Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Lissa Bryan, yo sólo traduzco.
~*~The Better Angels of Our Nature~*~
Por: Lissa Bryan
Todos se quedaron paralizados por un momento, mirando la sombra del ángel en la pared, luego Esme rompió el silencio con un quejido y colapsó en el suelo. Carlisle se dejó caer junto a ella con su propio llanto. Intentó levantar la cabeza de ella del suelo, pero sus manos la traspasaban. Sus ojos atormentados se encontraron con los de Edward cuando éste cargó a Esme, acostándola junto a Bella. Bella se movió hacia el lado opuesto de la cama y colgó las piernas por el borde. Edward estuvo junto a Bella en un segundo después de acostar a Esme, sus ojos la miraron ansiosamente para asegurarse de que estuviera bien.
—¿Qué le pasa? —preguntó Bella. Se puso de pie con cuidado, encontrándose con que sus piernas estaban fuertes y estables.
—Te curó —dijo Carlisle.
—¿Eso la… lastimó?
Carlisle puso su mano sobre la de Esme, los dedos de ella eran visibles a través de la figura semitransparente de él.
—Cuando cura a alguien absorbe las sensaciones de dolor, la enfermedad.
—Pero en realidad no tiene mi infección, ¿cierto?
—No, solo lo que sentías por eso.
—Pulso y respiración normales —anunció Collin—. Solo se desmayó. Llévenla a tu habitación, Carlisle, ahí puede descansar. Bella, no te muevas ni un centímetro. Quiero examinarte.
—Collin, estoy bien —protestó Bella.
—Solo diré que soy de Missouri —dijo Collin sobre su hombro.
—El estado del Demuéstralo —aportó Rose cuando todos se miraron confundidos.
Después de que Collin anunció que estaba perfectamente sana, Bella y Edward fueron al camarote de Carlisle y tocaron ligeramente la puerta. Rose respondió y retrocedió para sentarse en la silla junto a la cama. Un libro de bolsillo colgaba abierto sobre un brazo de la silla. Carlisle estaba acostado junto a Esme con las alas envueltas sobre su figura durmiente, sus ojos pegados a su rostro. Bella miraba como él trazaba gentilmente las facciones de ella con la punta de sus dedos, sus ojos llenos de tanta nostalgia que era doloroso.
—¿Está bien? —preguntó Bella. Esme parecía tener fiebre, su rostro se veía brilloso y pálido con profundos círculos oscuros debajo de los ojos.
—Se sentirá mejor en unos días, los efectos se irán yendo.
Bella se sentía culpable y debió mostrarse en su rostro porque Rose sacudió la cabeza. —Era algo que ella quería hacer por ti, Bella. Escuchó una y otra vez esa cinta que grabaste para ella.
—Entonces, ¿sabe que Carlisle está aquí?
Rose suspiró. —Todavía no puede oírlo ni verlo, pero sabe que está aquí con ella y que la ama. Creo que eso le dio… Bueno, lo que necesitaba. Lleva mucho tiempo sintiéndose sola y perdida.
—Podemos… —comenzó Bella y fue interrumpida por el sonido de una fuerte alarma. Las luces parpadearon junto con ella. Esme despertó y se sentó desorientada.
—¿Qué fue eso?
—No sé —dijo Bella, pero tuvieron su respuesta cuando los altavoces resonaron.
—¡Bella! Sube tu trasero al puente. Tenemos problemas.
Bella y Edward salieron corriendo por la puerta y bajaron por el pasillo hasta el elevador.
—¿Qué nivel? —le preguntó Bella a Edward y él sacudió la cabeza.
—¡Presiona el botón que dice 'P'! —ladró Jenks. Él debía estarlos viendo con una de las cámaras que se alineaban en los pasillos del barco—. 'P' para 'Puente', ¿entiendes?
—¿Cómo jodidos iba a saber eso? —musitó Bella y presionó el botón—. Usualmente 'P' significa 'Planta baja'.
—Oh, por amor a… Niña, éste es un maldito barco. ¡No tiene planta baja!
—Jódete Jenks —dijo Bella con amabilidad. El elevador se detuvo y salieron a una habitación cuadrada que estaba en la parte alta del barco con ventanas por todos lados. El enorme panel de control tenía numerosos monitores, botones, interruptores y palancas. Ben estaba mirando la pantalla del radar.
