Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Lissa Bryan, yo sólo traduzco.
Capítulo Beteado por: Isa BetaTraductora Ffad
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~*~The Better Angels of Our Nature~*~
Por: Lissa Bryan
Las granadas flash-bang cumplen el propósito de incapacitar con su ruidosa explosión y brillante luz, y eso fue lo que le pasó a Bella cuando explotó una que fue lanzada por su ventana. Estaba cegada por la luz y ensordecida por la explosión.
— ¡Edward! —gritó.
Edward rodó por la cama aterrizando de cuclillas, sus alas extendidas por completo para proteger a Bella detrás de él. La puerta se abrió de golpe y un escuadrón de policías entraron al cuarto con las pistolas listas. No vieron a Edward, solo veían a la mujer que gritaba en la cama y eso fue lo último que vieron.
Algo, alguien, invisible los derribó uno a uno, con golpes diseñados para dejarlos inconscientes pero no para matarlos. Lo que fuese, se movía tan rápido que ni siquiera tuvieron tiempo para disparar, así que la gente de afuera asumió que la misión iba de acuerdo al plan.
— ¡Edward! —gritó Bella de nuevo, sus manos extendidas buscándolo, sus ojos cegados estaban completamente abiertos.
Ella sintió cómo la tocaba y se calmó un poco. Él la cargó y ella sintió la vibración de su pecho, lo cual significaba que estaba hablando, pero no podía escuchar nada sobre el pitido que perforaba sus oídos. Ella podía sentir que él iba corriendo. Su visión comenzó a regresar y vio que estaban en el pasillo del hotel. Con su hombro empujó la puerta de las escaleras para abrirla y ella vio a hombres con cascos negros subiendo por las escaleras. Edward se giró y corrió en dirección contraria y de una patada abrió una puerta que decía PERSONAL SOLAMENTE. Era la habitación de lavado, a oscuras y en silencio a esas horas de la noche. Edward arrastró una mesa que estaba contra la pared y se subió en ella. Se estiró para abrir el conducto del aire. Bella lo miró sin comprender. Él la levantó, señalando al ducto abierto y luego a ella. Señaló hacia arriba de nuevo.
—Techo —movió la boca—. Espérame. En. El. Techo.
— ¿Quieres que suba por los ductos hasta el techo?
Él asintió y la levantó.
—Edward, espera. ¿Cómo voy a saber hacia dónde ir?
Edward escuchó los golpes de las puertas siendo abiertas mientras rastreaban ese piso. — ¡Vete! —movió la boca. Él la empujó hacia arriba y Bella se las arregló para subir. Apenas era lo suficientemente grande para que ella cupiera. Él puso la tapa de la ventilación en su lugar de nuevo. Vio a Edward a través de las ranuras y se encontró con algo extraordinario. El cuerpo de él se encogió, sus facciones se transformaron, su cabello creció, y luego Bella se estaba viendo a sí misma. — ¡Vete!
Él se bajó de la mesa y salió corriendo por la puerta. Si los oídos de ella no estuviesen pitando con tanta fuerza, podría haber escuchado los gritos de ¡Allí, es ella! mientras Edward los alejaba de donde estaba escondida la verdadera Bella.
Ella miró los dos caminos en que se dividía el ducto. Los dos se veían muy poco prometedores como una salida hacia el techo. Estaba muy oscuro, la única luz venía de la abertura de la ventilación y estaba sucio. En las películas, los ductos de aires siempre eran bonitos, hechos de un reluciente metal, de un grosor cómodo y bien iluminados. Bella gateó hacia adelante, moviéndose por el ducto que era tan delgado como una capa de fieltro. Avanzó hacia la oscuridad, moviéndose lenta y cuidadosamente, intentando no chocar sus pies y rodillas contra las paredes para no hacer ruido. Palmeó el piso del ducto frente a ella para asegurarse de que no había ninguna sorpresa desagradable como una repentina abertura. Una parte del metal estaba rasposo, lo que le causó una cortada en el dedo y tuvo que morderse la boca para no gritar. Todavía estaba sorda por la granada y no podría escuchar incluso si los soldados estuvieran debajo de ella, o quienes fueran esas personas, pero ellos sí serían capaces de escucharla.
