Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Lissa Bryan, yo sólo traduzco.
Capítulo Beteado por: Isa BetaTraductora Ffad
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~*~The Better Angels of Our Nature~*~
Por: Lissa Bryan
Después de una discusión con el perro acerca de sus preferencias, Edward decidió llamarlo Dave.
— ¿Dave? —repitió Bella—. ¿El nombre del perrito es Dave?
Edward asintió. —Lo escuchó en la televisión y le gustó.
Resultó que los perritos amaban a los ángeles Caídos. Dave pasó la tarde corriendo por la sala, pasando a través de cada ángel, algo que al parecer encontraba muy entretenido. De todas formas, al parecer Carlisle era su favorito porque pasaba horas sentado en el piso lanzándole una pelota a Dave para que la buscara.
Carlisle no lo hacía solo por entretener al cachorro. Él y los otros Caídos tenían que practicar moviendo y cargando cosas. Para hacerlo tenían que concentrar su energía, muy parecido a lo que Bella tenía que hacer cuando quería levantar algo con su talento.
Después de un mes de estar sola en el apartamento mientras Edward se iba a trabajar a los muelles, era raro tener compañía durante el día. Rose y Emmett se ofrecieron para ayudar con las tareas del hogar, pero después de que Rose quebró tres platos al dejarlos caer en el fregadero por perder la concentración, Bella sugirió que deberían practicar de la misma forma que Carlisle.
—Lo siento mucho, Bella —dijo Rose. Levantó los pedazos de cerámica y los tiró a la basura.
—No hay problema, Rose. Yo tiro cosas todo el tiempo.
—Mejoraremos —prometió Rose—. Después de que descansemos un poco y tengamos más práctica, estaremos listos para la batalla.
—No hay apuro. No creo que Edward haya encontrado un capitán que pueda ayudarnos —. Era un balance delicado. Edward tenía que encontrar a alguien dispuesto a hacer algo ilegal y que mantuviera la boca cerrada con lo que viera, además de ser confiable. No habían muchas personas dispuestas a involucrarse en una actividad criminal que cayeran en la categoría de "confiables".
Rose terminó de recoger el plato roto y puso el bote de basura debajo de fregadero. Suspiró suavemente.
— ¿Qué pasa?
—Desearía poder ver a Jane —dijo Rose—. Ya extraño verla y solo ha pasado mediodía.
Bella pensó por un momento en la mejor forma de expresar su siguiente pregunta.
—Rose, ¿Jane estará bien si la sacamos del centro? Parece estar muy… traumatizada.
—Eso espero —dijo Rose tristemente—. Ya no me tiene con ella. Está al borde, Bella. Un empujón más y podría hacerse… mala. Necesita amor y un lugar tranquilo donde su corazón pueda sanar. Me preocupa mucho que ella no encuentre lo que necesita si regresa a casa de sus padres. No me malinterpretes, no son personas malas, solo están… ocupados. Demasiado ocupados para Jane. Pasaba más tiempo con la niñera que con su familia.
—Eso es triste. Siempre me pregunté por qué las personas tienen hijos si no quieren pasar tiempo con ellos.
Rose ladeó la cabeza. — ¿Quieres tener hijos, Bella?
—Um, la verdad no estoy segura. Si los tuviera sería más adelante, en el futuro. No puedo arrastrar a ningún bebé a este desastre —. De repente un pensamiento horrible se le ocurrió: ¿y si sus hijos heredaban su habilidad? Tal vez el hecho de que Edward no pudiera tener hijos era lo mejor. Podrían adoptar. Le gustaba esa idea, darle hogar un hogar a un bebé que lo necesitara.
Dave apareció por la esquina y se resbaló sobre el linóleo. Sus patas se tropezaron al estilo Scooby-Do en el resbaladizo piso antes de conseguir la tracción suficiente para impulsarse hasta su cuenco de agua, pero cuando llegó a su meta se dio cuenta de que no podía detenerse. Detuvo sus cuatro patas y se inclinó hacia atrás, y de no ser que Bella se agachó rápidamente para detenerlo se habría estrellado contra los gabinetes. Agitó la cola y la lamió antes de meter la cabeza en su cuenco de agua y beber frenéticamente, casi como si acabara de cruzar el desierto del Sahara.
