Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Lissa Bryan, yo sólo traduzco.

Gracia enormes para Isa por su colaboración.


~*~The Better Angels of Our Nature~*~

Por: Lissa Bryan

Bella se sentó en la cama detrás de Edward, ayudándolo a limpiar sus alas. Cada pluma debía ser enderezada y masajeada del folículo a la punta para mantenerlas limpias y sedosas, suavizadas si la vena se había abierto y tenían que dejarla de nuevo en su lugar entre sus vecinas. Las suaves y espumosas entre sus alas, donde él no se podía alcanzar, eran las que estaban más arruinadas. Unas cuantas incluso estaban rotas; él dijo que esas tenían que ser arrancadas. Parecía que no le dolía, pero Bella creía que debía ser al menos tan incómodo como depilarte las cejas.

—¿Puedes rascar…, por favor…, una pulgada más arriba? Ahí… ¡ahh! — Edward se arqueó bajo sus dedos—. Oh, eso se siente bien. —Extendió sus alas al máximo y las sacudió un poco antes de doblarlas de nuevo en su lugar.

—¿Te sientes mejor? —preguntó ella.

—Sí, gracias.

—¿Completamente mejor? —presionó ella.

—Lo siento muchísimo por contestarte así, Bella. De verdad.

—Lo sé, Edward. No estoy enojada contigo, solo tengo curiosidad por saber qué te hizo enojar.

—Me pasó algo extraño —replicó sentándose de nuevo en la cama. Tomó el montoncito de alas rotas que Bella había juntado y las pasó entre sus dedos—. Fue horrible. Era como si estuviera…, distanciado de ti y no podía escuchar tus pensamientos. Nunca antes me había pasado eso. Fue solo por unos minutos, y fue una de las sensaciones más horribles que he tenido jamás. Si es así como Rose y Emmett se sienten a diario… —Sacudió la cabeza.

—¿Rose y Emmett te ofrecieron alguna respuesta?

—La verdad no. Algunas sugerencias, algunas suposiciones.

Ella se sentó en el regazo de él.

—Lo resolveremos —le dijo. Él envolvió sus alas alrededor de ella y ella suspiró feliz por estar de regreso en ese suave mundo parecido a las nubes que él podía crear para ella, un mundo que ella deseaba nunca dejar. Ella sintió los labios de él tocar los suyos y ella...

Alguien tocó la puerta. Edward soltó un gemidito de protesta.

—Ignóralos —dijo Bella.

—¡Bella! —Era Jenks y golpeó la puerta con su puño otra vez, lo suficientemente fuerte para hacer temblar el marco de la puerta.

—Quizás pasó algo. —Bella suspiró y Edward retiro sus alas. Ella se levantó de su regazo dirigiéndose a la puerta para abrirla.

—¿Qué?

—Amun quiere verte —replicó Jenks, y no se veía feliz.

—¿Amun? ¿Por qué?

—Cómo carajo voy a saberlo, pregúntale —Jenks espetó. Ella le concedió el derecho de estar malhumorado porque no creía que hubiera estado durmiendo bien. Él estaba en su oficina hasta altas horas de la noche, en el teléfono, en la computadora, planeando su ruta para evadir áreas patrulladas... Cada tramo del viaje tenía que ser cuidadosamente planeado con paradas para gasolina y también para comprar comida. (El bote no tenía cocina.) También debían tener contactos de emergencia en caso de que el bote necesitara reparaciones que la tripulación no pudiera reparar, y médicos confiables y discretos que pudieran curar cualquier herida que pudieran sufrir. Con todo y todo, era mucho más planear y organizar de lo que ella se hubiera imaginado.

Bella bajó las escaleras y vio a Amun esperándola, recargado con descuido en la barandilla. Esta vez no vestía traje, en lugar de eso llevaba un pantalón de vestir negro y una camisa de tejido gris con cuello en V.

—Hola —dijo Bella—. ¿Qué pasa?

—¿Puedo hablar contigo, por favor? —Él desvió su mirada hacia Edward, que la había seguido por las escaleras y ahora estaba de pie en el último escalón, aferrándose con tanta fuerza a la barandilla que la madera crujió.

—Sí, claro —dijo Bella. Ella lo siguió por las escaleras de metal que llevaban afuera y se sentó en el último escalón. Se había enfriado el clima a lo largo de la tarde y el aire vespertino era agradable.

Amun encendió un cigarro y soltó una voluta de humo.

—Esperaba que aceptaras cenar conmigo.

—Uh… —dijo Bella, tan brillantemente expresiva como siempre.

