Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Lissa Bryan, yo sólo traduzco.
Capítulo Beteado por: Isa BetaTraductora Ffad - ¡Gracias por tu ayuda cariño!
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~*~The Better Angels of Our Nature~*~
Por: Lissa Bryan
Bella se despertó y se encontró a sí misma estando acostada y desnuda en los brazos de un hombre hermoso, un hombre que también estaba desnudo. Él estaba parcialmente arriba de ella sobre su costado, su cuerpo presionado de forma íntima contra el de ella, las piernas de ambos enredadas y los brazos de él envueltos alrededor de ella. Por un momento, Bella se permitió beber de la deliciosa sensación de piel contra piel.
¿Quién es este chico? Se preguntó. Estudió su rostro por un momento; se veía familiar pero no lo podía identificar. Estudió sus alas, plegadas contra su espalda con sus plumas de un blanco cegador. La parte que se extendía sobre sus hombros era una articulación, tan gruesa como una rodilla, cubierta de un suave plumón. Ella no se sentía loca, y no creía que las personas del paraíso sufrieran de terribles dolores de cabeza como ella. Intentó pensar en una explicación lógica y falló.
Miró a la habitación a su alrededor. No había muchos detalles que pudieran revelar dónde estaban. Vio paredes blancas y piso de madera. La cama donde estaban acostados era pequeña, con una cabecera de hierro forjado. Había un pequeño balcón, la puerta de vidrio estaba cerrada y la cortina parcialmente estirada, pero en ese ángulo no podía ver nada del exterior que le diera algunas pistas.
Regresó la mirada al… hombre, la criatura que estaba junto a ella. ¿Podría ser que las alas fueran algún tipo de alucinación? Estiró una mano y tocó una de las alas. Se sentían sólidas, cálidas y suaves contra la punta de sus dedos. En cuando ella tocó las alas, los ojos de él se abrieron. Le sonrió con dulzura, sus ojos cálidos y tiernos.
—Bella —dijo.
—H-hola —tartamudeó ella.
—Mmm —. Él cerró los ojos y se acurrucó más.
—Um, ¿podrías… uh… podrías soltarme, por favor?
Él abrió los ojos y levantó la cabeza de nuevo. — ¿Por qué? Esto es muy cómodo.
—Tú-tú estás desnudo —dijo Bella.
Él se rió entre dientes y volvió a recostar la cabeza. —Tus poderes de observación siempre fueron increíbles.
Ella se congeló. — ¿Me… conoces?
Él sonrió de nuevo y Bella sintió que su corazón se aceleraba. Ningún hombre debería ser tan hermoso. —Sí, te conozco, Bella. Te conozco desde el día en que naciste.
Su respiración se atascó.
— ¿Quién eres? —. Y entonces cayó en la cuenta y recordó de dónde lo había visto antes. Él era ese actor, ese tipo que había salido en esas películas de vampiros que fueron muy populares hace algunos años. Ella se esforzó por recordar el nombre.
— ¿Edward? —preguntó tentativamente, sin estar segura de cuál era el nombre del actor, pero "Edward" sonaba bien. ¿En verdad había sido rescatada por un actor… Un actor con alas?
Se encogió de hombros. —Puedes decirme así si quieres.
—Quiero conocer tu verdadero nombre.
Se encogió de hombros de nuevo. —No tengo uno. Tú elígelo.
— ¿Cómo es que no tienes un nombre? —demandó Bella. Era absurdo.
Él se sentó, soltándose de ella y bostezó. —Nunca necesité uno.
Ella decidió enfocarse en otra cosa. — ¿Qué eres?
Clavó sus ojos en los de ella. —Soy tuyo.
Ella no tenía ni una idea de cómo responder a eso.
Él flexionó sus alas, arqueando la espalda para estirarse. El corazón de ella latió aún más rápido y se le secó la boca. Este hombre era verdaderamente una obra de arte, la perfección hecha carne.
—Los de tu tipo nos llaman 'ángeles' —dijo. —Supongo que esa palabra es tan buena como cualquier otra.
—Entonces, tú eres… ¿Mi ángel guardián o algo así?
