Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Lissa Bryan, yo sólo traduzco.

This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Lissa Bryan, I just translate.


Capítulo Beteado por: Isa BetaTraductora Ffad

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~*~The Better Angels of Our Nature~*~

Por: Lissa Bryan

El siguiente día Edward se tardó tanto en llegar a casa que Bella estuvo a punto de mandar a uno de los Caídos a buscarlo. Él nunca llegaba tarde. No tenían teléfono así que no podía llamarla. Ella estaba asustada. ¿Y si le había pasado algo? No podía morir, pero ¿y si lo habían capturado? ¿O si se había lastimado gravemente en un accidente en los muelles?

Cuando finalmente escuchó las llaves tintinear afuera de la puerta, se acercó corriendo junto con Dave. Bella abrió la puerta y vio a Edward de pie ahí, todavía golpeando el aire con la llave. Él parpadeó sorprendido al ver que la puerta ya no estaba y luego levantó la vista. Sonrió enormemente.

— ¡Bella! —avanzó por la puerta, pero sus pies se enredaron y se hubiera caído si Bella no se hubiera adelantado para atraparlo. Se acurrucó contra ella, besando su lóbulo y chupándolo—. Mmm... Tu cabello huele bien.

— ¡Edward, estás borracho! —jadeó Bella, captando un olor de alcohol y tabaco rancio en su cabello.

—Pues sí, creo que lo estoy —replicó sonriéndole tontamente—. ¿Adivina qué, Bella? ¡Creo que ya nos conseguí un capitán!

— ¿Lo conociste en el bar? —preguntó Bella.

—No, fue ahí a donde me llevó para discutir las cosas. Pedí cerveza y whiskey y tequila y una bebida transparente de la cual no recuerdo su nombre. Tú no tomas así que tus recuerdos no me sirvieron de nada.

Los Caídos veían esto con expresiones que iban desde la envidia (Emmett) hasta la desaprobación (Carlisle). Lo llevó al sofá, donde se dejó caer con un suspiro feliz.

—Había damas que bailaban desnudas —reportó Edward—. Pero no te enojes porque no miré —se cubrió los ojos con la palma de las manos.

—Edward, ¿quién es este hombre y por qué te llevó a un club nudista?

—Su nombre es Jenks. Es un viejo retr- … retro… reti...

— ¿Retirado?

Edward intentó tronar los dedos. — ¡Eso! Re-ti-ra-do de la Guardia Costera —cayó de costado sobre el sofá y miró a Bella con adoración—. Te amo. Eres tan inteligente.

— ¿Cuánto quiere? —preguntó Bella.

—Cinco mil.

El corazón de Bella se hundió. Eso abarcaría la mayor parte de lo que les quedaba del dinero que había enviado Jasper. Ella tendría que conseguir un trabajo, una tarea desalentadora al estar en un país del que desconocía su lenguaje y sin tener identificación o documentos de inmigración.

—Perdón por preocuparte —dijo Edward—. Tal vez deberíamos comprarte otro teléfono para poder llamarte si Jenks quiere ir otra vez al local de las señoritas desnudas.

— ¿Cuándo puede estar listo?

—Dijo que en una semana, quizás dos.

— ¿No pudo ser más específico?

Edward bostezó. —No, dijo que tenía que vender unas armas o algo así.

— ¿Es un traficante de armas? —Bella estaba horrorizada.

— ¿Hay problema con eso? —. Bueno, no era como si tuvieran muchos criminales de confianza de donde elegir.

— ¿Es confiable?

Edward bostezó de nuevo y se movió en el sofá hasta que pudo poner la cabeza en el regazo de ella.

—Eres muy bonita —suspiró.

—Edward, ¿Jenks es confiable?

—Eso es lo que todos dicen. Nunca ha roto un trato.

—De acuerdo, lo haremos.

— ¡Genial! —saltó sobre sus pies y la cargó, llevándola tan rápido al cuarto que su cabeza daba vueltas.

