Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Lissa Bryan, yo solo traduzco.


Capítulo Beteado por: Isa BetaTraductora Ffad

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~*~The Better Angels of Our Nature~*~

Por: Lissa Bryan

Bella se sentó de golpe en la cama con el corazón acelerado. Edward, a su lado, rodó fuera de la cama y aterrizó en cuclillas con las alas extendidas, la pistola que estaba en la mesita de noche ahora estaba aferrada a una de sus manos. Miró la habitación con la cabeza ladeada, escuchando cuidadosamente antes de escabullirse en silencio a revisar el baño y luego revisó la puerta para asegurarse de que estaba cerrada correctamente. Regresó a la cama junto a Bella, quien todavía estaba jadeando. Él podía ver la horrible pesadilla reproducirse en la mente de Bella y no hubo necesidad de preguntarle qué era lo que la había asustado tanto.

—Solo era un sueño —dijo él—. Uno malo, pero al fin de cuentas solo un sueño.

Ella no podía quitarse la visión de Alice gritando de agonía, amarrada a una mesa, mientras Jane estaba de pie junto a ella, golpeándola con su talento una y otra vez, con una sonrisita maléfica en los labios.

—No eres una vidente —le recordó Edward a Bella—. Es solo tu imaginación, cariño.

—Pero, ¿y si en realidad está pasando? ¿O algo parecido? Ellos podrían…

—Detente Bella, te estás atormentando por nada. De nada le va a servir a Alice el que te atormentes y pierdas sueño. Ven, recuéstate.

Bella sacudió la cabeza. Ahora ya estaba despierta y no había probabilidad alguna de que pudiera acurrucarse de nuevo contra la calidez de su ángel y se durmiera.

Edward suspiró levantándose de la cama y recogió el suéter que había comprado en la tienda de regalos del hotel ayer cuando regresaba de la tienda. Era de un azul clarito, uno de los colores del equipo nacional de futbol de Argentina y tenía rayas de un azul más oscuro que bajaban por las mangas hasta llegar a los puños del mismo color azul. Había hecho dos ranuras en la espalda para sus alas y ahora luchaba por sacar todos sus miembros por los agujeros correctos. Bella lo ayudó, guiando gentilmente la curva de cada ala por las ranuras, intentando no arrugar las alas en el proceso.

En cuando ella terminó, él la jaló a sus brazos, recostando la mejilla en la parte superior de su cabeza.

—No me gusta que estés triste —dijo.

—Lo siento —respondió ella—. No puedo evitarlo.

—Vamos a recoger y a conseguir algo de almuerzo. Tienes hambre, puedo sentirlo.

Ella asintió. —Pero puedo comer las sobras de carne seca y queso que quedaron anoche.

—No —él sacudió la cabeza y sonrió traviesamente—. Quieres panqueques, puedo sentirlo.

Bella sonrió, lo que él se había propuesto. —Creo que eres tú quien quiere panqueques.

—En absoluto —dijo él inocentemente—. Me estoy sacrificando por ti.

—Y yo aquí pensando que los ángeles no podían mentir.

—Es un pecado chiquito —le aseguró—. No estás siendo lastimada por él.

— ¿Es así cómo identificas lo que es un pecado? ¿Si alguien sale lastimado por él? —. Bella fue al baño a cepillarse el cabello y se asustó con su propio reflejo; el cabello rojo brillante que se rizaba bajo sus orejas.

Edward la siguió recargándose contra el marco de la puerta con los brazos cruzados sobre el pecho. —Ese es el verdadero pecado: lastimar a otros. Es muy simple, en serio. Supongo que demasiado simple ya que cada cultura tuvo que agregar más reglas.

—Entonces, si le robo a un hombre rico, ¿no contaría como pecado ya que él no resultaría lastimado?

—Aún así sería lastimado, aunque sea solo un poco. No importa si el daño es grande, pequeño o si tienes excusas válidas por hacerlo.

— ¿Qué hay del sexo? —preguntó Bella con el sonrojo apareciendo en sus mejillas.

—Supongo que depende de la motivación que haya. Usar egoístamente a otra persona sería un pecado, pero dos personas disfrutando simplemente del placer, no.

—Siento que anoche te utilicé —confesó Bella. Mantuvo los ojos en el espejo mientras ponía algo de pasta dental en su cepillo de dientes.