—¡Mira!
Un pequeño punto verde se estaba acercando al centro del aro.
—Esos somos nosotros, ¿verdad? —Bella señaló el punto en el centro.
—Uh huh. Y hay algo que se acerca a nosotros, rápido.
—¿Alguna idea de lo que pueda ser?
—Por la velocidad supongo que un helicóptero, pero no puedo estar seguro hasta que no lo vea.
—¿De dónde? —soltó Bella—. No había ninguno en la isla y estamos en medio del océano. Los helicópteros no pueden volar tan lejos, ¿no?
Ben y Jenks intercambiaron una mirada.
—¡Lo veo! —dijo Edward señalándolo.
Todo lo que Bella vio fue un puntito negro.
—¿Puedes derribarlo desde aquí? —preguntó Jenks.
Bella sacudió la cabeza. —No desde tan lejos. Pero no estamos seguros de que sean ellos, ¿o sí?
—No creo que vengan a entregar pizza, Bella. —Eso vino de Ben, que agarró un par de binoculares de un cajón y se acercó a la ventana lateral.
—No quiero matar gente a menos que sea necesario —dijo Bella con voz vacilante.
Ben bajo los binoculares. —Es un Bell H1 Cobra. Con un rango menor a 300 millas.
—Ah, mierda —dijo Jenks, dejándose caer con pesadez en la silla del capitán.
—¿Quieres que lo contacte? —preguntó Ben.
—Yo lo haré —dijo Jenks—. Solo dame…
—¡Algo viene! —gritó Ben. Una bocanada de humo y fuego salió de la ancha ala del helicóptero. Bella alzó instintivamente un escudo.
Jenks agarró el micrófono del escritorio. —¡Algo viene! Prepárense para el impacto. Todos prepárense para abandonar el barco.
El escudo de Bella resistió el impacto del misil, pero solo apenas. Cayó en los brazos de Edward y un chorrito de sangre bajó sobre su labio. Su cabeza palpitaba en sincronía con la alarma.
—¿Por qué vamos a abandonar el barco? —preguntó, un poco mareada.
—Porque ese helicóptero trae un barco no muy lejos tras de sí y, a pesar de que sí puedo repeler un montón de mal equipados piratas, no puedo luchar contra un barco de guerra.
¿Pero creía que ir en botes salvavidas sería mejor? Ella escuchó la estampada de pies sobre el sonido de las ruidosas alarmas. Se giró para ver hacia la puerta y por eso no se percató del segundo misil, que estalló contra un costado del barco con una terrorífica explosión. Todos se tambalearon, Bella se hubiera caído si no fuera por los firmes brazos de Edward. Jenks gateó bajo el escritorio y presionó un par de botones en el panel que había abajo a un lado. Sacó una pequeña bolsa y lo que parecía un control remoto para abrir la puerta de una cochera.
—Vamos. —Jenks agarró a Bella del hombro y la sacó hacia el pasillo. La tripulación y los residentes del centro pasaban por ahí, todos cargaban idénticas bolsas negras de lona.
Otra explosión. Bella se giró de regreso al puente.
—¡Jenks, no puedo repelerlo si no puedo verlo!
—Olvídalo. Vámonos. —La jaló junto con él.
Edward, con toda la intención de mundo, quitó la mano de Jenks de Bella y Jenks se aclaró la garganta.
—Lo siento.
Siguieron a los otros por el pasillo y hubo otra explosión que movió el barco e hizo que las luces parpadearan. Salieron a cubierta y Bella parpadeó por la brillante luz exterior. El sonido de los motores del helicóptero se oían fuerte a medida que se acercaba al barco y Bella escuchó el tat-tat-tat de una máquina de armas de fuego. Se agachó instintivamente, como todos los demás, cuando pasó sobre sus cabezas. Escuchó gritos de terror pero, gracias a Dios, no de dolor.
—Están ametrallando la jodida cubierta —gruñó Jenks.
Bella se asomó sobre un cajón para concentrarse en el helicóptero. Quil, de pie junto a ella, le dio un golpecito con el codo.
—Lo tengo —dijo, y antes de que ella pudiera responder, el helicóptero explotó en una bola de fuego, y los restos se estrellaron contra el mar que había abajo. Los ojos de Quil se veían suaves y soñadores, mirando las llamas de una forma casi amorosa.