— ¡Edward! ¿Qué estás haciendo?

—Dijiste que querías hacerlo. Pues ya estoy listo —bajó la vista a sus pantalones—. Bueno, no todavía, pero lo estaré en un minuto.

—No me refería a eso —dijo Bella divertida.

—Oh, bueno… ¿Quieres hacerlo? —preguntó esperanzadoramente.

—No estoy tan segura de que ahora puedas hacerlo.

—Seguro que sí. Yo… —se balanceó sobre sus pies perdiendo el equilibrio. Hizo el amago de agarrar la cabecera de la cama para estabilizarse, pero no la alcanzó y cayó al piso.

— ¡Ow! —. Bella se agachó para ayudarlo a levantarse.

— ¿Estás bien?

—Creo que me doblé el ala —se quejó—. Mírala. Las plumas están todas dobladas.

Ella las acomodó. — ¿Mejor?

Las miró sobre su hombro y le sonrió. — ¡Lo arreglaste!

—Ven, vayamos a la cama —dijo ella. Le ofreció su mano para ayudarlo a ponerse de pie. Él la tomó pero la usó para jalarla hacia él, envolviendo sus alas a su alrededor.

—No tengo sueño —susurró. Se recostó en el piso poniéndola sobre sí mismo, todavía envuelto en su suave escudo blanco, el cual hacía que todo el mundo desapareciera.

—Te amo Edward —dijo. Él no respondió. Perpleja lo miró a la cara y vio que estaba profundamente dormido. O desmayado. Ambas eran posibles. Ella se rió entre dientes y recostó la cabeza contra su pecho. Brevemente consideró despertarlo para que se subiera a la cama, pero decidió que estaba perfectamente cómoda en ese lugar.


La mañana siguiente era sábado, lo cual fue algo bueno para el pobre Edward, quién estaba en las despiadadas garras de su primera cruda. Ella supo inmediatamente que él estaba en lo peor de la miseria cuando salió del baño usando sus grandes lentes de sol.

— ¿Por qué la luz brilla tanto aquí? ¿Cambiaste los focos?

—No, es la misma luz —respondió—. ¿Tienes hambre?

—Ugh, no —se estremeció—. Mi estómago se siente raro.

—Tienes nauseas —diagnosticó Bella—. Es normal después de haber estado borracho. Te traeré algo para el dolor de cabeza.

Fue al gabinete donde guardaban las medicinas que estaba en el baño y agarró dos aspirinas. Tomó unas para ella porque su dedo seguía doliendo. Se quitó la banda y vio que estaba rojo e hinchado. Deseaba tener algo de peróxido para ponerse pero ni loca iba a mandar a Edward a comprar algo en la condición en que andaba.

Regresó a la cocina y le preparó a Edward una gran taza de té, poniéndole mucha azúcar para que se lo tomara y luego un poco de agua fría para que no se fuera a quemar. Él estaba en la mesa con la cara enterrada en sus brazos.

—Tómalas —le dijo, dándole las aspirinas. Él lo hizo, levantando un poco la cabeza y tomando el té.

—Me siento horrible.

—Eso parece —dijo ella. Se metió sus dos aspirinas a la boca, pasándolas con un trago de agua—. ¿Y qué lección aprendimos de esto?

— ¿No mezclar la cerveza con tequila? —sugirió Emmett desde el marco de la puerta.

—No los mezclé —insistió Edward—. Eso sabría horrible.

—No que los mezcles juntos, sino que no te los tomes a la vez.

— ¿Eso funciona? —le preguntó Edward a Bella. Ella se encogió de hombros.

— ¿Cómo podría saberlo? Yo no bebo.

— ¿Por qué no? —preguntó Emmett. Bella agarró una caja de cereal y sacó la leche del refrigerador.

—Siempre tuve miedo de levantar algo con la mente enfrente de las personas o de revelar mis secretos.

—Tienes miedo de perder el control —dijo Edward.

