es lo que es. No puedo mejorarlo ni cambiarlo.

— ¿Qué tipo de talento tienes?

Jane sonrió de manera tan malvada que enfrío la sangre de Bella. — ¿Te gustaría que te lo demostrara?

— ¡No! —dijo Quil rápidamente. —Jane, detente.

Jane hizo un puchero. —Las únicas ocasiones en que puedo hacerlo es con los novatos.

— ¿Qué puede hacer? —le preguntó Bella a Quil.

Él respondió con voz siniestra. —Puede causar dolor, Bella. Sin rodeos, puede causar una jodida agonía.

Bella miró a Jane. — ¿Y te gusta hacer eso?

Jane asintió con una expresión soñadora en el rostro. —Se siente bien. ¿No te sientes bien cuando usas tu talento, Bella?

Bella sacudió la cabeza. Nunca había sentido ningún placer en hacerlo, solo incomodidad cuando se esforzaba mucho. Ordinariamente, era lo mismo que usar una tercera mano. Miró a Quil esperando su aporte y él se sonrojó un poco. —Uhm, sí… — dijo. —Se siente bien.

Bueno, al parecer, ella era diferente en el departamento de habilidades paranormales.

—Oh, mira —dijo Jane de repente. —Es la Señorita Malicia —. Lanzó dagas con la mirada en dirección a una mujer de cabello corto y negro que acababa de entrar a la habitación. Caminó en línea recta hacia su grupo. — ¡Hola Quil!

—Hola Alice —respondió Quil. — ¿Conoces a Bella?

Era una manera extraña de expresarlo, pero Alice asintió. Le sonrió a Bella. —Hola, ¿cómo estás?

— ¿No lo sabes ya? —le preguntó Jane, su voz afilada con despecho.

Alice la ignoró. —Es un placer conocerte —. Bella le ofreció su mano, pero en lugar de eso Alice la abrazó. Ella susurró en el oído de Bella —Va a funcionar, pero no de la manera que piensas.

Bella no sabía cómo responder a eso. ¿A qué se refería Alice? Pero Alice no ofreció más información. Ella y Quil comenzaron a platicar acerca de un torneo de cartas que se llevaría a cabo a lo largo de la semana. Alice se veía un poco fuera de lugar junto a los otros residentes porque ella estaba llena de vida y era alegre, un punto de brillante color en un campo de aburrido gris. Jane miró con desagrado a Alice todo el tiempo. Bella se inclinó y murmuró en su oído. — ¿No te agrada?

—Odio su jodido carácter —siseó Jane. —Siempre está sobre Quil, lanzándosele encima. Es repugnante.

Ah, celos. Por lo menos ahí estaba resuelto uno de los pequeños misterios. Jane debía tener un enamoramiento por Quil, pero él no correspondía sus sentimientos. Lo cual era un alivio, porque ella estaría bastante asustada de que un hombre de su edad tuviera interés en una niña tan chica.

— ¿Cuánto tiempo has estado aquí, Jane? —le preguntó Bella.

—Desde que tenía diez. Tres años —. La voz de Jane fue bastante resuelta. Dios, Jane era incluso más joven de lo que había pensado.

—Esto está tan mal —dijo Bella suavemente. —¿Tus padres…?

—Ellos creen que me ahogué en un río cerca de nuestra casa. Hicieron que pareciera que me había caído a través del hielo intentando tomar un atajo. Victoria es mi mamá ahora —asintió hacia una mujer con un brillante cabello rojo y rizado que estaba en la esquina leyendo un libro. —Usualmente a los adultos les asignan a alguno de los niños para que los cuiden.

Niños, ¿en plural? — ¿Hay más niños aquí?

—Ya no —replicó Jane y Bella sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—Éramos Riley, Jessica y yo — continuó Jane. —Pero Riley y Jess… no les fue bien. Los doctores los llevaron por la puerta amarilla.

Bella la miró boquiabierta con horror, pero Jane estaba indiferente. Tiene que estar mal, pensó Bella. Decidió que ella tenía que estar mal o de otra forma ella no sería capaz de estar aquí alrededor de estas personas, alrededor de esos doctores que podían… Paró en seco esa idea y se negó a siquiera pensar en eso.