Él se recostó de nuevo junto a ella y estiró una mano para acunar su mejilla. Ella saltó un poco cuando él la tocó, atorándosele el aliento en la garganta. Sus ojos verdes eran tan cálidos. Ella podría haberse quedado todo el día viéndolos. —Sí Bella, fui enviado para protegerte —. Trazó la mejilla de ella con su pulgar.
Ella intentó mantenerse concentrada en la conversación, intentó evitar ahogarse en esos maravillosos ojos. — ¿Qué hice para merecer mi propio ángel?
—Todos tienen uno —dijo él. Su voz sonaba tranquilizadora, melodiosa, arrulladora… —Pero es raro que se nos permita venir a la Tierra para estar con nuestro humano.
— ¿Por-por qué entonces? —preguntó. — ¿Por qué estás aquí?
—Porque tienes una misión importante, Bella, algo que se supone debes hacer. Fui enviado a protegerte, para asegurarme de que cumplías tu misión.
— ¿Sabes qué es?
Él sacudió la cabeza. —No me lo dijeron, se supone que yo no debo saber.
—Si los ángeles no tienen permitido venir a la Tierra, ¿qué es lo que hacen? —. Él todavía seguía acariciándole la cara y eso dificultaba la tarea de respirar.
—Intentamos guiarte, consolarte, hacerte sentir que no estás sola. Susurramos en el corazón de nuestro humano. Puedes oírnos, pero debes estar dispuesto a escuchar.
— ¿De verdad has estado viéndome desde que era un bebé?
Él asintió. —Fui creado el mismo día que tú.
— ¿Todos se ven… como tú?
Sacudió la cabeza. —Elegí esta apariencia porque recuerdo que creías que el actor era atractivo. Puedo cambiar, si quieres algo más.
— ¿Quieres que yo, um, te encuentre atractivo?
Sonrió. —Por supuesto que sí. Quiero que me ames como yo te amo a ti.
La boca de ella se abrió un poco. — ¿Cuándo dices "amor" te refieres a amor romántico o… —buscó una palabra para describirlo. —… Como, um, amor fraternal?
Él sonrió. Bajó el rostro hasta que sus labios estuvieron a un milímetro de los de ella. —Ardo por ti —susurró.
Ella estaba sorprendida, y algo más que un poco excitada. —Yo… uh… creí que los ángeles no tenían ese tipo de deseos.
Él regresó a su posición original y ella pudo respirar un poco mejor. — ¿Oh? ¿Alguna vez has conocido a un ángel?
—Bueno, no, pero en las películas…
Él se rió. —Siempre una fuente confiable de información verídica.
Ella se sonrojó. —Sí, de acuerdo, me atrapaste ahí. Pero las religiones… —. Intentó recordar lo que había aprendido en el catecismo acerca de los ángeles. Se suponía que eran puros y santos, los mensajeros y guerreros de Dios. Con batas, aureolas y todo eso. No se suponía que debían estar acostados en una cama desnudos con una mujer y sonreír como si tuvieran una mente llena de sucios pensamientos.
—Las religiones fueron creadas por personas, Bella. Personas que vieron el mensaje a través del lente de su propia cultura e hicieron que las reglas de sus culturas junto con los tabúes fueran la ley divina.
Lo cual ella interpretó como él diciéndole que después de todo los ángeles no eran tan puros.
Él se rió suavemente y metió la mano en la mesita que estaba junto a la cama. Sacó una Biblia que parecía ser algo obligatorio en las habitaciones de los hoteles en todo el mundo. Él pasó a una página que estaba cerca del principio. Estaba impresa en español, pero él la leyó en voz alta en inglés.
—Había gigantes en la Tierra en esos días; y también después de eso, cuando los hijos de Dios vinieron hasta las hijas de los hombres y engendraron hijos en ellas, fueron ellos mismos los valientes de la antigüedad, hombres destacables.
Ella nunca había escuchado de ese pasaje. — ¿Los ángeles tuvieron hijos con humanas? ¿Hijos gigantes?