¿Cómo es que "ellos" habían encontrado a Bella y Edward? Tenía que haber sido por la llamada a Jasper, decidió. ¿Será que el teléfono de Benny's había sido rastreado o alguien los habría delatado? ¿Charlotte? No podía creer eso. Charlotte era una señora mayor que quería muchísimo a Jasper, casi como a un hijo. Ella nunca traicionaría su confianza. ¿Riley? Supuso que esa podría ser una posibilidad. Puede que se conocieran desde niños, pero no eran muy cercanos. No lo suficientemente cercanos para que él dejara pasar un millón de dólares en recompensa por entregar a alguien que, según las noticias, era una traidora y terrorista.
Siguió arrastrándose hacia adelante, sintiéndose en la oscuridad, intentando evitar cortarse con las partes irregulares. ¿Dónde estaba Edward? ¿Había funcionado su plan de alejarlos de ella al transformarse en su gemela? ¿Podría haber sido capturado? Bella lo había visto en acción en el callejón y sabía que se movía mucho más rápido de lo que podría captar el ojo humano, pero ¿cuántas tropas tenían ellos? ¿Cuántas serían antes de que él estuviera saturado? Era inmortal, pero eso no significaba que no pudiera ser herido. Oh, Edward, si puedes escucharme, estoy muy preocupada por ti.
Sintió una brisa contra su piel. Palmeó a su alrededor y se retorció hasta que lo encontró, un conducto largo en vertical. Pero, ¿cómo se suponía que iba a subirse? Un resbalo y ella se caería.
Casi se golpea a sí misma. Usa tu talento, tonta. Se movió con mucho cuidado hasta que finalmente tuvo un pie apoyado en el lado derecho del ducto y otro en el izquierdo, luego se puso de pie cuidadosamente en el conducto vertical. Se tranquilizó lo más que pudo y se concentró. Comenzó a elevarse lentamente. Vagamente podía ver la luz en el fondo. Concéntrate en la meta. Vamos, Bella, puedes hacerlo.
Cerca del final comenzó a titubear y el mido la hizo perder la concentración. Cayó unos cuantos pies antes de volver a elevarse, jadeando y temblando (había perdido el abrigo cuando abandonaron la habitación). Vamos, Bella. TIENES que hacerlo. No hay otra opción. Se elevó con rapidez, demasiada rapidez, llegando al final donde el ducto se hacía horizontal. Usó su habilidad para empujar la tapa del ducto y volvió a perder la concentración en la levitación, pero afortunadamente fue capaz de agarrarse al borde del conducto antes de caer los pisos que fueran abarcados por ese conducto. Se empujó con fuerza, intentando arrastrar su cuerpo por el borde, sus pies se resbalaban inútilmente por las paredes del conducto. La fuerza de la parte superior de su cuerpo siempre había sido muy poca. Ella era parte de esos niños que en la clase de gimnasia nunca pudieron subir por la cuerda, quien no podía dar más de tres o cuatro empujones para salvar su vida.
Bueno, ahora era para salvar su vida, o al menos para prevenir una caída bastante fea. Intentó levantarse con su talento, pero tenía demasiado miedo para que pudiera funcionar. Se las arregló para subir su estómago al borde, y a partir de ahí fue capaz de moverse hacia un costado. Un empujón más y estaría fuera de la ventilación. Se empujó con los pies y salió, cayendo en el techo plano, respirando con dificultad y temblando.
Querido Dios, tal vez la próxima ocasión quieras elegir a una chica más atlética para tus misteriosas misiones. Con amor, Bella.