No me utilizaste, yo quería darte placer. Fue un regalo de amor dado libremente, sin condiciones.

—Pero nada fue dado de regreso —. Las palabras de Bella fueron amortiguadas por un bocado de espuma.

—Eso no es verdad. No puedes saber cuánta alegría obtuve por eso. Por favor, Bella. No lo arruines inventando razones para sentirte mal, no hiciste nada mal. Si ese es el caso, fui yo quien hizo algo malo, porque debí saber que te reprocharías por eso —. Él besó el borde de su cabeza y la miró a los ojos por el espejo—. Sabes que no te mentiría, ¿verdad? Si me sintiera utilizado te lo diría.

Él agarró su propio cepillo y apretó la pasta. Explotó en su mano, lanzando pasta sobre Edward, el espejo y el lavabo. — ¡Oops!

—Te dije que lo apachurraras de la parte de abajo —Bella sonrió.

Le tomó un rato limpiar todo el desastre, algo que él insistió en hacer ya que, según dijo, sería grosero dejárselo así a las mucamas. Bella limpió su suéter mientras él limpiaba, riéndose todo el rato.

Finalmente él terminó y salió del baño para ponerse el suéter. Ella lo ayudó de nuevo con las alas.

— ¿Qué vestías allá en el Cielo? —le preguntó.

—Una sonrisa —respondió él.

Ella se rió y él dijo:

—En serio, no usamos ropa. Entiendo por qué los humanos lo hacen, está frío aquí abajo, pero allá arriba las ropas no son necesarias.

—No hace frío en todos lados —le recordó Bella—. Cuando esto termine podemos irnos a una zona tropical, tal vez escondernos en una isla desierta donde puedas andar al natural si quieres.

Él sonrió con nostalgia. —Eso suena bien —. Pero Bella podía ver que él realmente no creía que eso pudiera ser posible para ellos.

—Ven, vamos por algo de comer.

Reunieron sus pocas posesiones. Todo cupo correctamente en la bolsa floreada de Edward, la cual él insistió en cargar. También insistió en que Bella debía llevar la pistola que le había quitado a Jacob; una Glock nueve milímetros que cabía en los bolsillos de su pantalonera. Ella podía sentir su peso letal contra su muslo, un recordatorio constante del peligro en el que se encontraban.

Se preguntó si Jacob había sobrevivido a la herida que se había causado por el rebote. Había estado sangrando bastante. Recordó vagamente algo que había visto una vez en la televisión acerca de heridas de balas: si la víctima todavía se podía mover después del disparo, sus oportunidades de recuperarse eran buenas. Se preguntó si sería pecado desear que él muriera de forma dolorosa.

—Si lo fuera, entonces yo también soy culpable —dijo Edward.

Salieron usando una puerta lateral que estaba escondida entre unos carros para que Edward pudiera volar sin ser visto y los llevó a una pequeña cafetería. Adentro, Edward le preguntó a la anfitriona algunas cosas antes de que los llevara a su mesa.

— ¡Tienen panqueques! —anunció Edward, deslizándose en el asiento junto a Bella. Él frunció el ceño cuando ella solo pidió una tostada y té—. Bella, debes comer. No sabemos a qué hora será nuestra siguiente comida.

—Comeré de lo tuyo —dijo ella. Él ordenó la mitad del menú, incluyendo desayunos argentinos junto con comida americana que le gustaba. Su nuevo descubrimiento favorito era el dulce de leche: caramelo extendido que se comía en pequeños rollitos. Gimió de forma casi sexual cuando lo probó por primera vez, haciendo que varias cabezas se giraran en su dirección.

—Es todo —declaró—. Nos quedamos en Argentina por el resto de tu vida. No puedo vivir sin estas cosas.

—Estoy segura de que pueden ser importadas, sin importar en qué continente estemos —dijo Bella.

Tomó otro bocado y gimió de nuevo. La gente los miraba.

—Edward —siseó Bella—. ¡Detente! La gente va a pensar que estamos haciendo cosas sucias bajo la mesa.

Los ojos de él brillaron. — ¿Quieres hacerlo? —puso una mano en su muslo y ella se sonrojó de un brillante rojo, sus latidos se aceleraron. Intentó quitar la mano de él sin darle importancia y él la puso de nuevo ahí inmediatamente, sonriendo.

—No necesitamos que llamen a la policía por exhibicionismo.