—He aquí el Señor de las Crudas filosofando —. Tal vez ella bromeaba solo para hacer que todos se olvidaran de lo que él acababa de decir, porque era muy cercano a la verdad.

—Dave está saltando junto a la puerta —les dijo Emmett.

—Oh, demonios, me olvidé de sacarlo —gimió Edward.

—De acuerdo, yo lo haré —dijo Emmett.

Cuando Dave regresó, se sacudió las gotas de agua de su pelaje. Bella lo secó con una toalla para manos. Dave trotó hacia Edward y se paró sobre sus patas traseras, recargando las delanteras en el muslo de Edward. Golpeó el brazo de Edward con su pata hasta que Edward lo miró. Edward ladeó la cabeza y escuchó.

—Gracias Dave, pero no, no creo que comer pasto me haga sentir mejor.


Para el domingo Edward ya se había recuperado así que Bella decidió seguir adelante con sus planes para el fin de semana y los llevó a todos al campo de tiro para practicar. Tenía la intención de comprarle a Jenks una pistola para cada ángel.

Ahora los Caídos podían aparentar ser tan sólidos como un ser viviente por cortos periodos de tiempo y solo ocasionalmente perdían el agarre en algún objeto. Se pudieron alrededor de Bella cuando salieron de la casa, bloqueándola de la vista. Fue Edward quien tuvo que conseguirles un taxi y todos se quedaron en la banqueta mientras él silbaba y hacía señas.

Todos se apretujaron en un taxi, Rosalie sentándose enfrente con el sorprendido taxista y Emmett, Carlisle y Edward acomodados en el asiento trasero, con Bella en el regazo de Edward. Sin querer desgastar nunca una oportunidad, besó a Bella en el cuello, la mandíbula y el oído, y después tomó sus labios hasta que Carlisle le espetó:

— ¿No puedes mantener las manos para ti solito por cinco minutos? —Edward se congeló y miró a Carlisle herido.

— ¿Hice algo mal? —Carlisle suspiró.

—No, solo que… Supongo que tengo envidia. Tú tienes a Bella y Emmett tiene a Rose…

— ¿Emmett y Rose? —preguntaron Edward y Bella al mismo tiempo. Rose mantuvo los ojos pegados al parabrisas sin decir nada.

Emmett se removió. —Um, nosotros… uh… sí.

—Pues —dijo Edward rompiendo el silencio—. ¿Felicidades?

—No podemos tocar a los vivos, pero podemos tocarnos entre nosotros —dijo Emmett, se veía solo un poquito avergonzado. Bella se preguntó cuánto de eso era verdadero cariño y cuánto era solo la necesidad de estar en contacto con otro ser. Cualquiera que fuera la razón parecía haber mejorado de alguna forma la actitud de Emmett y Rose, y Bella esperaba que eso les ayudara a ambos para impedir que se desaparecieran.

El conductor llegó al campo de tiro y todos se encaminaron a la banqueta, de nuevo rodeando a Bella. Edward, el único con identificación —que le había comprado a otra persona sospechosa en los muelles— firmó y compró otra caja de municiones para su pistola a un precio que indignó a Bella, pero el dinero extra hizo que el dueño del lugar cooperara mirando a otro lado mientras todos usaban la misma línea de tiro.

Poco después de que comenzaron a practicar se dieron cuenta de que Edward no valía para estas cosas. Tenía una puntería terrible, no podía ni siquiera golpear la diana, ni que decir del centro. Al principio Bella pensó que era solo el disgusto natural que sentía un ángel por un arma mortal, pero ninguno de los otros ángeles tenían problema con ello. Después de terminarse una de las cajas de la carísima munición, Bella admitió la derrota. Edward tendría que armarse con otra cosa y confiar en su velocidad.