Se puso de pie lentamente y miró a su alrededor. La superficie del techo había sido cubierta de grava, lo cual le pareció muy extraño a Bella y por un momento se detuvo a contemplar el propósito de eso. La amplia extensión de piso estaba cubierta por tubos, conductos de ventilación y unidades HVAC. Había una puerta en un costado que probablemente llevaría a las escaleras. Bella avanzó al lado frontal del hotel y se agacho antes de asomarse. Abajo podía ver casi media docena de patrullas con las luces encendidas y un par de reporteros. Había espectadores amontonados en los costados, tomando fotos. Ella se alejó, escondiéndose entre dos unidades HVAC. Edward, ¿dónde estás?
La puerta se abrió del golpe y un policía equipado avanzó hacia ella. Las manos de Bella volaron a su boca para detener el grito que se estaba construyendo dentro de ella, pero a medida que él se acercaba se fue transformando en Edward y Bella casi se desmaya de alivio. Él la agarró en sus brazos, y ni siquiera se detuvo antes de correr directo al borde del techo con las alas extendidas. Saltó de la orilla y por un pequeño segundo, cayeron, hasta que sus alas atraparon el aire y los elevaron hacia el cielo.
— ¡Edward! ¡Oh, gracias a Dios, Edward! ¿Estás bien? —jadeó. Tocó su pecho y hombros buscando heridas.
Él la miró y sonrió con una mirada de ternura. —Estoy bien, Bella. ¿La cortada de tu dedo es muy profunda?
Ella estaba agradecida de poder escucharlo. Por un momento se cuestionó si sus tímpanos habían reventado. Levantó su sucia mano y examinó la herida de la cual ya se había olvidado. —No, ya dejó de sangrar.
—Que bien. Esta noche nos llevaré lo más lejos posible y luego…
— ¡No! —dijo Bella—. Tenemos que sacar el dinero que Jasper nos mandó.
Él sacudió la cabeza. —Es demasiado arriesgado.
—Tú puedes entrar siendo invisible —argumentó Bella—. Edward, necesitamos ese dinero —ella podía ver que él estaba dudando—. ¿Por favor, Edward? Sin ese dinero, ¿cómo vamos a comer?
—Robaré comida para ti —dijo Edward—. El pecado estará en mi cabeza, no en la tuya.
—No, Edward, no te dejaré hacer eso. Por favor, aterriza y al menos hay que discutirlo, ¿sí?
Él asintió y buscó en la tierra un buen lugar. Bella intentó buscar con él pero su miedo a las alturas apareció y la hizo cerrar con fuerza los ojos. Unos minutos después, eligió un parque vacío y fue bajando detrás de unos árboles, sacudiendo las alas antes de plegarlas. Bella se sentó en una de las bancas y Edward eligió en tronco de un árbol que estaba a unos pies de distancia, de esa forma sus alas podían caer naturalmente en lugar de estar restringidas por la banca. —Creo que deberíamos alejarnos lo más posible —comenzó—. Saben que estás aquí, Bella, y no se detendrán hasta que te encuentren.
—No podemos ir muy lejos —dijo Bella—. Todavía tenemos que rescatar a los otros.
Él la miró con tristeza. —No creo que eso vaya a ser posible, Bella.
—Tiene que serlo —dijo Bella—. Es mi misión, sé que lo es. ¿Qué podría ser más importante que liberar un centro lleno de las creaciones más especiales de Dios? Él nos dio estas habilidades por una razón, Edward, y no creo que esa razón sea para que el gobierno de Estados Unidos pueda estudiarlos como ratas de laboratorio para después sacarlos a la nieve y dispararles cuando terminan con ellos.
Él alzó las manos exasperado. —No sé cuál es tu misión, Bella. Puede ser algo tan simple como decirle una palabra de consuelo a alguien que está contemplando suicidarse, lo cual haría que cambiara de ideas para después hacer cosas grandes. O podría ser salvar a todas esas personas en el centro para que ellos puedan hacer cosas grandes por sí mismos. Se supone que yo no debo saber eso, para no influir en ti de alguna manera. Pero sé cuál es mi misión, y esa es mantenerte a salvo. Y todos mis instintos me dicen que debo sacarte de aquí.