Él suspiró. —Tienes razón, es una lástima —. Sus dedos subieron por la pierna de ella.

— ¡Ángel malo! —susurró.

—Sip —admitió él alegremente.

Estaba tan nerviosa que dejó caer el sobrecito de azúcar en su té. Viéndolo flotar en la superficie se le ocurrió una idea. — ¡Un barco! Debemos rentar un barco y llevarlo a la isla. Cuando rescatemos a los demás podemos usarlo para ayudarlos a escapar.

—Bella, de verdad estoy muy nervioso por todo esto.

—Lo sé —Bella puso una mano sobre la de Edward—. Pero si es eso lo que Dios quiere que haga, Él se asegurará de que tengamos éxito, ¿no?

—No podemos asegurar que esa es tu misión —alzó una mano—. Sí, lo sé, todas esas personas especiales deben de tener misiones especiales por sí solos, pero no podemos darlo por sentado. Y arriesgaríamos tu vida en el proceso.

— ¿Por qué te importa tanto eso? —preguntó Bella—. Si algo me pasa, los dos nos iríamos al Cielo, ¿no?

Él sacudió la cabeza. —Eso no es lo que quiero para ti. Quiero que tengas una vida larga y feliz, y que experimentes todo lo que tiene por ofrecer. Quiero que tengas muchos bebés y manejes una minivan y te hagas toda viejita y arrugada.

Ella se rió. — ¿Y cómo se supone que voy a tener todos esos bebés?

—Podrías enamorarte de alguien más —dijo él suavemente—. Un hombre humano. Un hombre que pueda darte todo lo que yo no puedo.

Ella estaba desconcertada. — ¿Qué te pasaría a ti?

—Si no me quieres cerca de ti, simplemente desaparecería y te cuidaría en silencio. Quiero que seas feliz, Bella, incluso si eso significa que debas estar con otro que no sea yo.

Ella sacudió la cabeza lentamente, pensando en lo tormentoso que sería ver a la persona que amas con alguien más, el escuchar constantemente sus pensamientos de la otra persona, el escuchar sus suspiros de placer cuando otras manos la acarician.

—No —dijo él—. No puedes dejar que sentir pena por mí te detenga si hay alguien más a quien quieras.

Ella sacudió la cabeza de nuevo. De todas formas, la sola idea de que otras manos la tocaran le causaba repulsión.

Terminaron su almuerzo sin prisas y después fueron a una tienda para comprar un celular desechable. La tienda también vendía municiones y Bella se sorprendió ante los precios. A pesar de la cantidad de dinero que había en lo que ella llamaba "La bolsa de Edward", Bella sabía que debían ser cuidadosos con su dinero porque no sabían cuánto tiempo pasaría antes de que pudieran conseguir más. Aunque no había otra salida: tendían que comprarlas.

Edward quería rentar otra habitación de hotel, pero Bella se negó.

—Creo que deberíamos regresar a Ushuaia. Podemos rentar un barco allí cuando tengamos el plan listo.

Edward hizo una mueca. —Nos encontraron allí, ¿recuerdas?

—Sí, pero precisamente por esa razón, no esperan que regresemos a la ciudad.

Edward fue capaz de hacer todo el vuelo hasta allí sin detenerse. Aterrizó en el techo de un complejo de apartamentos y le dijo a Bella que se quedara quieta.

— ¿A dónde vas?

—Voy a intentar rentarnos un apartamento. Podían tener vigilados los hoteles, pero dudo que estén monitoreando los apartamentos.

—Bien pensado —le dijo ella y él sonrió alegremente ante su elogio.

Él estaba de regreso en menos de media hora con una llave en su mano y un fajo de papeles amontonados en la bolsa. Le sonrió, obviamente orgulloso de sí mismo.

—Está amueblado —dijo—. No es mucho, pero cubrirá nuestras necesidades por un tiempo.

Se metieron a un barrio pobre intencionadamente. Se hacían menos preguntas, rara vez verificaban las identificaciones, las transacciones eran hechas en efectivo y los apartamentos ahí permitían una renta mensual sin arrendamiento. Edward los llevó al suelo y luego guió a Bella por las puertas del edificio. No había recepción; un par de escaleras estaban directamente enfrente de la puerta con un estrecho pasillo hacia la derecha. Olía a moho y humo de cigarro. Siguió a Edward por las escaleras hasta el tercer piso. Podía escuchar el ruido de la música y de bebés llorando. Edward abrió la puerta del 23C y la llevó adentro.