—¡Al bote! —bramó Jenks—. ¡Vamos, todos muévanse!
El bote salvavidas era un extraño buque, pintado de gris con manchas azules y blancas. ¿Camuflaje de océano? Se preguntó ella. Era largo, del tamaño de un yate, pero construido con la extraña figura de una capsula sin cubiertas abiertas al mar. Bella entró con Edward justo detrás. El interior tenía asientos alineados a los lados para al menos cien personas y filas en el centro. Bella podía ver delante de ella la cabina o puente, o como sea que se le llame a esa parte del barco (no estaba segura). El parabrisas de vidrio era simple, inclinado hacia atrás como en un carro de carreras.
—¿Qué es esta cosa? —preguntó Bella.
—Lo mandé a hacer —dijo Jenks. —No podemos pelear contra ellos, así que tenemos que superarlos en velocidad y sigilo. Toma asiento, Bella.
La tripulación había hecho un trabajo excelente en juntar a los pasajeros de forma rápida y ordenada. Bella vio a una somnolienta Jane con la cabeza en el regazo de Lauren. Rose estaba sentada junto a ella, canturreando suavemente. Esme estaba sentada derecha, pero se veía muy mal. Carlisle estaba a sus pies, mirándola como un adorador ante uno de sus ídolos.
Emmett se cernía sobre Alice, mirándola con el mismo tipo de adoración y, a pesar de que ella no podía escuchar ni una palabra, él le estaba contando de sus momentos favoritos al mirar su vida. Alice tenía abrazadas las piernas contra su pecho y se veía asustada a muerte del aspecto maligno de la tripulación de Jenks, o tal vez era la terrorífica experiencia de atravesar corriendo una zona de guerra hasta un barco y luego tener que evacuarlo después de que un helicóptero los atacó con misiles. Eso era suficiente para asustar a cualquiera.
Jasper estaba sentado junto a Alice, y Bella deseaba que él pudiera hablarle a Alice en ese tono suave y tranquilizador que usaba cuando Bella estaba asustada o estresada, pero Jasper se veía un poco aterrorizado. Tenía la mirada perdida en el espacio y sus ojos tenían esa mirada vacía que preocupaba a Bella.
Pero no podía permitirse distraerse por cosas que no podía arreglar ahora. Bella hizo un inventario mental de todas las personas que conocía del centro y la tripulación, y se acordó de una persona que no había visto.
—Edward, ¿trajimos a Victoria?
—No —dijo Edward suavemente, consciente de la cercanía de Jane—. Ella fue… llevada por la puerta amarilla dos días antes de nuestra llegada.
Bella cerró los ojos. Recordó lo que Rose había dicho de que Victoria se había ido al lado oscuro, pero si hubieran llegado unos días antes, ¿hubieran sido capaces de traerla de regreso?
—No, no podrías —dijo Edward—. Ya estaba demasiado metida en eso.
—No podemos saber eso —susurró Bella.
—Bella, su ángel se había Desvanecido. Eso significa que ya no quedaba bondad en ninguna parte de su alma.
Bella sacudió la cabeza. —Jacob todavía tenía su ángel. La vi.
Edward tomó una de las manos de Bella en la suya. —Bella, esa noche viste algunas cosas que no eran reales. Era tu fiebre, y tal vez sufriste algunas consecuencias por la cantidad de poder que usaste.
El resto de la gente del barco se apilaron y uno de la tripulación cerró la puerta tras de ellos. Hubo un ligero tirón cuando las poleas levantaron el bote de la base en que estaba almacenado y lo movieron hacia el mar.
—No me sangró la nariz —dijo Bella con asombro, su mente seguía pegada a la noche anterior.
—No, no te sangró —dijo Edward sombrío—. Fuiste más allá que eso. Si Esme no hubiera… —Se tragó el final de su oración y la jaló a sus brazos, enterrando el rostro en su cabello—. Casi te pierdo —susurró.
—No puedes perderme nunca, Edward. Lo sabes.
Él sacudió la cabeza. —No creo que entiendas cuán importante es tu vida humana para mí, Bella. Es la única que tendrás.
Sonó un golpe discordante cuando el bote cayó al agua. Jenks regresó para abrir la puerta y soltar las poleas, dejándolas colgando sobre un lado del barco. Sacó el cuello para lanzar una última mirada al Volvo. Le dedicó un pequeño saludo.