Para Rose era muy natural. Al principio Bella pensó que ella también estaba fallando el objetivo, pero luego se dio cuenta de que Rose estaba lanzando todos sus tiros hacia un agujero que estaba en el centro. Emmett y Carlisle la miraron sorprendidos. Rose intentó ayudarle a Edward dándole algunos consejos e incluso lo ayudó a apuntar correctamente, pero simplemente no podía hacerlo. Bella podía ver que se sentía mal por eso y trató de asegurarle que no era importante.

Bella no podía disparar porque le dolía mucho la mano. Era algo muy raro. Se había cortado miles de veces a lo largo de su vida y usualmente mejoraban en un par de días, no empeoraban. Se tomó más aspirinas cuando regresaron al apartamento y comenzó a cocinar la cena.

Dave había estado ejercitándose atrapando la pelota que Carlisle le aventaba, entró trotando a la cocina, sus garras sonaban contra el linóleo. Bebió un satisfaciente trago de agua de su cuenco y fue hacia Bella para que le rascara detrás de las orejas. La olió y dejó escapar un pequeño lloriqueo y se fue con Edward, quién estaba cortando un largo pedazo de tela de la bolsa de las aspiradora. —Fue culpa de Emmett; de alguna forma agarró el volante inferior de la tapicería del sofá, arrancándole un largo pedazo de la parte inferior—.

— ¿A qué te refieres con que Bella huele raro? —le preguntó Edward a Dave—. Huele bien para mí.

—Tal vez es el detergente nuevo —sugirió Bella. Edward nunca compraba la misma marca dos veces, le gustaba tener diferentes esencias en su ropa.

Emmett, que estaba sentado en la alfombra enfrente de la televisión, gritó:

—Chicos, creo que deberían ver esto.

—Dios mío, es Jasper —Bella gimió cuando vio la imagen en la pantalla. Su propia foto estaba en una esquina, para recordarles a los espectadores que siguieran buscándola. Jasper estaba sentado en una silla frente a una pared beige, vistiendo el conocido uniforme beige.

—Bella, si ves esto, te pido que te entregues —dijo Jasper con voz vacía. Sus ojos se veían muertos y su cara extrañamente hinchada. Cerca de la comisura de su boca, ella podía ver un moretón que el maquillaje no había logrado cubrir por completo.

—Apágala —dijo Edward cuando Bella se giró para esconderse en sus brazos.

—Lo están lastimando, Edward —lloró Bella, su voz sonaba angustiada.

Edward no lo negó. Envolvió sus alas alrededor de ella y recostó la mejilla sobre su cabeza.

—Él sabía que esto iba a pasar —dijo Bella, su voz tensa por las lágrimas—. De alguna manera lo sabía. Recuerdas que me dijo que me mantuviera a salvo sin importar lo que viera. Usualmente su talento no es muy detallado, pero de alguna forma debía de saberlo.

—Bella, toma esto como algo positivo —le dijo Carlisle, su voz sonaba sofocada por las alas que la rodeaban—. Todavía está vivo, lo que significa que tenemos una oportunidad de rescatarlo.

—La pared era del mismo color que usaban en el centro —dijo Edward. Acurrucó el rostro de ella en sus manos y uso sus pulgares para limpiar las lágrimas de sus mejillas—. Seguro es ahí donde lo tienen. Puede que cuando rescatemos a los residentes también podamos rescatar a Jasper.

Bella cerró los ojos con fuerza. Ahora también Jasper tendría que vivir fugitivo, su profesión que él tanto amaba estaría arruinada. Ella sintió un odio tan intenso hacia Jacob Black que la hizo temblar. Pensó en Charlotte, su secretaria, quien amaba a Jasper como el hijo que nunca tuvo. Esperaba que Charlotte hubiera visto el video para que supiera que Jasper todavía estaba vivo, incluso aunque se suponía que estaba "en custodia" por ayudar a su hermana con los ataques terroristas.

—Jacob Black es hombre muerto —juró Bella.


En lunes en la tarde Edward llegó a casa del trabajo y le dijo a Bella que Jenks quería reunirse con ella.

— ¿Por qué?