Él dejó a un lado la Biblia. —Bueno, como muchas historias que han sido contadas oralmente durante cientos de años antes de ser escritas, hay algunas… alteraciones. No podemos tener hijos con humanos, y los "gigantes" eran probablemente su explicación para los fósiles de huesos que encontraban, pero la esencia en general es que algunos ángeles sí venían a la Tierra para estar con su humano, los "hombres destacables" que hacían algo importante. Y, además, la gente sabía sobre eso.
Ella quería salir del tema acerca del sexo con ángeles. Se apuró a cambiar de tema. —Exactamente, ¿dónde estamos?
—Ushuaia, Argentina —dijo él. —Perdón por no haber podido llevarnos más lejos, pero estaba exhausto. No estoy acostumbrado a la gravedad y aquí el aire es espeso.
La impresionó de nuevo el que fuera de otro lugar, otro nivel de existencia donde incluso la gravedad era diferente. — ¿Por cuánto tiempo vas a estar aquí? —preguntó. Tal vez tendría tiempo para acostumbrarse.
—No puedo regresar —dijo él.
Ella jadeó. — ¿Nunca?
—No, hasta que tú te vayas —. Ella parpadeó porque por "irse" obviamente él se refería a que estaba atrapado aquí hasta que ella muriera.
— ¿Tienes que seguirme a todos lados por el resto de mi vida? ¿No puedes irte?
Él aparto la vista, pero no antes de que ella viera el dolor en sus ojos. —Si no me quieres aquí, Bella, puedo desaparecer. Nunca sabrás que estoy cerca de ti.
—No quise decir eso —protestó Bella. —Quise decir que debes estar triste al no poder volver al Paraíso.
Los ojos de él regresaron a ella, brillantes e intensos. —Si le preguntas a cualquiera de nosotros si prefiere quedarse en el Paraíso o estar con nuestro humano, todos escogeríamos irnos, incluso sabiendo que no podremos regresar hasta que nuestro humano muera.
Entonces, amar a sus humanos era algo automático en ellos. Bella se sintió extrañamente decepcionada.
Él sacudió la cabeza. —Todos amamos a nuestros humanos y queremos estar con ellos aquí en la Tierra para poder cuidarlos, pero no así. Siempre supe que me enamoraría de ti y he esperado tanto para ser capaz de abrazarte así, tocarte, respirar tu esencia…
¿Veinte años?
Él asintió, de nuevo respondiendo a sus pensamientos. —Nuestro tiempo avanza de forma diferente al suyo.
Así que él era un lector de mentes como Jacob.
—Solo con la tuya —respondió. —Nuestras almas están unidas, Bella. He escuchado todos los pensamientos que has tenido.
El rostro de Bella ardió. En verdad que no le gustaba esa idea, especialmente considerando algunos de los pensamientos que había tenido sobre él.
—No te avergüences —dijo suavemente. —Bella, he amado ser parte de tu mente. Amo la forma en que piensas.
Definitivamente era el momento de un cambio de tema. Como si fuera el momento justo, su estómago gruñó. — ¡Tienes hambre! —dijo él alegremente. — ¡Es hora de comer!
—Suenas algo… emocionado por eso.
—Nunca antes he comido —dijo. —No puedo esperar para intentarlo —. Y entones sus ojos se oscurecieron y bajó el rostro de nuevo, sus labios a un milímetro de los de ella. —Hay muchas cosas que estoy ansioso de intentar contigo.
Bella tembló. No pudo detenerse. Levantó la cabeza para cruzar la pequeña fracción de espacio que había entre ellos y lo besó. Él hizo un suave sonido en el fondo de su garganta y enroscó los brazos alrededor de ella, la mano de él acunando la cabeza de ella.
Bella podía contar con una mano el número de veces que había sido besada en toda su vida y ninguna de ellas se había sentido así. No había creído que un beso como este pudiera existir fuera del reino de la ficción, un beso que podía sentir por todo su cuerpo, un beso que derretía sus huesos y que causara un nudo de placer en su interior.
Él se apartó y ella se escuchó a sí misma haciendo un ruido de protesta. Él le dio otro besito en los labios. —Pronto —prometió. —Todavía no estás lista —. Él se puso de pie y le ofreció su mano. —Vamos a almorzar.
