Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Lissa Bryan, yo sólo traduzco.

Beta: Isa


~*~Los Mejores Ángeles de Nuestra Naturaleza~*~

Por: Lissa Bryan

Dave podía ver por su lenguaje corporal que la hembra del hombre con alas estaba alterada e intentó varias tácticas para distraerla. Quizá era porque hacía mucho ruido en esta extraña casa que se movía. Él le llevó su pelota pero ella hizo una serie de vocalizaciones y la dejó en el asiento junto a ella. Él tuvo un poco más de éxito con su trapo de juguete, el cual ella jalaba con su garra, mientras él se aferraba a éste con sus dientes y apoyaba las patas en el sofá. Dave incluso la dejó ganar un par de veces, pero eso no la hizo feliz. Finalmente él se decidió por limpiarla, lamiendo sus patas (amaba el sabor de la piel de las personas, tan deliciosamente salada) y ella le hizo cariños, lo cual pareció calmarla un poco.

La hembra pequeña estaba viendo un pedazo de papel, una de esas actividades humanas extrañas que Dave no entendía. A cada rato cambiaba al siguiente pedazo de papel y miraba el otro lado. Hacían eso por largos períodos de tiempo. El hombre con alas le había dicho a Dave que la hembra pequeña era su cachorrita, lo cual confundió a Dave porque no podía recordar a la hembra del hombre con alas cargando un cachorro, pero Dave la aceptó como parte de su camada. Le agradaba. Ella le daba comida de personas. Solo desearía que ella pasara menos tiempo mirando el papel y más jugando.

El perro malo con el aura negra seguía mirando en su dirección. Veía a la hembra del hombre con alas, para ser más concretos. No sabía qué tipo de criatura era el perro malo, pero sabía, instintivamente, que era una amenaza para la camada de Dave. Hacía que el pelo en su nuca se erizara. Dave consideró gruñirle, pero prefirió no hacerlo. No quería que el perro malo pensara que era un desafío entre camadas. Él creía que el hombre con alas era fuerte, pero no sabía qué cosas podía hacer el perro malo. Podría lastimar a sus hembras y su primera obligación era asegurarse de que ellas estuvieran bien.

Dave se bajó del regazo de la hembra hacia el hombre con alas, pero él tampoco quería hablar. Cargó a Dave y se lo entregó a la hembra joven, que le hizo cariños mientras seguía viendo su pedazo de papel. Dave soltó un bufido y acostó la cabeza sobre sus patas. Miró cuidadosamente al perro malo.


Aterrizaron en una pista privada en Tennessee, el cual era uno de los pocos aeropuertos privados en el este de Mississippi que tenía la pista lo suficientemente larga para recibir el jet de Amun.

Despegues y aterrizajes eran la peor parte de los vuelos, opinaba Bella. Hacía muecas en cada salto y cada temblor. El pico tocó tierra y ella respiró aliviada, solo para tensarse de nuevo por el ruido sordo de los frenos.

Jenks usó el intercomunicador del avión para que todos pudieran oírlo.

—Gente, tenemos que recargar, así que incluso si no planeaban bajarse en este lado del país, pueden salir a estrechar las piernas. Aunque no vayan muy lejos. Nos iremos de nuevo en una hora.

—Vamos a caminar —le dijo Bella a Edward. Había estado con ganas de hablar con Edward desde su aterrador sueño, pero no podía decir nada con los ojos de Amun clavados en ellos durante todo el vuelo. Ella mantuvo su vista convenientemente alejada de él, pero podía sentir que la miraba, como si ésta tuviera peso, como miles de agujas picando su piel.

Esperaron hasta que todos los demás hubieran salido del avión antes de ponerse de pie. Edward se estiró, arqueando la espalda y estirando las alas al máximo, dándoles a ambas una suave sacudida para acomodar las alas que habían estado dobladas al haber pasado horas presionadas contra el respaldo del asiento. La boca de Bella se secó cuando la camiseta de él se estiró sobre sus vaqueros y expuso su musculoso abdomen. Edward le sonrió, complacido como siempre cuando ella lo admiraba.