—Adiós chica —dijo con suavidad—. Fuiste un excelente barco. —Levantó la caja que parecía un control para abrir la puerta de una cochera y presionó el botón de en medio, luego lo lanzó al mar. Cerró la puerta con firmeza y regresó al frente.
—Sosténganse todos —instruyó, y se dejó caer en el asiento del capitán—. Acelera la maldita velocidad, Señor Sulu.
Los motores se encendieron y el bote avanzó con tanta velocidad que Bella casi se cae de su asiento. Cayó sobre los brazos de Edward, el cual era un buen lugar para estar, pensó, acurrucándose con él. El sonido de una horrible explosión detrás de ellos la hizo sentarse erguida y girar el cuello para mirar hacia afuera por la ventana lateral. El Volvo estaba en llamas y se hundía por la proa. Mientras Bella miraba otra explosión desgarró el barco. Tembló violentamente y comenzó a hundirse con mayor rapidez. Bella apartó la mirada, sin querer presenciar sus últimos momentos al ver como el barco se deslizaba bajo las olas.
Se encaminó por el pasillo con Edward caminando detrás de ella para atraparla si se tropezaba (lo cual sí hizo. Muchas veces.) Llegó a la cabina y se agarró de la pequeña barandilla pegada a la pared.
—¿Por qué hiciste eso? —preguntó Bella.
—Tenía un montón de cosas que no quería que encontraran los federales. Siempre supimos que tendríamos que destruirla si agentes del gobierno nos atrapaban. —Jenks intentaba sonar indiferente, pero Bella sabía que amaba ese barco—. Toda la cosa estuvo cableada a los pocos días de haberla comprado.
—¿Qué hay en las bolsas?
—¿Qué bolsas?
—Las bolsas que vi que todos llevaban consigo. —Miró a su alrededor pero no las vio. ¿Dónde las habían escondido?
—Probablemente algo de lo que no te tienes que preocupar —replicó Jenks.
—De acuerdo. —Bella decidió dejarlo por la paz. Supuso que tarde o temprano se enteraría—. ¿A dónde vamos?
—A una pequeña guarida en Chile. Pensé en quedarnos ahí por un par de días hasta que planeemos qué hacer después.
—No, tenemos que regresar a Ushuaia —dijo Bella.
—¡Al carajo con eso! ¿Intentas que nos atrapen?
—Tenemos que ir por Dave —insistió Bella.
—Tiene razón, se lo prometí —habló Edward y Jenks lo miró a los ojos con dificultad.
—Edward, no es seguro. Van a descubrir de qué puerto salió el Volvo y esperarán que regresemos.
—Puedes anclar en la costa y yo iré volando —dijo Edward—, pero no puedo dejar a Dave detrás. Volaré desde aquí si tengo que hacerlo.
—Está bien, maldición —musitó Jenks, agregando unos cuantos cumplidos acerca de ángeles imprudentes, rebeldes y tozudos. Bella y Edward regresaron a sus lugares y se acurrucaron juntos. Bella usó una de las alas de Edward como cobija y se acomodó para una siesta. Parecieron pasar solo segundos después de acostarse cuando ya estaba de regreso en la isla.
¿Cuántos había matado? Bella no estaba segura. Iba a la deriva sobre el campo de batalla, aplastando, desgarrando, matando, y luego estaba de regreso en el pasillo en que había aplastado a los soldados con desprecio, dejando nada más que una mancha roja en el suelo por el que rodó con facilidad la camilla de su hermano. Escuchó el horrible llanto que el ángel de Jacob soltó después de que ella aplastó su corazón con su puño mental.
Bella.
Bella.
—Bella —dijo Edward, sacudiéndola con gentileza.
Bella parpadeó viéndolo, inundada con la momentánea confusión de despertarse de repente en un lugar extraño. Edward se inclinó para besarla con suavidad.
»Estabas teniendo un mal sueño —le dijo.
—Malos recuerdos —lo corrigió. Ella exhaló temblorosamente—. Edward, maté a muchas personas anoche.
—Hiciste lo que tenías que hacer —dijo Edward y le acarició el cabello—. Ellos te hubieran matado si los hubieras dejado.