Alice se rió de algo que Quil había dicho y puso una mano sobre su hombro. Jane se removió, respirando con dificultad.

La cabeza de Alice se giró de repente para clavar en Jane una mirada de muerte. —Ni siquiera lo pienses —advirtió.

Jane se enfurruñó.

— ¿Sabes jugar a las cartas? —le preguntó Alice a Bella. —Necesitamos uno más en nuestro equipo.

—No, lo siento —. El único juego que Bella sabía jugar era el solitario y era bastante mala en ello.

Una campana sonó y Bella saltó un poco ante el sonido. Le recordó a las campanas que usaban para indicar el final de un período en la preparatoria. Los residentes se pusieron de pie arrastrándose hasta la cafetería. Bella siguió a Alice y Quil. Agregando otro parecido más al aura de escuela, les dieron bandejas de duro plástico. Pero en lugar de tener una adusta señora sirviendo las porciones, ellos se servían su propia comida de ollas y bandejas.

— ¡Noche de lasaña! —exclamó Quil. —Mi favorita.

El estómago de Bella se revolvió. No creía ser capaz de manejarlo, así que todo lo que tomó fue una ensalada y algunos rollitos. Llevó su bandeja a las mesas, las cuales eran redondas y estaban cubiertas por manteles blancos. Una solitaria flor estaba dentro de un vaso. Alice la toco. —Esta es la única ocasión en la que verás flores aquí —dijo.

Y esa fue la gota que derramó el vaso. Bella rompió en ruidosas e indefensas lágrimas. Los otros residentes se giraron en sus sillas y la miraron impasibles. Alice jaló a Bella en sus pequeños brazos y la abrazó. No dijo las cosas sin sentido para tranquilizar que usualmente acompañaban ese tipo de confort; cosas cómo "Todo estará bien" o "No pasa nada".

Porque sí pasaba algo y nada estaba bien.


Resultó que Quil tenía razón acerca de las pruebas. No hubo dolor, pero el tedío era casi doloroso. Un doctor en una bata blanca sobre un traje negro (¿era ese un tipo de uniforme para "ellos"?) se presentó ante Bella como el Dr. Snow y se sentó frente a ella en una mesa. Bella pensó que su nombre era apropiado porque su cabello era de un brillante blanco, aunque no se veía que tuviera más allá de unos cuarenta.

Estacionado al final de la mesa, estaba un carrito de acero que sostenía pequeños objetos que iban haciéndose cada vez más grandes en la parte inferior. El Dr. Snow abrió su maletín y sacó una pila de formularios antes de tomar uno de los objetos pequeños y ponerlo en la mesa frente a ella. Bella se quedó viéndolo con curiosidad. Era de forma trapezoidal con un pequeño gancho en la parte de arriba y un "1G" estaba grabado en su superficie.

La pluma estaba lista para la acción, el Dr. Snow la miró sobre sus lentes. —Bella, ¿puedes levantar esto por favor?

Lo hizo. Flotó a un pie de altura sobre la superficie de la mesa, rotando lentamente.

— ¿Cuánto tiempo puedes sostener este objeto?

—Um, tanto como me pidan, supongo.

— ¿Indefinidamente?

—Sí.

Escribió algo en los formularios. —Puedes bajarlo ahora.

Después de unos momentos de escribir algo más, agarró otra pesa del carrito. En esta se leía "2G". Le pidió que lo levantara.

— ¿Cuánto tiempo puedes sostener este objeto?

—Supongo que indefinidamente.

Y así siguió. Para el momento en que llegaron a la libra, Bella estaba lista para arrancarse el cabello. El Dr. Snow se giró para reemplazar la pesa y encontró el carrito flotando en el aire.

—Indefinidamente —dijo Bella, sentada en su silla con los brazos cruzados sobre el pecho.

—Ah, sí… ya veo —se aclaró la garganta. —Sé que esto es tedioso, Bella, pero tenemos que seguir el protocolo.