—Esta noche hubiera sido mi séptimo aniversario con Victoria. —Él le sonrió ligeramente—. Teníamos esta tradición, ella y yo. Siempre íbamos al restaurante donde tuvimos nuestra primera cita. Éste es el segundo año que iré solo si me dices que no.

—Oh, Amun, lo siento mucho.

—Esperaba que pudieras decirme algo sobre su vida ahí. —Aspiró con fuerza el cigarro y apartó la mirada con la tensión evidente en el rostro—. Que pudieras decirme si ella…, sufrió mientras estaba ahí.

—Dame un segundo, iré por mi bolso. —Bella regresó a la casa y Edward la estaba esperando. Sin decir ni una palabra él le entregó el pequeño bolso que siempre cargaba. Solo contenía brillo para labios, un par de lentes y algo de dinero pero, como muchas mujeres, se sentía desnuda sin su bolso.

—Te amo —le dijo a Edward y le besó la mejilla. Él no contestó, lo cual era raro—. ¿Estás bien?

—Sí. Disfruta de tu cena.

Ella lo miró por un momento, pero su rostro se veía impasible. Parpadeando con confusión regresó al patio con Amun.

—¿Vamos a…, um…, caminar hasta el restaurante?

—No, tengo un carro esperándonos no muy lejos de aquí. Gracias por venir, Bella. Lo apreció de verdad.

Caminaron entre los árboles hasta un pequeño claro donde estaba esperando una SUV con un chofer de pie junto a la puerta, vistiendo un traje negro y lentes oscuros. Bella vio la vuelta de un cable cerca de su oído, y se preguntó si también hablaría en su muñeca como el Servicio Secreto. Él abrió la puerta trasera incluso antes de que llegaran y le ofreció la mano a Bella para ayudarla a subir. Ella le sonrió y se acomodó en su lugar. Amun le dio la vuelta y se subió al otro lado.

—No es un lugar lujoso, ¿verdad? —preguntó Bella, un poco preocupada por su pantalonera y camiseta.

—Estás bien —dijo Amun con una sonrisa—. Dime algo, Bella. ¿Tienes una…, habilidad, sí, como mi Victoria?

Ella asintió luego de una pequeña pausa.

Él se movió hacia atrás y pareció digerir las noticias. No hablaron de nuevo hasta que el carro se estacionó enfrente del restaurante, un pequeño y discreto edificio con ventanas oscuras y luces ocultas que iluminaban su fachada. Una alfombra roja cubría el camino debajo de un largo dosel curveado con rayas blancas y verdes, y mozos esperaban en un pequeño podio para abrirles las puertas de los carros en ropa de noche.

—¡Amun! —se quejó ella—. ¡No estoy vestida para un lugar como éste!

—Claro que sí. Cuando eres rico puedes usar lo que quieras.

—No soy rica.

Él se encogió de hombros.

—Yo sí. Vamos. —La guió adentro. El maître d' lo atendió como a un estimado amigo y habló en español, llevándolos directamente a una mesa apartada rodeada por una exuberante vegetación, dándoles a los comensales la ilusión de privacidad.

—Ésta era "nuestra" mesa —dijo Amun. Le apartó la silla a Bella y ella se sentó con un suspiro.

Ella agarró el menú de cuero que fue dejado frente a ella por un mesero igual de efusivo y miró el contenido.

—Todo está en español, así que tendré que confiar en ti para que me lo leas.

—No en español —dijo Amun con una sonrisita—. En francés.

Bella lo miró de nuevo con el sonrojo encendiendo sus mejillas.

—Ah, sí…, así es. Pues como sea, tampoco puedo leer eso. —Lo cerró de golpe y le sonrió tímidamente.

—Pide las costillas de ternera —sugirió él—, es deliciosa.

—Suena bien.

—¿Gustas un vaso de vino?

—Prefiero un refresco —difirió.

Amun se rió entre dientes.

—Toma un poco de vino. —Hizo un pequeño gesto con las manos y un mesero vestido de traje, que sostenía una botella envuelta en una servilleta, llenó ingeniosamente la mitad del vaso de Bella con un vino de ligero color ámbar. Ella tomó un trago y sus ojos se agrandaron.

—Vaya, está bueno.

—No te sorprendas tanto —dijo Amun.

—Bueno, usualmente no me gusta el vino —explicó Bella—. Y casi siempre las cosas caras saben aun peor.

—Bien de Veblen —dijo él.

—¿Disculpa?

—Es un término usado en economía —dijo Amun. Le dio vuelta a su copa de vino entre los dedos mientras hablaba—. Significa que es algo que la gente quiere porque es caro, y no necesariamente porque es mejor en calidad.