Ella y Edward bajaron por la escalera que fue puesta en la puerta del avión. Pero no iba a alejarse tan fácilmente de Amun. Él los esperaba a los pies de las escaleras.

—Hola Bella —ronroneó—. ¿Dormiste bien?

Bella no le contestó. Pasaron de largo como si él no existiera. Bella escuchó a Amun reírse entre dientes y eso causó que se le erizara la piel. Puso su mano en la de Edward, que trazó la forma de un corazón en el dorso de su mano con la punta de su dedo. Bella le sonrió. Era increíble la cantidad de consuelo que podía derivarse de un gesto tan simple.

Jane ya había bajado y los estaba esperando en la pista.

—Iré a caminar con Dave —dijo, asintiendo hacia un pedazo de pasto que estaba junto a la pista.

—Bien —dijo Bella—. Quédate con Alice o Esme luego de que regreses, ¿de acuerdo?

Jane rodó los ojos pero dijo que lo haría. Bella acarició a Dave y luego siguió a Edward.

Casi a cien yardas estaba un gran hangar con el techo en forma de arco. Tenía una enorme puerta enfrente, lo suficientemente ancha para recibir las alas del avión, y estaba pintado de color café claro. Bella pensaba que se veía como una barra de pan. Edward la llevó hacia la parte trasera donde nadie podría verlos. Cargó a Bella en brazos y saltó, agitando con fuerza sus alas para echar a volar. Bella se mantuvo en silencio y enterró la cara en su cuello.

Él no voló por mucho tiempo antes de elegir un lugar. Se ladeó y aterrizó en un pequeño claro detrás de un conjunto de árboles. Era lo suficientemente bonito para ser la escena de una pintura. Era césped largo y suave salpicado de flores silvestres que se agitaban con la brisa. Bella se sentó en una enorme piedra cerca del arroyo que dividía el claro en dos, eran mitades casi perfectas.

—¿Qué pasó en el avión? —preguntó ella—. Me dijiste que "no podías entrar"; ¿a qué te referías con eso?

—Fue horrible —dijo Edward. Paseaba de un lado a otro y se pasaba las manos por el cabello en señal de agitación—. En cuanto te quedaste dormida tu mente se cerró a la mía. Creí que en me estabas bloqueando en cierta manera, porque así se sentía: un escudo que me dejaba fuera. —Dejó de moverse y se arrodillo frente a ella—. Hablas cuando duermes, sabes. Al principio pensé que estabas teniendo un buen sueño. Dijiste mi nombre y sonreíste, y luego dijiste algo sobre olivas. Seguía buscando una manera de entrar cuando empezaste a moverte y gemir con miedo, dijiste "Ojos negros"… —Edward se detuvo. Sus alas decayeron y las plumas de las puntas se arrastraron sobre el polvo—. Me lancé con todo mi poder contra la barrera y se rompió.

—Él eras tú —dijo Bella—. Quiero decir, se veía como tú. No supe que era Amun hasta que sus ojos cambiaron. —No podía decirle el resto. No podía decirle que Amun la había tocado. Se sentía avergonzada por eso, como si hubiera engañado a Edward—. No podía moverme, ni podía gritar. ¿Fue solo un sueño? ¿De alguna forma usé mis poderes contra mí, contra ti?

—Casi prefiero creer esa alternativa —dijo él sombríamente—. Pero he estado en tus sueños toda tu vida, Bella, y éste no se sintió como uno tuyo.

—Lo siento muchísimo —dijo ella.

—¿Por qué?

—Yo…, lo dejé tocarme cuando pensé que eras tú. —Bella no podía mirar a Edward, no podía soportar ver el dolor o el enojo o incluso la condena en sus ojos. Agarró un pedazo de pasto y lo pasó entre sus dedos.

Él puso sus manos sobre las de ella, deteniendo sus movimientos nerviosos.

—Bella, no hiciste nada malo. Nada en absoluto. Incluso si hubiera sido un sueño ordinario e incluso si hubieras estado con él por voluntad propia, aun así no habrías hecho nada malo. Los sueños es solo la manera que tiene la mente de explorar las infinitas posibilidades e imposibilidades de la vida. ¿Recuerdas ese sueño donde robaste un banco y fuiste de compras a una librería? ¿Ese sueño significó que de verdad querías robar un banco?