Se arrepintió de haber accedido a estas mierdas. Siguió así por días, aunque los objetos se hicieron más interesantes entre más aumentaba el peso. Cuando finalmente llegaron a un peso que Bella no podía levantar sin esforzarse, fue entonces cuando intercedió el Dr. Black. Ella no lo culpó por evitar la parte tediosa.

—Bella, algo de tu archivo me llama la atención. Cuando evitaste que ese niño fuera golpeado por el carro, usaste tu habilidad como un escudo.

—Bueno, en realidad no —confesó. —Empujé el carro.

—Necesitas darte cuenta de que puedes transformarlo en la forma en que tú quieras —le dijo. —Manifiestas tu habilidad como un par de manos, pero puedes transformarlo en una pared si quieres —. Abrió su maletín y sacó una pistola de agua de color amarillo brillante. Sin advertencia previa, señaló a Bella y le disparó en la cara un chorro de agua fría.

— ¡Oye! —protestó, limpiándose los ojos.

Le disparó de nuevo.

— ¡Detente!

—Levanta un escudo —le dijo. —Vamos, puedes hacerlo —. Le disparó de nuevo.

Bella estaba comenzando a enfadarse cada vez más. —No sé a qué te refieres.

—Conviértelo en un panel de cristal —dijo. —Visualiza tu habilidad como una pared entre nosotros.

Chorro de agua.

Bella apretó los dientes. —Dr. Black, en serio, detente. No sé cómo hacer eso que me estás pidiendo.

—Detén el agua entonces, de la misma forma en que hiciste con el carro.

Bella empujó con su mente y el siguiente chorro fue bloqueado a mitad del aire, chocando contra una superficie invisible para demarrarse sobre la mesa.

— ¡Muy bien! —le dijo, dedicándole una deslumbrante sonrisa. —Ahora, ¿empujas solo cuando disparo o mantienes esa pared en su lugar? —. Disparó antes de terminar de hablar y Bella farfulló cuando el agua golpeó el lugar entre sus ojos.

—Mejor mantenla en su lugar —dijo con voz cantarina. —Nunca sabes cuándo voy a disparar —remarcó cada sílaba con un disparo. Bella volvió a levantar su "pared" antes de que él terminara de hablar.

— ¿Cuánto tiempo crees que puedes mantenerlo? —le preguntó.

—No sé —dijo Bella. —Tanto como mantenga mi concentración en eso, supongo.

— ¿No hay esfuerzos?

Ella sacudió la cabeza.

Abrió su maletín de nuevo y sacó un bate de béisbol inflable, del tipo que venden como recuerdo en los juegos. Lo infló, sus mejillas inflándose por el esfuerzo. Bella se rió.

La mojó de nuevo. — ¡Eso te enseñará a no reírte de mí!

Bella se rió con más ganas.

—Detente —dijo el Dr. Black con una gran dignidad. —Esto, aquí, es ciencia. No hay espacio para la risa en la ciencia —. Puso el seguro para que no se le saliera el aire al bate y lo rebotó contra la cabeza de Bella. —Estás olvidando tu pared.

Ella la levantó de nuevo, pero él no volvió a golpear su cabeza. Él golpeó su hombro. —La pared es demasiado pequeña —comentó.

Ella se había estado concentrando en evitar los ataques contra su cabeza. Intentó visualizar su habilidad como una piel invisible que la rodeaba, pero intentar concentrarse en tantos lugares a la vez era difícil. Sus golpes le seguían llegando. Al final él lanzó el bate en la mesa.

—Lo estás haciendo muy bien, Bella —dijo. —Ya estás aprendiendo como adaptarlo —. Abrió por última vez su maletín y sacó una bolsa de plástico. —Tu recompensa — anunció, dejando una galleta Oreo en su mano.

Ella soltó unas risitas. — ¿Recompensa?

—Oh, soy un gran creyente de la zanahoria y el palo —dijo. —Fallas, te mojo. Tienes éxito, te doy una galleta. Solo una, de acuerdo. No querremos arruinar tu apetito para la cena.