—Más que nada curiosidad —Edward se encogió de hombros—. Tal vez quiere asegurarse que en realidad no eres una terrorista.

—Aw, diablos —gimió Bella—. ¿Cuándo?

—Esta noche.

— ¿En el club nudista? —preguntó Bella con cautela.

Edward asintió. —Creo que pasa mucho tiempo ahí —. Algo que Edward consideraba un comportamiento extraño.

Estaba haciendo frío esa tarde así que Bella se envolvió en su chamarra y se puso una bufanda, usándola para esconder la parte baja de su cara, como un bandido en el viejo oeste. Edward le puso la boina que él usaba para los muelles en la cabeza, bajándola sobre sus orejas.

— ¿Eso ayuda a esconder mi cara? —le preguntó.

—No, solo que no quiero que se te enfríen las orejas.

El club estaba a una corta distancia caminando, aunque estar en la calle de noche con Bella ponía muy nervioso a Edward. Él puso una de las pistolas en el bolsillo de Bella y se cernió sobre ella ansiosamente, mirando mal a cualquiera que se atreviera a pasar junto a ellos en la banqueta, incluyendo a una viejecita que iba con andador.

La música sonaba tan alto que Bella podía escucharla desde afuera del club. No había ningún gorila, ni línea en la entrada. El lugar se veía mal, la pintura de la fachada de paneles de madera estaba cuarteada y descarapelada, la ventana oscura llena de suciedad. Edward abrió la puerta y el calor y el ruido salieron de ella. La única iluminación de adentro parecía provenir del escenario, donde habían mujeres retorciéndose en varios estados de desnudez, y de la barra también. Como le había dicho a Bella, Edward ni siquiera miró a las mujeres, llevándola a través de la multitud hacia la barra.

— ¿Cómo luce Jenks? —gritó Bella para ser oída sobre la música.

—Así —dijo Edward, y se convirtió en un hombre rechoncho y rubio con una camiseta Hawaiana.

—Edward, no cambies enfrente de las personas —siseó Bella, intentando bloquearlo de la multitud que los rodeaba.

—No pueden verme —le dijo Edward—. No te preocupes.

El hombre que le había mostrado estaba sentado en un taburete en la orilla más lejana de la barra, mirando la acción del escenario con un ávido interés mientras bebía de un pequeño vaso con un líquido café. Whisky, supuso ella.

—Hola Edward —dijo cuando vio al ángel de Bella. Hablaba inglés con acento americano—. Ésta debe ser la damita.

—Ésta es mi Bella —dijo Edward con orgullo.

—Buen disfraz —dijo Jenks mirando el cabello rojo de Bella—. Entonces eres tú quien quiere alquilar un bote.

Bella se quitó la chamarra y la colgó en el respaldo de su silla, abanicándose.

—Sí, junto con algunos de mis amigos.

— ¿Cuántos de tus amigos se nos unirán?

Bella nunca había contado a los residentes del centro.

—Cerca de veinte —supuso.

Jenks tomó otro trago de su vaso. — ¿Qué van a tomar?

—Refresco —dijo Bella.

Edward se estremeció, recordando su cruda. —Refresco para mí también, por favor.

Jenks hizo un gesto para que se acercara el camarero y ordenó los refrescos. Bella volteó el rostro y subió una mano como si se fuera a rascar la ceja para esconder sus facciones. No hubo necesidad de hacer eso. El camarero apenas y los miró. Hizo una mueca como si hubieran ordenado algo desagradable y puso los vasos en la barra después de haberlos llenado de las mangueras. Jenks le dio unos pesos y el camarero se fue a buscar clientes más interesantes.

—Es algo bueno que me hayan atrapado esta semana —dijo Jenks—. Después de este viaje me voy a llevar el bote hacia el sudeste de Asia por seis meses. Tengo un trabajo allá esperándome.

—Quiero comprar unas pistolas y municiones —le dijo Bella—. Dos pistolas y cuatro rifles.

— ¿Alguna calibre de preferencia?