No era tan malo como había pensado en el pasillo. Había sido pintada recientemente y la alfombra era relativamente nueva. Un sofá cubierto de plástico estaba frente a una pared blanca. En el lado izquierdo de la habitación había una pequeña cocina con una pequeña mesa y dos sillas contra la pared. Había dos puertas; una llevaba al baño, que estaba hecho de un horrible azulejo color verde agua y rosa de los años 50s y al parecer ninguno de los accesorios había sido remodelados desde entonces. La otra puerta llevaba al cuarto, que solo tenía una cama matrimonial con un colchón de vinil, como las camas de la cárcel.

Edward la miraba esperanzadoramente y ella sonrió. —Está bien, Edward.

—Revisé la ducha —comentó—. El agua es agradable y caliente.

Ella lo abrazó. —En serio, está bien.

—Cuando todo esto termine te compraré una casa hermosa, lo prometo —dijo.

Ella no creía que fuera a terminar alguna vez. "Ellos" la habían estado cazando desde que era una adolescente. Se había vuelto cosa de todos los días la constante huida, las mudanzas, el intentar estar siempre un paso delante de ellos. Incluso si lograban rescatar a Alice y a los demás, ella no tenía ilusiones de que esto fuera a terminar.


Se suponía que el Dr. Black mataría a Bella Swan y ahora estaba en un punto en que iba a disfrutarlo. Miraba su rostro en el espejo con horror, a su piel destrozada por la bala cosida en un patrón muy parecido al de Frankenstein y al agujero donde debería estar su ojo. Tenía que usar un maldito parche para evitar asustar a los residentes.

Tenía que ser esta la ocasión en que esa perra aprendiera a escudarse correctamente. Él había creído que a una distancia cercana no habría habido forma de detener la bala. En lugar de eso, ella se la había regresado al rostro hecha trizas y Jacob la odiaba por ello. Él tendría esas cicatrices por el resto de su vida. Eventualmente podía operarse para remover la mayor parte de ellas, pero no podía remplazar el ojo que perdió.

Había pasado los últimos días recuperándose en su habitación en el centro de investigación, incapaz de guiar la caza y, por supuesto, esas tropas idiotas que le habían asignado no podían encontrar sus culos con ambas manos y una linterna a menos de que él estuviera ahí, así que no habían progresado en nada. Había perdido la pista. Ni siquiera habían registrado los números de serie del dinero que el Hombre Invisible se había robado.

¿Quién jodidos era ese tipo y cómo lo había encontrado Bella? Jacob no les había creído a los miembros del equipo que entraron al hotel cuando le dijeron que todos habían quedado inconscientes por una fuerza invisible. Pensó que habían sido los talentos de Bella. Ella había empujado con fuerza y tuvo algo de suerte en sus tiros, creyó. Pero de hecho él mismo había visto al Hombre Invisible con lentes infrarrojos cuando iba entrando al Western Union, arrojando ondas de calor de una extraña forma irregular. Alguien había sido lo suficientemente inteligente para tomar fotos, las cuales Jacob había estudiado profundamente, pero todavía no podía descubrir qué era lo que hacía que los hombros del Hombre Invisible estuvieran tan extrañamente encorvados.

Quien fuese, Jacob lo quería para el Proyecto Theta. Una vez había hecho pruebas en un sujeto que podía hacer que una persona que lo miraba creyera que había desaparecido, pero eso se trataba de manipular sutilmente la mente del espectador, no de verdadera invisibilidad. El Hombre Invisible solo podía ser visto por el calor que desprendía y Jacob quería saber, desesperadamente, cómo hacía eso. Si aprendían como él lograba hacerlo, probablemente encontrarían una manera de duplicarlo. Tan solo las aplicaciones militares harían de Jacob alguien famoso, y más importantemente, se aseguraría de que el Proyecto Theta tuviera un futuro largo y bien financiado.

Ahora estaba atascado a la espera de que Bella cometiera un error y podrían localizarla de nuevo. Estaba casi seguro de que pronto llamaría a su hermano. Había dicho que había un 85% de probabilidad que eso sucediera en el reporte que le mandó al Big Guy. A algún reporte por parte de los ciudadanos solo le dio el 15%, incluso con la monstruosa recompensa que estaban ofreciendo. Ella había comprado unas tijeras y tinte para cabello, aunque la tienda no estaba computarizada y no llevaba un registro de cosas como marcas o color. Hacer públicas las múltiples imágenes de cómo podría lucir Bella ahora no serviría de nada. Solo incrementaría el número de pistas falsas y sus tropas ya estaban extendiéndose al máximo para rastrear todas esas pistas.