Y fue así como comenzaron. El Dr. Black, que pronto le dijo que lo llamara Jacob, le enseñó cómo usar su habilidad para formar burbujas invisibles alrededor de los objetos. Una vez hubo aprendido como protegerse completamente y mantenerlo en su lugar, él la retó para que también protegiera objetos que estaban al otro lado de la habitación. Era solo cuestión de visualizar correctamente lo que quería y de darse cuenta de que podía modificar su habilidad a su voluntad, pero no era tan fácil como sonaba y tomaba mucho esfuerzo y concentración. Conforme pasaba el tiempo se fue haciendo más fácil, aunque todavía fallaba ocasionalmente, especialmente si estaba distraída.

Comenzó a esperar con ansias sus sesiones diarias. Mientras los días y semanas pasaban, ella también comenzó a sentirse fascinada por sus habilidades y se convirtió casi una obsesión para ella, queriendo descubrir realmente qué tan lejos podría llegar su talento. No hubo dolores de cabeza, ni hemorragias nasales. Jacob parecía entender sus límites y sabía que ella no exageraba o mentía cuando ella le decía que no podía hacer más por ese día.

Cuando descubrió que su talento era maleable, fue capaz de usarlo como un proyectil, una navaja, agiles dedos que eran capaces de agarrar algo tan frágil como una pompa de jabón sin romperla, pero también podía proporcionar una fuerza aplastante. Incluso aprendió a usarlo consigo misma y levitar, aunque nunca fue capaz de sostenerse en el aire por mucho tiempo. Pensó que eso era extraño, ya que podía sostener un objeto de su mismo peso por tiempo indefinido, pero no su propio cuerpo. Jacob solo se encogió de hombros sin ofrecer explicaciones.

Él la hacía mantener objetos en el aire durante todo el tiempo que duraba su sesión mientras se concentraba en otras cosas. Aprendió a levantar varios objetos a la vez, fue más difícil de lo que sonaba porque básicamente tenía que dividir su atención por partes iguales entre cada uno.

Cerca de un mes después de su llegada, Jacob le sonrió cuando llegó a recogerla a su cuarto. — ¿Quieres ver si puedes detener una bala? —preguntó.

La llevó a una habitación de entrenamiento diferente a la que habían usado antes. Tan grande como un gimnasio; la pared trasera estaba revestida con sacos de arena. Un maniquí blanco con forma de cuerpo humano había sido puesto delante de la pared. Un soldado estaba de pie en el otro lado de la habitación. Bella puso su escudo alrededor del maniquí como fue indicado y Jacob dio una orden. El soldado levantó su brazo de su costado y disparó.

Bella sintió la bala cuando penetró a través de su escudo, una tajada caliente a través de su mente. Ahora el maniquí había perdido un pedazo de espuma de su pecho.

—La detuviste un poco —le dijo Jacob, animándola. —Intenta de nuevo. Imagina tu escudo más grueso o más duro. Tan duro como el acero. Puedes hacerlo, Bella.

El soldado disparó de nuevo y Bella hizo una mueca. —Ouch.

— ¿Demasiado esfuerzo?

—No. Es que puedo sentir la bala cuando pasa —dijo. —Quema.

— ¿En serio? —. Él se veía bastante interesado por esta revelación. —Bueno, piensa en ello como el "extra". Vamos, Bella. Puedes hacerlo. Concéntrate. No te concentres en hacia dónde va a golpear la bala. Concéntrate en hacer tu escudo tan duro como un diamante.

— ¿Realmente podré hacerla rebotar?

Él asintió. —He visto a otros capaces de hacerlo y tú tienes más talento de lo que ellos tenían. Solo necesitas creer que puedes hacerlo.

Jacob estaba decepcionado al final de la sesión por el hecho de que Bella aún no podía manejarlo. —No galleta —anunció.

¿Era loco que ella estuviera un poco molesta por eso? Se había convertido en un ritual al final de sus sesiones y Bella siempre se reía cuando él sacaba con toda seriedad la Oreo de su maletín y se la daba como si fuera una medalla de oro. Bella sacudió la cabeza mentalmente mientras él la llevaba de regreso a su cuarto. Tenía la sensación de que Jacob era aún más inteligente de lo que ella pensaba, haciendo todo por agradarle a ella de modo que se sintiera mal por decepcionarlo. ¿Él estaba usando la personalidad de ella para manipularla?