—¿Estudiaste economía en la universidad?

Él le dio esa sonrisa infantil que la dejaba sin aliento a pesar de sí misma.

—No. Supongo que podrías decir que soy autodidacta.

Regresa al camino indicado, Bella.

—¿Dónde conociste a Victoria?

Ésa es una historia que no creo poder contarte. Simplemente diré que éramos compañeros de trabajo, y que ella y yo congeniamos rápidamente, aunque me costó un tiempo convencerla de salir conmigo.

—¿En serio? —dijo Bella y luego se sonrojó. Lo dijo como si no creyera que alguna mujer pudiera rechazarlo.

Él sonrió.

—Sí, en serio. Aunque luego de convencerla nos fue muy bien. Se la llevaron justo después de nuestro quinto aniversario.

Lo único que ella podía hacer era decir de nuevo:

—Lo siento.

Él asintió.

—Dime más acerca de ese centro. ¿Quién lo dirigía? ¿De dónde sacaron los fondos? Todo lo que sepas.

—No sé mucho —admitió Bella. Le contó la historia de su propio cautiverio y lo que aprendió de los otros residentes—. Mientras estuve ahí nunca hablé con Victoria. Pero Jane era muy cercana a ella. Victoria era algo así como una madre adoptiva para ella.

—Hmm. No puedo ver a Tori del tipo maternal.

—Creo que fue por eso que la eligieron, para ser honesta.

Sus platillos llegaron y fueron servidos ceremonialmente. Bella rechazó la pimienta recién rallada y cortó su carne. Sangre salió exprimida y contuvo las nauseas. Estaba rara por dentro. Realmente rara. Nunca había sido capaz de regresar la comida en un restaurante. Sabía que era tonto, pero siempre se preocupó al pensar que heriría los sentimientos del chef o lo haría enojar.

Amun cortó su pedazo de carne igualmente raro y se llevó un pedazo a la boca.

—¿Algún problema?

—Uh…, no. Ninguno. —Tomó un bocado de su papa, al menos podría comerse eso. Ni siquiera quería mirar la carne, pero tenía que hacer algo. La cortó en pedazos cada vez más pequeños. En la orilla junto unos pedacitos que se podría comer.

—¿Cómo saliste del centro? — preguntó Amun.

Bella dejó caer su cuchillo con un chasquido.

—Yo…, escapé.

—Obviamente. ¿Cómo? —Sus ojos la miraban a propósito. Ni siquiera apartó su mirada cuando levantó su copa y tomó un trago de su vino.

—Pues…

—¿Edward te ayudó?

—Sí. —Eso era todo lo que estaba dispuesta a decir.

—¿Es uno de los Dotados?

—Él está Dotado a su propia manera —evadió Bella.

—Ya veo. —Se recargó de nuevo contra su asiento y tomó otro trago de su vino. Alzó su copa y el mesero, que al parecer estaba asignado para hacer esta tarea, se adelantó para llenarla. ¿Así era ser rico? Se preguntó Bella. ¿El levantar tu vaso y saber que habría alguien que lo llenara inmediatamente sin siquiera tener que preguntar? El mesero también sirvió un poco más en la copa de Bella y luego retrocedió a su posición contra la pared, en silencio y atento.

—¿Son amantes?

Bella acababa de comer un bocado de papa y, con esa pregunta, se atragantó. Los pulmones humanos no estaban hechos para ingerir papas, es por eso que Bella se convulsionó en un ataque de tos que tiró pedazos del inofensivo tubérculo en toda la mesa.

—¡Bebe esto! —Amun le dio un vaso de agua que se había materializado de la nada y ella se lo bebió entre profundas respiraciones.

—L-lo siento —jadeó—. Oh D-dios, l-lo siento.

—¿Estás bien?—

La cara de Bella estaba roja como una cereza y no solo por el ataque de tos. Quería meterse debajo de la mesa. Bebió más agua.

—Lo siento.

Él pidió que retiraran sus platos. Los meseros se los llevaron de la mesa e incluso cambiaron el mantel en un baile rápido y coordinado que hubiera sido interesante mirar si ella no hubiera estado tan apenada por ser la causa de ello. Un pedazo de pastel de chocolate en un plato artísticamente bañado con jarabe de chocolate y algún tipo de jarabe rojo fue puesto en la mesa entre ellos y cada uno recibió una servilleta doblada con un tenedor dentro. Como siempre, los meseros se fueron tan rápido luego de que terminaron con sus tareas que Bella no tuvo oportunidad de agradecerles.