Él necesitaba más hombres. Se lo había dicho al Big Guy en su último correo electrónico. En realidad nunca había hablado en persona o visto al Big Guy, pero Aro sí, y lo que sea que haya ocurrido la última vez que Aro lo vio lo dejó temblando de tal manera que impresionó enormemente a Jacob. Tenía que encontrar a Bella Swan y rápido. El Big Guy había respondido que si Jacob no podía usar los recursos que ya se le habían dado de manera sabía y completar la misión, él encontraría a alguien que sí pudiera, lo cual significaba que Jacob terminaría con el cerebro desparramado sobre la nieve detrás del centro.

Con la posibilidad de que ella llamaría a Jasper en los siguientes días, todo lo que tenían que hacer era esperar. Sin embargo, una vez que la llamada llegara, serían capaces de triangular su posición según el número de torres telefónicas en que rebotara su señal. Y si no lo hacía, "arrestarían" a su hermano y se asegurarían de que la noticia fuera ampliamente difundida en Argentina. Estimaba un 40% de probabilidades de que ella se entregaría para intentar liberarlo y un 50% de que ella intentaría rescatarlo. En realidad esperaba que fuera la última opción porque tenía una linda trampa preparada para ella y sería conveniente terminar esta pelea en terreno conocido.

Las personas con lazos emocionales eran fáciles de manipular. El padre de Jacob le había enseñado eso. Él había sido el hombre más frío e indiferente que Jacob había conocido y trabajaba para una de las ramas subterráneas del gobierno que se dedicaba a encontrar tipos peligrosos.

Él había sido un asesino, uno de los mejores del mundo, utilizado por el gobierno para eliminar "problemas" alrededor de todo el mundo. El Señor Black (y Jacob nunca descubrió si ese era su verdadero apellido ya que había encontrado casi una docena de certificados de nacimiento de su padre y de él mismo en los papeles del señor después de que murió de cáncer, cada uno con diferentes nombres y ciudades de nacimiento) podría haber matado a Bin Laden 24 horas después de haber recibido la orden, si el gobierno no hubiera decidido que era más conveniente tenerlo con vida.

Su padre era un hombre cruel de puños pesados y burlas para Jacob durante su infancia, pero ahora Jacob estaba agradecido con él por todo lo que le había enseñado. Había estado endureciendo a Jacob, como el acero que se ve templado por fuego. Las emociones eran las máximas debilidades de las personas y para ser capaz de manipularlas correctamente, uno tiene que estar libre de emociones. La entrega total de su padre de vivir sin esa debilidad había sido ilustrada cuando Jacob le preguntó qué le había pasado a su madre:

Comencé a sentir algo por ella, así que la mate.

Jacob nunca había logrado ese nivel de frialdad. En realidad se había sentido atraído por Bella Swan y había considerado la factibilidad de tener una aventura con un paciente antes de decidir que era demasiado arriesgado. Él pensó que tal vez en cierto momento ella hubiera estado de acuerdo, cuando él todavía estaba acumulando encantos con sonrisas y Oreos, pero el incidente con el gatito había terminado con cualquier oportunidad de eso y la orden de terminar con ella había llegado poco después de eso. Podía escuchar las carcajadas de su padre burlándose en el fondo de su mente. ¿Ves, Jacob? Esa es la razón por la que no te relacionas.

Bueno, terminaría pronto. Tarde o temprano, ella cometería un error y él estaría ahí, esperando. Tal vez le sacaría ambos ojos antes de matarla, solo para que ella muriera sabiendo lo que se sentía, la última cosa que sentiría. Le gustaba esa idea y, con suerte, tendría al Hombre Invisible como la nueva joya del Proyecto.


Edward cargó y activó el teléfono, y para usarlo volaron a una ciudad vecina. Bella no sabía qué tan bien la tecnología de celulares imitaba lo que podían hacer en televisión, pero no quería arriesgarse. Ella y Edward se sentaron en un techo para hacer la llamada. A menos de que "ellos" llegaran por helicóptero, Edward sería capaz de verlos llegar y los llevaría volando a la seguridad.