Bella se puso de pie y regresó al fregadero. El sartén donde se había quemado los huevos estaba remojándose y Bella usó un estropajo para lavarlo.
—Rose, ¿de dónde sacaste tu nombre?
—Era la "amiga imaginaria" de Jane cuando era pequeña —dijo Rose—. Ella me puso ese nombre. En realidad no estaba físicamente con ella, pero podía escucharme, así que su imaginación se encargó del resto. Nos divertíamos mucho. Cuando tenía casi seis años fue perdiendo lentamente la habilidad de escucharme. Todos intentaron convencerla de que su "amigo imaginario" no era real y supongo que eventualmente les creyó.
Bella escuchó la aspiradora encenderse en la sala. Se asomó y miró a Emmett luchando por moverla. Dave se interpuso en su camino y soltó un ladrido severo. Al parecer se sorprendió tanto al darse cuenta de que ese sonido había salido de él que se cayó de sentón. Aparentemente Dave había decidido que la aspiradora era su enemiga. Le gruñó, acercándose en forma de cazador para morderla y después salir corriendo antes de que pudiera tomar represalias.
— ¿Puedes hablar con él sobre eso? —le preguntó Bella a Rose—. ¿Decirle que la señora aspiradora es una amiga?
Rose sacudió la cabeza. —Perdimos esa habilidad, al igual que perdimos la de escuchar los pensamientos de nuestros humanos. Es muy solitario ser la única persona en mi cabeza.
—Eso se me hace tan raro, el escuchar los pensamientos de otras personas.
Rose trazó una figura en el agua que se había chorreado por el mostrador. —En realidad es confortante. Siempre sabía que Jane estaba bien e instantáneamente sabía cuando me necesitaba, cuando necesitaba consuelo, fuerza o un pequeño empujón para hacer lo correcto. Mi parte favorita eran los sueños. Al igual que con nuestra apariencia física, el humano decide cómo luciremos en sus sueños, así que una noche podía ser un astronauta y la siguiente un poni.
— ¿Y cuando sus sueños eran malos? ¿Tenías que actuar el papel del chico malo?
Rose sacudió la cabeza. —Esa era una de las reglas más estrictas. Solo somos fuerzas positivas en los sueños de nuestros humanos. La pobre Jane tenía muchas pesadillas, especialmente después de que fue secuestrada. Estaban probando su poder, pero solo podía usarlo en humanos, así que ya te podrás imaginar lo que sentía ella. Sentía placer cuando usaba su habilidad, así que estaba siendo recompensaba por hacer cosas que, inconscientemente, sabía que estaban mal. Sus sueños reflejaban ese conflicto interior.
— ¿Y Victoria? Jane dijo que era su nueva madre.
—Victoria ya había pasado al lado oscuro —dijo Rose sombríamente—. Su desesperación la trastornó.
¿Será que Jacob había emparejado a Jane con Victoria intencionadamente, sabiendo que Victoria no evitaría que lastimara a personas en las pruebas? Entre más pensaba en eso, más verdadero le parecía. Él no querría que Jane tuviera una figura materna que le dijera que estaba mal lastimar a las personas.
—La extraño tanto —susurró Rose—. No sabía que la separación sería tan difícil. Es como perder una mitad de mí misma.
—Lo siento mucho, Rose —dijo Bella.
—Tomé mi decisión —dijo Rose suavemente—. Si pudiera darle una oportunidad a Jane de tener una familia amorosa y una vida normal, ¿cómo podría negarme a hacer ese sacrificio? Ella vale la pena.
Emmett perdió el agarre en la manija de la aspiradora y maldijo. La agarraba pero su mano lo traspasaba. Lo intentó de nuevo, luego otra vez, y maldijo en voz alta, pateándola, aunque su pie la pasó sin causarle ningún daño, la frustración estaba clara en su rostro.