Bella caminó hacia él y pasó sus brazos alrededor de su cuello. Él puso sus manos en las caderas, acercándola, y ella se sentó en su regazo. —Tenemos que conseguir ese dinero, Edward. No quiero que robes y no quiero ser echada de los hoteles por directivos con escobas. Después de que hagamos eso hablaremos sobre lo demás, ¿de acuerdo?
Suspiró. —Está bien, Bella. Tú ganas. Regresaremos por el dinero.
Había un teléfono público en la orilla del parque que tenía un directorio colgando de una cadena. Bella pasó las páginas hasta que encontró la dirección de la oficina de Western Union y luego regresó al mapa que había en la parte frontal del directorio. Le mostró a Edward a donde debían ir exactamente. —Todavía pienso que esto no es una buena idea —dijo cuando la cargó en sus brazos y aleteó con fuerza las alas para levantarlos en el aire.
Aterrizaron en el techo de un edificio cercano y se asomaron por la orilla, mirando el tráfico y los peatones en silencio. No policías. No hombres en trajes negros. —No veo a nadie sospechoso —dijo Bella.
Él sacudió la cabeza. —No quieren que los veas hasta que sea demasiado tarde. Quédate aquí arriba mientras voy a investigar.
—No, quiero ir a la tienda. Déjame ahí —señaló Bella.
Edward gimió. —Bella, me estás matando.
—No estarán vigilando la tienda —argumentó Bella. —Si están aquí estarán vigilando la oficina de Western Union.
—Llámame si ves algo —dijo él—. Levantas el escudo y corres, ¿entendido?
—Sí, lo prometo.
Se deslizaron hacia el callejón que estaba junto a la tienda. Antes de dejarla Edward la besó, sus manos se enterraron en su cabello. El beso fue largo, lento y dulce, un beso que hizo que le corazón de ella se acelerara y sus dedos se retorcieran. Cuando él se alejó, los ojos de Bella estaban nublados. Él sonrió y luego desapareció. Ella estiró la mano y sintió su cálido pecho bajo sus dedos. —Ten cuidado —susurró.
Ella dejó el callejón y entró a la tienda, repitiendo el "Hola" con que la saludó el tendero. Ese era el alcance máximo del vocabulario en español de Bella. El tendero ni siquiera miró de reojo a la mujer que vestía ropa sucia y no traía zapatos. Bella encontró lo que estaba buscando rápidamente y agregó unos lentes de sol grandes que vio en un estante junto a la caja registradora. Se los puso antes de salir de la tienda, quedándose a esperar en la entrada. Se detuvo con un solo pie mientras se ponía las pantuflas que había comprado (la tienda no tenía otro tipo de zapatos) y luego se puso la delgada chaqueta de nylon. No era lo suficientemente cálida, pero era mejor que nada. Estaba viendo con tanta concentración la oficina de Western Union que no vio al hombre que apareció detrás de ella hasta que éste hablo.
—Hola Bella.
Por fortuna levantó el escudo en cuanto lo escuchó. Se giró. Dr. Jacob Black estaba de pie junto a ella, apuntándole a la cabeza con un revólver. Bella retrocedió por instinto y él tiro del gatillo. No se dio cuenta que había cerrado los ojos hasta que escuchó un grito después de la ruidosa explosión de la pistola. Los abrió y vio a Jacob agarrándose la cara, la sangre salía desde detrás de su mano. Ella apostaba que en es momento él se estaba arrepintiendo de haberle enseñado a hacer un escudo lo suficientemente duro para que las balas rebotaran.