—No, supongo que no. Oh, Dios, Edward, ¿qué vamos a hacer? No lo quiero con nosotros.

—Desafortunadamente creo que lo necesitamos —dijo Edward—. Sabe lo que hace. Jenks confía en él en lo concerniente a la misión, y yo confió en el juicio de Jenks. Y creo que Jenks tiene razón al decir que Amun no haría nada para lastimarte, aunque su definición de "lastimar" podría ser diferente a la nuestra.

—¿Qué hay de ti? No podría soportarlo si algo te pasara.

—No soy mortal, Bella —le recordó Edward.

—¿Pero y si los demonios pueden herir, o incluso matar a los ángeles? No sabemos de lo que son capaces.

—Y no sabemos si él es un demonio —señaló Edward. Él la bajó de la roca hacia sus brazos y envolvió sus alas a su alrededor. Bella acostó la cabeza en su pecho y lágrimas silenciosas cayeron de sus ojos.

—Por favor, no llores —dijo Edward—. Por favor, Bella. —Dejó besos en su cara entre palabras. Él tomo la mano de ella y la puso sobre su pecho—. ¿Sientes eso? Late por ti, solo por ti. Estás aquí, en mi corazón, y nada te sacará jamás de ahí. Aquí dentro, Bella, estás a salvo. Nada, nada, hará que deje de amarte.

Los besos viajaron de sus ojos húmedos a sus labios. Bella le regresó el beso con fervor y él la acostó gentilmente en el pasto. Sus alas formaron una tienda alrededor de ella, protegiéndola. Ella gimió suavemente mientras él desabrochaba su blusa, bajando sus besos por la garganta hasta la piel que iba revelando poco a poco.

—Oh, broche frontal —dijo cuando llegó a su sostén. Él lo abrió con un movimiento de su pulgar y se metió un pezón a la boca. Bella enredó los dedos en su cabello y brevemente se dio cuenta de que su cuerpo se movía sin detenerse debajo del de él. La respiración de ella salía en jadeos. Ella sintió que la mano de él abría sus vaqueros y levantó las caderas para ayudarlo, luego lo ayudó a bajarse los de él. Él jaló impacientemente sus ropas, arrojándolas al lado, como si estuviera hambriento por la sensación de la piel de ella contra la suya.

Ella lo acarició y el aliento caliente de él jadeando sobre su oído le provocó un dulce temblor. Ella lo posicionó en su entrada, pero él todavía no terminaba con ella. La boca de él descubrió nuevas zonas erógenas en su cuerpo mientras bajaba lamiendo y besando. Él pasó una de las piernas de ella sobre su hombro y un gritó estrangulado salió de ella cuando la lengua de él trazó su suaves pliegues.

¿Era el amor el que hacía que su pasión fuera tan dulce? ¿O era que él podía leer su mente y sabía exactamente lo que ella necesitaba para dejarla inconsciente de placer? Quizá se trataba de ambas cosas. Todo lo que ella sabía es que nunca nada podría compararse a la alegría que le provocaba tener la carne de él junto a la suya y cada vez que llegaba ese delicioso momento, cuando él unía su cuerpo con el suyo, ella lo miraba a los ojos y celebraba el amor que encontraba en ellos. Y cuando se acostaban juntos, entrelazados, cansados y exhaustos, ella siempre hacía una plegaria inarticulada y silenciosa de agradecimiento.

Con reticencia se levantaron de su cama de pasto aplastado y se vistieron, riéndose cuando descubrieron que Edward había lanzado uno de sus zapatos al arroyo en su frenesí por desvestirse. Ella pasó los brazos por su cuello y él la abrazó con fuerza cuando se impulsó hacia arriba. Aterrizaron detrás de hangar y caminaron de regreso al avión tomados de la mano, riéndose por la forma en que el zapato de él se aplastaba y chorreaba con cada paso.