—Emmett, creo que sería mejor si esperamos a que llegue Edward para que hable con Dave sobre la aspiradora —dijo Bella. Pisó el pedal para apagarla y anudó el cordón—. Se ve muy agitado.
Dave siguió a su ahora silencioso enemigo mientras Bella la guardaba en el armario y se echó para darle una buena mordida. Bella lo sacó gentilmente del armario con su pie y cerró la puerta.
—Lo siento —dijo Emmett—. Creí que podría hacerlo. Odio ser débil.
—No eres débil —replicó Bella—. Solo te falta energía. Necesitas descansar un poco.
— ¿Y si no soy capaz nunca de hacer esto? — preguntó, y Bella recordó una pregunta similar que se había hecho anoche.
—Lo serás —dijo—. Solo necesitas un poco de práctica después de que descanses, ¿de acuerdo? ¿Por qué no buscan algo en la televisión o ven una película? Tenemos muchas películas.
Emmett se animó e inmediatamente fue a las repisas que Edward había construido. Pensó que sería una tarea fácil construirlas. Se había comprado unos pedazos de madera, martillos y clavos, y comenzó a martillear. Trabajó por dos tardes seguidas y, aunque los resultados se parecían más bien una pintura de Dalí y había clavos doblados que sobresalían de la superficie, estaba muy orgulloso de las repisas y Bella le había dicho que eran hermosas. Y de verdad lo pensaba.
Carlisle seguía en el piso recargado contra la pared. Bella suspiró internamente y se acercó a platicar con él. Casa de Edward y Bella para Ángeles Rebeldes, habla la Consejera Swan… Se le habían acabado los temas de conversación.
— ¿Estás bien? —preguntó, y luego hizo una mueca. Qué pregunta tan estúpida.
Carlisle no se ofendió. —Preocupado por Esme.
Bella intentó recordar la descripción de Edward, tenía una vaga imagen en la mente, pero no era clara y ni siquiera estaba segura de estar recordando a la correcta, ya que compartía el mismo nombre de la "tía" de Bella. Después de todo había habido muchos residentes que se aislaban.
—Ella se rindió a la desesperación hace mucho tiempo —dijo Carlisle—. Yo estaba pendiendo de un hilo. Era esto o desaparecer, pero no podía dejarla ahí. No cuando había una oportunidad de salvarla.
—La salvaremos —dijo Bella—. Por favor Carlisle, intenta pensar en algo positivo, necesitamos tu fuerza. Y cuando rescatemos a Esme, le diré todo lo que me dices para que sepa que estás aquí y que la quieres.
Sacudió la cabeza. —No puedes hacer eso Bella.
Bella apretó la mandíbula con terquedad. —Bueno, pues lo haré.
—No, quiero decir, literalmente no puedes hacerlo. Si intentas hablar de mí con ella, las palabras no saldrán. Si intentas escribirlo tu mano perderá la coordinación.
Con voluntad todo es posible. Encontraría una manera de hacerle saber a Esme que no estaba completamente sola.
—Vamos —dijo Bella—. Ven a ver una película con nosotros.
Carlisle asintió y se puso de pie. Se sentó en el piso frente al sofá y Dave intentó subirse a su regazo, pero Carlisle no tenía un regazo. Dave se sentó en el piso dentro de la forma fantasmal de Carlisle. Con el equivalente canino a un encogimiento de hombros, Dave se dio un par de vueltas y se recostó.
Estoy en un cuarto lleno de ángeles medio invisibles y están viendo "Ace Ventura", pensó Bella. Sacudió la cabeza y regresó a la cocina para terminar de lavar los trastes. Metió la mano al agua y la retiró con un siseo de dolor; un pedazo de porcelana había caído dentro del agua y había pasado desapercibido para Rose cuando estaba sacando todos los pedazos del plato.
Rose estuvo a su lado en un instante.