Bella le arrebató la pistola usando su habilidad y corrió hacia la oficina de Western Union. En ese momento los vio, al menos media docena de hombres usando unos cascos raros con lentes. Y entonces se dio cuenta de que eran lentes infrarrojos. Puede que Edward sea invisible, pero emitía una señal de calor e iba a salir caminando justo frente a ellos sin ninguna protección.
El hombre había cometido el mismo error que ella, enfocarse intensamente en su objetivo en lugar de cubrirse las espaldas. Bella arremetió con su poder, haciéndolos volar como hojas secas al ser golpeadas por una repentina brisa. Quedaron tirados sobre el pavimento, sin moverse. Bella sintió que algo la agarraba y fue jalada hacia arriba.
Lentamente él se volvió visible y ella pudo ver que estaba realmente enojado. Su mandíbula estaba apretada y no la miraba.
— ¿Lo tienes? —le preguntó con urgencia.
Él le mostró una bolsa colgando de su hombro, un gran bolso floreado de mujer. —Sí, lo tengo. Tuve que tomar esta bolsa para llevarlo todo. Nos mandó nueve mil dólares, lo cual fue inteligente de su parte porque cualquier suma mayor a diez mil es reportada. De todas formas ellos ya sabían.
— ¿Nueve mil dólares? —repitió Bella—. Dios, esperaba unos cuantos cientos.
—Tu hermano sabe que no podrás comunicarte con él muy seguido, al menos eso era lo que decía en su mensaje.
— ¿Lo tienes? —preguntó ansiosa.
Él sacudió la cabeza. —Lo siento, se me cayó al correr. Dice que te ama y que deberías intentar llamar a la persona que solía darte los chocolates feos.
—Esme —dijo Bella al instante. Esme era una amiga cercana de la familia, tan cercana que Bella solía llamarla "Tía Esme". Ella solía darle a Bella chocolates negros Godiva, y para una niña acostumbrada a los Hershey's, esos sabían amargos y desagradables. Bella siempre tuvo miedo de decirle que no le gustaban porque no quería lastimar los sentimientos de Esme—. ¿Crees que podamos comprar uno de esos celulares desechables?
Él asintió. —Eso puede funcionar, especialmente si lo tiramos después de usarlo y abandonamos esa área.
Edward voló en silencio por unos minutos.
—¿Estás enojado conmigo? —se aventuró a preguntar Bella.
—Sí —dijo con sinceridad—. Sabía que era una mala idea, pero lo hice de todas formas porque insististe. No estabas siendo cuidadosa como habías prometido. ¿Y si Jacob no hubiera hablando antes de tirar del gatillo?
Ella sabía lo que hubiera pasado. Su escudo no hubiera estado en su lugar. Estaría muerta. Otra experiencia cercana a la muerte. Estaba acumulando una buena cantidad de esas. —Lo siento —dijo en voz baja.
—Lo sé, solo que voy a estar enojado contigo por un rato más y luego estaré asustado y necesitaré abrazarte, así que estoy intentando llevarnos a un lugar donde podamos conseguir una habitación segura.
Ella no dijo nada, se giró en sus brazos y enterró el rostro en su pecho.
—Estoy sorprendido de que Jacob viniera —comentó Edward.
— ¿Con su ego? —la voz de Bella sonaba amortiguada—. Por supuesto que quería ser él mismo quien capturara a la presa.
—No debió creer que te protegerías con tanta rapidez.
—En las pruebas nunca fui capaz de hacerlo tan rápido.
Ella sintió un escalofrío correr a través de él y no fue necesario leer su mente para saber que estaba pensando.
Bella sintió como si estuviera congelada para el momento en que Edward aterrizó. No tenía ni idea de cómo él podía soportar el viento helado al estar sin camisa, pero Edward le dijo que el frío no le molestaba mucho.
Habían perdido la identificación de ladrón en la emboscada, pero afortunadamente la mujer de hotel no pidió una. Edward pagó en efectivo, sacando la bolsa floreada. La mujer alzó una ceja y sonrió. Sin camisa y con bolsa de mujer. Solo Dios sabe lo que se estaba imaginando.