Ella sólo pudo mirarlo boquiabierta en toda su gloriosa desnudez. Sus ojos bajaron por su cuerpo y se agrandaron un poco. Ella apartó la vista de prisa con el rostro rosa y lo escuchó reírse suavemente.
Ella se tapó con la sábana cuando se levantó de la cama. — ¿Dónde está mi ropa?
—Las colgué para que se secaran —dijo él. Él abrió la puerta de vidrio y un aire frío se coló en la habitación. Salió al balcón.
— ¡Edward! —chilló Bella.
— ¿Qué?
— ¡Estás desnudo!
Él la miró perplejo.
— ¡Entra antes de que alguien te vea y llame a la policía!
— ¡Oh! Cierto —. Quitó la ropa de la barandilla y entró de nuevo. Bajó la vista a su cuerpo con interés. — ¡Bueno, fíjate nada más!
Aparentemente, el encogimiento también era una nueva experiencia para él. El rostro de Bella estaba de un profundo rojo. Le quitó su ropa de las manos. Estaban secas pero frías. Bella se puso la ropa lo más rápido posible. Incluso aunque ella mantuvo los ojos pegados al piso, estaba segura de que él la estaba viendo. Podía sentir su mirada en ella, como plumas acariciando su piel.
Levantó la vista para encontrarse a Edward vestido con una sudadera negra y vaqueros, junto con sus alas sorprendentemente blancas contra el color oscuro. Ella caminó detrás de él y vio que había cortado dos largas ranuras en la parte trasera de la sudadera. Las plumas que estaban arriba cerca de la parte donde sus alas se unían a la espalda estaban arrugadas, atrapadas adentro. Ella las arregló y él suspiró. —Gracias, eso me estaba molestando pero no alcanzaba.
—No podemos caminar en público con tus alas a la vista —dijo Bella, y comenzó a pensar en formas para esconderlas. Quizás podrían conseguir una bolsa de lona grande, la cual él podría usar como mochila con sus alas adentro.
Él sonrió. —Solo tú puedes verlas, Bella.
Entonces el mundo estaba en verdad privado de una hermosa vista. Brillaba como una perla a la luz que entraba por la ventana.
Ella bajó la vista a sus pies descalzos. —No tengo zapatos.
—Oh, es cierto. Las personas usan zapatos —. Parecía estar haciendo una nota mental de ese hecho. Movió sus propios pies descalzos. —Los olvidé.
— ¿No puedes, simplemente… ya sabes… aparecer algunos?
Se rió. —Has visto demasiadas películas. ¿Cuál es la primer ley de la termodinámica?
—La materia o su energía equivalente no se crea ni se destruye —recitó Bella.
— ¿Ves? Te dije que poner atención en tus clases de física te serviría de algo.
—Entonces tendremos que comprar unos —dijo. —No podemos andar descalzos.
Él arrastró los pies torpemente. —No tenemos mucho dinero. Fui capaz de sacar lo que quedaba en tu cuenta del banco, pero no era mucho.
Ella tenía curiosidad. — ¿Cómo lo retiraste?
—Fui a tu banco, invisible, y lo saqué de una de las cajas. Dejé una nota diciendo de qué cuenta era el dinero —. Se veía preocupado. — ¿Estuvo mal? Sé que no me hubieran dejado si se los hubiera pedido, así que dejé la nota. Eso no es robar, ¿verdad?
Él se veía tan preocupado que ella tuvo que tranquilizarlo. —No Edward, está bien. Un poco ortodoxo, pero fuiste honesto. ¿Cuánto costó esta habitación?
Él se veía culpable, un sonrojo apareció en sus mejillas. —Yo no… pagué por ella. Busqué una que estuviera vacía. No estaba siendo utilizada. ¿Eso es robar?
Ella pensó sobre ello. —Bueno, supongo que no, si de todas formas no iban a ganar dinero con ella. Tal vez podemos dejar una propina para cubrir los costos de limpieza y esas cosas. ¿Cuánto tenemos?
Edward sacó el dinero de su bolsillo. —Tuve que comprar la ropa que estoy usando — confesó. —Costaron diez dólares. Lo hice de la misma forma que en el banco —. Comenzó a contar el dinero.