Él sonrió y la extraña sensación de que él podía leer su mente regresó. —No te preocupes, Bella. Lo intentaremos de nuevo mañana. Estoy seguro de que pronto le agarraras la maña a esto.

Unas semanas después pudo cumplir con la meta de proteger varios objetos a la vez de las balas. Secretamente deseaba que avanzaran con algo más porque todavía podía sentir las balas chocando contra su escudo, era como picaduras de avispa dentro de su cabeza. Demasiadas balas y ella perdía la concentración y el escudo se caería dando paso a los dolores de cabeza. Sabía que Jacob intentaba hacerla más fuerte mediante la práctica, al igual que fue capaz de levantar objetos más grandes y pesados sin esforzarse, pero el dolor nunca se iba.

—Haremos algo más grande mañana —dijo una tarde después de que ella pudo proteger tres objetivos de diferentes soldados con armas. Él se veía emocionado por el prospecto y Bella se las arreglo para sonreírle, aunque ella no estaba tan entusiasmada.

Alice la acorraló después de la cena. —Bella, quédate en la cama mañana.

— ¿Por qué?

Sacudió la cabeza. —No estoy segura, estoy viendo algunas cosas raras.

Bella estaba escéptica, por decir lo menos. Las visiones de Alice no eran completamente confiables. Ella veía múltiples posibilidades que cambiaban cada vez que alguien tomaba una decisión, sin importar el momento. Muchas de sus predicciones nunca se hacían realidad y otras tantas se le escapaban sin ser vistas.

De todas formas, Bella estaba cansada después del esfuerzo de ayer y decidió que no afectaría a nadie si se tomaba un día libre. Todavía estaba en la cama cuando Jacob llegó, cargando una bolsa grande en una mano.

— ¿Qué pasa? —le preguntó.

—No me siento bien —replicó ella.

Él ladeó la cabeza, mirándola con el mismo escepticismo que debía haber estado en la cara de ella cuando escuchaba a Alice hablar la noche pasada. — ¿Estás segura?

—Sí, creo que dormiré hoy y tal vez mañana me sienta mejor.

—Es una pena —dijo Jacob. —Porque íbamos a salir hoy.

Bella se sentó de golpe. — ¿En serio?

—Sip. Es una pena que te sientas mal.

Bella se quitó de encima las cobijas. —Quiero ir.

Él sonrió. —Eso pensé —. Él le dio la bolsa, la cual contenía una gruesa chamarra anaranjada, mayas de aislamiento y botas para la nieve. Una bufanda, guantes gruesos y un trineo estaban al fondo de la bolsa. Ella se los puso rápidamente, su corazón golpeteaba emocionado. ¡Iba a salir! Se sentía como una niña en un día nevado.

Él la guió por el pasillo, pasando las habitaciones de investigación y a través de una puerta de acero cerrada (Gracias a Dios, esta estaba pintada de gris). Bajando por un corto pasillo llegaron a otra puerta, la cual llevaba a una escalera con paredes de cemento. Subieron cuatro tramos de escaleras de metal y Bella estaba jadeando para el momento en que llegaron al final. Unos cuantos meses sin ejercicio y se había convertido en una debilucha. Realmente necesitaba correr a lo largo del pasillo o hacer saltos en su habitación o algo.

—Oh, casi lo olvido —le dijo Jacob. Rebuscó en su bolsillo y sacó un par de gafas de protección. —Los necesitarás — le dijo. —El Sol brilla machín allá arriba.

Bella bufó. — ¿Acabas de decir "machín"?

—Mira niña, estás entrando en territorio de "no galleta".

—Lo siento, lo siento —dijo Bella. Se puso las gafas y la capucha de su sudadera. Tenía un pelaje grueso en la orilla. Jacob le abrió la puerta e incluso detrás de las gafas, el brillo de la luz solar reflejada en la nieve lastimó los ojos de Bella. Se dio la vuelta lentamente, mirando a su alrededor.