La habitación era pequeña y estaba sucia, la televisión no funcionaba. Bella le pidió a Edward que fuera a comprarles algo de comida, –no dulces–, esperó hasta que él salió de la habitación antes de llevarse al baño la bolsa de las cosas que había comprado. Entró a la ducha y se bañó rápidamente, tirando su ropa a la basura. La tienda tenía una pequeña sección de ropa y Bella se vistió con su camiseta y pantalonera nuevas.
Comenzó a recitar letras de canciones y poemas en su cabeza, evadiendo cuidadosamente el pensar en lo que estaba haciendo. Sacó unas tijeras nuevas y puso el bote de basura sobre el lavabo. Con cuidado se cortó el cabello, dejándolo a la altura de su oreja y paso mucho tiempo intentando cortar todos los mechones largos que aparecían cada vez que pasaba el cepillo por el cabello.
Había leído las instrucciones del tinte para cabello en la tienda, así que comenzó con la primera etapa mientras cantaba mentalmente el soundtrack "The Wall" de Pink Floyd's. El color que había elegido era un rojo brillante; pensó que el rubio era demasiado obvio. Había terminado la primera parte del proceso cuando Edward regresó. Escuchó el crujido de las bolsas de papel de la tienda.
— ¿Bella?
— ¿Sí?
— ¿Qué estás haciendo?
—Saldré en un minuto.
— ¿Qué estás haciendo? Algo huele raro. ¿Y por qué de repente tu cabeza suena como una estación de radio de los 80's?
—Saldré en un minuto —repitió—. Adelántate y cena.
Cuando finalmente salió del baño, lo encontró devorándose la última caja de pastelitos. —Bella, ¿qué jodidos le hiciste a tu cabello? —jadeó.
—Creo que es la primera vez que te oigo maldecir —comentó Bella.
Él se acercó a ella y pasó la mano bajo la línea de su nuevo corte, como si el resto de su cabello fuera meramente invisible. —Tu cabello —susurró a punto de llorar.
—Volverá a crecer —le prometió Bella.
Él la miró herido.
—Lo siento, Edward, pero si mi foto está en todas las televisoras, tengo que cambiar mi apariencia lo máximo posible —. Y ella sabía que si le decía lo que estaba planeando hacer, él probablemente la habría mirado con ojos de cachorrito a medio morir rogándole que no lo hiciera y ella no hubiera sido capaz de negarse.
Él suspiró y le ofreció una caja. — ¿Pastelito?
—Por favor, dime que compraste algo que no sea dulce.
En realidad, él lo había hecho todo bien. Compró más mantequilla de maní y pan (aunque ella pensaba que aquí la mantequilla de maní sabía rara, más dulce de lo que estaba acostumbrada), un poco de carne seca y queso. Bella se sentó y se preparó una pequeña cena con eso. Mientras ella comía, Edward leía en voz alta, traduciendo las historias del periódico que había comprado en la tienda.
— ¿Cómo es que sabes español? —preguntó Bella, juntando la basura para tirarla al bote.
—Conozco todos los lenguajes humanos —dijo—. Viene con el paquete —. Dejó a un lado el periódico cuanto terminó de leerlo y sacó los últimos artículos de la bolsa—. ¡Mira!
Había una lata de espuma para rasurar y un paquete de rastrillos. Las cejas de ella se juntaron. — ¿Para qué es eso?
— ¡Me voy a rasurar! —anunció.
—Edward, no tienes vello facial —señaló.
—Lo sé, pero quiero tener esta experiencia. Es lo que los hombres hace aquí a diario, así que quiero intentarlo aunque sea una vez —. Se fue hacia el baño y ella escuchó el agua correr por el lavabo mientras Edward cantaba una de las canciones en las que ella había estado pensando antes, "Comfortably Numb" y su voz era exquisita.