El grupo estaba mezclado a los pies de las escaleras. Algunos daban abrazos, despidiéndose de otros. Cuando Bella llegó fue rodeada por aquellos que querían irse, le agradecían repetidamente por rescatarlos y la abrazaron varias veces. Alice, Jasper, Esme y Quil estaban con la tripulación. Bella estaba contenta por ver a Alice y Jasper platicando y, cuando ella vio, Alice se sonrojó y le sonrió coquetamente. Puede que todavía haya esperanza para ellos dos, pensó Bella.

Amun estaba en la base de las escaleras como si no se hubiera movido durante todo el tiempo en que ellos estuvieron lejos. Él notó lo desarreglados que iban y el pasto en el cabello de Bella—. Tu blusa está mal abotonada —comentó.

Bella se sonrojó pero no dijo nada. Subió las escaleras de dos en dos. Detrás de ella escuchó que él le decía a Edward:

—Estoy seguro de que ahora me agradeces por haberla calentado tanto.

La única advertencia que obtuvo fue un gruñido por parte de Edward antes de que su puño conectara con la mandíbula de Amun. Hubo un jadeo colectivo y Esme gritó un poco. Bella bajó corriendo las escaleras.

Amun retrocedió a trompicones con la mano en la mandíbula. Sonrió.

—Esperaba que hicieras eso.—Se lanzó contra Edward, que lo bloqueó al mismo tiempo que lanzaba su propio golpe hacia el plexo solar de Amun. Amun se dobló con un gruñido y cargó hacia enfrente, embistiendo a Edward en el estómago con su hombro. Ambos cayeron sobre la pista, con Amun sobre Edward.

Bella se adelantó un paso pero Jenks la detuvo del brazo.

—No te atrevas —le dijo—. Es su pelea. Te mantienes jodidamente fuera de esto. —Alzó la voz para ser escuchado sobre todos—. Apuesto diez grandes al ángel —gritó Jenks—. ¿Quién más entra?

—Tomaré esa apuesta —dijo Collin—. Amun pelea sucio.

Edward gruñó y lanzó un puño al frente que conectó con la boca y nariz de Amun con un audible crujido. Cayó sobre su espalda y Edward le saltó, pero Amun ya estaba listo para él. Estiró las piernas deteniendo a Edward por el estómago y éste salió volando sobre la cabeza de Amun. Aterrizó de espaldas con un fuerte golpe. Un puño de plumas sueltas volaron en el aire y cayeron lentamente alrededor de él.

La multitud jadeó de nuevo, retrocediendo para formar un semicírculo alrededor de los dos peleadores sin darse cuenta. Bella gritó tirando de la mano de Jenks que la detenía. Edward la miró rápidamente para asegurarse de que estuviera bien.

Amun saltó poniéndose de pie con una gracia asombrosa y cargó contra Edward. Lanzó una patada brutal en dirección a Edward, pero Edward rodó suavemente y agarró la pierna de Amun. Con un giro fuerte, Amun estaba de regreso cara a cara con el pavimento. Pateó con su pierna libre y le dio a Edward en un costado de la cabeza. Edward embistió con el codo en el estómago de Amun, sofocándolo y luego Edward se puso sobre él, golpeando la cara de Amun con sus puños. Volaba sangre.

Jenks soltó a Bella y se adelantó él un paso. Se agachó junto a Amun.

—Edward.

Edward le atestó dos golpes más.

—¿Sí?

—Creo que ganaste.

—Sí. —Golpe —. Creo… —golpe—. Que gané. —Golpe.

—¿Vas a detenerte antes de matarlo? —preguntó Jenks casualmente.

Edward retrocedió respirando con fuerza. Movió la cara hacia su hombro para limpiársela con la manga, y luego se limpió las manos en el pantalón, dejando manchas de sangre. Se levantó sobre su oponente vencido, el triunfante ángel vengador.

La cara de Amun estaba hinchada y llena de sangre. Gimió y tosió un chorro de sangre. Jenks bajó la mirada hacia él y se encogió de hombros.

—Te dije que no lo hicieras enojar.


Al menos eso responde una pregunta, pensó Bella al ver a Amun entrar cojeando al avión. No era humano. Ningún humano podría caminar después de una paliza como ésa. Amun cojeó y se balanceó todo el camino por el pasillo hasta su habitación en la parte trasera del avión. Ni siquiera miró en dirección de Edward y Bella al pasar.