— ¿Diez dólares? Eso es una ganga —alabó Bella. Él le sonrió, feliz, y después volvió a contar el dinero.
—Ciento veintiún dólares con quince centavos —anunció.
Oh, mierda. No iban a llegar muy lejos con eso.
—No tenemos que pagar por transporte —dijo Edward. —Yo nos llevaré volando a donde tú quieras.
—Incluso si solo pagamos por comida y alojamiento, ese dinero no va a durar mucho.
—Yo no necesito comer —ofreció él.
— ¿No tendrás hambre?
—Sí, pero no moriré de hambre. No soy mortal.
Ella no podía aceptar la idea de que él estuviera con hambre, incluso aunque realmente no necesitara la comida para sobrevivir. Se mordió una uña, considerando. La solución obvia era contactar a Jasper, pero ¿cómo? Era una certeza que "ellos" tendrían interceptado el celular de Jasper, esperando que ella lo llamara. Una idea se le ocurrió: todos los miércoles en la noche Jasper iba al Pub de Benny para jugar a los dardos. Podría llamarle ahí.
—Esa es una buena idea —dijo Edward. Ella saltó un poco. Era raro escuchar a alguien contestando sus pensamientos como si los hubiera dicho en voz alta. — ¿Ahora ya puedo ir a comprarte zapatos nuevos?
—Seguro. Talla siete. Espera, esa es la talla Americana. No sé qué talla soy aquí.
Edward se arrodilló y le levantó el pie, sosteniéndolo entre sus manos. Lo estudió críticamente, midiéndolo con su palma. —Creo que lo tengo —dijo.
—Vas a comprar unos para ti, ¿verdad?
Él vaciló.
—Edward, no puedes andar descalzo —insistió Bella. —Jasper me mandará dinero. Estaremos bien.
—De acuerdo. Espera aquí hasta que regrese —. Él se inclinó y la besó una vez más antes de irse.
La habitación era del estilo de los hoteles Americanos, lo que significaba que tenía su propio baño. Bella lo usó y después se quedó de pie frente al espejo, intentando peinarse el cabello con los dedos lo mejor posible. Se dio cuenta que había manchas de sangre seca en la parte frontal de su camisa. Usó un trapo y jabón para intentar limpiarlo, pero no sirvió de nada. —Fuera maldita mancha —citó. Oh, bueno. Al menos era menos visible.
Escuchó la puerta abrirse y se asomó para asegurarse de que era Edward antes de salir de regreso al cuarto. Él cargaba una bolsa en una mano, la cual dejó caer cuando la vio. Él abrió sus brazos y Bella fue hacia allí felizmente, recostando su mejilla contra su pecho mientras él envolvía sus brazos alrededor de ella y después sus alas. Ella estaba comenzando a amar eso. Las alas amortiguaban el sonido y la luz, creando su propio mundo privado adentro.
—Quiero que sepas algo —dijo él suavemente. —Me enamoré de ti el verano que trabajaste en el asilo de ancianos. Siempre te había amado, como lo hacemos los de nuestro tipo, pero esto era algo diferente, algo especial. Siempre supe que lo haría, pero nada podría haberme preparado para lo poderoso que fue.
Ese había sido el verano de su último año, justo antes de que Tyler…
—Estoy contento de que lo hayas matado —dijo Edward. Sus ojos flameaban con fuego verde. —Él era malvado.
— ¿Las personas malvadas tienen ángeles? —preguntó Bella.
—Algunos —replicó Edward. —Usualmente las personas no se hacen malvadas de la noche a la mañana, es un proceso gradual. Sus ángeles, no deseados e ignorados, pueden desaparecer si se rinden a la desesperación. Pero a veces, el ángel va con ellos y se hacen igual de malos. Son echados, se convierten en los Caídos, pero aún así no pueden tener contacto con sus humanos. Existen en el limbo aquí en la Tierra, una infernal existencia de constante hambre que no pueden saciar, hasta que su humano muere o ellos se rinden y desaparecen.
— ¿Existe el infierno?
Él asintió, su rostro siniestro. No dijo nada más y Bella no quería preguntar, no ahora. Ella tembló y él la abrazó un poco más cerca. Le besó la frente y después los labios. —Ven para que veas lo que compré.