La letra comenzó a ser interrumpida por constantes exclamaciones de "¡Ouch!". Bella suspiró. — ¿Te estás rasurando hacia abajo?
Hubo una pausa. —Ahora sí.
Ella entró al baño y agarró un pedazo de papel de baño. Comenzó a cortar pequeños pedacitos para ponerlos sobre las numerosas cortadas que él había hecho sobre su pobre rostro. Cuando se quitó lo último que quedaba de la espuma para rasurar, ella limpió su rostro con una toalla mojada y puso el papel sobre los lugares que aún estaban sangrando. — ¿Suficiente de esa experiencia?
Él asintió, y antes de que ella pudiera siquiera parpadear, él la cargó y la sentó en la orilla del lavabo, y procedió a besarla de manera ansiosa. Bella se aferró a sus hombros desnudos, su respiración se acortaba mientras la emoción se asentaba en su estómago. Él la levantó, deslizando las manos bajo sus muslos y la cargó hacia el cuarto. Sin romper el beso, él la acostó en la cama, soportando su peso sobre ella en sus rodillas y manos.
Los labios de él dejaron los de ella y viajaron por su mejilla hacia su garganta, bajando por el escote de su camiseta. Ella sintió sus cálidas manos deslizarse debajo de ésta y se puso rígida.
—Shh —él la calmo—. Solo juego un poco, Bella. Sé que no estás lista para que te haga el amor, pero eso no significa que no podamos divertirnos un poco, ¿verdad?
Las manos de él encontraron sus pechos y los acarició suave y gentilmente sobre la tela de su sostén. Bella jadeó. Nunca pensó que sus senos fueran particularmente erógenos ya que recibía muy poco placer al tocarse a sí misma, pero Edward los había convertido en una caliente maraña de nervios. Se escuchó a sí misma gemir y se sorprendió de que un sonido como ese saliera de su garganta, bajo y ronco.
Una mano de deslizó sobre su estómago desnudo hacia el elástico de su pantalonera. Ella se puso rígida de nuevo y él solo se rió. —Sobre la ropa, lo prometo —. Y entonces la besó de nuevo y ella olvidó qué era lo que la había puesto nerviosa. Sintió una caricia ligera, tan ligera que no estaba segura de que hubiese sido real. Luego otra. Bella gimió de nuevo. Edward bajó la copa de su sostén con los dientes, mirándola a los ojos buscando permiso o negación. Su pezón se asomó sobre la orilla de la copa y lo acarició por un momento antes de tomarlo con la boca.
¡Dulce Jesús! Un rayo viajó desde ese pezón hasta su entrepierna. Los dedos de él se presionaron contra ella, acariciando en gentiles círculos, y sus caderas se levantaron por sí solas. Él lamió el pezón con su lengua, le sopló ligeramente y luego, sin advertencia, lo chupó con fuerza, arrancándole un sonido a ella que era una combinación entre gemido y grito.
Ella podía sentir una tensión extraña apretando cada vez más fuerte dentro de ella. Edward gimió también, apagando el sonido contra su pecho. La mano de él se movió más rápido y entonces la tensión explotó. Ella gritó arqueándose contra él, todo su cuerpo temblaba de placer.
Pasaron unos momentos antes de que la racionalidad regresara. Ella estaba, simplemente, sin palabras. Las pocas veces que lo había experimentado, los resultados obtenidos no eran nada comparado con esto. Siempre pensó que las novelas de romance exageraban, pero en realidad sí se sentía como si se hubiera aventado de un acantilado, explotado, dividido en miles de piezas, montado en una ola de éxtasis… todos esos clichés.
Edward la besó en los labios, un pequeño roce de suavidad. —Eso fue hermoso —dijo él.
— ¿Qué… uh… que hay de… ti?
Él sonrió. —He esperado veinte años, puedo esperar un poco más.