—¿Me ayudarías a comer esto? —preguntó Amun—. Amo el pastel de aquí, pero está tan lleno que nunca puedo terminarme una porción yo solo. Odiaría que se desperdiciara.

—¿Qué es eso rojo?

—Jarabe de frambuesa.

Bella agarró su tenedor y cortó un pedacito de la esquina del pastel. Se lo metió a la boca y sus ojos se agrandaron.

—Oh Dios mío, esto está increíble.

Amun sonrió.

—Me alegra que te guste. Ahora, ¿vas a responder mi pregunta?

—No, no creo —murmuró Bella. Su cara ardía tanto que se sorprendió que el betún no empezara a derretirse del pastel.

—Lo cual significa —dijo Amun, y le dedicó esa encantadora sonrisa. Ella tenía la idea de que él sabía qué tipo de reacciones causaba en las mujeres—. No te avergüences. ¿Son exclusivos?

Aw, dios, ¿qué tipo de pregunta era esa? ¿Parecía ella el tipo de mujer que tenía una cadena de amantes para alternar cada vez que se le antojaba? Dejó su tenedor en la mesa.

—Escucha, Amun, lo siento, pero ésta ha resultado ser una tarde muy estresante, y me gustaría irme ya a casa.

—Lo que quieras, Bella —dijo él. Se levantó de su asiento y le ofreció su mano.

—¿No tenemos que esperar por la cuenta, o algo?

—Ya me encargué de eso —dijo. Ella aceptó su mano y él la ayudó a ponerse de pie, luego subió la mano por su brazo para ponerla en el hombro de ella. Las campanas de alarma empezaron a sonar, pero quizás él solo estaba siendo amable. Ella se alejó y la mano de él cayó. Ella creyó haberlo escuchado reírse cuando se subió a la SUV.

—No me contaste nada de ti —dijo ella rápidamente en un intento de cubrir su torpeza—. ¿De dónde eres?

—Egipto.

—¿En serio? Oh, vaya… Siempre he querido ir ahí.

Él le dedico una sonrisita.

—Dilo e iremos en este momento.

Bella se rió nerviosamente.

—Sé serio.

—Lo soy. Di "" y le diré a mi chofer que nos lleve al aeropuerto.

Ahora ella estaba de verdad nerviosa. Esto no estaba resultando ser como ella esperaba. Él la estaba viendo con una mirada lujuriosa. Ella apartó la vista con rapidez.

Ella no esperó a que el chofer le abriera la puerta cuando llegaron al pequeño claro cerca de la casa de Jenks.

—Gracias-por-la-cena —dijo, tan rápido que pareció ser una sola palabra, y jaló la manija de la puerta. No se abría. Jaló de nuevo.

—Bella, mírame. —La voz de Amun era suave e insistente. Bella forzó su mirada a levantarse del piso para encontrar los ojos de él y fue entonces cuando la besó. Los brazos de él se movieron alrededor de ella y la acorraló contra el asiento. Él mordió sus labios, su lengua buscaba entrada. Ella empujó sus hombros y giró la cabeza.

—No, detente, por favor.

Él retrocedió, todavía viéndola con esos oscuros ojos deseosos. Brillaban como obsidiana en la penumbra.

Ella jaló la manija de la puerta de nuevo.

—Déjame ir.

—Tienes que quitarle el seguro primero —dijo él.

—Oh. —Ella miró la puerta y vio el botón con el pequeño punto naranja en él. Lo jaló y la puerta se abrió cuando tiró de la manija—. Gracias por la cena.

Él no dijo nada, simplemente la miró.

Ella cerró la puerta y corrió por el pequeño camino entre los árboles. Vio las luces de la casa y se apuró hacia allí. No sabía por qué estaba corriendo. No creía que Amun fuera a perseguirla o intentar forzarla a algo. Y luego lo supo. Estaba corriendo hacia Edward, hacia sus brazos, el único lugar en el que quería estar en ese momento. Quería acurrucarse en su pecho y contarle toda la historia, aunque apenas estaba dándose cuenta que él lo había entendido todo mejor que ella en todo ese tiempo. ¡Ahora no se preguntaba por qué no le agradaba Amun! Se sintió tonta por no darse cuenta ella, pero no tenía mucha experiencia con los hombres y, de alguna forma, encontraba sorprendente la idea de que alguien se sintiera atraído por ella.

Presionó el botón verde en la caja que estaba en el pilar de cemento. Jenks debió saber que era ella porque dejó bajar la escalera sin demandar que se identificara. Empezó a subirlas incluso antes de que tocaran completamente el suelo. Cuando entró la sala estaba a oscuras. ¿Ya se habían acostado todos? No creía que fuera tan tarde.