Había dos pares de zapatos en la bolsa. Los de Bella eran unos tenis marrones con unos trazos en los laterales, y los de Edward eran botas para senderismo, lo cual hizo pensar a Bella que era una rara elección.
—Me gustan —dijo simplemente.
Él también le compró una chamarra gris. —Oh, Edward, gracias. Fue muy considerado de tu parte.
—No quiero que pases frío —le dijo. —Hay un par de guantes en los bolsillos.
Ella tenía miedo de preguntar cuánto había costado todo.
—No mucho —respondió Edward. —Cuarenta dólares. El dinero americano vale más aquí. ¿Estás lista para ir a almorzar?
Ella sonrió. —Sí —. Se puso los zapatos y le quedaron perfectamente. Edward metió los pies a las botas y tiró de los cordones superiores. Frunció el ceño.
—Tienes que hacerlo así —le instruyó Bella, mostrándole cómo estirar las cuerdas de abajo y trabajar en amarrarlos hasta la parte superior.
—Debí conseguir tenis —dijo. —No son tan complicados —. Se puso de pie y caminó alrededor, probando la sensación de tener zapatos en los pies. —Blanditos —anunció.
—Vamos, tengo hambre —. Bella comenzó a avanzar a la puerta pero él atrapo su mano.
—Vamos por la puerta del balcón —dijo. —Hay camareras en el pasillo.
Dejó un billete de diez dólares en la mesita de noche y abrió la puerta de vidrio, cerrándola a sus espaldas. Estaban en el tercer piso. Bella cerró los ojos. No le gustaban las alturas.
— ¿Lista? —preguntó Edward. Él la cargó, un brazo bajo sus rodillas y el otro bajo sus hombros. Ella envolvió los brazos alrededor de su cuello y se sostuvo con fuerza. Escondió el rostro en su cuello y asintió.
Él se subió a la barandilla y saltó. Sus alas atraparon el aire y se establecieron en un suave deslizar.
— ¿A dónde vamos? —preguntó Bella. No mires abajo. No mires abajo. Ella lo sintió batir sus alas una, dos veces, dándoles más altura.
—Encontré un restaurante estilo Americano al otro lado de la ciudad. Creí que te gustaría.
Iba a ser su primera experiencia con comida, pero el lugar para comer estaba basado en las preferencias de ella. Él se orilló, haciéndolos girar en un gran círculo antes de dirigirse al suelo. Su aterrizaje fue tan suave como si hubiera bajado un escalón.
— ¿Cómo evitas que nos vean? —preguntó ella.
—Puedo ser invisible, ¿recuerdas? Puedo hacerte invisible a ti también mientras estamos volando, pero me cuesta mucho esfuerzo —. La puso sobre sus pies y señaló al otro lado de la calle hacia un edificio que en la pared tenía pintado el nombre de un familiar restaurante chino Americano.
— ¡Perfecto! —declaró Bella y él sonrió ante su elogio.
El anfitrión y las meseras hablaban inglés y les dieron los menús en inglés. Edward pasó lentamente por las páginas, mirando las imágenes. —No sé qué pedir.
—Yo sí —dijo Bella. —Confía en mí.
Ordenó tocino, huevos, papas fritas y panqueques, junto con una jarra de té para ambos. Ella preparó una taza para él, agregando azúcar y un chorro de agua fría de su vaso para que no se quemara. Lo empujó por la mesa hacia él.
—Bébelo —dijo. Él lo agarro y olió el contenido de la taza antes de tomar un trago. Sus ojos se agrandaron y tomó un trago más largo.
— ¡Está bueno! —dijo. Agarró una de las bolsitas de azúcar y la abrió, vaciando el contenido en la palma de su mano. Se lamió un dedo y lo untó con los granitos de azúcar y después lo probó. Sus ojos se agrandaron de nuevo y se veía bastante encantado. — ¡Pruébalo! —dijo, ofreciéndole su dedo a Bella.
Ella se retiró. —Sé a lo que sabe la azúcar.