—No es eso —dijo Bella. Gateó a su regazo y envolvió los brazos alrededor del cuello de él a la vez que él la envolvía con sus alas—. Lo que me molesta es que no me siento arrepentida. Me sentí tan mal después de que maté a Tyler, pero ahora no siento nada después de haber matado a docenas de personas. Tengo miedo, Edward. ¿Hay algo… mal conmigo? ¿Me estoy volviendo mala?
—No lo creo —le dijo Edward—. Primero que nada, creo que sigues en shock y todavía no procesas todos tus recuerdos y emociones de anoche. Segundo, no hiciste nada malo.
—¿Cómo puedes decir eso? La regla de Dios es no lastimar a las personas y yo lastimé a muchas.
Edward sacudió la cabeza. —Dios no es inflexible ni incapaz de entender contextos y circunstancias. Si una mujer mata a un hombre que intenta lastimar a un niño, ¿crees que Dios la condenaría por eso?
—Pues no, no lo creo.
—Destruiste un centro dedicado a lastimar niños —dijo Edward—. No solo a la pequeña Jane de ahí, sino a todos ustedes, los niños de alguien, sin importar que sean adultos. Destruiste a un hombre que intentaría convertir a una niñita como Jane en un arma, intentando retorcerla al asignarle un guardián despiadado y frío. Y Esme… ¿Sabes cómo probaban su poder? Lastimaban a la gente a propósito sabiendo que ella no podría resistirse a ayudarlos incluso si eso le causaba dolor. Ésas son las personas a las que mataste anoche, Bella.
—No los soldados. Ellos solo hacían su trabajo.
—¿Cómo los guardias en Auschwitz? Cualquiera que defienda un lugar como ése ha renunciado a su condición de espectador inocente. Esos soldados que dispararon a la camioneta sabiendo que te causaban dolor… —Su mandíbula se definió con líneas de enojo.
—Después de que le dispararon a Rose, perdí un poco la cabeza —confesó Bella.
Edward la miró de forma extraña. —Bella, eso no pasó. No le dispararon a Rose.
—Yo lo vi. —Dios mío, ¿cómo podría algo tan vívido ser una alucinación?—. Pasó justo después de que Jane fue lastimada. Saltó contra un grupo de soldados y los atacó, y uno de ellos le disparó al pecho. Vi la sangre…
Edward sacudió la cabeza. —Los soldados no podían verla, Bella. Vi que estabas preocupada por la forma en que saltó a la lucha y es por eso que te dije que no te preocuparas, que no era mortal y no podían lastimarla. Rose no tiene cuerpo. No sangra. Una bala pasaría a través de ella sin lastimarla.
Bella sintió frío. —De verdad estaba alucinando, ¿entonces? ¿Así de malo?
—Tal vez viste lo que tenías que ver —dijo Edward con suavidad.
—¿Viste al ángel de Jenks?
Edward sacudió la cabeza. —Sé que tú lo viste; lo vi en tu mente. Luego me dijiste que todo este tiempo Jenks había sido tu misión, y tal vez tenías razón. No lo sé. No sé por qué verías a su ángel aquí en la tierra. Tal vez el Altísimo te mandó una visión para hacerte saber que habías completado tu misión, para darte paz mientras estabas muriendo.
Bella tembló al pensar lo cerca que había estado. —¿Esme interfirió con el destino? ¿Se suponía que iba a morir?
Edward sacudió la cabeza. —Si se suponía que tenía que pasar, hubiera pasado. Ella habría llegado muy tarde o tú hubieras estado demasiado mal para ayudarte. Creo… Creo que fue una Encrucijada.
—¿Qué es eso?
—Una Encrucijada es un lugar donde el destino tiene caminos divergentes. Esme pudo haber elegido no llevar tu dolor y enfermedad, y tú podrías haber muerto. O, ella tenía la opción de salvarte.
—Como esa película de hace algunos años que mostraba lo que hubiera pasado si una mujer hubiera perdido el tren, y lo que hubiera pasado si hubiera llegado a tiempo.
—Algo así.
Ella sacudió la cabeza. —Ésa parece una diferencia bastante grande en el destino. Quiero decir, no quiero sonar ególatra o algo así, pero tengo la habilidad de cambiar muchas cosas en el futuro. Salvar vidas o terminarlas.
—Ése es el libre albedrío. A los humanos no se les dan planos exactos de cómo deben ser sus vidas. Hay opciones que tienen, diferentes caminos que pueden tomar. A veces hay cosas que tienen que pasar, y para esas, nos dan los empujones que necesitamos para ir en la dirección correcta. La mañana que salvaste a esa mujer del camión de troncos… ¿Recuerdas por qué estabas caminando?