Marcó el número celular de Jasper y esperó mientras timbraba, una, dos veces. Su voz sonaba cautelosa cuando respondió, en gran parte por el número desconocido que apareció en su identificador.

—Jasper, soy yo —dijo ella.

— ¿Bella? ¿Qué estás haciendo al llamar a este número? Sabes que lo tienen monitoreado.

—Lo sé. Es que tenía que llamarte, Jazzy. No sé cuándo podré volver a hablar contigo —. Las lágrimas amenazaron, quebrando la voz de Bella al pronunciar las últimas palabras.

—Te amo. Quiero que sepas eso.

—Lo sé, Bells. Y también te amo. ¿Sacaste el dinero? Las noticias dicen que te vieron 'robando' un Western Union y que tuviste como rehén a una señora mayor y robaste su bolso. Algunas de las noticias están especulando acerca de qué tipo de municiones terroristas comprarás con el cuarto de millón que robaste.

Bella estaba indignada. —Solo tomamos el dinero que mandaste y Edward tomó el bolso de una señora por debajo del escritorio, sacando todas sus posesiones y dejando cien dólares para cubrirlo.

Jasper bufó. —Amo a los medios de comunicación. Estoy feliz de que tengas el dinero. He estado muy preocupado por ti.

—No lo estés —dijo Bella—. Edward me cuida muy bien.

En ese momento, Edward tomó su mano y le dio un apretón, luego la llevó a sus labios para dejar un beso.

—Escucha Bella, algo malo me va a pasar —. La voz de Jasper estaba tan tranquila al anunciar esto como si estuviera hablando del tiempo y la temperatura.

— ¿Qué? —. Jasper no era un brillante vidente como Alice, pero a veces sabía cosas por adelantado y hasta ahora nunca se había equivocado.

—Lo sé, Bella, puedo sentirlo. Sabes que nunca tengo los detalles de este tipo de mierdas, pero estoy bastante seguro de que se trata de "ellos".

—Jasper, qué…

Él continúo como si ella no hubiera hablado. —Mi testamento fue actualizado y tú tendrás todo, aunque imagino que será más que imposible que lo reclames en algún momento cercano, así que hice arreglos para que la casa sea vendida y que mis cosas sean almacenadas hasta que estés lista y puedas elegir lo que quieras quedarte. Mi único requisito es que si en algún momento puedes hacerlo, por favor cuida de Charlotte, porque esto va a ser bastante duro para ella.

—Jasper, ¿estás seguro…?

— ¿Seguro de que voy a morir? No, pero algo va a pasar y no es algo bueno, lo que sea que es. Solo intento cubrir mis apuestas en el peor escenario. Dale el teléfono a Edward, ¿sí?

Ella lo hizo, sintiéndose congelada por la sorpresa. Su estómago estaba frío, tenía un nudo dentro de ella. Vagamente escuchó la conversación de Edward, lo cual consistió en mayor parte por Lo haré y Lo juro. Él le regresó el teléfono a Bella, quien tenía la garganta tan llena de lágrimas sin derramar que no podía siquiera hablar.

—Lo siento, Bella —dijo Jasper—. Esperaba algún día poder caminar contigo hasta el altar ya que nuestro padre está muerto. Esperaba… bueno, supongo que eso ya no importa ahora. Lo importante es que sabes que te amo. Y Bella, quiero que me prometas algo, hazlo por mí.

—Lo que sea —sollozó Bella.

—Prométeme que no te sacrificarás por ellos si te lo ofrecen. Si no tengo otra opción, no me importa morir siempre y cuando sepa que tú estarás a salvo. No hagas que mi muerte sea en vano, por favor. Prométemelo.

—Lo prometo —susurró ella.

—Sin importar lo que veas —insistió él.

Ella cerró los ojos, sabía a que se estaba refiriendo él. —Sin importar lo que vea.

—Gracias. Te amo, Belly-Bean.

—También te amo, Jazzy.

La línea se cortó.

Edward le quitó gentilmente el teléfono de la mano y lo lanzó a un costado del edificio después de asegurarse de que no había nadie abajo que pudiera ser golpeado con el objeto. Regresó con Bella y se sentó frente a ella, envolviendo sus alas a su alrededor, abrazándola en ese suave mundo de blancura donde todo estaba a salvo.


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Besos

Moni