Sacó todos los paquetes del casito y los abrió uno por uno, vaciándolos en su té. —Edward, lo endulzaras mucho —advirtió Bella, pero él se bebió los contenidos de la taza y dijo — ¿Más?
Ella volvió a llenar su taza con la jarra y él la agarró antes de que ella pudiera agregarle el agua fría. Él tomó un trago y gritó.
—Muy caliente —dijo Bella. —No me diste la oportunidad de advertirte —. Ella agregó un chorro de agua fría. Edward miró el casito donde habían estado almacenados los paquetes de azúcar.
— ¿Qué es esa cosa rosa?
—Endulzante artificial —dijo Bella. —A mí no me gusta la forma en que sabe, pero pruébalo.
Él abrió un paquete y vacío el polvo en su mano. Lo tocó con su dedo y lo lamió. El interior de Bella se contrajo cuando vio su lengua.
— ¡Asco! —dijo y su rostro se arrugo. Rápidamente se quitó el polvo de la mano dejándolo caer en el plato de la jarra, limpiándose la mano con la otra.
Bella miró a su alrededor. Eran los únicos sentados en esa sección. Usó su poder para levantar los paquetes de azúcar de casito de otra mesa y los hizo flotar hacia él. Hizo que su dolor de cabeza empeorara un poco y se sorprendió cuando él hizo una mueca de dolor.
— ¿Puedes sentir mi dolor de cabeza? —le preguntó.
Él asintió. —Lo compartimos, nunca antes he sentido dolor.
La respuesta de ella fue detenida por la aparición de la mesera, quien dejó varios platos en la mesa y una pequeña jarra de miel. Edward inhaló, cerrando los ojos.
—Huele maravilloso —dijo.
Bella le agradeció a la mesera y esperó hasta que se fue. — ¿Qué quieres probar primero?
Él sacudió lentamente la cabeza. —No estoy seguro.
—Panqueques —decidió ella. A él le gustaría lo dulce. —Déjame prepararte un poco —. Untó mantequilla en una pequeña sección y la bañó con miel, cortando un pedazo con el tenedor y lo pinchó con el mismo. —Abre —le ordenó. Él lo hizo y ella le dio a comer el pedazo de panqueque.
Los ojos de él se abrieron con sorpresa y se quedó inmóvil por un momento.
—Mastica —le dijo Bella.
Lo hizo lentamente, con esa mirada impresionada todavía en su lugar. Tragó y sacudió la cabeza admirado. —Bella, eso fue increíble —suspiró.
Después de eso cortó un pedazo de tocino y creyó que él iba a llorar. —¿Toda la comida sabe así? —preguntó.
—No. El tocino es uno de los pináculos de la experiencia culinaria humana —dijo Bella. —La naturaleza nos jugó una cruel broma: si sabe bien, es malo para ti. Las cosas que son saludables no saben nada parecido a esto.
Él se congeló a mitad del bocado. —Bella —dijo suavemente. —Métete debajo de la mesa.
— ¿Huh?
— ¡Rápido, Bella, escóndete!
Ella obedeció, agachándose bajo la mesa y gateando para aferrarse a la pierna de él, escondiendo el rostro en su rodilla. La mano de él se deslizó abajo para ponerla sobre su cabeza. Sus dedos la acariciaban gentilmente, tranquilizándola.
Ella vio un par de piernas en pantalones negros acercarse a la mesa. Era uno de "ellos". Su corazón latía con tanta fuerza que estaba sorprendida de que él no lo escuchara. La persona le preguntó a Edward algo en español y le respondió, con una fluidez perfecta, recitando la respuesta con su melodiosa voz. Hubo una pequeña conversación y las piernas se retiraron. —Quédate un momento más —le susurró Edward a Bella.
No había problema. Ella no quería salir. Ella viviría felizmente allí abajo con las migajas si eso significaba que estaba a salvo de "ellos". Él tuvo que engatusarla para que saliera y cuando finalmente emergió, se fue directo a sus brazos.
—Estás temblando —le dijo él suavemente, alejándole el cabello del rostro y acomodándolo detrás de su oído.
— ¿Qué te dijo?
—Tenía una foto de ti. Dijo que te buscaban por estar relacionada con un ataque terrorista.