— ¡Oh no, oh no! —exclamó—. Lo siento mucho, Bella. ¡Edward se enfadará conmigo!
—No lo hará —le aseguró Bella—. Fue un accidente. ¿Podrías por favor ir al gabinete del baño y traerme una gasa? —Bella comenzaba a sentirse mareada por ver y oler la sangre. Dave, quien también había olido la sangre y se había dado cuenta de que la mujer del hombre de alas estaba herida, corrió a la cocina y apoyó sus patitas en una postura defensiva frente a ella. Le había prometido al hombre con alas que protegería a su mujer a cambio de comida y una canasta caliente para dormir. No sabía que había mordido a la mujer, pero cuando lo encontrara lo haría pagar por ello.
Rose pasó a través del perrito gruñón y puso la gasa alrededor del dedo de Bella.
—Se ve profunda —comentó—. ¿Estás segura de que no deberías ir con un doctor?
Para hacer eso tendría que salir de la casa, pero tenía mucho miedo de salir y ser reconocida. Edward y ella eran tan felices en su casita y todavía no estaba lista para dejarlo atrás.
—Estaré bien —dijo.
Y, por supuesto, la primera cosa que Edward dijo cuando cruzó la puerta fue:
—Tu dedo duele.
Rose agachó la cabeza.
—Edward, está bien —insistió Bella—. Es solo una cortadita, he tenido cosas peores.
—No cuando estás con tres ángeles que deberían estar cuidándote —dijo Edward gruñéndoles a los demás. Carlisle desapareció y Emmett se veía como si quisiera enterrarse en los cojines del sofá.
—Exagerados, todos ustedes —declaró Bella. Fue a la cocina sacando un paquete de hamburguesas del refrigerador y le siguió un paquete de arroz del gabinete. Edward le había traducido todas las instrucciones de español a inglés, escribiéndolo en la parte trasera de cada paquete con un marcador. Lo que estaba haciendo es un plato parecido al Hamburguer Helper, pero con arroz en lugar de macarrones. Era el favorito de Edward.
Puso a freír la carne, cortándola en pequeños pedazos y se giró para escurrirla en el fregadero pasando a través de Emmett.
— ¡Ooops! No te vi allí —dijo ella.
—Mi culpa —dijo él—. Es que huele tan bien —. Era doloroso ver el anhelo de su rostro.
Bella hizo una mueca. —Lo siento, Emmett. ¿Te torturamos al vernos comer?
—No —dijo—. Necesitan comer, solo que no pensé que el hambre sería tanta. Y la sed… intenté tomar un vaso de agua y pasó a través de mí hasta el piso. Mi garganta se siente como si estuviera en llamas, pero no hay nada que pueda hacer para apagarla.
Agua, agua en todos lados y ni una gota para tomar.
—No es justo —dijo ella—. No es justo que estén sufriendo por intentar hacer lo correcto.
Emmett sonrió ligeramente. —Estamos interfiriendo con el destino, Bella. Justo ahora el futuro está siendo reescrito. Si vamos al centro y matamos a un hombre, también matamos a los posibles hijos que pudiera haber tenido en un futuro, junto con los nietos y bisnietos, borrando todas sus acciones. Uno de ellos pudiera ser quien encontrara la cura del cáncer o resolviera los misterios del campo unificado de la física. O quizás uno de ellos pudiera comenzar la tercera guerra mundial. Toda la historia del mundo puede cambiar por lo que estamos haciendo. ¿Entiendes la razón por la cual el Altísimo crea todas esas reglas?
—No —dijo Bella con sinceridad—. Porque aún así lo haces, no te detiene, así que lo que estás haciendo debe ser el destino, o no estarías aquí, ¿no? Dios hubiera encontrado una manera de detenerlos si lo que están haciendo pudiera destruir el universo o cualquier otra cosa.
Emmett sonrió con tristeza. —Hay muchos caminos que se pueden tomar para llegar a un destino, pero forzar una ruptura puede tener muchas consecuencias imprevistas.