Ella no tenía ni idea. —Lo que sea que funcione bien y no sea caro.

Jenks soltó una risita. — ¿Automáticas o semiautomáticas?

—Semiautomáticas —dijo Bella. Recordaba haber visto en algunas películas de guerra que era más fácil agotar todas las municiones con un arma que disparara en automático.

—Tengo algunas AK —ofreció Jenks.

Bella no conocía lo suficiente de armas para saber cuáles eran esas, aparte de vagos recuerdos de haberlas visto en películas.

— ¿Son buenas?

— ¿Para qué? ¿Para cazar patos? Tienes que darme un escenario aquí, dulzura, o no podré decirte que es lo que necesitas.

— ¿Si quisiéramos, hipotéticamente, digamos, atacar una instalación gubernamental con montones de soldados vigilándola?

—Bueno, jódeme, si eres terrorista —dijo Jenks muy poco sorprendido—. Cariño, si vas a atacar Gitmo, cuenta conmigo.

—No es Gitmo* —aclaró Bella—. Es un centro de investigación escondido para personas con poderes paranormales.

Él arqueo una ceja. —Es lo mejor que puedes inventar, ¿huh?

Bella suspiró. —Cree lo que quieras. Solo dime qué tipo de armas comprar.

—AK estarían bien —dijo Jenks—. También te daré algunas pistolas de largo calibre. Si vas a hacer lo que creo que vas a hacer, necesitarás más de una pistola por persona.

— ¿Cuánto será?

Jenks sonrió y bebió de su vaso. —Te las daré gratis, considerando lo que estoy pidiendo por mi pequeño viaje de placer. Pero mantén esto en mente, no soy un combatiente, ni tampoco ninguno de mi tropa. Si no llegas al punto de encuentro a la hora acordada, nos iremos sin ti.

—Entiendo —dijo Bella.

—Le daré las armas a Edward mañana para que puedan practicar un poco antes de irnos.

— ¿Ya decidiste fecha? —preguntó Bella.

—Que sea después del próximo martes —le dijo Jenks—. Estaré fuera de la ciudad hasta entonces.

Bella suspiró. Se estaba impacientando. Mientras más lo retrasaran, más tiempo estaría Jasper a su merced. Ese pensamiento atormentaba a Bella.

—Tenemos muchas cosas que planear, Bella —dijo Edward—. Necesitamos tiempo para planear nuestra estrategia.

—De acuerdo, entonces pondremos la fecha tentativa para el siguiente miércoles —tomó un trago de su refresco.

—De acuerdo —Jenks levantó su bebida en forma de saludo y vació su contenido—. ¿Te quedas a tomar un trago conmigo, Edward?

Edward sacudió la cabeza. —Quiero ir a casa. No he tenido sexo en dos días.

Bella escupió el trago de su refresco y Jenks se rió. —Amo a este chico.


*Gitmo: La Base Naval de la Bahía de Guantánamo (en inglés: Guantanamo Bay Naval Base o Gitmo) es un territorio y base militar que los Estados Unidos arriendan en la isla de Cuba.

*Hace tiempo una persona me pregunto si es que Edward tenía una imagen propia, es decir facciones que no fueran las del "actor", al preguntarle a la autora esta fue su respuesta:

"Los ángeles no tienen una apariencia propia. Eligen lo que su humano encontraría atrayente. Para Jane, es una mujer rubia y maternal. Para Alice, es una figura de un hermano fuerte pero gentil. Edward, que quiere que Bella lo encuentre atractivo, eligió una apariencia que él sabe que a ella le gusta. Para otros él se ve más ordinario.

En realidad él tiene la misma edad de Bella, creado el mismo día en que ella fue concebida. Aunque el tiempo se mueve más lento allá arriba, más o menos cuatro o cinco años por cada año en la Tierra. Es por eso que él dijo que llevaba 20 años queriendo besarla, incluso cuando él se enamoró de ella cuando ella tenía 18."