— ¿Qué? ¿Quieres decir que no has…? —ella se detuvo, forcejeando con las palabras.
Él sacudió la cabeza. —No desde que me enamoré de ti. Sabía cómo te sentirías respecto a eso si lo hubiera hecho.
Bella comenzó a sentirse muy culpable. El chico había estado en celibato durante veinte años por ella, lo menos que ella podría hacer por él…
Ella comenzó a desabrocharle los jeans. Él atrapó su mano.
—No.
— ¿Qué?
—No —repitió.
— ¿Por qué?
—Porque tú no quieres hacerlo. Lo estás ofreciendo por culpa y esa no es la forma en que te deseo.
—Pero…
La voz de él fue gentil. —No, Bella.
Ella dejó su mano caer. —Yo… uh… bueno… gracias.
Él se rió. —No hay de qué.
Bella odiaba lo incómoda que se sentía. —Voy a… uh… voy a bañarme.
— ¿Te molesta si me uno? —él se sentó.
Ella cerró los ojos. —Edward, lo siento, pero preferiría estar sola en estos momentos.
Él suspiró y se dejó caer de nuevo en la cama.
Bella hizo su escapada hacia el baño, cerrando la puerta detrás de ella con tanta prisa que la hizo golpear fuertemente. Se quitó la ropa y abrió la llave, decepcionada tanto por la temperatura como por la presión. Se juró a sí misma que el próximo hotel en el que se quedaran tendría una lujosa ducha. Se puso bajo el chorro y se enjabonó, tomando uno de los rastrillos de Edward para usarlo en sus piernas y axilas.
Él estaba sentado en un lado de la cama cuando ella salió, y se alarmó inmediatamente por la pose tenemos-que-hablar. Tal vez debió quedarse en el baño hasta estar segura de que se había dormido.
—Bella, detente. Te estás estresando por nada —dijo Edward. Estiró su mano y ella la tomó, permitiéndose ser jalada dentro de su abrazo. Envolvió sus alas alrededor de ella y Bella se sintió más segura, más a salvo en ese pequeño mundo de suavidad blanca que se creaba—. No voy a presionarte por más, nada ha cambiado desde ayer.
—Me siento… esto se siente incómodo.
—No tiene que ser así —dijo él—. Mírame, Bella. Mírame —. Él la tomó por la barbilla y levantó su rostro gentilmente. El rostro de ella estaba de un profundo rojo.
—Oye —dijo él cuando ella lo miró a los ojos—. Estaba emocionado de que me dejaras hacer eso, pero si nunca más me dejas volver a tocarte, todavía seguiré aquí y las cosas serán iguales entre nosotros. ¿Entiendes?
Bella asintió, pero no podía evitar sentir que algo había cambiado. Algo… pero no sabía qué.
Se fueron a la cama poco después de eso, ambos exhaustos por los esfuerzos de ese día. Edward se acostó sobre su estómago, la posición más cómoda para él evitando arrugar sus alas, y Bella se acostó sobre su espalda. Él la besó en la mejilla y se acurrucó contra ella. Bella se quedó viendo el plano techo blanco, intentando ordenar sus emociones que en ese momento parecían una cuerda hecha bolas. Pasó mucho tiempo antes de que ella pudiera dormir.
¡Hola chicas! Ya estoy de regreso n,n
¿Qué tal el capítulo? Me encanta este Edward, es tan lindo *-*
Como ya entré a la universidad las actualizaciones serán un poco más separadas, en mi perfil pueden ver las fechas de actualización.
Quiero darle un agradecimiento monumental a Isa, mi Beta, si no fuera por ella este capítulo no habría estado tan pronto, de verdad, nena, muchas gracias (:
Y pues en general gracias a todas por sus reviews, comentarios y alertas n,n me alegra mucho que esta historia tenga tanto éxito
Cualquier duda o comentario me encuentran aquí o en Facebook (link en mi perfil)
Besotes
Moni