Solo una pequeña sección del centro era visible desde ahí. Era una pequeña estructura, con montones de nieve en tres lados, con un simple set de puertas lo suficientemente grandes para que entrara un camión. Tres antenas grandes y una antena parabólica estaban en el techo del edificio. Y eso era la única cosa visible en millas. Simple nieve se extendía hacia el horizonte en cada dirección. Una de las paradas de Bella para "evadirlos" había sido en Kansas y recordaba lo asombrada que había estado por las praderas, nada más que un mar de olas verdes, tan lejos como sus ojos podían ver, hasta la inmensidad del cielo arriba.

A su izquierda había un vehículo militar estacionado, uno extraño con aspecto de carro, pintado con el camuflaje estándar, irónicamente inefectivo en este ambiente. Jacob caminó hacia el auto y abrió la puerta. Se metió y sacó a un gatito color jengibre con ojos azules.

No hay nada más tierno en el planeta que un gatito bebé. Jacob se lo dio y Bella lo arrulló y mimó, acurrucando la pequeña cosita temblorosa contra su cuello. — ¡Oh, el pobrecito se está congelando! —chilló.

—La meteré de nuevo al calor —. Jacob le quitó a la gatita y la puso de regreso en una caja dentro del vehículo, cerrando la puerta de golpe.

— ¿De dónde la sacaste? ¿Para quién es? —. ¡Di que para mí! ¡Di que para mí!

—Ella es el "extra" de hoy —dijo Jacob.

— ¿Q-qué quieres decir?

Jacob señaló a los soldados saliendo del edificio. —Esos chicos van a dispararle a este vehículo. Tu trabajo es proteger a la gatita.

Bella lo miró boquiabierta. — ¡Jacob, eso es horrible! —. De verdad, no hablaba en serio.

Hablo en serio —dijo Jacob, confirmando lo que ella había sospechado durante todo ese tiempo acerca de sus habilidades para leer la mente. —Es tiempo de comenzar el juego, Bella. Sé que si lo intentas, puedes hacerlo.

Eres un imbécil, pensó Bella.

Él se rió. —No eres la primera persona que llega a esa conclusión. Vamos, Bella. Salva a la gatita.

Él hizo un movimiento con su brazo y los soldados comenzaron a disparar. Bella lanzó su escudo con las manos aferradas a sus orejas. Apretó los dientes ante las agudas picaduras, intentando ignorar el dolor. Respira. Solo respira. Sus bocanadas de aire se empañaban en el frío.

—Segunda etapa —gritó Jacob y el sonido cambio del tap-tap-tap de las pistolas semiautomáticas al traqueteo de las ametralladoras. Bella gimió. Puñaladas de fuego, manchas rojas detrás de sus párpados.

—Vamos, Bella. Estás dejando que pasen algunas. El pobre gatito cuenta contigo —. La voz de Jacob era cruelmente alegre. Ella empujó con más fuerza y su cabeza comenzó a palpitar al ritmo de los tiros.

—Tercera etapa —gritó Jacob y un tremendo choque golpeo a través de la cabeza de Bella incluso antes de que ella escuchara la explosión. La sangre salió de su nariz. Cayó sobre sus rodillas. ¿Un lanzagranadas? ¿Me hiciste protegerlo de un maldito lanzagranadas?

—Sabía que podías hacerlo —dijo Jacob con orgullo en su voz. — ¡Bella, lo hiciste genial! El gatito está bien.

—Jódete tú y tu galleta —dijo Bella y cayó de cara contra la nieve.


El Dr. Black iba silbando cuando entró en su oficina. Hoy había tenido una excelente sesión con Isabella Swan. El ejercicio de tiros de esa tarde había sido extraordinario, la mejor demostración de poderes de que había visto. Se sentía privilegiado al haber sido parte de eso, honrado de tener a una criatura tan increíble como Bella bajo su tutelaje. Jacob le había enviado el video a sus superiores en Washington tan pronto como había terminado de dejar a una temblorosa e inestable Bella en su cuarto. Su único arrepentimiento había sido tener que decirle que "no" cuando le preguntó si podía quedarse con el gatito. No se permitían las mascotas en el centro y hacer una excepción con Bella solo la convertiría en un blanco para los celos y resentimientos de los otros residentes. Eran muy sensibles ante el favoritismo.