—Pues aún así pienso que esto apesta —dijo Bella—. Nadie debería pasar por lo que ustedes están enfrentando, especialmente si lo hacen por las razones correctas.
— ¿En realidad son las razones correctas? El hombre que yo pudiera matar tiene su propio ángel, un ángel que piensa que su humano es tan importante como mi Alice. Puede que Alice tenga habilidades especiales, pero yo no sé qué hará con ellas, no puedo decir que ella tiene una misión como tú. ¿Mi Alice vale lo suficiente para compensar las vidas que tomaremos? Yo creo que sí, pero soy un poco parcial —. Con eso desapareció de su vista.
Bella levantó la vista y vio a Edward en el marco de la puerta.
— ¿A dónde van cuando hacen eso? —preguntó.
—Le llamamos la Neblina. Es un lugar frío y gris, donde no hay nadie excepto tú. Para nosotros es como dormir. Nos dejamos llevar y ayuda para recuperar la energía.
Bella suspiró. —Tal vez no debería cocinar cuando ellos estén aquí.
—Bella, es como dijo Emmett; tenemos que comer. Se sentirían atormentados incluso aunque no comiéramos frente a ellos. Ésta fue su elección, Bella.
—Él no sabía en lo que se estaba metiendo —argumentó Bella—. Viven en el cielo, en la comodidad. ¿Cómo puedes saber lo que es el sufrimiento si nunca conociste el dolor? Si nunca experimentaste hambre o sed, ¿cómo puedes tomar una decisión informada?
—Entonces, ¿las personas malvadas no deberían ir al infierno porque nunca han conocido sus tormentos así que no pueden tomar una decisión informada sobre si deberían o no hacer cosas malvadas?
—Eso es diferente. Lo que Emmett, Carlisle y Rose hicieron no es algo malo. Son los detalles.
—Esos detalles podrían terminar cambiando el futuro.
—Sí, Emmett me lo dijo —. Bella se dio la vuelta y mezcló el arroz con agua poniendo la cacerola de regreso en la estufa. Encendió el temporizador con forma de huevo.
—Bella, a veces cosas terribles son causadas por personas con buenas intenciones. ¿De alguna forma disminuye el sufrimiento el hecho de que la persona que lo causó tenga buenas intenciones? Los ángeles no podemos ver el futuro, no podemos saber lo que sabe el Altísimo. Simplemente tenemos que confiar en que…
— ¿Confiar en que Dios sabe que es mejor? —espetó Bella—. ¿Qué fue la Segunda Guerra Mundial, Edward? ¿Cómo es que la muerte de sesenta millones de personas fue lo mejor?
—No lo sé —admitió.
—Si alguien hubiera matado a Adolph Hitler cuando era un bebé, ¿no hubiera sido eso mejor?
Edward no contestó.
— ¿Dios o el Altísimo, como quieras llamarlo, les exige que obedezcan sin cuestionar? ¿No te corresponde preguntar la razón; te corresponde hacerlo o morir?
—No, podemos preguntar, pero eso no significa que siempre obtengamos una respuesta. Hay cosas que no nos corresponde saber. Solo puedo suponer, Bella. Tal vez la Segunda Guerra Mundial previno una tragedia aún mayor.
— ¿Cómo el escape de la válvula de vapor? La humanidad se estanca en la matanza y…
—Bella, detente —dijo Edward gentilmente—. Estás enojada, es comprensible, pero debes saber esto: el Altísimo ama a su creación y no quiere que suframos. Eso es lo que sé. No sé cómo funciona, no sé si el Altísimo es el escritor o meramente el director, no sé si en realidad hay una razón para todo lo que sucede, pero sé que no sirve de nada tener un resentimiento inútil en cosas que no pueden ser cambiadas.
Bella aspiró profundamente y exhaló con lentitud.
—Tienes razón —usó su talento para menear un poco el arroz—. Es que desearía poder hacer algo por ellos.
—Lo haremos —prometió Edward—. Cuando rescatemos a sus humanos —la tomó en sus brazos y envolvió sus alas a su alrededor y, como siempre, Bella se sorprendió de que un gesto tan simple pudiera ofrecerle tanto consuelo.