—Carajo, no puedo creerlo —dijo Jenks desde las sombras.

Bella saltó.

—¡Mierda! Me asustaste.

Él sacudió la cabeza con disgusto y se giró.

—¿Qué? —le exigió ella.

¿Qué? ¿Sales con otro hombre y vienes a preguntarme "¿Qué?"?

—No sabía que era una cita —dijo Bella en voz baja.

—Sí, como sea.

—Jenks, te estoy diciendo la verdad. Él hizo parecer que quería hacerme preguntas sobre el centro de investigación y que quería compañía para no estar solo en su aniversario. ¡Sentí lastima por él, Jenks!

Jenks ni siquiera se detuvo. Subió a pisotones la escalera y ella escuchó un portazo.

Edward se materializó junto a ella.

—No te preocupes, hablaré con él.

Bella soltó un gritito.

—¡Jesús, Edward! —¿Cuántas veces la habían asustado esa noche al aparecer abruptamente junto a ella? ¿De verdad era tan inconsciente de sus alrededores?

—No pretendía asustarte.

—¿Cuánto llevas aquí? —Ella tuvo la visión de él sentado aquí solo, esperando en la oscuridad a que ella llegara a casa, como un cachorro abandonado, e internamente hizo una mueca.

—¿Aquí? Desde que subimos las escaleras.

—¿Subimos? ¿Me seguiste? —sus ojos se agrandaron y se dio cuenta, con una enfermiza sacudida, que él había visto todo. Ella había esperado que él viera sus pensamientos, claro, pero el tenerlo a lado como un testigo silencioso era mucho peor.

—Por supuesto que fui contigo —dijo—. No te dejaría sola así como así.

Recordó lo que él había dicho sobre si quería a un hombre humano, que él simplemente desaparecería y ella nunca sabría que él estaba ahí. Y entonces todo cayó en su lugar.

Se lanzó a sus brazos.

—¡Edward, lo siento mucho!

—No, soy yo quien debería sentirlo —dijo con gentileza—. Estaba celoso. No reconocí la emoción porque nunca antes la había sentido. Te dije que no me entrometería en tu camino si querías a alguien más, pero Bella…, por favor…, él no. —Ella abrió la boca pero no salió ningún sonido—. Hay algo en él. No puedo identificar qué, pero él es… Bella, por favor, él no es bueno para ti.

—No lo quiero a él —logró decir—. Te quiero a ti.

Él soltó una temblorosa respiración y recargó la cabeza sobre la de ella. Envolvió sus alas fuertemente alrededor de ella.

—Me nublaba —dijo.

—¿Qué?

—Los celos. Lo descubrí. Cada vez que lo sentía no podía oírte. Los celos me apartan de ti. No sabía lo que estabas pensando y, Bella, estaba muy asustado.

—Oh, Dios mío, creí que estaba causando que te desvanecieras —susurró—. Creí que lo que prometí hacerle a Aro me estaba haciendo mala y estaba causando que comenzaras a desaparecer.

Él se veía horrorizado.

—Oh, Bella, no… Oh, corazón, no eres mala.

—Pero lo que accedí a...

Él tomó su rostro entre sus manos.

—Bella, no eres mala. Por favor, si alguna vez has creído lo que te he dicho, cree esto. ¡Debí pensar que encontrarías una manera de culparte por esto! Pobrecita. —Él la abrazó con más fuerza y llenó su cara de besos.

—¿No estás desvaneciéndote? —insistió ella—. ¿No te estoy lastimando? ¿Estás seguro?

—Estaba herido cuando pensé que lo querías a él, pero emocional, no físicamente. No estoy desvaneciéndome, Bella, te lo prometo.

—Dios, fui tan tonta —dijo Bella—. No me di cuenta de lo que tramaba hasta que salimos del restaurante. Si hubiera sabido que él pretendía hacerlo una cita, nunca hubiera ido.

—Lo sé, nena, lo sé. —Él la cargó en sus brazos con un suave movimiento y empezó a subir las escaleras hasta su habitación.

—Te amo —susurró ella—. Te amo muchísimo.

Jenks abrió su puerta cuando llegaron arriba.

—Lo siento, Bella —dijo—. Asumí...

—¿Puede esperar hasta en la mañana? —preguntó Edward—. Creo que ahora vamos a tener sexo.

Jenks sonrió.

—Sí, sí puede.


Ya podemos estar tranquilas al saber que Edward no se está desvaneciendo. Al fic le faltan 23 capítulos todavía.

¡Gracias por sus comentarios! ^^

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