—Prométeme —susurró ella. —Prométeme que nunca los dejarás llevarme de regreso. Prométemelo. Incluso si tienes que…—
—Bella… —. Él la miró a los ojos con la angustia escrita en el rostro.
—Prométemelo —insistió ella.
—Lo prometo —. Inclinó el rostro y la besó.
La mesera se aclaró la garganta. Llevaba la cuenta pero miraba a Bella con curiosidad, estudiando sus rasgos. El corazón de Bella se aceleró. Edward le había dado el dinero para que lo guardara, así que rápidamente contó lo necesario para pagar la cuenta y la propina. —Quédese con el cambio —dijo Bella.
Agarró la mano de Edward en cuanto la mesera se dio la vuelta para retirarse. —Tenemos que irnos —susurró con urgencia. —Creo que me reconoció.
Él miró a su alrededor. —Espera aquí.
Caminó rápidamente al vestíbulo e inspeccionó la parte frontal. Estaba de regreso a su lado en momentos. —Encontremos otra puerta —dijo.
— ¿Viste alguno de "ellos"? —preguntó ella.
—No, pero aún así no me siento cómodo saliendo así.
Fueron por la parte trasera donde estaban los baños y la cocina. Había un brillante signo de SALIDA y Edward caminó directo hacia allí. — ¡Espera! Es una salida de emergencia —dijo Bella. —Si mueves esa barra-
Una estridente alarma se encendió cuando Edward la abrió. Estaban entre una camioneta y un contenedor de basura, fuera de la vista. Edward cargó a Bella en sus brazos y se lanzó hacia arriba, sus alas batiendo firmemente en el aire hasta que alcanzaron la suficiente altura para que él atrapara las corrientes y se deslizara. Bella se aferró con fuerza a su cuello.
Estaban sobre las colinas que había detrás de la ciudad, dirigiéndose hacia las crestas cubiertas de nieve de las montañas.
—Me gustó el almuerzo —dijo Edward de repente.
Bella se rió. —Me alegra —. La risa murió tan rápidamente como había llegado cuando un pensamiento serio la sustituyó. —No me van a dejar ir, ¿verdad?
—No.
Ellos siempre la habían encontrado antes. Ahora que en verdad estaban esforzándose…
—Detente —le dijo Edward. —Estás comenzando a desesperarte.
— ¿Cómo puedo evitarlo? —le preguntó ella.
—Estoy contigo —dijo él simplemente. Y ella supuso que eso era suficiente.
¿No es maravilloso este Edward? De verdad que ese ángel me tiene cautivada. Muchas tenían dudas, pues ya tienen su respuesta sobre la naturaleza de Edward.
¿Qué opinan chicas? ¿Les gustó? Las que me tienen agregada en Facebook estén al pendiente porque en la semana subiré uno o dos adelantitos del siguiente capítulo ;D
Amy: Primero que nada, espero que te encuentres muy bien. Respecto a tu mala experiencia, lamento mucho haber escuchado eso, yo no hubiera sido capaz de terminar de leerla. Le huyo a todo aquello con drama excesivo, no sé, nunca he podido leerlo. Hay Fics muy buenos que me recomiendan, pero por el drama no me atrevo a leerlos. Me alegra que está historia te sirva para recordar la verdadera esencia de Edward, no tengo nada contra el OOC, pero simplemente hay cosas que no van de acuerdo con el Edward que nos cautivo. Concuerdo contigo acerca de los beneficios del escrito en tercera persona, a veces tanto cambio de POV confunde, pero, me atrevo a decir, que a la hora de traducir causa cierto dolor de cabeza, por lo menos para mí es un poco más difícil porque siempre intento no repetir tanto las palabras "él" y "ella" a pesar de que son necesarias para hacer ciertas diferencias, prácticamente tengo que especificar quién está realizando casi cada acción sin sonar repetitiva (creo que ese es uno de mis mayores defectos: repetir las cosas), espero estar haciendo un buen trabajo con eso. Gracias por tus lindos comentarios cariño, cómo siempre un placer leer lo que opinas. Besos.
Gracias a todas por los reviews, alertas y favoritos, ¡son unos soles!
Besos,
Moni