Jane lo vio pasar y miró impresionada a Edward.

—Pateaste su culo —dijo con voz de asombro.

—¡Jane! Lenguaje —la regañó Bella.

—Lo siento…, solo que… Vaya. Quiero decir, Edward, siempre eres tan gentil y dulce y esas mie… Cosas. No sabía que podías pelear así.

Bella tenía los nudillos de Edward envueltos en toallas frías a pesar de su insistencia de que estaría bien en unas horas.

—Me quitaste diez años de vida con ese susto —le dijo ella.

—No había necesidad de tener miedo —replicó Edward.

—¡Te dije que no quería que resultaras lastimado por mi culpa! —lo regañó Bella—. ¿Y si hubieras sido tú el que terminara sangriento y golpeado al final?

—Pero no fui —dijo Edward.

—Pudiste haber sido —replicó Bella.

Edward le sonrió sin humor.

—Gracias por el voto de confianza a mis habilidades de pelea.

Bella se sonrojó.

—No quise…

La sonrisa de él se convirtió en una de ternura.

—Lo sé, amor. Solo bromeaba. Pero al menos descubrimos qué tan fuerte es.

—SI hubiera sido humano estaría muerto.

—Si hubiera sido humano no lo hubiera golpeado tanto.

—¿Qué es él? —preguntó Jane.

Bella y Edward se congelaron. Ambos olvidaron que ella seguía escuchando. La tripulación conocía el secreto de Edward y también algunos de los Dotados, pero Bella no sabía si le habían dicho a Jane. Su siguiente oración respondió esa pregunta:

—¿Es un ángel como tú?

Edward ladeó la cabeza.

—¿Quién te dijo eso?

Jane se encogió de hombros.

—Escuché algunas cosas. Todos saben.

Edward se acarició la barbilla de manera pensativa.

—No estamos seguros de lo que es, para ser honestos.

Jane asintió.

—Mantendré alerta el oído y te diré si escucho algo sobre él que pueda ser de ayuda.

La voz de Jenks se escuchó a través de intercomunicador.

—Estamos listos para despegar. Pónganse los cinturones de seguridad. Si hay una baja de presión repentina en la cabina, las máscaras de oxigeno saldrán. Se ponen una de esas chingaderas porque el oxígeno los llevará más alto que a un jodido papalote, me crean o no. Si vuelan con un niño… Bueno, Jane es la única niña aquí, y si con trece años no es lo suficientemente inteligente para ponerse la jodida máscara, tendremos que atribuírselo a la acción de Darwin. En caso de aterrizar en agua, que de verdad es jodidamente poco probable, sus conjuntos de asientos pueden ser utilizados como mecanismos de flotación. Si hay otro tipo de accidente, ponen con cuidado la cabeza entre las rodillas y besan su trasero para despedirse. Bien, Control de la Misión, estamos listos para despegar.

Bella escuchó los motores moverse y el avión empezó a avanzar. Decidió que no le gustaba volar en avión. Escondió la cara en el hombro de Edward.

—No te preocupes —le dijo Edward—. Si sale un problema con el avión, simplemente abriré una de las puertas de emergencia y nos llevaré volando a un lugar seguro. Tú cargas a Jane. Jane carga a Dave. Y yo te cargo a ti, Bella.

Bella se rió entre dientes.

—Me alegra que lo tengas todo planeado. ¿Pero qué hay de Jasper, Esme, Alice y todos los demás?

—Tendrán que esperar que su compañero de asiento sea una persona boyante.

La punta del avión se levantó y la vibración de las ruedas en la pista se detuvo. Bella lloriqueó y cerró los ojos con fuerza.

—Estaremos bien —le aseguró Edward—. Solo relájate, Bella.

Ella agarró su ala y la puso a su alrededor, escondiéndose en su seguro mundo blanco. No pretendía dormirse. No creyó que pudiera relajarse lo suficiente para que eso pasara, pero de repente ya no estaba en el avión.

Era un kiosco de ocho lados con estructura de hierro forjado y paredes de cristal.

Hola Bella.