Bella se duchó antes de acostarse. Estaba enjuagándose el acondicionador del cabello cuando sintió un par de manos cálidas deslizarse alrededor de su estomago.
—Mmm —dijo, reclinándose contra el cuerpo de Edward. Él besó su cuello, mordiendo el camino hasta su oído, haciéndola temblar deliciosamente. Ella se giró para quedar de frente a él, pasando los brazos alrededor de su cuello.
—Inclina la cabeza hacia atrás —le pidió él, y la ayudó a enjuagarse, pasando los dedos por su cabello, solo para mirar los brillantes mechones oscuros deslizarse por sus dedos.
Él cerró el agua y la cargó, saliendo del baño al pequeño pasillo dirigiéndose a la habitación. Ella esperaba que ninguno de los ángeles los haya visto.
—Estoy mojada —se rió cuando él la quiso recostar en la cama.
—Hmm. Pues tendré que solucionar eso —replicó, poniéndola sobre sus pies. Él se arrodilló y comenzó en sus tobillos, chupando, lamiendo y besando cada gota de agua que había en su piel. Las piernas de ella se rindieron para cuando él llegó a sus muslos y se sentó en la orilla de la cama—. Excelente —susurró él—. Todo a un perfecto alcance.
Para cuando llegó a sus pechos, los huesos de ella ya se habían hecho gelatina y no era más que un montón de miembros temblorosos con los que él jugaba como un músico profesional.
—Por favor —susurró ella—. Déjame tocarte.
Él se acostó junto a ella, recargado sobre su costado. —Tú también estás todo mojado —dijo.
El agua sabía mucho mejor al ser tomada de Edward.
Él la detuvo cuando llegó a su estomago.
—No puedo —dijo—. Todavía no quiero que termine y en el momento que me toques, eso sucederá —la rodó gentilmente para recostarla y él puso su cuerpo sobre ella—. Relájate —susurró.
Ella ni siquiera se había dado cuenta de que se había tensado. Quería decir algo cuando la besó de esa forma larga, lenta y dulce.
—Te amo —le dijo él cuando rompió el beso.
—Y yo te amo a ti —dijo ella.
Él se congeló. —Dilo de nuevo.
—Te amo, Edward.
Cerró los ojos. —Una vez más.
—Te amo —estiró una mano y le quitó el desordenado cabello del rostro—. Te amo, te amo y mil veces más, te amo.
La sonrisa de él era tan dulce que le rompió un poco el corazón a ella.
—Gracias. Es que es la primera vez que lo dices y… —ella lo interrumpió con un beso. Él gimió bajito.
Lo sintió presionarse contra ella y se tensó un poco. Él se detuvo, moviendo la mano hacia abajo para acariciarla hasta que volvió a ser un montón de nervios inconscientes y luego, lentamente, fue entrando. Solo hubo un pequeño momento de incomodidad mientras su cuerpo se ajustaba al de él y ella sonrió ante su sonrisa cuestionadora. Se quedó quieto por un largo momento, asegurándose de que ella estaba cómoda antes de comenzar a moverse.
Los ojos de Bella se abrieron de golpe y jadeó. De repente entendió por qué la raza humana robaba, mentía, pagaba, rogaba y moría por sexo. Era la cosa más increíble que había sentido en su vida. Y siguió mejorando. Sofocó sus gritos contra el cuello de él, jadeando, gimiendo y lamiendo la carne de ahí mientras enterraba las uñas en su espalda. Había creído que el placer que le había dado antes era el pináculo de su capacidad de éxtasis, pero había estado muy, muy equivocada.
Edward se arqueó sobre ella, extendiendo sus alas al máximo a la vez que un áspero gemido fue arrancado de su garganta. Se hundió de nuevo sobre su cuerpo y ella saboreó el delicioso peso sobre sí.
—No quiero regresar al paraíso —murmuró él—. Me quedaré aquí.