Tenía un correo electrónico esperándolo. Lo abrió y dejó de silbar a la mitad de una nota.

..

DE: GEN. ARO VOLTURI

PARA: DR. J. BLACK, PROYECTO THETA, GEN. DIR

REIVSAR LOS SIGUIENTE PEDIDOS: TERMINAR INMEDIATAMENTE CON EL SUJETO DEL PROYECTO 1279-A

FIN DEL MENSAJE

..

Jacob lo leyó dos veces más y sacudió la cabeza con incredulidad. Levantó el teléfono, el único en el centro que tenía la capacidad de hacer llamadas y tecleó el código de acceso. Cuando escuchó el tono de llamada, metió un número de teléfono muy largo, una línea directa hacia el General Volturi.

Contestó en el segundo timbre. —Creí que me llamarías —dijo el general.

—No puedo creer lo que veo. Aro, ¿qué carajos? ¿No viste el video que te mandé?

—Ese video es la razón de que debas terminar con ello —replicó Aro. —Velo de nuevo, y esta vez, hazlo desde nuestra perspectiva. Sí, ella es asombrosa y se irá haciendo más fuerte. Y eso es lo que nos preocupa. Es demasiado poderosa. Está llegando al punto de ser incontrolable, Jake, y en cuando ella se dé cuenta de eso, todo el proyecto estará en riesgo. Piensa en lo que puede pasar si se hace malvada o es capturada por uno de nuestros enemigos.

—Esas son mierdas —protestó Jacob. —Mira, solo déjame mantenerla aquí. Nunca la usaremos para el Programa Cobra. Es el talento más fuerte que he encontrado, Aro y jodid—

Aro lo interrumpió. —Esta orden viene directamente del Big Guy.

El corazón de Jacob se hundió.

—No va a cambiar de parecer, Jacob. Tienes tus órdenes. Hazlo ahora y rápido, y hazlo por la espalda, desde donde ella no te vea venir.

Jacob estrelló el teléfono de regreso a su base y recostó la cabeza contra el escritorio. ¡Carajo!

Él sabía que no era bueno relacionarse con los sujetos de sus pruebas porque una orden como esta podría llegar en cualquier momento. En cualquier momento, el Big Guy podría decidir terminarlo, llevarían a todos los residentes a la parte superior y los ejecutarían uno por uno, antes de activar el sistema de autodestrucción del centro. Era una eventualidad inevitable: el Proyecto Theta terminaría en sangre y fuego. Él siempre lo había sabido y aceptó esto como el precio que habría que pagar por el avance del conocimiento científico. Demonios, su propio número podría ser llamado en cualquier momento si ellos se cuestionaban su lealtad o creyeran que él sabía demasiado. Jacob aceptaba eso también como un precio que estaba dispuesto a pagar. Las cosas que estaba aprendiendo acerca del cerebro humano y su potencial podrían cambiar el mundo algún día.

Pero, demonios, le gustaba Bella. Le gustaba, la respetaba y quería ver hasta dónde podría llegar con ese maravilloso talento suyo, porque si es que había un tope límite, todavía no lo habían encontrado.

Pero no tenía opción. Si se negaba, él se encontraría arrodillado en la nieve junto a ella.

Suspiró y abrió uno de los cajones de su escritorio donde su pistola estaba almacenada.


Bella estaba durmiendo a medias, el dolor de su cabeza demasiado severo para permitirle más que dormitar entre punzadas. Los medicamentos habían ayudado un poco, pero ella no creía que hubiera drogas lo suficientemente fuertes para quitarle por completo el dolor. Puede que de verdad lo haya hecho esta vez, haberse causado daño cerebral, tal vez hecho a perder su talento. Decidió que no se lamentaría por verlo irse.

La puerta de su cuarto se abrió y Jacob entró con dos soldados con cara de piedra flaqueándolo.

—Ja… ¿qué? —soltó.

—Vamos, Bella —dijo. La levantó de la cama en sus brazos y la cargó fuera del cuarto por el pasillo. Cuando pasaron por la sala de grabación, Bella capto un vistazo del rostro de Alice con lágrimas cayendo por sus mejillas. Pasaron la cafetería e iban por el pasillo que llevaba al último lugar al que Bella querría ir. La puerta amarilla.