Se dio la vuelta y vio a Amun sentado en una banca de hierro forjado detrás de ella. Vestía un traje y su cara estaba ilesa. Bella se alejó de él buscando una puerta. Uno de esos paneles tenía que abrirse pero no vio señal alguna de bisagras o pomos.

Solo quiero hablar contigo por un minuto —dijo Amun.

¿Tú me estás haciendo esto? —demandó Bella—. Estos no son mis sueños. De alguna manera los pones en mi cabeza, ¿no?

Amun asintió.

Entra en mis muchos talentos.

Detente —espetó Bella—. No tienes derecho a forzarte dentro de mi mente de esta manera. —Podía ver a Edward. Estaba afuera del kiosco, dándole vueltas, buscando una puerta, una debilidad, una manera de entrar. Sus ojos se veían frenéticos. Bella le hizo una señal, pero ella no creyó que él pudiera verla.

Solo escúchame por un momento, luego te dejaré ir y no volveré a hacerte esto de nuevo —dijo Amun.

Como si tuviera otra opción. Se dio la vuelta para encararlo.

¿Qué?

Me gustas, Bella —dijo—. Creo que ya lo sabes, pero vale la pena decirlo. Eres todo lo que siempre he admirado en una mujer: inteligente, fuerte, leal e, irónicamente, esas mismas características son las que te hacen resistirte a mí.

Entiéndelo —le dijo Bella.

Él sonrió ligeramente.

No puedo. No puedo alejarme de esto. No sin intentar. Me lamentaría por el resto de mi existencia.

Él no dijo "vida".

¿Qué eres?

Sonrió.

Un hombre de riqueza y buen gusto —dijo.

Bella retrocedió.

Perdón, no siento mucha simpatía por el mal.

No soy el diablo. —Ladeó la cabeza—. Fue una pequeña broma.

Sí, ja ja. ¿Terminaste?

Él suspiró.

No me facilitas esto.

Eres libre de rendirte cuando quieras.

¿Lo harías? —preguntó él—. Si Edward estuviera con alguien más, ¿simplemente te alejarías?

Ella pensó en eso y su honestidad nata la hizo decir:

No, probablemente no. Pero no solo me "gusta" Edward; lo amo.

Amun bufó.

Claro. Y eso no tiene nada que ver con la atracción natural que tienen los humanos con su ángel guardián.

Ahí tenían la respuesta a otra pregunta: sabía lo que Edward era. Se preguntó cuánto tiempo llevaría este cabrón merodeando en su cabeza. Lo suficiente para encontrar sus puntos más débiles, sus dudas e inseguridades, eso era seguro. Usó lo que Edward le dijo esa tarde en su apartamento antes de que ella se entregara a él en cuerpo y alma.

No importa cómo pasó. Todo lo que importa es cómo me siento ahora y amo a ese hombre con cada partícula de mi ser. Nada cambiará jamás eso. Lo siento, Amun, pero le pertenezco a Edward, mente, cuerpo, corazón y alma.

Te sientes atraída por mí —dijo Amun—. Puedo verlo.

Bella se encogió de hombros.

Soy una saludable mujer heterosexual y tú eres un hombre atractivo. Todos podemos sentir atracción momentánea por alguien. No significa nada.

Si le das tiempo, podría convertirse en algo más.—

Nunca lo sabremos —dijo Bella—. Déjame salir de aquí, Amun. Ahora.

No me voy a rendir —le advirtió.

Déjame ir.

Edward atravesó la pared de cristal y el tiempo se detuvo. Los fragmentos de cristal flotaban en el aire y…

—¡Bella!

Se sentó con un jadeo.

—Lo mataré —juró Edward. Se puso de pie.

Bella se aferró a él.

—Espera. —Reprodujo el sueño en su mente para que él lo viera. La mandíbula de él se endureció, pero se sentó de nuevo.

—¿Mantendrá su promesa? —le preguntó él.

—No sé.

Edward la levantó del asiento hacia su regazo. Él la abrazó con fuerza, casi con demasiada fuerza, pero ella no se quejó. Ella lo apretó casi con la misma fuerza, como si su abrazo pudiera prevenir cualquier separación.


Espero que les haya gustado. Las invito a darse una vuelta por un minific que empecé a subir hoy ;)

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