—No podía dormir. Desperté antes de que se activara mi alarma y decidí salir a mi caminata diaria más temprano.
—Y si no hubieras rescatado a esa mujer, no hubieras sido atrapada por el Proyecto Theta.
—Y entonces nunca te hubiera conocido —agregó Bella.
—Y si no hubieras querido regresar por los otros, nunca hubiéramos conocido a Jenks.
—Y si mi dedo no se hubiera infectado, nunca hubiera bajado para ver a Collin y Jenks no hubiera visto tu espada en llamas, ni hubiera descubierto lo que eres.
—Lo cual es la razón por la que decidió no ir al sudeste de Asia —terminó Edward.
—¿Qué crees que hubiera pasado ahí? —preguntó Bella.
—No sé. Quizás le hubiera vendido armas a un grupo que intentaría derrumbar su gobierno, o quizás hubiera equipado a terroristas. O quizás la persona que va a curar el cáncer hubiera muerto por una de las drogas que Jenks le vende. No lo sé. Probablemente nunca lo sabremos. Pero si estás en lo correcto de que nuestra misión era detenerlo, todo parece llevarnos por el camino correcto.
—¿A dónde vamos de aquí? —preguntó ella, recostando de nuevo la cabeza sobre el pecho de él.
—No sé —respondió Edward—, pero siempre y cuando estemos juntos, no me importa a dónde vayamos.
Bella dormía pesadamente, más exhausta de lo que había pensado. Ni siquiera se dio cuenta de cuando Edward se liberó gentilmente de ella para irse. Despertó con alguien lamiéndole la nariz y retrocedió con una mueca. Abrió los ojos y vio un peludo rostro negro.
—¡Dave! —gritó. Se sentó y él saltó a sus brazos, lamiendo cada centímetro de piel que podía alcanzar, agitando con tanta fuerza su cola que toda su parte trasera se movía.
—Dice que hueles mejor —dijo Edward con una sonrisa.
—Pues él no. Huele como si hubiera dormido dentro de un pescado podrido. —Bella se rió cuando el perrito rodó de espaldas, y sacó la lengua rogando porque le acariciaran la pancita. Amantes de los perros de todo el bote, incluyendo algunos de los miembros con aspecto maligno de la tripulación, se acercaron para compartir las caricias. No hay hombre en la tierra que pueda verse como un maleante mientras juega con un cachorro. Eso hizo que Alice estuviera considerablemente menos nerviosa alrededor de ellos. Bella se sintió aliviada cuando Jasper también se les unió, parecía que se había liberado a sí mismo de un poco del trauma.
—Lo vi en el puerto cuando iba volando —dijo Edward.
—¿Qué estaba haciendo ahí?
—Dijo que unos perros malos, gente mala, entraron al apartamento y él tuvo que huir. No supo llevar un buen registro del tiempo, así que pudieron haber sido dos o tres días después de que nos fuimos. No está seguro. Siguió nuestro aroma hasta el puerto y ahí esperó.
—Oh, pobrecito. Debes estar hambriento.
—Le cayó bien a los pescadores del puerto y lo mantuvieron bien alimentado con sobras de sus almuerzos.
Jenks se acercó para ver a qué se debía todo el alboroto.
—Quiero dejar claro que no tenía ni idea que Dave era un perro cuando dije que regresaríamos por él —dijo con voz seca.
—Él lo vale —dijo Edward.
Jenks vio que el perrito estaba llenando el silencio de la cabina con risas, rompiendo las capas de ese entumecimiento protector en el que se habían envuelto los residentes traumatizados del centro y sonrió un poco.
—Supongo que sí.
Recuperamos a Dave y completaron el rescate, pero falta ver que van a hacer a partir de ahora. No se acerca el final, todavía falta más, y en un par de capítulo llegara un nuevo personaje que será crucial para la historia.
Las invito a pasarse por mi nueva traducción Fatherhood, Formula, and Other F Words, es básicamente un Daddyward.
Las fechas de actualización pueden encontrarlas en mi perfil o en el grupo de Facebook.
Gracias inmensas a Isa por ayudarme con este capítulo, y todas las demás traducciones.
Fungys