La puerta por la que nunca regresaban aquellos que salían por ella, había dicho Quil. Bella gimió, pero no pudo hacer más que patear débilmente y moverse un poco. Entraron a un elevador y Jacob presionó el botón de arriba. Un alegre Muzak sonaba de fondo, una alegre melodía de jazz. El elevador subió suavemente y el estómago de Bella intento quedarse atrás. Eso hacía que su cabeza latiera aún con más fiereza. Cerró los ojos y escuchó las puertas abrirse y cerrarse a medida que Jacob caminaba.

Frío. Estaba frío. Estaban afuera.

Jacob bajó a Bella, sentándola en la nieve con su pijama y pies descalzos. Ella tembló. Iba a morir aquí afuera en esa pradera congelante. Sus ojos viajaron a un costado del edificio y vio una chimenea. Su último destino. Jacob sacó una pistola del bolsillo trasero de su pantalón y la cargo, preparando una de las balas.

Bella se quedó viéndolo. Aunque sabía que era inútil, intentó levantar un escudo y sangre fresca salió de su nariz, sorprendentemente brillante cuando cayó sobre la nieve.

—Lo siento —dijo Jacob. Levantó la pistola.

¡WHAM! Algo chocó contra él, noqueándolo y lanzándolo contra la pared del edificio y él se dejo caer, sin ofrecer resistencia, contra el suelo. Lo que fuese, se había movido demasiado rápido para que los ojos de Bella le siguieran la pista, embistiendo contra uno de los soldados y arrancándole el arma de las manos, y luego arremetió contra el segundo antes incluso de que el soldado pudiera levantar el arma de su costado. Jacob y los dos soldados estaban tirados silenciosos e inmóviles en la nieve.

Un hombre estaba de pie frente a ella, un hombre tan hermoso que era casi doloroso mirarlo. Cabello castaño y brillantes ojos verdes sobre un rostro cincelado de perfecta simetría. Y él tenía… alas.

Alas blancas con grandes plumas. Estas se flexionaron bajo la mirada de ella.

—Bella —dijo él, su voz suave y cálida. Se arrodilló y la cargó, sosteniéndola contra su pecho. Él envolvió sus alas alrededor de ella, cortando el frío viento, cerrándose a todo. Él inclinó ese hermoso rostro y la besó. Bella cerró los ojos y lo recibió, abriendo la boca por la cálida lengua que se deslizaba contra la suya. Tal vez estaba muerta. Tal vez Jacob le había disparado y esto era el paraíso. Pero ella se sentía increíble y sorprendentemente viva en ese momento.

Él se alejó, dejando en sus labios un pequeño beso. —He esperado cerca de veinte años para hacer eso —dijo con suavidad. Y entonces, dobló las rodillas y saltó, esas poderosas alas golpeteando contra el frío aire, levantándolos en el cielo. Bella miró como los tres hombres recostados en la nieve se iban haciendo cada vez más y más pequeños hasta que desaparecieron detrás de una nube.

Y entonces, ella perdió el conocimiento.


¡Hola chicas! ¿Cómo están? ¿Qué les pareció el capítulo? La verdad a mí me encanto la forma en que llegó Edward, como todo buen ángel guardián, llega a tiempo para rescatar a su humana.

En el siguiente capítulo vendrá una explicación de lo que es Edward, lo que representa para Bella y ella para él, además de que comenzará la real aventura.

¡Gracias por todos sus comentarios! Gracias a las niñas que no tienen cuenta en FF: Amy (perdón por no contestarte, pero ando algo cortita de tiempo, te juró que el siguiente review si te lo contesto C: ), a karlita carillo cullen, y a nina, ¡besos lindas!

También, vamos a darle un agradecimiento a Isa BetaTraductora Ffad, por su buena disposición para ayudarme a corregir los desastres que traduzco ^^

Espero que les haya gustado, ¡no olviden dejar sus comentarios y decirme que opinan de este nuevo Edward!

Besos,

Moni(: